720 páginas
Publicado el 15 Abril 2009
720 páginas. Si Dash Shaw quería impresionar con Bottomless Belly Button, lo consigue desde el primer momento en que se ve el libro: un voluminoso tomo que difícilmente pasa desapercibido. Tarea hercúlea de lectura, se imagina el lector, que ni siquiera puede concebir en esos momentos previos la intrincada propuesta que encontrará en esas páginas, en las que Shaw desarrolla una especie arquitectura imposible, en la que la obra irá conformándose sobre cimientos ajenos a las estructuras habituales. Una reunión familiar en la que el anuncio del divorcio de unos padres ya ancianos será el detonante de la historia y, simultáneamente, elemento de conexión entre seres muy distintos, que viven en mundos completamente diferenciados pese a compartir un débil vínculo biológico común. A partir de esa situación de estrés familiar, Shaw irá tirando del hilo que deshace la madeja de una familia aparentemente feliz, pero que esconde realidades tejidas sobre cortinas de engaños, de eufemismos y convenciones que permiten mantener una fachada de normalidad inexistente.
Shaw dinamita el concepto de “drama coral” tan habitual en este tipo de propuestas para desarrollar un seguimiento particular de cada personaje, en el que integrará camaleónicamente las propuestas de diferentes autores. Existe una omnipresencia de las enseñanzas de Chester Brown, en esa concepción del ritmo narrativo donde la composición de la página y, sobre todo, sus espacios en blanco, se convierten en metrónomo riguroso de la lectura, eventualmente en protagonista silente; pero también existe una apuesta decidida por la exploración de la narrativa simbólica, dando libertad a la inclusión de elementos discordantes, de digresión, que afectan tanto a la definición de personajes como a la inclusión de escenas oníricas, siempre dentro de los límites de un estilo de concepción muy sintetizada y con una especial atención al uso de las onomatopeyas y de la insinuación de sonidos. Existe en este punto un asimilación de las referencias de Chris Ware, plasmadas en ese intento de Shaw de alejar al lector de la identificación sentimental con los personajes, obligándolo a un posicionamiento externo y aséptico, para el que usará todo tipo de recursos, como la inclusión de escenas que parecen sacadas de manuales didácticos, ya sean esquemas geográficos o diagramas de contenido, en una atrevida incorporación de patrones geométricos que consigue perfectamente su objetivo. Además, ya en una última pirueta, Shaw desarrollará algunas escenas con planteamientos a medio camino entre la narrativa del manga y la animación, transformando el ritmo de lectura normal en una especie de storyboard dinámico en el que parecen incluirse los efectos del vertiginoso cambio de cámara de los videojuegos.
Un pupurrí peligroso en su desarrollo, en tanto la ambición de las propuestas puede emborronar una historia basada exclusivamente en la plasmación psicológica de los personajes. Sin embargo, Shaw acierta de nueva con un doble nivel de narración, una global, casi heredada de la tragedia clásica, en la que los tres hijos de la pareja, Dennis, Claire y Peter son representaciones de tres formas bien diferentes de atender a la crisis personal desatada: Dennis simbolizaría el rechazo violento a la ruptura del statu quo familiar, de la tradición; Claire sería la portavoz de una postura realista de natural asimilación –quizás resignada- de la situación, mientras que Peter supondría un elemento ajeno, desconectado por completo de la realidad familiar y, también, de la propia realidad. Tres opciones que le permiten al autor reflexiones bien diferentes que, además, serán trasladadas al papel de forma bien diferenciada, gracias a un nivel más local, más íntimo, en el que cada reflexión optará por recursos narrativos diferenciados. Desde una posición más violenta, más dinámica de Dennis a un desarrollo minimalista basado en una representación casi onírica en el caso de Peter (dibujado siempre con una cabeza de rana, a modo de dibujo animado), pasando por el establecimiento de un relato costumbrista en la tradición más conocida del slice of life en el de Claire. Shaw aporta a cada uno de ellos un tratamiento gráfico-narrativo particular, basado fundamentalmente en las descripciones de pequeños detalles, en una focalización sobre los gestos, maneras y aspectos más ínfimos que confieren.
Es indudable que la ambición de Shaw pasa factura y, en algunos momentos, los menos, el relato pasa por quiebros de integridad estructural. El joven autor no tiene el pulso firme e inflexible de un Ware, y el continuo ejercicio de experimentaciones formales se resquebraja en diferentes partes. Pero esos pequeños momentos de debilidad son ampliamente superados por la originalidad de la propuesta de Botomless Belly Button, que consigue que toda esa parafernalia de recursos se traduzca en un inteligente desarrollo de personajes y en el planteamiento de preguntas y reflexiones entre autor y lector. Lo que realmente da fuerza a la obra, a mi entender, es cómo Shaw consigue concretar un discurso de extrema coherencia a partir de la construcción de personajes complejos desde los tres estereotipos con los que comienza la obra. Poco a poco, va esculpiéndolos, llenándolos de matices y transformando lo que eran tres posturas reduccionistas en una completa revisión del paradigma familiar, de la influencia de la familia en el crecimiento personal y en la definición de la personalidad. Enfrenta las tres posturas de aceptación de la realidad familiar para evidenciar las debilidades de cada una, proporcionando argumentos al lector para obtener su propia opinión.
Resulta sorprendente que un autor tan joven consiga ya desde sus primeras tentativas autorales obras tan interesantes y personales como Love eats brains! (A zombie romance,) La boca de mamá (también editada por Apa-Apa), esta Bottomless belly button o su siguiente y apasionante Bodyworld (que se puede leer completa en su web). Quizás la mezcla de atrevimiento juvenil, descaro, ambición e inteligencia ha encontrado en Shaw las proporciones perfectas, el equilibrio adecuado para que sea un autor a seguir de forma obligada. De momento, nos acaba de dar una de las obras más interesantes del año, un apasionante tratado sobre la complejidad de las relaciones familiares y la dificultad del ser humano para encontrar un lugar en la sociedad. Y todo parece indicar que no será la mejor de sus creaciones.
Todo un acierto (valiente y arriesgado) por parte de Apa-Apa Cómics, que está demostrando un excelente criterio en la selección de su catálogo. (3+)
Enlaces:
- Web de Dash Shaw
- Avance de 20 páginas de la obra
- Entrevista a Dash Shaw
- Artículo de Alberto García Marcos en Zona Negativa
- ¡13 millones de naves sortea un ejemplar de la obra!
Clasificado en Lecturas







Vaya, pues habra que comprarselo. ¿Cuanto cuesta?
27€
Ya está a la venta??
No salía mañana día 16?
Saludos.
PD:Espero tu reseña del nuevo de Paco Roca.
SAle mañana, en efecto, pero he puesto hoy la reseña (sobre la edición americana, eso sí) para ir “calentando” ambiente
Y hoy espero leerme lo nuevo de Paco!
Qué buena pinta! Tendremos que pedir un crédito entre este zot, ware y roca. Este saló será la ruina ¨_¨
Apa-apa lo saca con las dos portadas? En Fantagraphics al pedirlo puedes escoger que portada quieres
Una reseña muy buena, Álvaro. Y un muy buen tebeo, también.
Sí, sacan las dos portadas.
beno, pues yo no lo voy a comprar…¡este sorteo lo gano seguro! (13 millones de naves, tengo sabrosos jamones, hacedme caso)
La verdad, parece bestial.
(ah, y que alguien tiene que decir la palabra “gafas”, no lo olvidemos)
[...] Review de Bottomless Belly Button por parte de Alvaro [...]
[...] La Cárcel de Papel [...]
Yo, la he encargado gracias a esta reseña.
Saludos
Por cierto, Jill, la hija de Claire, viste el mismo sueter que Charlie Brown.
Lo acabo de terminar y me ha parecido un libro muy interesante conceptualmente (la paginacion, los guiños, las onomatopeyas en prosa, y mas cosas que pillare seguro en una relectura), pero que se queda algo corto en lo narrativo. Ademas esto era una tortura para leer en la cama, y apunto estubo de descalabrarme una noche cuando ya estaba dando cabezadas y se me callo en la frente
pues vaya reseña más fría. ombligo sin fondo está tan plagado de millones de detalles que para mí es una auténtica obra maestra, y no ladrillos como La educación de Hopey Glass