Spam

crumbabsurd

Vale, señores spammers. Acepto que me inunden el blog con enlaces a páginas porno que prudentemente Akismet para. Acepto que pongan ustedes todo tipo de publicidad de fármacos antidepresivos, que la crisis es mala y provoca malas ideas. Acepto también los fármacos variados para vigorizar y conseguir imposibles crecimientos peneanos, darle alegría al cuerpo es otra forma de afrontar la crisis. Hasta me parece lógico que me inunden con ofertas de préstamos e hipotecas, que a fin de cuentas la culpa de todo esto es de las subprime dichosas, según dicen.
Pero, a ver, que alguien me explique por qué me envían un montón de mensajes sobre Fabrica de cubiertas de piscinas. Que esto ya me supera y mi natural racionalismo se ve desbordado…
Mientras, una velita a San Akismet.

Love & Rockets

En la fratricida lucha entre adoradores de Jaime o el Beto Hernández, mi posicionamiento siempre ha sido del lado de los de autor de Palomar. Es una elección cruel, todo sea dicho, similar a esas que obligan a elegir si quieres más a tu padre o a tu madre, pero que en este caso se decantaba por estrecho margen por el Beto. Por esas historias rebosantes de humanidad y sentimientos frente a la particular mezcla de géneros que practica Jaime. Una opción que siempre se tiene que matizar, porque Love & Rockets es uno de esos tebeos que marcan la historia del medio y sólo se puede entender como la obra conjunta de los Hermanos Hernández.
hopeySin embargo, debo reconocer que, tras la vuelta de la saga, me interesa cada vez más el Beto ajeno a Love & Rockets mientras no deja de maravillarme la evolución que está protagonizando Jaime en la renovada serie. Por un lado, su magisterio en la parte gráfica está llegando a cotas espectaculares, con una síntesis sólo al alcance de unos pocos. Con apenas unas líneas certeras, consigue una expresividad máxima en sus personajes: ríen, lloran, se enfadan, gritan o reflexionan… sienten, en suma. Una síntesis que se traslada también a la narrativa: es difícil encontrar una mejor puesta en escena, un ritmo más contenido y perfecto que el que vamos a encontrar en La educación de Hopey Glass. La aparente sencillez de una composición de página minimalista e invariable ( 8 o 6 viñetas por página, según la historia), esconde un trabajo de análisis y estudio previo impresionante, con un cuidado y lúcido uso de la elipsis, de los tiempos y de los espacios. No hay nada dejado al azar, desde una expresión caricaturesca a una mirada, desde una transición abrupta a una fluida, pero siempre desde una profunda transparencia hacia el lector.
Pero si la evolución formal es impresionante, mayor todavía ha sido la argumental. Locas ha ido evolucionando desde un pastiche de géneros hasta un discurso personal e intransferible, en el que hemos asistido a la maduración de unos personajes que no es una simple traslación superficial del paso de la edad. Maggie, Hopey, Ray… han crecido y han madurado, han aprendido de la vida y lo van volcando en una historia que, centrada en Hopey y Ray nos hablará de ese extraño momento donde uno mira hacia atrás y decide que la juventud ha pasado, que está ya en ese punto donde ya no hay cuesta arriba, sólo cuesta abajo. Una visión que no es en absoluto nostálgica o tremendista, derrotista o resignada, es una afirmación de la madurez que nace desde una naturalidad que sólo Jaime consigue trasladar a sus tebeos. Sus personajes viven. Viven, no son actores teatrales que representan una vida o protagonistas de un reality conscientes de que son vistos por un agujerito, prestos a soltar una profunda e impostada reflexión. Sus palabras, sus diálogos, son francos, reales, son los que escucharíamos en la conversación con un amigo, los que diríamos nosotros si nos peleáramos con nuestra pareja o nos reconciliáramos con ella. Nunca el término “pedazo de vida” ha sido tan exacto para representar una historieta.
La educación de Hopey Glass es el resultado de la maduración real de unos personajes. Jaime contrasta con lucidez la figura de la alocada Hopey con la de Ray, enfrentando dos formas de entender ese choque de realidad que supone la edad. Por un lado una vida acelerada, inconsciente si se quiere, que de golpe rompe con todo. Por otro, la de quien reflexiona pausadamente sobre su vida. Dos vidas que, a su vez, son presentadas siempre dicotomizadas, anteponiendo juventud con madurez (Ray/Vivian, Tarzana/Maggie…), en las que Maggie se alza como un protagonista invisible. Pese a que el peso de la historia recae sobre Hopey y Ray, Maggie es el eje sobre el que deambula toda la narración, el lugar común que fuerza la reflexión y que actúa de contrapeso.
Un paso adelante en la obra de Jaime, que no renuncia a esos detalles iconoclastas que forman parte de su anterior etapa en Love & Rockets, con ese punto de aparente informalidad y jocosidad que empapa todas y cada una de las páginas, con guiños evidentes a los lectores de siempre (la presencia de Alarma) y que demuestran que Jaime no abandona ni su particular lenguaje ni su mestizaje de géneros.
Una de las mejores obras que se han publicado este año y un exponente perfecto de esa cumbre de la historieta que es Love & Rockets. (4+) [… aunque muy tentado de llegar al (5)] (5)