Una del oeste… o no

Si nos atenemos a una rápida inspección superficial, Martha Jane Cannary es un western casi canónico. Su localización espaciotemporal es el rudo western americano del XIX, se centra en la odisea de aquellos emigrados del este que buscaban nuevas oportunidades en tierra inhóspita, el protagonismo corresponde a un personaje carismático de la época como Calamity Jane aunque existe una serie de secundarios (ya sea como personajes o incluso como escenarios) paradigmáticos del género.
Un tebeo del oeste. O de vaqueros, que diríamos en nuestra infancia.
Sin embargo, esta conclusión sería, a mi entender, errónea. Significaría establecer las bases del género única y exclusivamente en la construcción formal (que, en este caso, es indudable que tiene una significancia crucial), olvidando ciertos aspectos conceptuales que son propios e intransferibles del western. Desde la propia estructura narrativa a la manera de entender la épica heroica asociada a estas historias que, antes de ser desechadas como secundarias, deben ser estimadas como parte constituirá elemental del género (y que llevan a identificaciones de obras pertenecientes formalmente a otros géneros con el western pese a las profundas diferencias, como puede ser el caso de Atmósfera Cero).
Si atendemos a esta segunda definición, es mucho más difícil calificar a la obra de Matthieu Blanchin y Christian Perrissin como una representación ejemplar del género. La manera de abordar la vida de Calamity Jane es más próxima a una rigurosa biografía ficcionada, con un cuidado mayor en el planteamiento histórico, escrupuloso en el respeto cronológico y de los datos conocidos de su vida. Las clásicas reflexiones del género que podemos encontrar en referentes ineludibles como Blueberry, Sunday, Amargo, Kendall o tantas y tantas series de historieta, son sustituidas por un mayor interés en el análisis del contexto histórico, que si bien está presente en las anteriores como segunda –y hasta tercera –lectura en las anteriores obras, aquí adquiere el protagonismo fundamental, apoyada en un planteamiento narrativo mucho más propio del género histórico de vocación didáctica (práctica ausencia de primeros planos, dominancia de los planos medios y generales que provocan cierto distanciamiento con el lector, composición de página sobria y secuencia narrativa lineal…). A partir de ahí, y considerando esas diferencias, la lectura de la obra es mucho más fructifera. Si como western podía decepcionar al aficionado o conocedor del género, como tebeo histórico es una interesante aproximación al hecho histórico de una época de transición y excepciones. El análisis del papel de la mujer en la sociedad, de la paradójica desintegración de la estructura familiar pese a su establecimiento como núcleo social principal, de las relaciones sociales con las tribus indígenas o de la vida en los asentamientos de colonos resulta extremadamente sugerente para cualquier aficionado a la historia que busque una lectura ficcionada -y entretenida- de un riguroso estudio historicista.
Un buen tebeo histórico (2)