Infierno

Hay veces que la mejor forma de salir de las dudas de una encrucijada es crear un camino nuevo. Y eso es lo que ha hecho Beto Hernández, sometido a la indudable presión de todo el pasado de Palomar, un universo tan cohesionado y particular que en cierta manera sobrepasa al autor y lo fagocita, autogenerándose e imponiendo sus propias normas. Una situación compleja, de la que Beto ya había intentado escapar buscando nuevos caminos y alejándose de sus creaciones para probar nuevas formas e historias, pero que con la recuperación de Love & Rockets se cortaba, obligado en cierta medida a retornar a su imaginario pueblo de siempre con el peligro de convertirlo en una cárcel real. Se notaba en las últimas entregas, sin duda. Mientras Jaime crecía y crecía en cada nueva aventura de Maggie y Hopey, Beto iba apagándose, perdiendo esa vitalidad que caracterizaba a la serie, mientras que iba entregando pequeñas joyas ajenas a Palomar, como Pereza. En cierta medida, Una oportunidad en el infierno parece ser ese camino intermedio que necesitaba, que mantenga un delgado hilo de conexión con Love & Rockets, pero que le dé el aire y libertad que precisaba. La idea es simple: crear un “spin-off” de la serie principal que no le ponga cortapisas, jugando con la idea de “desarrollar” las películas que protagonizó Fritz. En un retorcido –casi maquiavélico- giro, Beto toma a sus personajes y los convierte en actores de las historias que quiere contar ahora. La ficción de Palomar esconde a su vez una nueva ficción. Pescadilla que se muerde la cola o especie de ajusticiamiento poético, que usa a los barrotes de su celda para pintar su nueva libertad.
chanceY así, lo que encontraremos en Una oportunidad en el infierno es una historia ajena (ya desde esa portada hopperiana de Rick Altergott), que nos contará la historia de la joven Princesa en tres momentos de su vida, niñez, adolescencia y madurez. Tres momentos que tendrán varios puntos de conexión que se entrelazarán en un discurso único: en primer lugar, el drama, exagerado, violento, doloroso. Sobre todo en esa primera etapa, Beto propone una existencia deplorable y brutal, que transforma la vida de la pobre niña en una pesadilla continuada que obligadamente devendrá en un trauma que arrastrará y marcará la personalidad de la mujer. Y a partir de ese trauma, la segunda conexión: la dependencia. En todo momento, niña, adolescente o mujer, depende de un hombre, de una presencia masculina que se nos revelará como un protector de apariencia afable pero que llevará sin solución de continuidad a la tercera conexión: la desilusión. Relaciones que desembocarán en un complejo tira y afloja donde la personalidad desaparece, se diluye. Si en Palomar el individuo siempre tiene el apoyo del colectivo, en ese protagonismo coral, aquí lo que tendremos es precisamente el abandono de la sociedad, la paradójica dilución del individuo en la nada del desamparo.
A simple vista, caer en el melodrama lacrimógeno es fácil. Sin embargo, Beto desarrolla la historia con la suficiente inteligencia como para que la exageración, ese exceso casi impostado no se traduzca en sentimentalismo barato. Busca el debate y lo logra rompiendo la identificación con los protagonistas de la historia (excepción hecha, curiosamente, de Fritz), representado casi como autómatas sin sensibilidad ni sentimientos, presentados en una asepsia narrativa que se amplifica con una estructura temporal de bloques casi interrumpidos, en largas y arriesgadas elipsis donde se deja al lector toda la responsabilidad. No hay posibilidad de sentimentalismo a partir de la empatía. Sólo hay una salida: la reflexión, motivada además por una carga simbólica compleja, que exige mucho del lector.
Una apuesta muy complicada que puede tener un efecto secundario peligroso: es fácil que el lector se vea expulsado de la lectura de este álbum. Jugar en el filo de la navaja tiene esos riesgos. Pero si se aceptan esas reglas y se consigue terminar el juego, el resultado no puede ser más satisfactorio. (3)

6 Comentarios en “Infierno

  1. En mi (modesta) opinión lo "mejor" del libro es precisamente tu reseña. Para mi ha constituido una de las "decepciones" del 2008 (junto con Lapham, Bourgeon o el último Blake & Mortimer….). Pensar en la obra maestra que es Palomar….

    • Álvaro Pons on 26 Enero 2009 at 23:43 said:

      Comparar con Palomar es injusto… es un buen tebeo, pero no está a la altura de Palomar, claro… ¡¡¡pero es que hay tan pocos tebeos a esa altura!!!!!

  2. Diego E. Barros on 5 Febrero 2009 at 15:02 said:

    Creo, sinceramente, que Beto Hernández podría haberse ahorrado este cómic que resulta intranscendente comparado con su anterior obra y completamente incomprensible.

  3. Pingback: Los dibujantes: Ficha doble #9-10: Los hermanos Hernandez at 68 revoluciones

  4. No puedo estar más en desacuerdo con los comentarios previos: he recuperado ahora UNA OPORTUNIDAD EN EL INFIERNO después de haber gozado de HABLANDO DEL DIABLO (para mí, el tebeo del presente año), y me parece una joya a la altura de PALOMAR. Diferente, desde luego, pero a su altura.

  5. Pingback: 68 revoluciones | Los dibujantes: Ficha doble #9-10: Los hermanos Hernandez

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