Pequeño pintor

petit2Mucho hemos tenido que esperar para ver publicada en España Le petit peintre, de Dupuy y Berberian. Un álbum cargado de historia, porque representaba la primera publicación autonóma de estos dos autores, que tras su coincidencia en el ya mítico P.L.G.P.P.U.R., llevaban ya tiempo trabajando para Fluide Glacial, con series como Red, Basile et Gégé o, sobre, todo, Le journal d’Henriette. Representaba, además, una cierta actitud de rebeldía ante un mercado dominado por las revistas y los álbumes recopilatorios de 48 páginas, optando por una colección tan carismática como la Atomium de Magic Strip, tanto en lo formal (formato pequeño y cuidada edición con lomo de tela) como en la filosofía imprimida por los hermanos Pasamonik, que recogía lo más selecto de ese movimiento de línea clara redefinido por Joost Swarte: Chaland, Clerc, Avril, Lingot, Wozniak o Torres.
Un álbum en el que, además, profundizan en ese sistema de colaboración tan particular, que fue derivando desde una división clásica de roles (Berberian hacía de guionista, Dupuy de dibujante) hacia una simbiosis perfecta en la que ambos se funden como un único autor. En Le petit peintre desarrollarán un trabajo mucho más formal, que se aleja de la necesidad de una puesta en escena dependiente del gag humorístico hacia un estudio más cuidado de la misma como elemento narrativo puro. Un intento de acercamiento que trabaja profundamente la composición de página, el uso de la bicromía y una estilización del trazo que, si bien sigue fuertemente influida por la línea clara, incorpora ya elementos de la ilustración clásica americana de prensa (con los autores del New Yorker a la cabeza). Un esmerado trabajo que sirve de apoyo a una historia que puede interpretarse en términos personales, como metáfora de la profesión: un niño debe enfrentarse a sus padres para poder dedicarse a su pasión, la pintura, escapando de casa para caer en las garras de un crítico que lo explotará, vendiendo su obra como suya. No es difícil hacer la equivalencia con el dibujante de cómics: primero despreciado por su propia familia, que no entiende la profesión como un trabajo “de verdad” y después mediatizado por un editor que se apropia de sus obras. La ingenuidad del planteamiento, más próximo a un cuento moderno, dota al conjunto de una atracción especial, proporcionándole ese indefinible atributo que consigue que el lector se rinda ante el autor inmediatamente. Eso que se puede llamar “una obra deliciosa”, que establece las bases de un esa pose narrativa distanciada que luego desarrollarían a la perfección en Mr. Jean.
petit0 Un álbum muy recomendable, pero que no podrá ser degustado en toda su extensión. Bang publica la segunda edición corregida que los autores realizaron para la editorial Cornelius en 2003, en la que prácticamente se redibuja y recolorea todo el álbum. Podemos disfrutar plenamente de la historia, que sigue manteniendo su magnetismo inicial, pero por desgracia no se podrá comprobar la evolución gráfica de los autores, esa ingenuidad inicial del trazo. También se pierde en este caso (al igual que con Cornelius) el fetichismo de la edición original de Atomium. Pese a que Bang edita con exquisitez y calidad irreprochable, el regusto romántico del lomo de tela, del cartoné de las portadas… ya no está. Dos peros, reconozco, que sólo afectan a aquellos más interesados en la arqueología que en las propias historias y donde la editorial es completamente inocente, ya que ha optado por publicar la única edición accesible de la obra.
Los demás – la gente normal-, que no tienen tanta tontería y pijerío de coleccionista encima, disfrutarán de un álbum encantandor. (2+)
Enlaces:
Extracto de la obra

Un comentario en “Pequeño pintor

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