Una obra maestra

La consideración de una obra como maestra es, casi siempre, temeraria. Es un calificativo que se suele utilizar con demasiada alegría, más como expresión de nuestra profunda identificación con la obra que por el magisterio que se puede derivar de ella. Es en el fondo un simple problema de etiquetas y de confusión entre lo personal y lo global. No es una cuestión importante, desde luego, pero hay que recordar que ese concepto de excelencia suele derivarse de la intersección de lugares comunes, del acuerdo por consenso y, por qué no aceptarlo también, de cierta práctica consuetudinaria. Aspectos todos que tienen en común el tiempo: las obras maestras llegan con el tiempo, con la mirada desapasionada que permite poner en una balanza sin tener la tentación de poner el dedo en nuestro lado. Pasó en la literatura, en la pintura y en el cine y, evidentemente, pasa en el tebeo. Hablamos de “obras maestras” publicadas la semana pasada con entusiasmo y felicidad, sin recordar que para lograr ese título deberán pasar primero una larga carrera de obstáculos.
Todos caemos en este juego, sin excepción. Es humano y no deja de ser incluso, si se me apura necesario. Defender con vehemencia un autor o una obra es el primer paso necesario para su reconocimiento, para construir ese catálogo de argumentos que después tendrá que ir deshojando a lo largo de la historia.
Así que teniendo en cuenta lo anterior, y siendo consciente, valga la redundancia, de la inconsciencia de mi afirmación, voy a decir que Epiléptico/La ascensión del gran mal es la primera obra maestra del tebeo europeo del siglo XXI. Temeridad que deberá ser, al menos, acompañada de ideas y argumentos, así que comienzo mi larga perorata.
epilepticoA mi entender, la obra de David B cumple sobradamente una serie de condicionantes coyunturales, formales y argumentales que la hacen meritoria de la calificación. En su contexto, no debemos olvidar que es la primera de las grandes obras que genera L’Association, esa experiencia fundamental y decisiva en la evolución de lo que sería la historieta del siglo XXI. La editorial nacida de la unión de Jean-Christophe Menu, Lewis Trondheim, David B., Matt Konture, Patrice Killoffer, Stanislas y Mokeït, sería un revulsivo crítico para la bande dessinnée, apostando por una revitalización del concepto de historieta de autor que lanzara en su día la generación guiada por Eric Losfeld. Una apuesta que se desvinculaba de las concepciones estéticas y argumentales de aquél movimiento (centrado en su momento en el género fantacientífico que evolucionarían después Les Humanoides Associés) para inspirarse en las experiencias americanas alternativas, pero sin olvidar raíces propias. Una mezcla difícil de conjuntar, pero en la que prevaleció cierta querencia por los argumentos de corte costumbrista autobiográfico y por la experimentación gráfica radical, que se ejemplificaban claramente en la revista Lapin. La incorporación de los autores de L’Atelier Nawak concentró alrededor de L’Association un movimiento creativo que se tradujo, sin duda, en uno de los momentos más fecundos de la historieta, germen de ese movimiento que se ha dado en llamar la Nouvelle Bande Dessinée, que saltaría posteriormente de los circuitos alternativos a la comercialidad a través de colecciones como Poisson Pilote, Futuropolis, Bayoo o Shampooing. Aunque Trondheim o Sfar puedan ser los exponentes más conocidos de esta explosión creativa autoral, quizás el autor que mejor pueda representar el espíritu de la editorial en sus inicios sea David B., un autor que recogía las enseñanzas de uno de los referentes espirituales del grupo, Edmond Baudoin, para formular un discurso propio reconocible e identificable como fundacional de L’Asssociation. Sus historietas cortas en Lapin (posteriormente recopiladas en Le Cheval Blême) partían de la componente poética de Baudoin, pero se encerraban en una introspección personal e íntima, enfocada a lo onírico y lo surreal, siempre con una componente de experimentación visual narrativa, exprimiendo las posibilidades de la ilustración en el marco de la narrativa secuencial. Un camino que iría formándose para encontrar su propia identidad cuando decide abordar no sólo sus sueños, sino su propia vida en La ascensión del gran mal. Dejaba la distancia corta para que lo aprendido y ensayado pudiese ser herramienta de una narración larga que estaría destinada a marca un antes y un después en la historia de la editorial y de la historieta francesa. Sin la obra de David B es imposible entender Persépolis y, sin ella y su éxito –paradójicamente muy superior a su mentor-, la corriente autobiográfica que ha dominado la historieta europea en este principio del siglo XXI. Sería imprudente decir que David B inventa una forma de entender lo autobiográfico -a fin de cuentas lo que hace el francés no es más que continuación de las experiencias de Robert Crumb, Justin Green o Chris Ware-, pero sí se puede decir que su aproximación es lo suficientemente potente como para desatar un interés nuevo en la historieta europea por esta variante del género costumbrista.
Razones coyunturales que equiparan la obra de David B. a la de muchos autores cuya obra fue un acicate fundamental en la evolución del sector, pero que palidecen al lado de los valores estéticos y narrativos que encontramos al analizar la obra.
ascension2Epiléptico/La ascensión del gran mal (no renunciaré al sugerente título original de la obra) se centra en la vida familiar del autor, normal y apacible hasta la aparición de un elemento discordante: la epilepsia de su hermano mayor. La enfermedad, de difícil tratamiento todavía en los años 60, se transformará en un estigma para la familia. Los padres enfocarán todo su día a día en la curación del hijo y comenzará un largo periplo en pos de la curación que le llevará de la medicina a la charlatanería, de la magia a la ciencia, a cualquier opción que suponga la esperanza de salir de la maldición. David B intenta ponerse en la piel del niño que fue de Pierre-François Beauchard, intentando descubrir cómo afectó a su vida esa infancia atípica y, en cierta medida, disfuncional. Y descubre una cruel paradoja: en la maldición de su hermano está la génesis de su vocación creativa. ¿Cómo asumir que la desgracia que ha marcado la destrucción de la vida de su hermano es lo que ha dado razón a tu vida? Y decidió analizar esa asunción desde la historieta, tomando el camino desde que era el niño Pierre-François hasta que aparece el creador David B., una tarea de función catártica que esconderá la búsqueda de la inspiración creativa de la razón última que lleva a la creación.
Los seis volúmenes que componen definirán entonces ese doble camino inverso: a medida que aumenta el dolor y la enfermedad, la inspiración se libera y crece. Sólo puede mostrar ese desarrollo siendo fiel a la historia y a los hechos, pero los hechos no pueden expresar los sentimientos. Una dicotomía que sólo se podía resolver a través de la historieta y de sus posibilidades, explorando esa liviana frontera que va entre la ilustración narrativa y la narración secuencial. Lo mostró en las portadas, en esa negritud que lo va envolviendo todo a la vez que descubrimos que está formada de infinitas formas.
Sin embargo, el juego es peligroso: la gravedad de unos hechos que afectaron a la familia y la imaginación desbordada derivada del onirismo pueden ensombrecerse mutuamente. Hay que respetar la rigurosidad de la historia sin que ésta se convierta en un obstáculo de la reflexión, mientras que la imaginación no puede desbordarse hasta transfigurar los recuerdos. Un difícil equilibrio que el autor intenta canalizar a través de la contención formal de una composición estricta, la retícula de 3×3 viñetas que tan buenos resultados le proporcionara a Gibbons y Moore y que le permitirá la intersección de un doble nivel narrativo. Por un lado, una aproximación muy literaria, en la que la viñeta es un apéndice de ilustración expositiva del texto de apoyo, con una redundancia consciente entre texto e imagen. Por otro, la secuencia pura, donde desaparecen los textos de apoyo para que la realidad no se vea alterada por el discurso del narrador. La primera de las elecciones irá evolucionando hacia una interacción entre texto e imagen que transformará el primero en un pie reflexivo terminado con una ilustración ya en plenitud narrativa, generando el contraste y enfrentamiento de ideas necesario para transmitir el sentimiento y la sensación, creando una idea pura, despojada de condicionantes. La segunda, a su vez, irá transformándose para que realidad y onirismo se fusionen en un único discurso. Desarrollos paralelos que irán poco a poco juntando las piezas de una imagen fraccionada: David B. se irá formando de los pedazos de Pierre-François Beauchard.
ascension1Es muy interesante comprobar cómo el autor plantea este cambio como un desarrollo progresivo, como una evolución personal que se plasmará, a su vez, en la necesidad de hacer avanzar sus recursos narrativos. Y lo hace a medida que se desarrolla un proceso intertextual evidente entre la realidad y el nacimiento del creador: la familia Beauchard deambula por gurús, psiquiatras o comunas buscando una cura para Jean-Christophe. Budismo, cristianismo, mesianismo, “flower power”… Movimientos filosóficos que tienen una fuerte vinculación con lo onírico y que el niño Pierre-François asimilará de forma inconsciente en su desarrollo, generando a la vez la necesidad de salir imperiosamente de ese círculo vicioso vital en el que se encuentra sumido: primero a través del juego infantil focalizado en el dibujo y en la historia bélica. Después, transformando el juego infantil en respuesta vital y encontrando en ese dibujo respuesta a sus dudas. En lo gráfico, el dibujo va variando poco a poco, incorporando nuevas ideas y conceptos en cada página. Y, a medida que la narración avanza hacia un discurso más íntimo, irá transformándose. Primero, con influencias más clásicas de la historieta, que irán de Tardi a Pratt; más tarde incorporando elementos ajenos provenientes de iconografías visuales ricas y lujosas, como la oriental o la precolombina. Lenguaje simbólico propio que el autor transformará en su vocabulario personal, creando lentamente una gramática para él y, sobre todo, una semántica particular del símbolo y que le obligará a transformar su trazo a medida que el relato se dirige hacia terreno más onírico pero más personal. Cuando la emotividad comienza a tomar protagonismo, la influencia del expresionismo más radical deviene en trazo fundamental: Masereel, Ward, Nuckel, el expresionismo cinematográfico alemán toman sitio de honor en el dibujo de David B. Y, sobre todo, evoluciona la propia composición de la página. La retícula fija se sigue respetando (sólo desaparecerá totalmente en el brillante epílogo), pero ya no hay razón para un estricto cumplimiento de la pauta. Desde el momento en que nace David B, el autor se siente liberado y la ruptura de la composición se convierte en un nuevo recurso gráfico.
El itinerario a lo largo del los seis volúmenes de la obra se revela ahora en toda su complejidad: el autor se ha recreado a sí mismo. David B se ha convertido en el personaje de su obra. El autor se ha desnudado ante el lector, le ha puesto sobre la mesa sus sentimientos, sus sensaciones y su memoria. Su vida. Y en ese ejercicio de exhibicionismo, ha perdido su identidad para transformarse en su propia creación. Pierre-François ha desaparecido y sólo queda David B.
Durante la larga mutación, ha ido provocando en el lector el debate de las ideas, exponiendo las suyas y buscando razones a su presente, intentando definir cómo la creación era la única escapatoria posible a una vida que ya no le pertenecía, que había sido fagocitada por la enfermedad de su hermano. Pero también el lector ha podido ver cómo esa huída escondía el miedo atroz a todo lo que implicaba esa enfermedad: a la pérdida de la identidad, a la imposibilidad de articular una personalidad y, por tanto, conformarse como un ser humano completo. Un temor que la biología había puesto en sus genes, compartidos con su hermano.
Exhibirse es muy fácil. Sólo necesita unos cuantos ademanes y un poco de desvergüenza. Incluso es divertido y posiblemente forma parte de nuestra naturaleza… ¡hasta se ha convertido en plato diario de la programación televisiva! Pero reflexionar sobre la intimidad en público o es un acto de valentía o de locura. Es posible que David B tenga mucho de ambas. Gracias a eso ha conseguido una obra singular en el tebeo europeo de este siglo XXI, que hunde sus raíces en la introspección alegórica de la memoria de Justin Green para explorar cómo adecuar ese discurso existencialista a la globalización exhibicionista de un siglo XXI donde ya no existe la intimidad.
Epiléptico/La ascensión del gran mal es mi primera obra maestra del tebeo francés de este siglo. Es una opinión. Como decía al principio, ahora sólo hay que esperar para saber si mi opinión es compartida y es simplemente eso: una opinión más entre todas las de aquellos que consideran que esta obra es magistral. (5)

Enlaces:
Entrevista a David B

44 Comentarios en “Una obra maestra

  1. Homer on 14 mayo 2009 at 18:54 said:

    ME ABUUUUUURRRRROOOOOOOOOOOOO

  2. David Cuadrado on 14 mayo 2009 at 19:54 said:

    Yo me uno, también creo que es magistral.

    Esta misma mañana la he seleccionado para que se envíe a las casi 200 bibliotecas de la red de la provincia de Barcelona.

  3. Caray, te has explayado a gusto…

    Obra maestra absoluta y lo mejor que se ha publicado en L'Association. Aunque no me parece muy preciso el catalogar a mr. ware como estrictamente autobiográfico, cuando Jimmy Corrigan estaría más cerca de trabajos como L'Homme sans talent o los de Shin'Ichi Abe, la BD du moi…y en el resto del ACME desaparecen los elementos autobiográficos directos.

    Por cierto, ¿Si hicieras una lista con las obras más interesantes de L'Association cuáles incluirías? 2º:Faire semblant, c'est mentir…

    Ruppert & Mulot, los nuevos niños mimados de Menu…

  4. Alberto on 14 mayo 2009 at 21:29 said:

    Lo lei tomo a tomo y me costó mucho. Demasiado biográfico y culto para el gran público. Me quito el sombrero ante David B, pero ya no puedo más con él. Lo siento.

  5. Mt on 14 mayo 2009 at 21:40 said:

    Obra maestra. Y para los amantes de fabulaciones más risueñas, indispensables sus Cazadores de Tesoros.

  6. FantasticFur on 14 mayo 2009 at 23:00 said:

    Collons! Esto no es una reseña, es una tesis doctoral!

  7. El Juan Pérez on 15 mayo 2009 at 0:31 said:

    Después de un discurso tan largo sólo faltaba que el comic fuese un muermo. (No creo).

  8. Ganas tengo de hacerme con el. Tengo el primer tomo suelto y medejo muybuenas impresiones. Lastima no tener diner :lol:

  9. Jal on 15 mayo 2009 at 2:05 said:

    ¿Leistéis la entrevista en PÚBLICO a David B? IMpresionantes dos páginas!

  10. Robur de Conqueror on 15 mayo 2009 at 2:45 said:

    Coincido; genial tanto en dibujo (una evolucion increiblemente particular y dominado por un horro vacui de cuaderno de apuntes lleno de dibujitos en los margenes, las tapas, las paginas entre las notas de clase), como el guion, como album concepto. Con la cantidad de morralla y medianias que ha dado el genero autobiografico La Ascension del Gran Mal redime al menos a la mitad. A ver si recupero mi copia que lleva un año prestada grrr.

  11. Bbarron on 15 mayo 2009 at 3:53 said:

    Creo que ahora que se ha compilado La ascensión del gran mal en un volumen integral debería considerarse como obra a premiar y recabar el reconocimiento que merece.

    Al fin y al cabo, los premios y reconocimiento que ha recibido la (ya no tan) Nouvelle Bande Dessinée brillan por su ausencia.

  12. Yo he leido la obra con esta nueva edición y me ha parecido alucinante. La manera de transmitir David B. me parece además de una de las mas sinceras, una de las mas originales que se pueden ver plasmadas en papel. La historia te atrapa desde la primera página y creo que la representación de la enfermedad, o gran mal, llega a unas cotas de magistralidad superiores. Además, el formato con el que se ha publicado es excelente, sobretodo por el precio, por 20 euros tienes una obra capital de casi 400 páginas, no se puede dejar pasar esta oportunidad.

    Casaualmente, o no ya que se ha publicado este mismo mes, yo también hice mi reseña del tomo en mi blog http://www.elrincondefreakdaniel.blogspot.com, no es tan sesuda como la tuya, ni mucho menos, pero coincidimos en la calificación de obra maestra.

    Una tontería pero, creo que el año que viene tendrías que hacer además del listado del Saló el listado del día del libro porque el nivel de publicación fué apabullante y se publicaron obras como esta.

  13. Miguel on 15 mayo 2009 at 10:54 said:

    David B practica un exorcismo de si mismo y de su extraña infancia y adolescencia, en un alarde de masoquismo exhibicionista. No hay concesión alguna para el descanso, es todo oscuro, no hay apenas momentos relajantes o contrapuntos de humor; sabes que todo se va quebrar de nuevo una y otra vez. Es una obra angustiosa como ninguna otra que haya leído. Para mi es la mejor de sus obras porque luego se enreda en un caos de sueños y leyendas.

  14. txemacan on 15 mayo 2009 at 13:30 said:

    Es cierto….la leí hace unas dos semanas…la impronta de un libro….mezclado con imágenes de un hombre relleno de arte y una descarnada alma.

    Un sabor sincero.

  15. Jesús Cuadrad on 15 mayo 2009 at 14:15 said:

    Entonces, profe, ¿con cuál se queda?

    ¿Con aquesta o con "El arte de volar"?

    • Álvaro Pons on 15 mayo 2009 at 14:28 said:

      Jesús: hago trampa… ésta no es novedad del salón…. :)
      De todas formas, la elección sería muy complicada, pero me quedaría con La ascensión por estrecho margen y con mucho dolor de corazón…

  16. David. on 15 mayo 2009 at 17:26 said:

    Pues a mí sinceramente no me atrae demasiado. El cómic autobiográfico -en general la autobiografía- es un género al que siento un rechazo casi innato. Tengo la sensación de que es una manera fácil de hacer una historia, además de que muchas veces hay un tufillo a autocompadecerse que no me atrae para nada. Esta es mi opinión general y de todas formas la obra no la he leído, pero eso sí, hay una lista de prioridades larga por delante -que llevarán además su tiempo-…

    Saludos.

  17. David. on 15 mayo 2009 at 17:29 said:

    Corrijo mi mala redacción …"es un género por el que siento un rechazo casi innato"…

  18. frankie on 15 mayo 2009 at 21:16 said:

    obra maestra.

  19. Jesús Cuadrad on 16 mayo 2009 at 15:33 said:

    David: hágame caso… en este caso.

    Ahorre.

  20. Extraordinario cómic… para mí también obra maestra, aunque a mi no me cuesta tanto otorgar esta categoría. Creo que alguna obra de Sfar también lo es (lo digo por lo de BD siglo XXI), y alguna de Peeters, aunque sea suizo… y alguna más. Pero sin duda, este Epiléptico me parece una de las obras capitales de lo que llevamos de siglo.

    Y enhorabuena, Álvaro, fantástica reseña. Podrían sacarla como prólogo en la siguiente edición.

    Un saludo!

  21. Ivan on 16 mayo 2009 at 23:08 said:

    A mi, me ha desagradado profundamente esta novela ilustrada. Falta de ritmo, egocentrismo exacervado, historia aburrida…

    Pero lo peor es sin lugar a dudas el penoso dibujo, aunque sea politicamente incorrecto decir esto.

    Un saludo.

    • Álvaro Pons on 17 mayo 2009 at 0:44 said:

      Ivan: egocentrista es lógico, ¡es una autobiografía! Habla de él mismo… :)
      Lo demás son gustos, pero lo del penoso dibujo, por curiosidad… ¿por qué?

  22. Ivan on 17 mayo 2009 at 1:57 said:

    Álvaro:Veo que estamos de acuerdo en que el autor se mira mucho el ombligo. Lo del dibujo

    también es una cuestión de gustos. (Posiblemente los mios sean demasiado clásicos para los tiempos que corren).

    ¡Un saludo!

    • Álvaro Pons on 17 mayo 2009 at 2:18 said:

      iVan: ya me dirás cómo se hace un tebeo autobiográfico sin mirarse el ombligo…. es lo lógico, no?

  23. De "cuestión de gustos" a "penoso dibujo" hay un trecho, y largo.

    Ponerse a descalificar porqué si es fácil. Tendriamos que saber que material es el que te gusta y a partir de ahí sacar conclusiones, cada uno las suyas esta claro.

    Y vale, se mira el ombligo, pero menudo ombligo que tiene el tío. La descarnada historia de su vida no deja indiferente.

  24. Jesús Cuadrad on 17 mayo 2009 at 14:14 said:

    No es cosa de ombliguismo.

    Es una historia.

    Y la narra un tipo que… sabe narrar.

    Hay otras, claro; pero no "iguales".

  25. gon on 17 mayo 2009 at 16:02 said:

    Creo que con Epiléptico me va a pasar lo mismo que con Jimmy Corrigan. El comic de Ware me pareció fascinante en una primera lectura, sobre todo por cómo estaba contado todo (el dibujo, el color, las secuenciación de las viñetas, la composición de página, etc). Sin embargo, tiempo después, cuando lo he cogido para releerlo se me ha caído de las manos al poco tiempo, sin conseguir llegar al final.

    Creo que las dos obras son como viajes intensos y extraños, con etapas duras, que no apetece mucho repetir. O como algo que en la adolescencia te encantaba pero que ahora te encuentras mayor para volver a hacer.

    Creo que esa pesadez que provocan en las relecturas se debe a que las dos tratan el tema de las relaciones familiares con la perspectiva de la herida reabierta y no resulta muy sano pasar una y otra vez por una experiencia de ese tipo aunque pueda haber ayudado a alcanzar la madurez.

    Me identifico más con las obras de tono más nostágico. La nostalgia sí es un sentimiento al que se acude de vez en cuando con gusto. Quizá por eso encuentro mucho más magistral Espera… de Jason, que me he releído millones de veces y siempre con emoción, que Epiléptico, que no creo que lea muchas veces más.

    Quizás el número de veces que pueda releerse una obra no sea un criterio muy válido para definirla como obra maestra o no, pero no hay duda de que las obras maestras están hechas para ser releídas una y otra vez.

  26. ciertamente interesante lo que comenta gon, a mi me pasa lo mismo con Jimmy Corrigan, lo pondría entre mis 10 cómics favoritos sin duda, pero no me suele apetecer releerlo muy a menudo…

    • Álvaro Pons on 18 mayo 2009 at 14:44 said:

      Hay obras que necesitan un momento y un estado especial para ser leídas. Es cuandos e aprovechan de verdad.

  27. Jesús Cuadrad on 18 mayo 2009 at 13:14 said:

    Pues… pasen.

    ¡Archívenlo"

  28. santo on 18 mayo 2009 at 13:52 said:

    Ya me he leído este tebeo 2 veces, y ahora, gracias a ti, Álvaro, lo leeré por tercera vez.

    Ante obras tan ricas, poéticas y simbolistas como ésta, es muy de agradecer tener a un experto que te ayude a desvelar todos sus misterios y extraerles nuevos ingredientes. Esto es lo que se hace con las grandes obras literarias. Y si queremos que, de una vez por todas, la opinión pública sitúe al tebeo a la misma altura, hay que ejercer su lectura de la misma manera. Así podremos evitar el tener que recurrir una y otra vez al mismo tópico (el de Mouse que tú siempre mencionas) cuando queramos demostrar que el tebeo es un arte maduro y lleno de posibilidades.

    Para mí, este libro también es una obra maestra.

  29. Mmmm… el criterio del número de relecturas como baremo de una obra no me parece el más acertado. Las obras de arte nos priducen unas reacciones, nos hacen sentir. Y está claro que uno suele preferir sentir unas cosas que otras. Obviamente me he visto más veces Manhattan que Gritos y susurros, pero eso no quiere decir que me parezca mejor esa obra concreta de Allen que la de Bergman.

    Por lo demás, un saludo.

  30. gon on 19 mayo 2009 at 1:04 said:

    Hombre, toño, yo no proponía que el número de relecturas fuese el único baremo para identificar una obra maestra. Yo he visto Grease más veces que Los pájaros de Hitchcock y no se me ocurriría decir que Grease es mejor.

    Lo que sí quería decir es que me parece más magistral una obra que emociona o deslumbra la primera vez y lo sigue haciendo las siguientes que una obra que emociona o deslumbra la primera vez pero cansa o aburre o se hace farragosa en las siguientes.

    Por otra parte yo sí creo que la calidad de las emociones que hace sentir una obra sí es un baremo más a la hora de juzgarla. Siempre es preferible, por ejemplo, una obra con sentido del humor que una obra sin él (y no hay que confundir sentido del humor con chistes o gags).

  31. Gon, casi de acuerdo con todo lo que dices, aunque yo tampoco hablo del número de veces que se ve una obra, sino del número de veces que apetece verla, que no siempre es el mismo. Y en cuanto a la categoría de las emociones… bufff, creo que es un debate que se me escapa. Yo aprecio obras sin el menor sentido del humor (Hanneke, Bergmann, no sé, de ese tipo), aunque no soporto a la gente sin sentido del humor (que no graciosos).

    Un saludo!

  32. Sergio on 19 mayo 2009 at 18:04 said:

    Pues debo ser de los pocos a los que les no les ha gustado pero sinceramente a mí me pareció aburridísima, de hecho abandoné al tercer tomo porque me resultaba un coñazo. Sólo falta que me digáis que lo bueno empezaba después ;-P

    Y su estilo gráfico, aunque peculiar, no me resultó deslumbrante en absoluto (como sí me sucede con Jimmy Corrigan al que también puedo tildar de aburrido en ocasiones) sino más bien farragoso y con un exceso de experimentación que entorpecía considerablemente la narración, al menos para mí.

    De todas formas intentaré releerlo si saco un rato porque cuando tanta gente con tan buen criterio está de acuerdo por algo será.

    Un saludo,

    Sergio.

  33. Ivan on 20 mayo 2009 at 13:09 said:

    Estoy muy de acuerdo contigo Sergio en casi todo lo que comentas. Solo discrepo en un par de cosas:

    Yo no voy a intentar releerlo, con una vez he tenido bastante. Además, hay mucho que leer y no podemos desperdiciar el tiempo.

    La segunda discrepancia estriba en lo de la experimentación. Si lees revistas de los años 80 puedes ver soluciones gráficas muy parecidas a las del libro, cosas que hoy dia te hacen sonrojar por su inocencia.

    La innovación principal que le encuentro yo a David B es que con unas limitaciones gráficas tan evidentes sea aclamado por la crítica y por lo que veo por el gran publico.

  34. Ivan on 20 mayo 2009 at 13:22 said:

    Alvaro cuando digo "EVIDENTES" creo que no hace falta poner que es bajo mi punto de vista. Se supone que cuando uno expresa una opinión lo hace de una manera subjetiva y no hace falta en todo momento recordarlo.

    • Álvaro Pons on 20 mayo 2009 at 13:31 said:

      Por eso lo pregunto Iván, me gustaría conocer tus argumentos aprtiendo de la base de que son subjetivos.

  35. Ivan on 20 mayo 2009 at 14:51 said:

    En el 80% de las viñetas del tbo el dibujo es meramente accesorio. Simplemente ilustra el texto. Personalmente pienso que no aporta nada a la narración. De hecho pienso que el relato saldria beneficiado sin ellos.

    En el 30 % de las viñetas David situa un personaje o varios que miran de frente al lector. Me parece un recurso absolutamente repetitivo y facilón.

    Pero en algún momento el dibujante decide narrar con imagenes. Como por ejemplo en la página 16, las tres viñetas de enmedio. ¿Alguien podria decir que están haciendo y donde están los personajes sin leer el texto explicativo?

    • Álvaro Pons on 20 mayo 2009 at 15:09 said:

      Ivan: precisamente una de las opciones David B, que comento en el artículo, es hacer una narrativa más próxima a la del libro ilustrado. No es el 80%,m sino una mezcla, que va cambiando. pero en este caso, también hay narración, y una doble, a nivel de literario e ilsutrativo que va pareja. La situación del personaje de frente al lector es una opción narrativa: david B enfrenta siempre al personajefrente al lector. no e suna limitación de dibujo (el resto de su obra está ahí para comprobarlo), es una opción narrativa, como en la portada. Es enfrentar directamente a lector con autor.
      Los personajes no están en ningún sitio la mayoría de las veces Ivan, en la mayoría del libro hay un escenario onírico, cambiante, que juega preciasamente con esa sensación de descolocación.

  36. Iñaki on 23 mayo 2009 at 3:14 said:

    Saludos.

    Primero felicitar a Alvaro por sus estupendos comentarios; enhorabuena y gracias por ilustrar – nunca mejor dicho – tan nitidamente sus opiniones sobre autores y obras como esta.

    Segundo y al margen de la calidad de la creación, mi pregunta: ¿que edición recomendarían para su adquisición, la intergral con reducción de tamaño de 5 cm o los 6 tomos originales? ¿alguien puede dedicarle unas palabras a ambas ediciones a groso modo comparativo?

    Me interesa enormemente la obra y he de sopesar entre bolsillo o formato original.

    Muchas gracias.

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