La antiprotohistorieta

ernstLeo (mejor, paladeo) la reciente (y exquisita) edición de Tres novelas en imágenes, de Max Ernst. Una obra realizada para la fascinación de los sentidos, con una potente carga simbólica en cada collage, pero que se realza y refuerza con una estructura narrativa que bebe, evidentemente, de las fuentes de la historieta. Si bien el componente surrealista/dadaísta de estas propuestas puede y debe rechazar cualquier organización argumental compatible con una lógica sencilla, las composiciones de Ernst logran una corrosiva visión de la sociedad y tradición burguesa precisamente a través de collages realizados partiendo de ilustraciones de folletines y obras didácticas. El impacto visual de cada una de las imágenes busca evitar la respuesta ortodoxa, para entrar precisamente en una provocación de mecanismos inconscientes de respuesta, en continua yuxtaposición de contrarios e imposibles. Una obra de infinitas lecturas y sugerencias, que permite entrar directamente en el debate de qué es la historieta. Un debate seguramente estéril, porque si bien existe la tentación de calificar esta narración gráfica como una protohistorieta, basta escarbar un poco en su génesis para comprobar que la tentación de etiquetar esta obra como antecedente de la historieta más que errónea, es una típica conclusión del sentimiento de inferioridad del noveno arte, porque lo que ocurre, como bien indica Juan Antonio Ramírez en el excelente epílogo, es una influencia contraria, desde la historieta hacia el arte gráfico. La obra de Ernst entronca con facilidad con experiencias previas como las de los grabados de Frans Masereel a principios de la década de los 20 (Pasionate Journey en 1919, The Sun en 1920 o The Idea en 1920 – esta última con edición en castellano-) o con los antecedentes directos, casi coetáneo, de Lynn Ward en God’s Man (1929).

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El exacerbado surrealismo de las imágenes compuestas de Ernst deriva con fluidez del expresionismo violento de Masereel y muchas de sus propuestas ideológicas se pueden encontrar en los grabados en secuencia gráfica del belga, que con seguridad conocería. Incluso obras incluidas en este recopilatorio, como La mujer 100 cabezas tienen una curiosa correlación conceptual y cronológica con la posterior Destin, de Otto Nuckel (también editada en España por IMHO), que parece reinterpretar las propuestas de Ernst desde una perspectiva de mayor ortodoxia lógica. Obras que han sido consideradas explícitamente como antecedentes de la novela gráfica (como hace David A. Beronä en Wordless Bookd) en un claro intento de establecer vínculos entre la historieta y un arte “superior” pictórico. Intentos claramente erróneos a poco que se haga una mínima correlación cronológica: entre 1929 y 1930, años de aparición de la obra de Ernst y de Ward y Nuckel, con varias obras de Masereel ya publicadas previamente, el lenguaje de la historieta ha alcanzado ya una sofisticación indudable. A finales de la década de los 20, autores como Winsor McCay, George Herriman, Frank King, Geo McManus, Billy DeBeck o Cliff Sterret han desarrollado ya la parte más importante de su producción, que coincide con el asentamiento de las bases del lenguaje historietístico en una complejidad muy alejada de las propuestas pictóricas de Masereel, Ernst o Ward, que se encuentran más cercanas, en ese sentido, con la narración gráfica de la protohistorieta real de Hogarth, Töpffer o Busch.
masereelEs posible que la identificación de “antecedentes” de la historieta pudiera tener una justificación en tanto en cuanto los recursos narrativos son coincidentes con los de los pioneros de la historieta en Europa, pero es evidente que la dirección de la influencia tiene un sentido claro: son las historietas (ya sea las protohistorietas de los antes citados o las ya reales publicadas en la prensa americana y que se publicaban con cierta celeridad en Europa) las que realmente definen una influencia sobre las propuestas pictóricas, permitiendo a los pintores/ilustradores trabajar en una zona limítrofe de la ilustración tradicional, ampliando el juego narrativo monodimensional de la imagen única a una propuesta secuencial de mayor posibilidad formal y conceptual. A partir de aquí, la brillantez de las propuestas de Ernst, Masereel o Ward cran una clara retroalimentación sobre la historieta, que se nutrirá del estilo gráfico y narrativo en el futuro, tanto de los trazos expresionistas como del complejo simbolismo icónico. No es difícil rastrear estas influencias incluso en la actualidad, desde casos evidentes como los de Thomas Ott o Peter Kupper a otros quizás más sutiles, como Charles Burns, que juega con la fuerza del claroscuro, del contraste negro y blanco, con ciertas similitudes a lo que se puede encontrar en la obra de Ward. Y no sólo ahí, sino indirectamente a través de la influencia que ha tenido en otros movimientos pictóricos, como la figuración narrativa, que a su vez han tomado préstamos de la historieta y han dejado impronta en ella.
La historieta influye y es influida en un constante toma y daca entre el noveno arte y el resto de formas artísticas. Muchas veces, nos centramos en análisis de influencias derivados únicamente de la historieta, pero basta un rápido repaso a la historia del arte para encontrar en estilos de dibujante de tebeos que calificamos de “modernos” o “rompedores” estilos gráficos o pictóricos que tienen ya décadas sobre sus espaldas, reproduciendo en la historieta debates ya ampliamente superados.
En cualquier caso, sea cual sea la influencia, no os perdáis esa joya que es Tres novelas en imágenes, con edición cuidada de Atalanta.

8 Comentarios en “La antiprotohistorieta

  1. Ismael. on 31 diciembre 2008 at 3:45 said:

    Son verdaderas rarezas. Sugieren un extrañamiento de la mente del dibujante tal y como si el tipo solo se molestase en escoger los materiales que va a utilizar y no en lo que piensa hacer con ellos.

    Los tenían en las paredes de un almacen de cañamones y piensos en la Coruña, detrás daban clases gratuitas a cambio de charlas de quince minutos. Y siempre he pensado que se trataba de simples ensoñaciones seminconscientes; no tenía ni zorra de que lo utilizasen para lo del romance gráfico.

    Un autoservicio de playeras y bicicletas estáticas se cargó el almacen. Otro asesinato urbanístico del alcalde beato.

  2. Don Alvaro, este fue uno de los regalos que le puse a mi señora en el calcetín de Santa Claus. Y es excepcional y megarrecomendable, por supuesto, aunque tengo algunos peros de la edición por el formato escogido y la forma en que los grabados se adaptan a este. Fíjese que los de tipo ancho se reducen y, sinceramente, se pierde mucho detalle al ocupar sólo un tercio de página. En ese aspecto me ha decepcionado.

  3. Ciertamente, es una auténtica delicia degustar y paladear los grabados de Ernst… Yo soy de los que sí lo considera un tebeo, quizás por influencia de McCloud, pero son imágenes en secuencia. Obviamente, con la cuestión de la fecha, no se puede hablar de antecedente, pero sigue siendo un cómic, realizado de una manera particular.

    Para sentarse con calma y para dedicarle el tiempo necesario al disfrute de este libro.

    Gracias por la reseña, Álvaro

  4. Ya de camino, valdría la pena rescatar las novelillas-grabado-collage de Chumy Chúmez…

  5. jesus moreno on 31 diciembre 2008 at 17:15 said:

    En febrero exposición delos originales de estas series de Max Ernst en las salas de la Fundación Mapfre en Paseo de Recoletos en Madrid, con precioso catalogo.

  6. Estaré atento y eso sí que no me lo pierdo :D

  7. SantoBastardo on 31 diciembre 2008 at 21:56 said:

    En cuanto pueda me hare con este libro, y desde luego no me pienso perder la exposicion.

  8. Es muy interesante (aunque no sea uno de los mejores artistas del surealismo), pero me llama la atención que se le presta a los artistas de artes "mayores" cuando hacen cómic. Lo curioso es que dentro del cómic hay mucha gente que lo hace mejor y no se les valora.

    En cualquier caso, se nota un proyecto sopesado e interesante, muy elaborado y curioso. Habrá que informarse y verlo-leerlo.

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