Novedades de Norma para Abril

Ya se puede descargar el PDF de novedades de Norma para Abril. A destacar muy especialmente La virgen de plástico, de Pascal Rabaté y David Prudhomme, una vitriólica visión de la sociedad actual que tiene muchos puntos en común con la genial Los jueves, milagro, de Berlanga. Comienza también la edición de la, a mi entender, decepcionante Pascal Brutal, de Riad Satouff y la entretenida Umbrella academy de Gerard Way y Gabriel Bá. Además, un nuevo e indispensable volumen de Los archivos de The Spirit.

Jornadas internacionales de Cómic Profesional

Si hay algo que denota la madurez de un medio es el nivel alcanzado en capacidad autocrítica y reflexión corporativa. Si hace unos meses se lanzaban la interesantísima iniciativa Set de Cómic en Lleida, ahora toma el testigo la Associació Professional d’I·lustradors de Catalunya, APIC, que con el apoyo de la Generalitat de Catalunya organiza las I Jornadas Internacionales de Cómic Profesional. Un día de análisis y reflexión sobre la situación del sector desde diferentes perspecticas (autores, editores, trabajo en el extranjero) que definitivamente encarrila la necesaria creación de una conciencia corporativa en el medio. En estos tiempos de crisis, es más necesario que nunca todos los actores involucrados se den cuenta de la necesaria colaboración entre todos para poder avanzar en defensa del tebeo.

jornadas-comic-10pt

Más información, en la web de APIC.

Presentación de Barcelona 1931

El próximo 5 de marzo, a las 19:00h, se presenta en la Casa del Llibre (Passeig de Gràcia, 62 Barcelona) el libro Barcelona 1931, l’educació sentimental, de Lluís Juste de Nin. La obra será presentada por Carles Santamaría y se contará con la presencia del autor y del editor, Paco Camarasa.

Ernst

Aviso para navegantes: si hace un tiempo comenté la edición de las novelas en imágenes de Max Ernst, ahora no puedo menos que recomendar el extraordinario catálogo que la Fundación Mapfre ha editado para la exposición de los collages de Ernst que actualmente se puede visitar en Madrid. Una reproducción exquisita, a tamaño real, en la que se pueden comprobar las texturas de los collages, las diferentes capas… Una maravilla que se completa con excelentes artículos introductorios.
El libro se puede adquirir en librerías especializadas en arte y grandes cadenas como FNAC. Para tener un avance, se puede descargar el PDF del número 38 de la revista Cuaderno y, en el mismo formato, un extracto del catálogo.

ernst

Presentación de El Nord

El próximo lunes, 09 de marzo, a las 20:00, se presenta en el Cafe del Teatre de Lleida (Roca Labrador nº 4)la novela grafica “EL NORD” de Miquel Angel Berges y Jose M Cazares, obra ganadora como proyecto narrativo del 6º Premio de Narrativa.Premis Lleida 2007. La presentacion ira a cargo del escritor Miquel Pueyo y de los autores.

Rue Tolbiac, París

Siempre me gustó Tardi. Es más, soy admirador confeso (y platónicamente enamorado) de su Adéle Blanc-Sec. Pero debo reconocer que nunca supe leerlo. Hasta hace unos años, leía a Tardi como un especialista en género negro y en la primera guerra mundial, embelesado por el folletín decimonónico de aventuras. Una apreciación razonable, a mi entender, pero que no me permitía conseguir la cuadratura del círculo, el perfecto ensamblaje de todas las piezas que componen la personalidad de este autor. Sin embargo, un buen amigo me comentó una vez que una de las primeras cosas que hizo nada más llegar a París fue pasear por el puente de Tolbiac como homenaje a Tardi. Fetichismo de fan, pensé, pero que quedó grabado en mi subconsciente para aflorar en el siguiente viaje que hice a la capital del Sena. En ese viaje, guardé en mi maleta el mapa de la tolbiacciudad con el que concluye Niebla en el puente de Tolbiac y en el primer rato libre me dirigí a esa barriada, a pasear por las calles por las que transcurría la acción del álbum. Desde el puente, paseé por la Rue de Tolbiac e intenté llegar a la Rue Watt, donde murió Lenantais para descubrir que, por desgracia, nada había sobrevivido ya. El barrio de mala muerte del que hablaba Tardi había sustituido por complejas y modernas instalaciones presididas por la flamante Biblioteca François Miterrand. Un poco decepcionado, seguí andando tranquilamente y llegué a la Plaçe d’Italie, para comenzar un larguísimo paseo de varias horas en los que poco a poco fui descubriendo que todo no estaba perdido, que todo aquello de lo que hablaba el dibujante seguía ahí. Las fachadas podían cambiar, pero el espíritu no. Y Tardi había dibujado algo más que edificios y calles: había retratado la esencia de esos barrios, de sus vecinos. Mientras paseaba, iba descubriendo por fin el mensaje de Tardi en sus álbumes: no nos habla de género negro, de folletines o de guerras. Nos habla de París. Nos inunda de la ciudad, de su belleza y de su vida. Sus historias son lujosas excusas para llevarnos de la mano y mostrarnos esa mezcla de ciudad que ya no existe pero todavía está ahí. Sus composiciones y puestas en escena, tan características, cobran sentido, porque el protagonista de sus historias no es Néstor Burma, Brindavoine o Adéle Blanc-Sec. Es París, es el Sena, son las calles y unos edificios en los que la piedra se torna orgánica, viva, envolviéndolo todo. Las transiciones entre escenas son realmente paseos entre escenarios, en los que Tardi se preocupa de que la elipsis sea sustituida por el caminar entre lugares, en una transición en la que nos podamos detener y contemplar el encanto de la ciudad, ya sea en su decadencia o en su esplendor. Desde el edificio más pomposo y magnificente a la chabola más pobre, todo forma parte de un gigantesco ser vivo único: París.
Cuando regresé de ese viaje, volver a leer Niebla en el puente de Tolbiac fue una experiencia completamente diferente. Tardi se había aliado con otro enamorado de París, Leo Malet (no en vano su proyecto Los misterios de París transcurría en diferentes distritos de la capital) para engatusarnos, para lanzar un canto de sirena en forma de polar clásico. Una adaptación casi canónica de la obra de Malet que ahora leía con ojos completamente diferentes, descubriendo cómo el argumento era tan sólo el andamiaje necesario para que comenzáramos una larga excursión hacia París y sus calles, sus vericuetos, sus luces, su noche y su día, sus sombras… Incluso en ejercicio máximo de sinestesia, sus olores, sus sonidos y sus colores. Todo estaba ahí, en esas viñetas donde los personajes siempre dejan espacio a los fondos, colocándose casi tímidamente en las esquinas de la viñeta, sabedores de que ellos sólo son los acompañantes ocasionales de este largo camino por la ciudad.
Pero que nadie se preocupe, hay muchas formas de leer Niebla en el puente de Tolbiac: quedarse en el contundente relato de Malet y su extraordinaria traslación a las viñetas; dejarse llevar por la experiencia urbana que propone Tardi…
Todas son muy satisfactorias. Un álbum recomendabilísimo que Norma reedita en cuidada edición en cartoné. No dejéis pasar la ocasión (3+).

PD: La maravillosa tecnología permite hacer hoy ese paseo sin moverse de casa. Basta seguir el mapa de Tardi en Google Street View, comenzando en el Puente de Tolbiac.

Lectura de Watchmen

[Nota de prensa]
Con motivo del estreno en cine de la pelicula de Zach Snyder basada en el conocido cómic Watchmen, la Sección de Cómic de MarmotFish Studio se complace en realizar una actividad en colaboración con Kinépolis Madrid: una lectura de fragmentos del cómic, que podrá disfrutar cualquiera que quiera pasarse justo antes de entrar a ver la película.
Continue Reading →

Aleta se convierte en sello de Dolmen

[Nota de prensa]
Después de años de andadura independiente, Aleta Ediciones deja su labor de edición en manos de Dolmen Editorial. Así, Dolmen, una de las editoriales independientes más exitosas de los últimos años, comenzará a publicar el material que hasta ahora publicaba Aleta Ediciones, incluyendo sus títulos en los sellos correspondientes de la editorial. El trabajo de coordinación lo seguirá haciendo la gente de Aleta encabezada por Joseba Basalo, lo que demuestra la continuidad con la que se quiere encarar esta nueva andadura.
Continue Reading →

Novedades de Astiberri de Marzo

¡Por fin el nuevo y esperadísimo álbum de Jali!
(**)- El último gran viaje de Olivier Duveau, de Jali. Blanco y negro. Rústica con solapas. 168 páginas. Tamaño 17 x 24 mm. PVP: 16 euros
Muchas más mentiras para niños pequeños, de Andy Riley. Blanco y negro. Cartoné. 96 páginas. Tamaño 18 x 14 cms. 10 euros
(**)- Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Fermin Solís. Blanco y negro. Cartoné con sobrecubierta. 128 páginas. Tamaño 17 x 24 mm. 18 euros
(**)- Pyongyang 5.ª edición, de Guy Delisle.
Continue Reading →

Tecnología y superhéroes

Los héroes de la Golden Age nunca pensaron que existiese software de reconocimiento facial…

kent

“- Hola, ¿es el servicio técnico de Apple? Tengo un problema con mi iLife09.
– El reconocimiento facial de iPhoto está estropeado!
– No para de decirme que Superman y Clark Kent son la misma persona!

[Visto en Microsiervos]

Clásicos del Humor: una de cal, una de arena

zipiyzapeSi el anterior volumen de la colección se podía definir como completamente prescindible, toca hablar ahora de uno imprescindible, dedicado a Zipi y Zape, de Escobar. Un volumen en el que una acertada selección de material, en el que abundan las historietas de los años 40 y 50, permite hacerse una imagen más correcta de la importancia de Escobar dentro de la historia del tebeo. Un autor casi eclipsado por esta serie, cuya calidad se hundió en barrena en esos años de la industrialización salvaje de la producción de Bruguera y que, pese a todo, se convirtió en la segunda gran serie de la casa tras Mortadelo. Un éxito que asoció de forma ineludible el nombre de Escobar al de estos dos gemelos, que seguían con acierto en sus inicios la tradición de Max und Moritz o de The Kanzentjammer Kids pero que hicieron olvidar contribuciones muchísimo más interesantes como Carpanta, Doña Tula Suegra (a mi entender, su obra maestra y una de las grandes series de la historieta española), Petra Criada para Todo, Profesor Tenebro… en los que el dibujante conseguía un retrato mordaz y en ocasiones demoledor de la sociedad de la época. Series que me atrevería a calificar de cruel costumbrismo, que permiten conocer como pocas la realidad de la posguerra española en toda su extensión.
Afortunadamente, la inclusión de estas etapas iniciales de Zipi y Zape permite analizar en su conjunto no sólo la evolución del autor, sino también la propia deriva de la editorial hacia criterios de producción masiva repetitiva. Se incluyen además dos de las primeras historias largas de los personajes, la excelente La vuelta al mundo (que sacaría momentáneamente a los personajes de la desidia en la que se instalaron en los 70) y El tonel del tiempo.
Respecto a la calidad de reproducción, en general, muy superior a la del anterior volumen. Pese a las obvias dificultades que se deben haber tenido con los materiales de las historias en blanco y negro de los años 40 y 50, casi todas gozan de una reproducción bastante aceptable. En las historietas a color, volvemos a encontrar páginas desenfocadas o con la línea rota, pero en este caso no es una constante en todas las páginas e incluso en algunos casos (por ejemplo en la mayoría de las planchas de la primera historia larga) hasta se puede hablar de muy buena reproducción.
En cualquier caso, sólo por las planchas de 1948 a 1959, ya vale la pena la compra de este volumen.

Breakdowns

No se puede poner en duda que Maus es una de las obras más influyentes de la historia del tebeo. Independientemente de los gustos personales, la realidad marca que la obra de Art Spiegelman ha contribuido de forma fundamental al cambio de consideración de la historieta, convirtiéndose en argumento reiterado y, ya hasta cierto punto fácil, para demostrar y ejemplificar la madurez del medio. El Pulitzer a Maus supuso para la historieta el espaldarazo final a su consideración adulta popular y mediática, consiguiendo lo que nunca antes se había logrado, pese a los muchos merecimientos. Cualquier buen aficionado al tebeo sabe que esta afirmación no implica, en modo alguno, que Maus sea la cúspide absoluta del noveno arte –siendo como es, una obra maestra-, pero es obvio que Spiegelman aunó en su obra méritos y características que le concedieron ese ansiado beneplácito común de público, crítica, medios y cultura oficialista al que nunca se había llegado.
Sin embargo, si dejamos ya de lado los anteriores méritos y afirmaciones y nos centramos en la figura del autor, resulta cuanto menos paradójico que sea realmente complejo enumerar más títulos de su obra. No es raro encontrar autores que basan toda su fama en una única obra (incluso, por desgracia, autores a los que la fama de una obra les ha sepultado creativamente), pero siempre se puede estudiar su trayectoria artística previa. Un intento que, en el caso de Spigelman era casi imposible. Incluso la todopoderosa y omnisciente wikipedia apenas arroja más información sobre el autor que su trabajo de ilustrador y, por supuesto, Maus. Y aunque se pueda aceptar, con ciertas dificultades, que existen casos de genialidad artística innata… ¿Se puede creer que Maus es una especie de afortunada generación espontánea de la nada? Una respuesta que, evidentemente, sólo puede tener la negación como respuesta. Maus es un ejercicio narrativo de alta complejidad en la que se detectan multitud de influencias y detalles que denotan un inmenso trabajo de preparación, que sólo se puede entender a partir de una experiencia anterior de investigación constante en el lenguaje de la historieta. breakdownsUn ejercicio previo que es posible conocer gracias a Breakdowns (Random House Mondadori), que reedita la primera recopilación de trabajos de Art Spiegelman publicada en 1978 y que permite comprobar la evolución artística y personal de este autor. A través de las historias cortas reunidas en este volumen, originalmente dispersas por diferentes publicaciones alternativas de la década de los 70, vamos a encontrar a un autor profundamente comprometido con la investigación y la búsqueda de nuevos límites y recursos del lenguaje de la historieta. Spiegelman parte de las formas de la ilustración, pintura y narrativa clásicas (incluyendo, obviamente, las de la historieta), para experimentar y descubrir nuevos recursos. Juega con la misma facilidad con las Biblias de Tijuana que con el cubismo, con los préstamos entre medios desde la televisión y cine o con la experiencia metalingüística e incluso con recursos propios de las primeras experiencias secuenciales de Lynn Ward. Es fácil reconocer la influencia de Justin Green (los dedos falo en la experiencia autobiográfica), pero también a Crumb. Deconstruye la página y la vuelve a reconstruir, rompe la dinámica lectora para luego restaurarla. Nada es ajeno: el collage de Ersnt es vehículo de una corrosiva reinvención de la tira diaria de los años 50 mientras que Picasso convive en igualdad con Mr. Potato. Sólo hay una máxima común a todas las historias: la transgresión formal, la ruptura continuada.
Recuperar las historias que se reúnen en Breakdowns es un verdadero placer para el aficionado, que puede asistir en primera fila no sólo al proceso formativo de un genio de la historieta, sino también a uno de las etapas más apasionantes de reinvención del lenguaje de la historieta. Sin embargo, Spiegelman nos guardará para esta obra un regalo todavía mayor si cabe, creando una introducción de 20 páginas en las que comprimirá su evolución personal dentro de la historieta. En un ejercicio de declaración apasionada de amor por la historieta, el autor irá descubriendo cómo los tebeos han formado su personalidad, cómo han estado en momentos claves de su vida pero, también, cómo se ha ido relacionando la compleja relación entre autoría y vida. Influencias cruzadas que van desde su descubrimiento del arte a los diferentes trabajos que desempeña, asimilando todo para volcarlo en sus propias creaciones. Una síntesis brutal en la que Spiegelman vuelve a fascinar con sus propuestas formales, en las que es casi imposible hacer una enumeración de los pequeños detalles que salpican cada página. Desde las composiciones aparentemente sencillas en las que el autor estructura una complejo juego de niveles hasta la evolución estilística en función de la época de su vida que está narrando, en la que juega con el estilo que más le impresionaba y el que él utilizaba, pudiéndose rastrear casi toda la historia de la tira diaria americana en esas escuetas veinte páginas. Pero además, Spiegelman engloba todo ese despliegue de recursos en un discurso corrosivo y profundamente autocrítico, en el que el autor pone en duda todos sus planteamientos y relativiza con inteligencia todos sus planteamientos anteriores, que finalizará con una atrevida reivindicación de la libertad en el arte que el mismo autor se permite ironizar en dos viñetas finales simplemente geniales. Un juego lúdico en el que deja al lector la última palabra sobre la definición de su arte y de lo que verá en las páginas de Breakdowns.
Un libro de obligada lectura que RandomHouse publica con exquisitez. (4)

Club de lectura de cómics en Valencia

El próximo martes 24, a las 19h, se presentará el Club de lectura de cómics de la Biblioteca Pública de Valencia (Antiguo Hospital, C/Hospital 13). El club está dirigido por Álvaro Pons y contará en esta primera sesión inagural con la presencia de Paco Roca, Premio Nacional de Cómic por la obra “Arrugas”, con el que se mantendrá un debate informal y abierto entre el autor y los asistentes sobre todo aquello que rodea al mundo del tebeo.

Novedades de Planeta de Marzo

Ya se pueden consultar en la web de Planeta las novedades de esta editorial para marzo. Sin duda, la novedad más interesante es el primer volumen Carlos Gardel, de Muñoz y Sampayo, una biografía del cantante de tangos más famoso de la historia. Tengo mucha curiosidad por El otro bando, de Jason Aaron (guionista de la soberbia Scalped) y Cameron Stewart y también es recomendable el Showcase de Jonah Hex, con colaboraciones de autores de la talla de Gil Kane y José Luis García- López. (Y sí, obviamente le daré una oportunidad a XXXombies, -¡ay! ¡el vicio!- pero con bastante prevención….)

Serpientes ciegas

serpientesYo soy de los que piensan que todo aquello que lleve la firma de Felipe Hernández Cava debería ser de compra y lectura obligatoria. Pocos guionistas de este sacrosanto país (y parte del extranjero) tienen la capacidad de Cava de promover la reflexión y el análisis combinando por un lado el género con la contextualización sociocultural. Una endiablada habilidad a la que suele unir un exquisito gusto a la hora de elegir dibujantes para sus proyectos (ahí es nada: Federico del Barrio, Auladell, Ricard Castells, Enrique Breccia… por sólo citar algunos), consiguiendo que todas sus obras sean un placer (y un reto) para el lector. Los protagonistas de sus obras siempre han sido personajes que exploraban un concepto tan elusivo como la motivación para seguir adelante en la vida, analizando cómo los ideales e ilusiones se formaban y entrelazaban para componer un discurso vital. Peter Parovic, Lope de Aguirre, Amorós… personajes que desafiaban las convenciones para escrudiñar a su alrededor en busca de las razones que llevaban a los seres humanos a comportarse como se comportan.
Sin embargo, si ya de por sí tenía razones más que sobradas para esperar con ansía Las serpientes ciegas, su nueva obra, esta vez se multiplicaban por un sutil cambio de mensaje que, a mi entender, lanzaba Soy mi sueño, la espléndida obra que firmó con Pablo Auladell. En aquella, detectaba en el discurso de Cava un giro hacia el descreimiento, un fondo de profunda decepción hacia las ideologías que se certifica plenamente en este álbum. Parte de una historia de búsquedas, que nos habla de Ben Koch, un idealista en busca de ideales, al que encontraremos en los inicios del Partido Comunista en unos Estados Unidos azotados por la depresión y seguiremos hasta la Guerra Civil española, escenarios perfectos para que Cava vaya enfrentando a su protagonista a los discursos programáticos, a las ilusiones quizás excesivamente ingenuas de los que abrazaban las ideologías en busca de una revolución que nunca llegó. Jugando con una estructura temporal paralela, vamos conociendo su historia, pero también la de la pérdida de su inocencia. Asistimos al abrazo de las ideas, a su formación y a su victoria, pero también a su perversión y derribo. En un análisis casi cruel, Cava parece plantear que las ideas son utopías destinadas a ser manipuladas y destrozadas por un ser humano incapaz de separarse de sus egoísmos y avaricias. Da igual la geografía y los momentos: la ingenuidad de quien defiende un ideal, muchas veces sin ni siquiera llegar a comprenderlo, será siempre derrotada por una perversión que es innata al ser humano. El diablo siempre vencerá, es el destino.
Un discurso amargo que sólo deja una salida: el ser humano siempre tendrá la debilidad de su humanidad, sólo el pensamiento crítico, la inteligencia y el sentido común deben ser las guías de nuestras ideas, intentando compensar esos lances de apasionada humanidad tribal inevitable. Una apuesta que, en buen ejemplo, el propio Cava pone en duda con un final tan sorprendente e inesperado como socarronamente acertado.
Una obra brillante en la que hay que destacar especialmente el trabajo de Bartolomé Seguí a los lápices, que abandona su tradicional blanco y negro para adentrarse en un color potente, lleno de sombras y matices, que juega con una paleta de tonalidades rojizas para transmitir una atmósfera agobiante y opresiva, calurosa como el infierno. El trazo vitalista y nervioso al que Seguí nos había habituado en sus obras de corte costumbrista, es sustituido por una pincelada dura, gruesa, que acompaña perfectamente a la historia de Cava en forma discreta, invisible, pero dando el plano adecuado, el ritmo perfecto y la composición necesaria. Un álbum excelente, en cuidada edición de Bdbanda (¡ay! Sólo un detallito para alcanzar la perfección: cuidado con ese bocadillo que se ha colado en francés). (4)

Enlaces
Un avance de la obra en el blog de Seguí.
Versión completa de la reseña de Soy mi sueño publicada en Babelia.

Clásicos del Humor: un paso atrás

goteraPoco a poco, parece que la periodicidad de la colección de RBA de Clásicos del Humor se va normalizando (debería ser semanal), apareciendo esta semana ya la tercera de las entregas, dedicada a Pepe Gotera y Otilio para mantener el tirón inicial de Ibáñez. Un volumen en el que la calidad de reproducción da varios pasos atrás, con irregularidades que van desde lo inaceptable (desenfoques, líneas rotas) a lo simplemente correctito, aunque con prevalencia, por desgracia, de las primeras.
En la selección se ha optado por comenzar por las historietas de Tio Vivo 322, evitando las planchas dobles iniciales (que tenían la particularidad de ser planchas horizontales de tamaño doble, no una dobles páginas como serían inicialmente) por las dificultades obvias de reproducción en tomo, pero dejándonos sin los orígenes y primeras aventuras de los personajes. Una lástima, porque excepción hecha del interés arqueológico, poco más podemos encontrar en una serie que, a mi entender, es el ejemplo perfecto de la industrialización salvaje de la producción de Bruguera a finales de los 60 y en los 70: historias de esquema fijo, con gags repetidos hasta la extenuación y que resultan, al final, prescindibles (ni siquiera la selección de Guiral, que busca los mejores momentos de la serie, consigue evitar caer en esta sensación). Eso sí: es indudable que Ibáñez volvió a acertar con el diseño de sus personajes, que pronto se convertirían en símbolos de las incoherencias de una España desarrollista, que quería entrar en la modernidad pero todavía vivía en la cultura y tradición de la chapuza.
Un volumen olvidable.

Enlaces:
Artículo en 13 Rue Bruguera sobre Pepe Gotera y Otilio

Big Culo Day

Llegó el día. Ése en el que hay que poner en marcha el terrible reto planteado por el pérfido Jotacé, que nos obliga a dejar nuestras dulces y apacibles tareas comiqueras para dedicarnos a la búsqueda del trasero perfecto, de esa conjunción de rotundez y sensualidad de curvas. Tras la variedad del año pasado, para esta ocasión tenía claro que el Big Culo Day sería el momento adecuado para solventar la terrible ausencia que esa lista sufría, la del dibujante que mejor y con más cariño ha dibujado el culo femenino.
Señoras y señores, con ustedes y ustedas, Guido Crepax.

culo07

Continue Reading →

Leyendo

Como se acumula peligrosamente la lista de lecturas pendientes de comentar por estos lares, agrupo varias de ellas en una larga entrada:
jazzTermina con su tercera entrega Jazz Maynard, de Raúle y Roger (Diábolo), certificando las buenas sensaciones que la serie ha transmitido desde su primer volumen. Frescura y descaro tanto en forma como en argumento, que se atreve a juntar en un mismo cóctel desde las películas de ninjas setenteras al género negro pasando por ladrones de guante blanco, el manga (con toques a Lupin III) y el costumbrismo a la española, todo en un escenario tan conocido como el Raval de Barcelona. A priori, ingredientes perfectos para un mejunje incomestible, pero que Raúle y Roger mueven con tal desparpajo y pericia (quizás, si, hay algo de esa insolencia y desfachatez, casi inmoral, del debutante, aunque en este caso ya no se pueda usar esa etiqueta) que es imposible no dejarse llevar por su juego y su propuesta. Una lectura muy agradable y recomendable (2-).
elfApa Apa Cómics sigue sorprendiendo con la publicación de propuestas arriesgadas, por desgracia de más que dudosa comercialidad, pero de indudable interés para un lector que busca encontrar algo diferente a lo habitual. De la segunda entrega de American Elf, la transcripción del día a día de la vida de James Kochalka, poco se puede añadir a lo que ya dije en su día, salvo recomendar encarecidamente la lectura de esta deliciosa forma de ver la realidad en forma de tebeo (2). Género autobiográfico en el que también se encuadra Diario de un exterminador de mosquitos, segunda obra de John Porcellino publicada en España y que prosigue y ahonda en el particular ejercicio de auto-psicoanálisis que ya ejercitara en Ejemplo perfecto (Ponent Mon). En este caso, el autor se centra en una etapa de su vida dedicada a un empleo tan anodino como el de exterminador de mosquitos, excusa para desarrollar una reflexión sobre su propia vida en la que destaca su amargura y casi autodestructivo planteamiento. La cotidianeidad, el reflejo de una actividad diaria rutinaria y automática, alienante, esconde las claves para lanzar las diferentes preguntas vitales que el autor se autocuestiona. La eterna pregunta sobre el sentido de la vida y sus derivaciones religiosas y filosóficas, supuestamente profundas y trascendentales, son contrastadas casi cruelmente con una realidad que revela su verdadero rostro de insustancialidad y absurdo. Un duro y áspero paseo por el sinsentido de la existencia humana (2+).

mosquitojean

Para contrarrestar el sabor amargo, nada mejor que dejarse llevar por Dupuy y Berberian en la nueva entrega de la serie Sr. Jean, Un cierto equilibrio. Reconozco mi prevención inicial hacia este séptimo álbum de la serie, motivada por una continuada y preocupante pérdida de interés de las últimas dos entregas de la serie, excesivamente perdidas a mi entender en una espiral de ideas sin desarrollar. Afortunadamente, los autores han dado un giro radical a la serie volviendo a los orígenes, con una estructura mucho más ligera de historias de una página que se desarrollan sobre una línea argumental global. Un cambio estructural al que acompaña un importante cambio temático, que deja la trascendentalidad y juegos simbólicos de las últimas entregas para entretenerse en una visión más cercana de lo cotidiano, encadenada a través de gags sencillos que van construyendo un discurso propio sobre el mundo de la pareja y la sociedad que la envuelve (recuerda, en cierta medida, a la estructura planteada por Trondheim para su serie Las pequeñeces de Lewis Tronhdeim). Se ayudan además, de un cambio de foco que aleja el protagonismo del Sr. Jean para cederlo a Félix y sus problemas sentimentales, “descargándolo” de responsabilidades y favoreciendo en cierta manera que la serie vuelva por sus caminos iniciales. Un agradable reencuentro (2-).
scalpedY para acabar, dejo el campo costumbrista y autobiográfico sin abandonar el de las continuaciones de series para recomendar rendidamente Scalped, de Jason Aaron y R. M. Guera. Si la anterior entrega ya me pareció muy interesante, en Casino Boogie no sólo se certifica, sino que se multiplican las buenas sensaciones. Despojados ya de las esclavitudes propias de la presentación de la serie, los autores se lanzan sin red a la indagación y desarrollo de los personajes principales, planteada a través de una compleja estructura narrativa paralela, arriesgada pero brillantemente resuelta, que ubica a todos los personajes en una reducida intersección espacio-temporal. Aaron juega con la disposición cronológica de las historias y demuestra una especial habilidad para ir deshaciendo el rompecabezas planteado, manteniendo con firmeza en una mano la tensión argumental mientras con la otra va desgranando su historia, permitiéndose el lujo de ir dando pinceladas de contextualización histórica que dejan huella de la profunda documentación y referencias que ha manejado (que deben incluir, casi con seguridad, a Michael Apted). Resulta siempre refrescante que un mainstream demasiado acostumbrado al adocenamiento y la autocomplacencia dé lugar a propuestas que, sin escapar de los requisitos de un planteamiento comercial y de género, ofrezcan resultados sólidos, bien desarrollados, que intentan construir historias que van mucho más allá de lo alimenticio. Acompañado de un dibujante tan consistente y dotado como R.M.Guera, Aaron está firmando la que es, sin duda, una de las mejores series que ha dado el sello Vertigo, demasiado perdido en la añoranza de sus orígenes.(3)

Cuidadín con los comentarios

Una bloguera catalana, condenada por comentarios anónimos injuriosos en su blog. Cierto es que la situación es muy particular (la bloguera en cuestión es militante de CiU y los insultos iban dirigidos a una concejala del PP, pero dejan a las claras la legislación al respecto: el responsable de un blog es reconocido como “editor” del mismo y, por lo tanto, responsable de esos insultos. Para que luego vengan los tradicionales estúpidos que, armados del coraje que da el anonimato, se atrevan a llamar “censores” a los que borramos comentarios injuriosos anónimos.
¿Tan difícil es responsabilizarse de las opiniones propias?