Calles

Seamos realistas: cuando uno se levanta por la mañana, el camino que separa la cama del puesto de trabajo es una especie de corredor de la muerte del que a duras penas distinguimos las frías paredes. Da igual que nuestro camino atraviese frondosas avenidas, calles atiborradas de gente o preciosos barrios mozárabes, el automatismo es casi perfecto: pie derecho, pie izquierdo, pie derecho, pie izquierdo. Nuestra vista se mantiene con dificultad sobre el camino que pisamos y sólo por momentos se levanta para otear una cercanía de semáforos y pasos cebra. Podría argumentarse, y sería cierto, que lo anterior es una malvada manipulación: a esas horas de la mañana y con la marca de las sábanas todavía en la piel, las pocas neuronas que han conseguido entrar en funcionamiento bastante tienen con encargarse de las funciones vitales y de que no seamos parte indivisible del neumático de un autobús. Pero no es menos cierto que si nos nos fijamos en cualquier otra hora del día, el estrés y eso que se ha dado en llamar la “vida moderna” nos llevan de un lugar a otro en idénticas condiciones. Transitamos, nos movemos, pero casi nunca recordaremos si lo que había en la esquina era una sucursal bancaria o un puesto de frutas. Sabemos que la calle es una sucesión de edificios pero, a poco que estrujemos las meninges, es un concepto tan vacuo y aséptico como lo que escupe la definición del diccionario. No sabemos sin son grandes o pequeños, antiguos o modernos, con unas preciosas figuras bajo los balcones o con líneas delineadas al estilo de los 70.
Seamos claros: conocemos mejor las calles de Nueva York que nuestro barrio. O las de san Francisco, que todo depende de la serie de televisión que nuestra generación haya disfrutado. Al final lo que importe es que hayamos pasado muchas más horas delante de la caja tonta viajando a la ciudad ajena antes que paseando por la nuestra.
berrioUn pecado que nos recuerda Juan Berrio en el delicioso Calles Contadas, uno de esos libros editados con cariño de padre amoroso que nos viene a recordar, en forma de fábulas, que la ciudad que nos rodea está llena de vida y emociones, que es un lugar en el que detenerse, mirar y contemplar, disfrutando de los millones de pequeños detalles que se nos escapan día a día. A Berrio le gusta contar historias sencillas, que llevan al lector en volandas sin saber que se desplaza por una obra de calculada ingeniería, eso que llamamos “narrativa” y que Berrio transforma en historia y deleite pese a tener en bambalinas un andamiaje de compleja construcción. Es capaz de contar un historia con retazos de un paseo, demostrando que la vida es un rompecabezas en el que las casualidades marcan nuestro destino; jugar con la arquitectura para que ésta sea no sólo un espacio de geometrías definidas, sino de momentos y secuencias; crear la ilusión del movimiento de un folioscopio a partir de dos imágenes quietas o, simplemente, hacer que una farola se convierta en la iluminación perfecta para mil y un cuentos. El trazo de Berrio es, como siempre, la síntesis perfecta para la elegancia máxima, añadiendo la belleza de una gestualidad visual conseguida con los mínimos elementos al placer de la lectura.
Casi nada, oigan. Un libro de esos que se quedan en casa en lugar preferente y cuando un amigo lo curiosea, se lo quitamos rápidamente de las manos, como quien protege su tesoro más preciado.
Una verdadera lástima que el libro tenga una distribución tan limitada, pero vale la pena el esfuerzo de buscarlo y hacerse con él.

20 Comentarios en “Calles

  1. kurdy malloy on 13 enero 2009 at 2:03 said:

    Psé.

    Ahora en serio, bravo!! Sr. Carcelero, acertó dolorosamente en el análisis inicial.

    Espero que también acierte en el segundo y este cómic sea tan estupendo. Le hecharemos una ojeada con más atención.

  2. Si

    la ternura es un arma poderosa

    nunca menos fue tanto

  3. Ajá, fue la sorpresa de esta navidad. Lo leí de pie, en cuanto que llegué a casa, sin quitarme siquiera el abrigo… y todavía lo tengo a mano y le echo un ojo de cuando en cuando.

    (Además incluye un calendario bien chulo!)

  4. Absolutamente sí. Se respira el mimo y trabajo del autor en cada página. Suena cursi pero par amí ha sido así.

    Al igual que al Señor Naranjo empezar a leerlo y no dejarlo hasta acabar. Lleno de detalles y cuidado en la forma y el fondo. Merece una lectura delicada para apreciar todos los juegos de palabras, formas y narrativa. Merece una relectura para apreciar todo lo que se nos escapó a la primera.

    Quizás por el momento o por el estado de ánimo pero de ha sido la obra de Juan Berrio que más me ha llegado. ¡Bravo!

  5. Es un libro maravilloso, todo está cuidado hasta el mínimo detalle. Los juegos de palabras, el uso de la tipografía y el bitono. ¿Os habéis dado cuenta que la parte central, la del chico y la chica que van al encuentro hablando por teléfono, puede funcionar como un flipbook?, ¿lo habrá hecho Berrio a propósito?

    ¡Bravo Juan!

    • Álvaro Pons on 13 enero 2009 at 11:57 said:

      Fermín: "crear la ilusión del movimiento de un folioscopio a partir de dos imágenes quietas"… Iba precisamente por ese episodio… :)

  6. Ayer lo estuve hojeando en la librería, debo reconocer que no sé por qué me esperaba otra cosa (¿?). Es un librito primoroso, y no me lo compré por eso (por el diminutivo, y no me refiero al tamaño), pero no descarto volver a hojearlo otro día y acabar comprándomelo,… Y por cierto, para mi ha sido todo un descubrimiento ver las fotos que hace Juan Berrio, merece la pena pasar por su web

  7. A mi me parece una pasada de libro. Un libro de regalo obligado a uno mismo y al resto.
    Comprar Calles contadas debería ser una obligación por apoyar, no solo la autoria del libro, que ya lo merece, sino por la edición que creo que es del propio berrio.
    Apoyar estos libros, estos autores tan especiales, que se ve que han mimado cada linea es necesario.
    Con Berrio tengo una sensación ambigua: por un lado quisiera que se prodigará más, pero por otro es mejor esperar y ver como se supera con una sensibilidad exquisita.

  8. Tengo que leerme las entradas más a fondo, Álvaro.

  9. A Juan Berrio habría que ponerle un piso, darle un sueldo vitalicio, y obligarle a producir más cosas de estas sin preocupaciones. Un maestro de la delicia.

    Slurps!

  10. Borja Garcia on 13 enero 2009 at 14:35 said:

    Lo que parece claro es que este es un autor de autores. No hay más que ver los comentarios de esta entrada, o de su blog.

    Tiene pocos fans (o eso parece ya que se tiene que autoeditar), pero entre ellos hay mucho autor de comic.

    Y el libro es genial.

  11. yo no creo que no le quieran editar. Es que editar ASI es muy complicado (vamos, que sin saber las circunstancias da la sensación que se ha hecho la edición a capricho).

    Seguro que no son/somos tan pocos los lectores.

  12. El libro es una maravilla.

    Yo, que he tenido la inmensa fortuna de ver un poquito de cerca la realización del libro, tengo mi opinión sobre el tema de la autoedición. En este caso no deja de ser una extensión de la labor de Juan como autor. No es que tuviera problemas con los editores, simplemente creo que el único editor que le podía garantizar que el libro iba a ser exactamente cómo él quería, era él mismo.

    Esto no hace más que confirmar que estamos ante uno de los autores más honestos y más interesantes de nuestro país.

  13. El Juan Pérez on 14 enero 2009 at 0:48 said:

    Decidido, no me lo compro.

  14. Luis de Luis on 14 enero 2009 at 9:34 said:

    Es un libro extraordinario.

    Vitalista,sutil,…es delicioso

    parece un surtido de greguerias de barrio

    gran libro

  15. yonosoyyo on 14 enero 2009 at 18:06 said:

    poco nos importa que no lo compres, Juancito Pérez…

  16. lo he comprado hace un rato y lo acabo de leer de un tirón

    y ciertamente, una maravilla de libro

    ( aunque no esperaba menos del señor Berrio )

  17. adriculocipriculo on 16 enero 2009 at 18:51 said:

    Vayan en moto a trabajar. No se arrepentirán.

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