Sketch group en Valencia

Todos los miércoles, de 17:00 a 20:00h, se reúne en El Dorado (Alzira, 25. Valencia) un sketch group para dibujar, coordinado por Asier Martínez. En este momento en EL DORADO-MAE hay una exposición de la I Dibujada colectiva de cómics que se hizo el primer fin de semana de mayo. La idea del sketch group es recuperar la improvisación en el trazo, la rapidez en la captación de la realidad que nos rodea, de las realidades que pasan por el bar. Charlar, compartir… Suelen venir entre dos y diez dibujantes…
Más sobre El Dorado en http://eldorado.bitacoras.com o http://niniveperdida.blogspot.com.

De Còmics en la web

Grupcòmic (el grupo de trabajo sobre còmics del COBDC) elabora una actualización anual de la bibliografia selectiva De Còmics para la Generalitat de Catalunya. A partir de hoy ya se puede consultar en el siguiente enlace: http://www20.gencat.cat/docs/CulturaDepartament/DGCC/Documents/Arxiu/SIS/De_comics_actualitzacio_09.pdf
En ella se pretende presentar un reflejo de todo lo que se ha editado desde Marzo del 2008 hasta Marzo del 2009, buscando un equilibrio entre títulos, géneros, y autores, sin olvidar que estamos elaborando un fondo para bibliotecas bajo el amparo de una bibliografia madre y con la intención de promocionar nuestros fondos

ACME

No es fácil describir Catálogo de novedades ACME. Nada fácil. Si pudiéramos optar por una solución sencilla, bastaría con decir que el libro que acaba de editar Random House Mondadori es un recopilatorio de algunas de las historietas publicadas en la colección de comics-books que Chris Ware lleva publicando desde 1993.
Simple, conciso, casi aséptico. En el fondo, casi la recreación perfecta del estilo de Ware, basado precisamente en una asepsia gráfica compulsiva.
Pero no suficiente.
acme-portadaQuizás porque la única manera de entrar en el universo de ACME Novelty Library es zambullirse en él, sin red ni prejuicios, golpearse y sentirse perdido en la inmensidad de una propuesta que se pude denominar, con seguridad, como uno de los grandes revulsivos de la historieta del siglo XX. Las entregas que desde hace ya 16 años Ware va destilando con cuentagotas son una exploración sistemática de las posibilidades narrativas y expresivas del medio, siempre nacidas desde el profundo conocimiento y respeto a los clásicos fundacionales de la historieta de prensa, pero con una paradójica aproximación que los reconvierte en una demolición continuada de las realidades formales del noveno arte de finales del siglo XX. Ware se detiene en el tiempo y comienza a crear propuestas autocontenidas en las que la componente formal se alza, aparentemente, con un protagonismo único. Cómics-books de tamaños cambiantes en los que va desarrollando personajes propios, envueltos en un universo identificable en el que la realidad se va sustituyendo por la personalidad del autor. Si en el mundo real un cómic-book tiene anuncios, textos y diferentes personajes, en “Mundo Ware” obtendremos una copia de apariencia exacta, pero sutilmente deformada. Como si de aquel “mundo bizarro” de Superman se tratase, todo tiene diferencias que lo hacen finalmente una reproducción imperfecta. Modificaciones que en la corta distancia tienen apariencia aleatoria y causal, pero que desde lejos conforman una entidad definida y sustancial: Chris Ware.
Una compleja estructura fractal donde todas las partes reproducen al final un motivo único y que se puede comprobar perfectamente en Catálogo de novedades ACME. Un precioso continente, un bombón envuelto en papel dorado y brillante con lazos y ribetes, preciosista y barroco, pero que esconde un mensaje amargo y triste. Ware toma diferentes ejemplos de su obra, entresacados de números sueltos de la serie (fundamentalmente del 7 y del 15), para construir una suerte de muestrario perfecto de la colección ACME. Como bien indica su subtítulo, “Informe final para accionistas y diversión para tardes lluviosas de sábado”, un volumen que podría ser un festín recordatorio para los seguidores de la serie o bien un simple divertimento para aquellos que no la conocen. Sin embargo, Ware, malvado él, nos reservará una sorpresa oculta entre la pedrería y las filigranas. Pero eso vendrá después.
Las sensaciones iniciales son las previsibles: a medida que pasamos las primeras páginas, el universo gráfico y formal de Ware toma rápidamente forma. Sus constantes están ahí: uso compulsivo de los textos, infinitos; utilización exagerada de los espacios en blanco, en un intento desesperado de lucha contra el horror vacui que deriva en la inclusión de historietas en todas y cada uno de los rincones del libro (¡hasta en los cantos de las portadas y en la cinta promocional!); diseño obsesivo hasta el más nimio de los detalles; limpieza de trazo, aire retro… Claves que son apenas el comienzo de su firma. Un exceso de poética visual que provoca cierta confusión en el lector no acostumbrado a este autor, por un lado desbordado por ese grafismo invasivo que no deja hueco libre; por otro, fascinado e hipnotizado por su línea pulcra y rigurosa. Una dicotomía sensorial que Ware aprovecha para derribar defensas y entrar directamente en el cerebro con su siguiente ruptura: la alegría formal, el juego de ilusiones visuales, es tan sólo una trampa, un señuelo para que el lector comience a desenvolver un discurso amago, existencialista y pesimista, casi autodestructivo. No hay una sola palabra de ánimo o felicidad: todo lo que encontraremos es dolor, recelo hacia el ser humano y, sobre todo, hacia sí mismo. Una enfermiza angustia sobre los sentimientos que Ware irá desarrollando en sus propuestas de historieta. Todos sus personajes, Big Tex, Rusty Brown, Quimby o Jimmy Corrigan, no dejan de ser esas representaciones “bizarras” (entiéndase en la concepción de Binder) de sí mismo, deformadas a través de unas lentes terribles que le impiden acceder a su propia imagen. Toma herramientas de clásicos como Frank King o Herriman y reconstruye sus propuestas, pero siempre desde una perspectiva alterada. Sus personajes son fríos, distantes, aparentemente desprovistos de sentimientos. Aquellas maravillosas composiciones de las planchas dominicales de Gasoline Alley, en las que Walt y Skeezix hablan y aprenden sobre la vida, son reproducidas en Big Tex con mensajes antitéticos. La relación de amor paterno-filial ha desaparecido, sustituida por el miedo y la incomprensión. Los personajes ya no miran alegres al lector, le dan siempre la espalda, como temerosos y avergonzados de exhibir sus miserias al público. Rara vez vemos a los personajes al completo: sus caras casi siempre se ocultan, se emborronan. En “Mundo Ware” los sentimientos dan miedo y se expresan casi a regañadientes. Un texto comienza como una parodia de las presentaciones comerciales de la época y termina con una confesión de impotencia del autor. Una historieta aparentemente divertida prodiga a los cuatro vientos “Arruina tu vida: ¡Dibuja cómics y condénate a décadas de solipsismo, aislamiento y una total indiferencia social!”.El grafismo pletórico de color y formas, en contraste continuo con un mensaje fatídico que se extenderá a toda la realidad del autor, desde sus relaciones hasta su propio trabajo y su consideración como artista (con una historia del arte resumida absolutamente demoledora).
Cada personaje, cada tira, incluso cada anuncio, es una representación de una de las obsesiones psicológicas del autor, siempre escondidas tras una imagen amable de los clásicos del noveno arte, reinterpretada en términos de rabiosa modernidad. Ware toma prestados elementos del dibujo técnico (uso de las plantillas, la perspectiva axonométrica…) para crear un estilo meticulosamente nítido, en el que el ordenador está sorprendentemente prohibido: todo, absolutamente todo está hecho a mano en ACME, en una muestra más de esa ética de trabajo torturador, de repetición sistemática e insistente que castiga quién sabe qué pensamientos. Un trazo donde el control parece férreo y dominante, pero que según el autor nace de la improvisación. Una falta de guión previo que parece imposible de creer para el lector, todavía aturdido por propuestas gráficas de una complejidad tan creciente y minuciosa que las hacen incompatibles con lo espontáneo. Composiciones tan milimétricas que asombra que puedan estar movidas por una intuición creadora que parece ajena a la asepsia narrativa de Ware.
Sin embargo, todo lo anterior queda mediatizado por un as que Ware se guarda en la manga. El lector cree tener un muestrario de ACME pero, como siempre en este autor, el continente es tan solo un engaño más, una ilusión que no deja ver el verdadero mensaje. En una metapirueta total, dentro de este informe final, junto a la parafernalia de recortables, de anuncios, de interminables textos, hay otra historia. A lo largo de todo el volumen, Ware ve dejando pequeñas viñetas aisladas, en las que un superhéroe crea un nuevo universo, igual que ese inmenso mapa celeste fosforescente que nos regala. Tiras de apenas unas viñetas, diminutas, que irán apareciendo hasta que, de repente, tomarán el protagonismo en una larga historieta central. No hay título, no hay ni siquiera indicación de su existencia en el exhaustivo sumario. Es una historieta que no existe en la realidad de ACME, es una conexión directa con la realidad del lector, como si Ware quisiera darle al lector la pista definitiva del rompecabezas. Una historia de superhéroes en la que los poderes del héroe son usados para intentar construir un mundo a su medida, convirtiéndose en un dios egoísta al que la humanidad le importa poco. Rapta niños para tener un hijo y mujeres para tener pareja. Mata para alimentarse. Dios no tiene porqué pensar en los demás, sólo en sí mismo. Una cruel recreación de la figura del autor todopoderoso, escondido tras un disfraz con el que aparentemente puede hacer cualquier cosa pero que sólo disimula la tremenda soledad que lo condiciona. El autor quiere ser un héroe de su infancia, pero sólo logra tristeza y aislamiento. Paradójicamente, sólo conseguirá un ciclo repetitivo, una secuencia circular que define perfectamente la obsesión de Chris Ware, como bien titulaba Ana Merino su excelente libro sobre el autor.
Es la otra cara de Jimmy Corrigan. Si el niño más listo del mundo era un ejemplo magistral de la compleja percepción de los sentimientos propios del autor, aquí encontraremos sus obsesiones más comunes, un “catálogo” perfecto de ellas.
Mención aparte hay que hacer de la labor de las maquetadoras y traductora, María Eloy-García y Rocío de la Maya, absolutamente increíble. Han conseguido reproducir a la perfección el meticuloso trabajo de Ware, en un trabajo que se me antoja hercúleo y de imposible retribución. En una época donde la falta de rigor en las adaptaciones y traducciones (cambios de tipografías, traducciones apresuradas, etc) parece la norma, la labor de estas dos profesionales es el mejor ejemplo a seguir.
Un grandísimo tebeo, una obra maestra. (5)

Presentación de 11 – M: La novela gráfica

El próximo jueves 28 de Mayo, a las 12:45 h., en la sede del Col·legi de Periodistes de Catalunya (Rambla Catalunya, 10, pral., Barcelona)se presentará 11 – M: La novela gráfica, de Antoni Guira, Pepe Gálvez, Joan Mundet y Francis González. En el acto estarán presentes el director de publicaciones de Panini Cómics, José Luis Córdoba, el editor del libro, Alejandro Martínez Viturtia y sus autores.