Contando la vida tres veces

Curiosa coincidencia de tres tebeos de corte autobiográfico que demuestran la tremenda plasticidad de este género. En sus obras, Peter Kuper, Ramón Boldú y Nacho Casanova parten del mismo planteamiento argumental: contar episodios de su vida. Sin embargo, el desarrollo formal, la aproximación, tono de la historia… todo es absoluta y totalmente dispar, cada uno en un estilo particular e inconfundible, pero logrando los tres lograr sus objetivos.
Voy por partes comenzando por el producto ajeno: No te olvides de recordar, de Peter Kuper es una obra que abre su contacto al lector jugando al despiste, anunciando una obra de claras reminiscencias al Understanding Comics de Scott McCloud para luego dar un giro que le llevará a mantener los recursos narrativos usados por aquél (la figura del dibujante/narrador omnipresente, juegos gráficos formales, establecimiento de una conexión directa lector-autor paralela a la narración de la historia…) para contar diferentes episodios de su vida, centrados alrededor de obsesiones puramente freudianas: la pérdida de la virginidad o la primera paternidad. Kuper, un maestro del expresionismo más radical –recordemos maravillas como La Jungla o La metamorfosis– que aquí se modera parcialmente para recordar de forma indirecta desde la relación con las drogas y la sexualidad en la sociedad americana post-vietnam hasta el trauma del 11-S. Como es habitual en Kuper, su visión resulta lúcida y alejada de fáciles concesiones: es consciente de cómo el tiempo modifica la memoria, planteando su historia con infinidad de matices e integrando al lector, estableciendo con él casi una conversación informal en el que su yo-presente analiza con acidez a su yo-pasado. Una obra muy interesante en la que, además, hay que destacar como siempre el apartado formal, en el que Kuper establece varios niveles de lectura a través del grafismo y del uso de diferentes recursos narrativos, entre los que destaca, como ya es habitual y esperable, el expresionismo más extremo. (3)
En el producto nacional, dos obras que continúan anteriores entregas y que por diferentes razones esperaba muchísimo. En primer lugar, El arte de criar malvas, nueva entrega de las memorias de Ramón Boldú en las que sigue manteniendo incólumes todas las características de sus dos primeras entregas (Bohemio pero abstemio y Memorias de un hombre de segunda mano): ritmo vertiginoso, un sentido renovado del esperpento valleinclanesco y una lenguaraz desvergüenza, que lleva a Boldú a contar todo tipo de detalles de una vida que, en muchos casos sorprende tanto que parece imposible que sea realidad. Sin embargo, como bien indica Santiago Segura en el prólogo, la gracia de las aventuras de Boldú es que son tan extremas que sólo pueden ser reales. Sus personajes son personas de carne y hueso que expondrán sus miserias más extremas, con el propio autor a la cabeza autoflagelándose para dar ejemplo de exhibicionismo en este vodevil esperpéntico que construye. Hay, sin embargo, una diferencia clara con sus dos anteriores entregas gracias a ese juego metalingüístico que supone la inclusión de la obra en blanco y negro sobre la que estaba trabajando “Hasta que la muerte nos separe”. Manteniendo siempre la relación directa con el lector, optar por contar los entresijos de la creación y publicación de esta historieta convierte además a esta entrega de sus memorias tanto en un ejercicio autobiográfico como en un retrato de la creación de historieta de este género. El resultado no puede ser más sorprendente: asistimos no sólo al proceso creativo, podemos leer la historieta y comprobar in situ sus resultados en los protagonistas involuntarios de la historia –¿quién será Nick Gualda?-. Un tebeo divertidísimo que será el previo a la reedición integral de sus dos anteriores entregas (3).
Y por último, segunda entrega de Autobiografía no autorizada, de Nacho Casanova, en la que ahonda en todo aquello que dije de la primera. Abandona, afortunadamente, aquellos momentos más duros que retrataba en la primera parte para detenerse en anécdotas del día a día con esa capacidad innata de Nacho de fijarse en las cosas que le rodean con mirada infinitamente curiosa de un niño, con un sentido infantil de la maravilla perenne que conjuga siempre con un guiño final de sátira gamberra y mordaz, en esa unión imposible de cándida ingenuidad y picardía disimulada que le proporciona un resultado mágico, que atrapa en su sencillez pero deja una picadura de lucidez que irá desarrollándose después tiempo después de la lectura. Una bomba retardada con la que Nacho demuestra que la aparente simplicidad de las anécdotas no es tal. Que es tan sólo una apariencia para que le dejemos puerta franca para entrar en nuestra casa y asentarse tranquilamente en nuestro sofá preferido mientras nos cuenta sus historias, esas anécdotas casi de chiste divertido que luego nos obligarán a pensar. Como bien indica Carlos Ortín en su estupendo prólogo, quizás algunos se preguntarán simplemente si las historias son verdaderas. No es cuestión baladí: Nacho enmarca todas sus historias en entornos reconocibles, reales, que hacen todavía más fácil el alejamiento del concepto de ficción y el acercamiento a la realidad. Pero quizás otros se inquieran sobre lo que Nacho ha contado, sobre ese pequeño pedazo de vida que le podría haber pasado a cualquiera. Y ahí la pifiamos, porque Nacho nos habrá atrapado en su trampa. Y con mucho gusto, oigan. (3)
PD: Nacho, ¿para cuándo el tercero? ¡Ya tardas!
Enlace: entrevista a Nacho Casanova

3 Comentarios en “Contando la vida tres veces

  1. tezuka on 18 noviembre 2008 at 0:26 said:

    Buldú y Kuper, para mi, lo mejor del año.

  2. Me encantó la versión que hace Kuper en historieta de La Metamorfosis. Una más que digna obra teniendo en cuenta que el reto no era pequeño. A priori fácil, pero las sutilezas de la obra de Kafka no lo hacían en realidad tan sencillo.

  3. cricomic on 19 noviembre 2008 at 0:53 said:

    NO TE OLVIDES DE RECORDAR. Una de las destacadas de año en el subgenero

    "Que vida tan interesante la mia" , junto a FUN HOME y ESSEX COUNTY.

    Peter Kuper en forma tras las interesantes pero no imprescindibles adaptaciones publicadas previamente.

    Nos demuestra que se pueden usar las posibilidades del medio, que son enormes,para potenciar la historia.

    Evita la autocomplacencia de otros, se autoexamina con honestidad y muestra como se pueden contar cosas sobre uno mismo que interesen a todos.

    Una gran historieta

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