Verne

Julio Verne es un autor que transformó el concepto de la novela de aventuras. Fue el vínculo perfecto entre una tradición decimonónica de novela de aventuras por entregas y una concepción mucho más moderna, que no sólo daría lugar a lo que hoy entendemos como ficción científica, sino que estableció además esquemas mucho más evolucionados. Un argumento razonable para considerar a Verne, pero que a mí, personalmente me importa un pimiento. Me da igual que sea importante o no, que fuera el que inventó la ciencia-ficción… no me interesa.
A mí sólo me importa que con Verne comencé a leer novelas. Fue el autor que prendió en mí el vicio de la lectura de literatura. Evidentemente, ya sabía leer y leía continuamente. Los tebeos eran mi gran fuente de lectura, pero cuando descubrí a Verne comprendí que el mundo de la lectura era todavía más amplio de lo que yo imaginaba. Que los tebeos eran maravillosos, pero que las novelas escondían mundos igualmente apasionantes. Y Verne abría esa puerta con una sencillez pasmosa para aquél niño que apenas sabía leer. Tuve la suerte además, de vivir la época de aquellas Joyas Literarias Juveniles de Bruguera que picaban todavía más mi curiosidad por la literatura clásica de aventuras. Y tuve más suerte, porque en mi casa estaban las ediciones de Molino de las obras de Verne, por lo que me evité las versiones reducidas de Bruguera y mamé directamente de los clásicos de verdad. Recuerdo casi como si fuera hoy la pasión con la que devoré la aventura del profesor Pierre Aronnax a bordo del Nautilus, lo que me maravillaron las descripciones de la tecnología del fabuloso navío submarino y del mundo que existía a miles de metros bajo la superficie del mar. Y me fascinó, por supuesto, la figura hierática del capitán Nemo. Fue una espoleta perfecta para leer y leer y leer. Los tebeos y los libros han formado, desde entonces, parte fundamental y obligada de mi vida.
Quizás por eso, el simple hecho de que un dibujante intente versionar a Verne ya me predispone positivamente, más si el propósito es mi novela preferida, 20.000 leguas de viaje submarino. Si le añadimos que ese dibujante es Brüno, un autor que me ha dado excelentes lecturas últimamente, ya no sólo hablamos de una propensión favorable, sino de verdadero interés por leer cómo ha interpretado a este clásico en Nemo. Y tras la lectura, debo reconocer que Brüno colma sobradamente todas mis expectativas. Hace una adaptación que comienza fielmente, siguiendo el texto de Verne con escrupulosa rigurosidad (excepción hecha del marco temporal, que se traslada al inicio del s.XX), pero que irá poco a poco evolucionando hacia una versión propia, más oscura y dura, más adaptada al lector del siglo XXI y con una sorprendente fusión parcial con el clásico de Melville, Moby Dick, que puede chocar inicialmente, pero que resulta en una acertada e inteligente elección a la vista de su desarrollo. En cierta medida, se podría decir que la lectura plenamente adolescente de la obra de Verne adquiere matices más adultos, desarrollando mucho más la psicología de los personajes a través de pequeñas pero atinadas pinceladas. Cambios que hacen lógica la variación del final, que se acerca más a la tragedia romántica.
El estilo de dibujo de este autor, de línea sencilla pero definida, se adapta perfectamente a las necesidades del relato, consiguiendo sobre todo una representación brillante de la figura de Nemo, imponente en todas sus apariciones. La edición de dibbuks recupera la versión integral editada en Francia, en la que el autor remontó las páginas de su edición original en álbum clásico para una publicación en formato cuadrado y en blanco y negro. El trazo de Brüno tiene mucha fuerza en blanco y negro, pero me incomoda en parte haber perdido la elegancia cromática de los tebeos de este autor, pese a que el resultado sea más que notable. Recomendabilísimo (3).

ENLACE: entrevista a Brüno sobre esta obra, con imágenes del proceso creativo.

Novedades Dolmen para noviembre y diciembre

Dolmen #156. Revista. 68 págs. Color. 2,75 euros
Eros #89-90. Varios autores Revista. 68 págs. 3,95 euros.
(*)- Breakdown #2 de 4, de Takao Saito. Tomo. B/N. 358 págs. 12 euros.
Cabezon Jones y la penúltima cruzada, de Enrique Vegas. Prestigio. 48 págs. B/N. 5 euros.
Cazador de Rayos (integral), de Kenny Ruiz. Tomo. Color. 160 págs. 25 euros.
Indiana Jones y los Siete Velos (libro 3),de Rob Macgregor. Novela. 16 euros.
Girls, de Guillem March. Álbum. 48 págs. Color. 14 euros.
(*)- Liberty Meadows #7, de Frank Cho Libro. 108 págns. B/N. 10,95 euros.
Dragon Ball II: todos contra Dragon Ball, de Daniel Quesada Libro. 180 págs. B/N. 14 euros.
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Viajando a Italia

Hay un hilo conductor común en todas las historias de Cosey: la búsqueda. Una búsqueda infructuosa, en tanto en cuanto es una acción sin objetivo conocido, pero que parece ser el motor de una vida que necesita una ilusión, pero que rechaza conocerla para no caer en la decepción que arrebate las ganas de vivir. Una especie de paradoja total que Cosey retrata a la perfección en sus historias y que quedan perfectamente resumidas y ejemplificadas en El viaje a Italia. Art es un veterano del Vietnam, que vive una vida normal y anodina y que un día acompañará a su amigo Ian a Italia, a visitar a sus parientes. Una anécdota que Cosey comenzará a desgranar con sabiduría, mostrando poco a poco la lenta y pausada búsqueda de Art. Una búsqueda que nos irá llevando por la amistad y el amor, que nos traerá la importancia del recuerdo y de la nostalgia, pero también la necesidad de vivir el presente. Art y Ian encontrarán en Italia a su antigua y común compañera de juventud Shirley, amor compartido por ambos y, en su día, representante de esa ilusión por la vida que fue truncada brutalmente por la guerra de Vietnam. Un pasado que vuelve en la forma de nostalgia imposible, de cuento de hadas sin final feliz que sólo existe en las mentes de ambos, pero que sirve para poner sobre una balanza pasado y presente. Y para reflexionar, valorando aquello que parece tener importancia en nuestras vidas y darle su justa medida. Cosey, como siempre, es brillante en el planteamiento de situaciones que buscan la reflexión cómplice del lector, obligando a una introspección forzada en apenas unas viñetas. Mueve los hilos con elegancia, mostrando como la naturalidad de lo cotidiano se puede desmontar con apenas un gesto, demostrando que la percepción que tenemos de lo que es perpetuo y estable es tan sólo una imagen de la realidad, un intento vano de reproducir en nuestras vidas el estereotipo de eso llamado felicidad y que sólo encontramos muchas veces en el recuerdo distorsionado de tiempos pasados. En el viaje, Art descubrirá que la amistad a veces no es tan compleja como pensamos, que es mucho más sencilla en su belleza. Y que el amor no está en las grandes palabras, sino en los pequeños detalles, en los momentos ínfimos que conforman las bambalinas que sólo ve el protagonista de la historia. Y poco a poco descubrirá que los grandes objetivos en la vida son una máscara que esconde algo tan humilde como la necesidad de creer en la vida todos los días. La adopción de la pequeña Keo, una niña camboyana acogida por su amiga Shirley será, aparentemente, la gran empresa vital de Art. Un honorable y admirable cometido que pronto veremos que no deja de ser una necesidad egoísta de dar sentido a una vida, pero cuyo real sentido iremos descubriendo gracias a la lúcida reflexión de Cosey.
Resulta gratificante que autores como Cosey sepan desplegar esa sensibilidad e inteligencia sin caer en el melodramatismo ni el absurdo maniqueísmo, dejando participar al lector, sin juicios ni sentencias, sólo planteando historias cuya realidad aleja la tentación de fáciles veredictos morales. La realidad nunca es blanco o negro, es siempre un inmenso catálogo de matices de gris que Cosey nos muestra para que pensemos y recapacitemos sobre el mundo que nos rodea. Una obra tan brillante en su fondo que apenas nos permite admirar su cuidadísima forma, de elipsis certeras en una narrativa exquisitamente estudiada, con una ambientación y documentación minuciosa, escrupulosamente buscada para acompañar al relato.
Una obra brillante, de lo mejor de Cosey y casi al nivel de la magistral Saigon-Hanoi (4)

Michelk Golden, Paco Roca y Victoria Francés en Getxo

[Nota de prensa]
La séptima edición del Salón del Cómic y Manga de Getxo, que se celebrará del 28 al 30 de noviembre en los barrios de Las Arenas y Romo, contará con la presencia de autores como Michael Golden, Paco Roca y Victoria Francés, que se unen así a Carlos Giménez (que junto con la revista Ipurbeltz protagonizará los homenajes de esta edición) y a Víctor Santos, autor del cartel del Salón. En los próximos días más creadores se unirán a la lista de invitados.
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