Borrones

borron¿Qué diferencia hay entre una mancha de tinta y un dibujo entintado?
Pongámonos de un racionalista cientifista que espante: ninguna. Es una distribución de tinta sobre papel, que atiende a una dispersión aleatoria basada en parámetros físicos en el primer caso (gravedad, rozamiento, viscosidad de la tinta…) y que en el segundo tan sólo añade una ordenación más estructurada. Pero, en el fondo, no son nada más que una cierta cantidad de tinta sobre un sustrato de papel, generalmente de color blanco.
Sin embargo, es evidente que una mancha en un papel no transmite al lector las mismas ideas que cuando se transforma en letras o dibujos. Es un cambio mágico, que responde por un lado a esa capacidad innata que tenemos de descubrir y asociar formas en aquello que no lo tiene, ya sea en nubes o en una carta de Rorschach, y por otro a ese conjunto de convenciones sociales que llamamos cultura.
Pero…¿cuándo la mancha se transforma en dibujo? ¿Cuál es el extraño mecanismo que convierte la química de un fluido en arte?
No tengo claro si ésta fue la motivación que movió a Tom Neely a realizar El borrón (editado por La Cúpula), pero su propuesta es lo más cercano que se puede a encontrar a la búsqueda de una respuesta a esa pregunta. Un tebeo que se desprende de las convenciones de la historieta actuales para zambullirse en una idea simple: el enfrentamiento entre un personaje y una mancha de tinta. No es original, seguro que algunos recordarán aquellos delirantes episodios de La pantera rosa en los que se desarrollaba un titánico combate contra una ultraresistente mancha que cobraba vida propia, pero Neely, sin dejar de lado el surrealismo subyacente del concepto, opta por abordar la historia desde una óptica mucho más compleja, que transformará el enfrentamiento en una intrincada red de simbolismos. Neely, pintor y animador, debuta en la “novela gráfica” con un conjunto de episodios cortos donde opta por un estilo gráfico y narrativo deudor de los pioneros de la historieta de prensa, de Gottfredson a Segar, que contrastará con la radicalidad experimental de su planteamiento, donde dibujo y mancha se enfrentarán en un remedo de síntesis de lo que es la vida real, la diaria dicotomía entre el caos de los desconocido y la rutina de lo establecido. Una tensión que se desarrollará desde una apariencia de simplicidad formal que esconde una reflexión mucho más profunda: a través de episodios genéricos sobre la vida diaria, algunos disfrazados de gag anecdótico, Neely va desarrollando un original discurso que resume todas las dificultades, miedos y dudas del ser humano en una mancha, una elemento discordante, caótico e imprevisible que reúne en su negritud todo aquello que desconocemos y automáticamente rechazamos. Una incertidumbre que puede ser, también, germen de cambio e inflexión. A medida que vayan pasando las páginas comprenderemos que esa mancha simbólica del miedo puede esconder, simplemente, algo que no entendemos, una posibilidad que si es explorada puede ser el nacimiento de otro camino.
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El atrevimiento de Neely es importante, casi suicida, animando al lector a una experiencia sensitiva más que narrativa, que busca provocar sentimientos y sensaciones a partir de imágenes sencillas. No hay prácticamente diálogos, sólo imágenes que llevarán al lector siempre desde lo conocido y predecible a lo impredecible e ignoto, a proponerle que encuentre en esa mancha que crece su propia mancha, su propio pozo oscuro donde no se atreve a ahondar. Es uno de esos tebeos que se queda en segundo plano, del que se nos quedan impresionadas escenas que irán recorriendo un intrincado camino por nuestra mente hasta que, varias horas después de pasar la última página, las recordaremos y nos obligarán a detenernos de nuevo sobre ellas. A recordarlas de una manera extraña y nebulosa, demostrando el poder mesmérico que destilan.
Una obra sorprendente. (3)

5 Comentarios en “Borrones

  1. magnífico tebeo, también lo pienso.

    No es gratuita, por cierto, la cita, doble, a Herman Melville dentro de sus páginas

  2. Buen tebeo, sí señor. Como dice Ocatvio, con alguna referencia reveladora, y como dice Álvaro, con algunos simbolismos cuya interpretación da mucho juego y hacen que el tebeo gane enteros una vez terminado.

  3. El Jua Pérez on 11 marzo 2009 at 22:40 said:

    Parece interesante. Espero que no abuse de la fórmula muchas páginas.

  4. El Juan Pérez, el tebeo es de unas 200 páginas (algo menos) y al ser prácticamente mudo, se lee en un plis. Y desde mi punto de vista, no abusa, sino que va en desarrollo. Quiero decir, yo me temía una sucesión repetitiva de gags todos parecidos, sin más, pero El Borrón tiene un desarrollo lógico, cuenta "algo", aunque es muy difícil verbalizar el qué cuenta exactamente.

    En fin, yo te lo recomiendo (pero la empresa no se hace responsable de que luego no…) ;)

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