Cuentos

bicho“Que si, que si, que lo sé de buena tinta, que me lo contó el Paco..”.
Pongan ustedes tranquilamente otro nombre porque nada cambiará. Así comienzan casi todos los chismes, rumores y cotilleos, pero también se inicia así el camino de las leyendas y los cuentos. Con el boca a boca, contando las historias y transformándolas en cada nuevo relato, agregando un clavito que las va enganchando al imaginario popular. A veces son simples anécdotas que, con el tiempo, se transforman en gestas épicas o en cuentos de misterio y terror, según el azar haya decidido en un momento dado de la larga cadena cuentistas y oyentes que a su vez se transforman en cuentistas. Son esas historias que a nosotros, de niño, nos llegaban en esos cuentos ilustrados troquelados que nos compraban nuestros padres y que están en la base de una de esas joyitas que ha dado el salón y que pueden quedar enterradas por las montañas de novedades. Por ver el bicho volar, de Loren, es un tebeito pequeño, en tamaño y en ambiciones. Tanto que puede ser que el lector deslumbrado por las portadas coloristas y efectistas de los tebeos que han salido este mes no se fije en él, por mucho que esté editado con primor y gusto por parte de bang ediciones. Y sería una lástima, porque Loren cuenta tres historias pequeñitas que son deliciosas, tres cuentos de esos que se comentan en las mesas de los bares de pueblo para asombrar a extranjeros como quien contase leyendas propias de Roldán o el desembarco de Normandía. Cuentos que nacen de lo real y pronto, como era de esperar, se pierden por la fantasía con una ingenuidad desarmante.
Fantasmas, bichos voladores o incluso los cotilleos del pueblo son los protagonistas de esta obra, que Loren narra a modo de cuento infantil, con grandes viñetas y textos al pie, de dibujo elegante de inspiración a medio camino entre Bruguera y la ilustración infantil de los años 60.
Se lee con gusto y sonrisa continua y permite, durante unos instantes, olvidarse de todo. No es poco.
Extracto en la web de bang.

Ha muerto Andrés Cascioli

cascioliHa pasado un poco desapercibida en España la muerte a los 72 años del editor Andrés Cascioli, responsable de cabeceras míticas como Humor, Satiricón y Fierro. Ahora que se reeditan las maravillosa Puertitas del Sr. López de Trillo y Altuna, hay que recordar que éstas y otras muchas historias fueron posibles gracias al empeño de Cascioli, que en plena dictadura militar defendió la libertad con las armas de la inteligencia, la cultura y el humor. Él y su guerrilla de dibujantes y guionistas, con nombres como Sasturain, Tabaré, Trillo, Altuna… Pero también fue el primero que, tras décadas de ninguneo, defendió los derechos de autor de los creadores de historieta. No sólo el tebeo argentino hubiera sido diferente sin él, el tebeo mundial sería ahora otro muy diferente si este editor no hubiera existido.
La desaparición de Cascioli es una triste noticia para el tebeo mundial.
Descanse en paz.
Noticia en Página 12
Artículo de Juan pablo Feinman
Artículo de Juan Sasturain
Artículo de EDuardo febbo
La noticia en La Nuez

Tebeos en MADOWEB

Dentro de los actividades del MADO’09, el lunes 29 de junio, a las 19:00, en la Sala Manuel de Falla en el edificio de la SGAE (C/ Fernando, VI, 4) artistas de diferentes disciplinas opinarán a través de sus obras/ creaciones sobre el tema “La Creación en pareja y la pareja en la creación”. Entre los convocados estarán Nahun Rivas y Álvaro Sarraseca, que presentarán su blog La Kame House.

De héroe a leyenda

superman1“..quiero que sepan lo que se sintió al vivir el despertar de la era de los superhéroes.”
Es la frase que Superman le dice a Lois Lane para explicar el sentido de la Fortaleza de la Soledad y, en el fondo, la que mejor refleja el espíritu que impregna todas y cada una de las páginas del All Star Superman que firman Grant Morrison y Frank Quitely. Tras décadas imbuidos del pesimismo marcado por la “Era Oscura” de los superhéroes, la obra que acaba de publicar Planeta DeAgostini en un único volumen recopilatorio es un homenaje entregado al género superheroico, reivindicando las claves y circunstancias que marcaron su nacimiento. Un inmenso retablo que recuerda a los procesos mitológicos de creación del héroe explícitamente relacionados en la obra con las tareas de Hércules, que Morrison y Quitely hábilmente entroncan con episodios clásicos de la vida de Superman. Investigando la larga historia de 75 años del personaje, toman esos momentos gloriosos de la Silver Age guionizados por Otto Binder para plantear si es hoy posible un superhéroe guiado por los principios de aquellas creaciones. Principios bastardos, derivados de la prohibición manifiesta marcada por el Comics Code, pero que dieron lugar a un seguido de historias de orientación infantil donde el único límite era la imaginación desbordante de los equipos creativos. Aquellas locas historias de Jimmy Olsen, Lois Lane, Luthor, Bizarro… son rescatadas con una visión moderna, que acepta sin prejuicios el mensaje moral de vocación infantil para traducirlo y actualizarlo con un espectro mucho más amplio. Un arriesgado intento de traducir “el sentido de la maravilla” al lenguaje de una generación escéptica, que ha perdido en muchos casos la capacidad de sorpresa, abrumada por unos medios que muestran la imagen de que todo es posible y un modelo de héroe que ya no se corresponde con aquél que dio origen al género. Sin embargo, Morrison y Quitely consiguen un brillante relato gracias precisamente a sumergirse en las bases fundacionales del mito de Superman, centrándose en unos valores morales universales de sencillez inmaculada, pero que son diseccionados por los autores con indudable acierto. Desde el primer momento, evitan la focalización sobre la épica clásica del héroe, centrándose en una concepción mucho más pausada. Hay, es evidente, grandes peleas y enfrentamientos, pero la gran mayoría de las escenas del libro desarrollan largos diálogos. Exceptuando el genial guiño hacia “la muerte de Superman” y Doomsday, reescrito en términos de homenaje a las siempre camaleónicas aventuras de Jimmy Olsen, en las luchas Superman apenas se defiende, no ataca nunca y suele terminar las luchas en ejemplos de diálogo y tolerancia. Es, en el fondo, ese modelo de comportamiento que transmitían a los niños aquellos tebeos de la Silver “el fuerte protege al débil”, traducidos ahora en términos de tolerancia y respeto. Las splash-pages de las aventuras de Superman, siempre reservadas al momento más titánico de la lucha, a ese gigantesco puñetazo que se despliega por varias páginas, aquí están reservadas a momentos íntimos del héroe. Lo más importante no es cuando gana al villano, sino cuando está con su amada o llora por su padre. En ese sentido, es fundamental la aparente sencillez compositiva que eligen los autores, sin apenas experimentos compositivos, volcando todo su esfuerzo en una fluidez visual hacia el lector casi perfecta, que transforma la habitual síncopa de la narrativa post-image en un tránsito suave que lleva al lector en volandas por las escenas, permitiendo que se centre en ese mensaje emocional que quiere transmitir la obra. Una labor fundamentada en la puesta en escena y la elipsis -obligada con una planificación que rara vez supera las tres o cuatro viñetas, casi siempre horizontales, por página-, que obliga a un estudio y planteamiento previo milimétrico que no deje nada al azar.

Morrison y Quitely son conscientes que un ser omnipotente sólo tiene una lectura posible, en términos de encarnación de una nueva divinidad como ya explorase Moore en Miracleman, pero derivan este concepto precisamente hacia una interpretación que lo traduce en un Dios de las pequeñas cosas, que es capaz de sentir y conocer la verdad última del universo (genial el contraste entre esa concepción del todo desde la perspectiva científica actual y, a la vez, como un haiku único), “el sentido de la vida”, pero también, por ello, valorar hasta el último y minúsculo aspecto de su vida. Pero lejos de considerar una deidad, Morrison y Quitely le dotan de la humanidad de la muerte, de un final que, paradójicamente, quedará abierto en un metajuego donde el propio relato se va transformando. La incesante reivindicación de integrar al superhéroe en el mundo real que el género ha demandado en los últimos años es rechazada por los autores en una progresión donde la única vía de deificación es la leyenda. Sólo la imaginación de los hombres crea dioses, y Morrison y Quitley establecen precisamente ese juego de interferencias entre el lector y la historia, entre la realidad del mito que nació en 1938 de la mano de Shuster y Siegel y el que después se ha integrado en el imaginario sociocultural como icono. En la diferentes gestas que va logrando Superman, perfectamente estructuradas a través de un relato tan clásico como la sempiterna lucha con Lex Luthor, el propio personaje es consciente de su finitud, de que la única realidad posible es la del ser humano y su brevedad, pero que la humanidad necesita un icono. Y se prepara precisamente para la creación de un icono, de una leyenda. Es un dios que se creará a sí mismo por el único camino posible: el de la imaginación del hombre.

superman2

No es fácil el ejercicio de equilibrios que desarrollan dibujante y guionista, manteniendo la coherencia de un mensaje a la vez que despliegan un seguido de guiños al lector en forma de homenajes casi continuados. El lector que conozca la etapa inicial del Superman de la Silver Age (especialmente la de Otto Binder, que ahora se está recuperando en la colección de Showcase de DC) encontrará detalles en prácticamente cada viñeta, que son introducidos con elegancia en un discurso donde los autores apuestan por la emoción como sentimiento fundamental que debe obtener el lector. Si caer en el sentimentalismo o la sensiblería, la conversión icónica de Superman es mostrado como un relato que, más allá de la épica heroica, se expresa como un recorrido por la formación emotiva y moral del ser humano, que durante su infancia y juventud ha tenido en los héroes a modelos morales y de comportamiento de los que ha aprendido las bases de su personalidad. Un modelo de transmisión de valores que sigue siendo válido y que, sobre todo, permite desde su simplicidad alzar reflexiones mucho más complejas, como bien demuestran Morrison y Quitely, reivindicando no sólo el género superheroico, sino que todas las aproximaciones siguen siendo válidas.
Una obra brillante, posiblemente uno de los mejores tebeos del género que se han editado en años, que Planeta DeAgostini presenta en una cuidada edición recopilatoria (en este caso, ganando enteros respecto a su edición en fascículos) que, por desgracia, no es ajena a las típicas erratas que esta editorial comete, con inexplicables defectos de rotulación (cambio absurdo de fuentes) o la repetición de una de las portadas originales de la serie (que no afecta para nada a la lectura, pero encenderá con lógica la ira de los puristas). (4)

– Reseña en El Show de los hombre lobo

Novedades de Ediciones B

Atentos porque Ediciones B sorprende con un recopilatorio de Chicha, Tato y Clodoveo, la serie de Francisco Ibáñez, y presenta un nuevo formato apaisado en el que publicará clásicos como La familia Ulises, las obras de Víctor Mora y Ambrós, Escobar o Ibáñez en formato tira. Veremos qué tal de calidad.
MAGOS SIMPSON Nº 23: Hablando de Dickens, de Matt Groening. 48 págs. 210 x 297 mm. Color. Cartoné. PVP: 10,95 €
OLÉ MORTADELO Nº 183: GASOLINA …¡LA RUINA !, de Francisco Ibáñez. 48 páginas. Color. 210 x 297 mm. Rústica. PVP: 4,00 €
SUPER HUMOR Nº 46: CHICHA, TATO Y CLODOVEO, de Francisco Ibáñez. 288 páginas. Color. 210 x 297 mm. Cartoné. PVP: 19,00 €
FANS SUPER LOPEZ Nº 53: Tú ROBOT, de Ja. 48 páginas. Color. 210 x 297 mm. Rústica. PVP: 4,25 €
MAGOS DEL HUMOR : CASANOVA EL HORÓSCOPO, de Ricard Ferrándiz 48 páginas. 210 x 285 mm. Cartoné. PVP: 13,00€
Nueva colección apaisada:
El Capitán Trueno. de Víctor Mora y Ambrós. Rústica con solapas. 200x125mm. 128 mm. Color. PVP:6.00€
Rompetechos, de Francisco Ibáñez. Rústica con solapas. 200x125mm. 128 mm. Color. PVP:6.00€
Zipi y Zape, de Escobar. Rústica con solapas. 200x125mm. 128 mm. Color. PVP:6.00€
El corsario de hierro, de Víctor Mora y Ambrós. Rústica con solapas. 200x125mm. 128 mm. Color. PVP:6.00€
La familia Ulises, de Benejam. Rústica con solapas. 200x125mm. 128 mm. Color. PVP:6.00€
El Jabato, de Darnís y Víctor Mora. Rústica con solapas. 200x125mm. 128 mm. Color. PVP:6.00€
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Clásicos del Humor: Don Pío

pioNueva entrega absolutamente imprescindible del coleccionable de RBA, esta vez dedicada al Don Pío de Peñarroya. Una serie atípica, como bien recalca Guiral en su introducción, vocacionalmente costumbrista y afectada por la censura en términos delirantes. La vida de pareja y los problemas conyugales fueron originalmente el eje fundamental de las historias que Peñarroya plasmaba desde una perspectiva menos fundamentada en el gag, más dirigida hacia un costumbrismo casi descriptivo, que en sus primeros tiempos evitaba toda imagen dulcificante o ingenua y apostaba por la puesta en escena de todo aquellos momentos difíciles de la convivencia que nunca se cuentan. El humor, en estas primeras entregas de finales de los 40, escondía matices amargos, agrios, que se fueron mitigando a partir de la intervención de una censura que no podía permitir una representación de la familia que no integrara los mensajes de felicidad que se esperaban de la institución. A partir de mediados de los 50, Peñarroya rebajó el tono de las historias con la inclusión del sobrino de la pareja (en un requiebro surrealista, un hijo que en realidad es un sobrino porque no se podía mostrar el embarazo de Benita), llevándolas a un terreno más infantil (y, muy acertada la puntualización de Guiral, sin que eso suponga una matización peyorativa) pero sin perder ese tono costumbrista. Pese a que las historias ya no tenían ese atractivo inicial, el tomo que edita RBA es una especie de resumen de la historia de este país de los años 50 a los 70, reflejando los cambios de las modas sociales y cómo eran aceptadas por la sociedad. Incluye planchas de todas las épocas (por desgracia pocas de finales de los 40 y primera mitad de los 50, pero suficientes para poder analizar los cambios que sufrió la serie.
Obligatorio.

Novedades de julio de Planeta DeAgostini

Ya tenéis en la web de Planeta el listado de novedades de julio. A destacar el Showcase As Enemigo, con colaboraciones de Howard Chaykin, Joe Kubert, John Severin y Neal Adams, las nuevas entregas de Pluto y Hanzo, el comienzo de la entretenida RAJ de Conrad y Wilbur, y dos nuevas entregas de la colección Forum: la segunda entrega de El viaje de Darwin, de José Fonollosa y Un Pueblo Blanco: El Bar del Barbudo, de Tomeu Pinya.

19%

Según ICV2, las ventas de tebeos en librería especializada en USA han alcanzado un espectacular mínimo en mayo. Ni un sólo tebeo distribuido por Diamond consiguió superar la barrera de los 100.000 ejemplares (el TOP 300 cierra con ventas de apenas 2.500 y el TOP 100 con ventas que hace 15 años se consideraban de “fanzines” como Cerebus…) y la bajada interanual llega ya al 19%. Cierto que este dato es sólo de librería especializada y que se debería contabilizar el pujante mercado para el tebeo de la librerías generalista y grandes cadenas, pero no deja de ser indicativo de una tendencia que se agudiza con la crisis.

Presentación de El Encubierto

Mañana jueves, 18 de abril, a las 19:30H, se presentará en el Salón Sorolla, del Ateneo Mercantil de Valencia (Plaza del Ayuntamiento) el álbum El Encubierto, de José Aguilar. Federico Moreno Santabárbara, investigador de la imagen gráfica y José Aguilar, autor de la obra realizarán una presentación audiovisual donde se revisarán los diferentes medios utilizados para las narraciones históricas (novela, teatro, cine y por supuesto cómic).

La peonza

La revista de literatura infantil y juvenil Peonza dedica su número 88/89 al cómic, en un especial monográfico de 250 páginas con colaboraciones de Antonio Altarriba, Yexus, Pepe Gálvez, Ana Merino, Norman Fernández, Antoni Guiral, Pablo Torrecilla y Juan Gutierrez que incluye además entrevistas a Roman Gubern, Jesús Cuadrado y Max y notas de una treintena de autores. Además, fichas de las editoriales españolas de historieta, galería de ilustraciones y una amplísima selección de títulos.
¡Impresionante e imprescindible!

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(Por cierto, que no es el primer especial de esta revista dedicado a la historieta: su número 41, de octubre de 1997, también estuvo dedicado al cómic y se puede leer íntegro en la Biblioteca digital Miguel de Cervantes)

García & García

odenaAfrontar una biografía en historieta de cualquier personaje carismático y envuelto ya casi en la leyenda es siempre complejo, más si se ha convertido en icono de luchas sociopolíticas, lo que suele imponer una obligada visión hagiográfica y, en la mayoría de los casos, reduccionista y afectada de una parcialidad sangrante. La absurda necesidad que demuestra el ser humano de mitificación en términos heroicos de los personajes claves de la historia deriva en la imposibilidad de llevar a cabo análisis en profundidad sobre hechos, actuaciones, situaciones e ideologías que impulsaron su comportamiento. Una especie de obstáculo insalvable que actúa como prejuicio automático cuando se plantea la lectura de Lina Odena, Palabras (de) Mayores, de Jorge García y Carlos Maiques. Un personaje clave en el movimiento comunista y en la lucha de los derechos de la mujer durante la Segunda República y la Guerra Civil, rodeado de un insalvable halo de leyenda… Los ingredientes perfectos para que su biografía fuera un seguido de tópicos inútiles de nula aportación a la comprensión de Lina Odena. Pero afortunadamente, Jorge García demuestra continuamente que es un guionista al que le atraen los retos y que no se siente atenazado por la declaración ideológica en sus obras, sabiendo que se puede ser crítico sin caer en el abotargamiento de la neutralidad tan del gusto de la corrección política. Y como tal, escapa de la imposición del tópico marcado por el icono con un requiebro arriesgado: si el icono es un estorbo en el camino, nada mejor que rodearlo y evitarlo. Una decisión valiente, que opta por una aproximación tangencial al personaje, envolviéndolo y trasladando el foco a todo aquello que rodeaba a Lina Odena. La situación política, personal y familiar toma protagonismo frente a las propias acciones de la que debía ser centro único de la historia, permitiendo que el lector tome conciencia de todo aquello que llevó a la creación de un icono. Una inteligente opción que transforma la lectura en mucho más rica e interesante, avalada por el trabajo de Maiques, que comprende perfectamente el camino marcado por el guionista y opta por un dibujo de trazo minimalista, apenas esbozado, en el que los fondos se diluyen dando una sensación de irrealidad que contrasta con el momento histórico que narra. El pincel seco desdibuja personajes y lugares, aportando una poética visual que el guión ha optado por evitar y consiguiendo un paradójico pero sugernete resultado: el homenaje visual frente al racionalismo literario. La hagiografía sí está presente, pero sólo desde el alejamiento gráfico, roto muchas veces por la fotografía como anclaje en la realidad que marca el escenario creado por García. Un álbum muy interesante que se puede leer gratuitamente o comprar en la página de la Fundación Pere Ardiaca (donde, por cierto, también se pueden leer las dos entregas de la Primavera Tricolor de Carles Santamaría, Pepe Farruqo o el No a la Guerra de Carles Santamaría, Carlos Azagra, Angel de la Calle, Pepe Farruqo).

verveY no dejo a Jorge García, que me sigue sorprendiendo con un cambio radical de registro en Las aventuras imaginarias del joven Verne: La puerta entre los mundos. Abandona el realismo histórico de obras anteriores y emprende a propuesta de Pedro Rodríguez una aventura juvenil en el sentido más clásico, tomando como protagonista a un autor que es referente fundamental de la imaginación juvenil. Verne es para muchos, entre los que me incluyo, la puerta de entrada en la fantasía post revolución industrial, en ese mundo de aventuras que deja de lado las mitologías inalcanzables para centrarse en una concepción humanista que estimula la imaginación a través de retos que pueden ser realizables por la inteligencia humana. Una ficción científica cercana que se atrevía a unir la tradición decimonónica de aventura exótica con una formulación nueva y sugerente de un futuro a la vuelta de la esquina y que, sorprendentemente, García y Rodríguez abandonarán desde el primer momento para optar por una atrevida propuesta, que engloba a este jovenzuelo Verne tanto en la tradición aventurera de Mark Twain, con referencias explícitas a Tom Sawyer y Huckleberry Finn, como en la misteriosa y sobrenatural de Poe a través de Arthur Gordon Pym. Las aventuras de un futuro realista de corrección científica que Verne escribió siendo adulto tuvieron su origen en un mundo de fantasía infantil donde lo esotérico y lo imposible son la moneda corriente. La obra de Verne se convierte así en una especie de respuesta contraria racionalista a una infancia plagada de hechos misteriosos que unen con desparpajo fantasmas con viajes en el tiempo. Y, además, sin perder de vista que es una lectura de orientación infanto-juvenil, por lo que sigue a rajatabla las estructuras de la aventura clásica que van de Stevenson a Blyton. Un álbum que no tendría sentido sin Pedro Rodríguez a los lápices, responsable de la idea original de la serie y que se vuelca en dotar al conjunto de un ritmo y atmósfera perfectos -no era difícil de adivinar, pese a su corta obra, es uno de los dibujantes más dotados y brillantes que tenemos por estos lares- para conseguir su objetivo fundamental: entretener. ¡Y vaya si lo consiguen! Es indudable que estas aventuras imaginarias enganchan al lector de cualquier edad desde su primera página. Al joven, por mostrarle una aventura que no renuncia a la irreverencia juvenil que se lanza a la exploración por el simple placer de descubrir cosas nuevas. Pero también al adulto, al que propone mensajes subliminales cómplices, que van del reconocimiento de lugares comunes a la reflexión, pero siempre con un proceso que antepone sobre todo la frescura y la obligación de dejarse los prejuicios de la madurez en la entrada para volver libremente, aunque sea durante unos momentos, a la infancia.
Recomendable tanto para enganchar a los jóvenes a la lectura con la fuerza que Verne nos atrapó a nosotros o, simplemente, como baratísimo y eficaz tratamiento de rejuvenecimiento. (3)

Enlaces:
Entrevista a Pedro Rodríguez
Entrevista a Jorge García

Presentación de Río Loco en Bilbao

El próximo viernes 19 de junio, a las 19.00 h., se presentará en la librería Joker de Bilbao (Alameda Urquijo, 27) la tercera entrega de Los viajes de Juan Sin Tierra, Río Loco, de Javier de Isusi. La presentación contarña con la presencia de su autor, Asier Martínez de Bringas, autor del epílogo, y de Koldo Azpitarte, que ejercerá de maestro de ceremonias del evento.

50 años sin Bilie, canciones ilustradas por Tha

El 25 de junio, coincidiendo con los cincuenta años del fallecimiento de Billie Holiday y la celebración del festival de jazz de Vitoria-Gasteiz, se inaugurará en el Museo de Bellas Artes de Vitoria la exposición 50 años sin Bilie, canciones ilustradas por Tha. Esta exposición recoge los originales que el dibujante creó para el libro Billie Holiday: Canciones (Discmedi), en el que ilustra 19 canciones de la cantante. La muestar recoge la totalidad de las acuarelas originales y bocetos de su trabajo preparatorio. La exposición se mantendrá abierta hasta el 19 de julio.
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Guillem Cifré, Premi Nacional del Còmic de Catalunya

Guillem Cifré ha sido galardonado con el Premi Nacional del Còmic de Catalunya, por su obra Artfòbia II, publicada por Edicions de Ponent, en la que el jurado ha reconocido la capacidad del dibujante, que “altera el significado de códigos y convenciones y el lector se ve abocado, con los objetos y los personajes, a una comedia surrealista”. . Es la segunda edición de este premio, que en su primera convocatoria recayó en Miguel Gallardo por María y yo.

artfobia

Endurance

enduranceLa realidad, a veces, firma argumentos que superan en espectacularidad y emoción a la imaginación del escritor de aventuras más inspirado. Ya se sabe, la realidad supera a la ficción, se dice. Se podría sospechar entonces que los escritores dedicados al género de aventuras deberían sólo trasladar de forma casi documental los hechos para conseguir el éxito, pero por desgracia el proceso es mucho más complejo. En ese camino de escribano, hay que cuidar de transcribir no sólo los hechos, sino saber transmitir la emoción, la pasión, el dolor y las sensaciones. No basta con describir puntillosamente la velocidad y el número de giros que hace la montaña rusa: hay que saber traducir ese miedo que nos atenaza y ese nudo que se siente en el estómago. Aventuras reales hay muchas, autores que consigan que el lector se contagie de las sensaciones de la aventura, pocos. Luis Bustos entra por la puerta grande en ese selecto grupo atreviéndose en Endurance con una de las epopeyas más inmensas del siglo XX, la expedición antártica de Ernst Shackleton. Una empresa casi imposible, que intentaba conseguir uno de los retos exploratorios a los que tan aficionada era la sociedad de principios del siglo pasado y que terminó como una de las mayores demostraciones de lealtad, voluntad y tesón por parte del ser humano que se conozca. El argumento es conocido: Shackleton intenta cruzar la Antártida y el hielo y las difíciles condiciones metereológicas dejarán atrapada a su tripulación durante casi dos años. Una trampa mortal de la que sólo se podía salir con la obstinación de Shackleton de salvar a sus hombres, de cumplir con la promesa de sacarlos de ese ataúd de hielo. Bustos se centra en la figura del aventurero explorador y desgrana el relato con acierto, definiendo personajes y marcando los ritmos para que el argumento se vaya construyendo sobre la voluntad de hierro del capitán del Endurance. La tarea no es fácil: debe ser fiel a los hechos reales, pero centrarse en recrear los pensamientos de un hombre que antepone todo a su promesa de lealtad hacia sus compañeros. Pero admite su propio reto como autor y decide evitar la primera persona para dejar que sea el lector el que dé voz al aventurero, lo que le obliga a ser todavía más exquisito con las cadencias, la expresividad de los personajes y una puesta en escena que dote al lector de todas las pistas para desenmarañar los pensamientos de Shackleton, a la par que contagia de toda la dureza de la situación. Doble pirueta mortal sin red que resuelve con brillantez, logrando nota alta en todos sus objetivos. El relato avanza con fuerza, nos emocionamos, sentimos la desesperación, perdemos la esperanza y la recuperamos con el empeño y la terca obstinación de un hombre que cree ante y sobre todo en la fidelidad.
Una vez leído y disfrutado de un tirón, es un placer volver a las páginas de Endurance y, como quien intenta descubrir los trucos de un mago, ir averiguando cómo Bustos nos ha mantenido casi sin respiración durante la lectura. Comprobando cómo maneja los ritmos de lectura al principio con una composición de página simple y sobria, efectiva en la presentación de hechos, escenarios y personajes, que sólo se rompe en determinadas ocasiones no para lucimiento del autor (¡ay! ¡Cuántos autores se dedican a concatenar composiciones imposibles que no aportan nada a lo que narran, escondiendo carencias argumentales!), sino para remarcar momentos importantes de la narración (como la excelente entrevista del periodista, que engarza realidad e historieta y sienta las bases de lo que leeremos). Una composición que irá alzándose con mayor protagonismo a medida que la gesta avanza, rompiéndose allí donde se rompe la voluntad y donde la naturaleza domina al hombre, cambiando el ritmo y logrando que el lector sienta ese contraste de sensaciones entre la quietud y paz de lo urbano, de las arquitecturas conocidas y el miedo y pavor que desata la naturaleza salvaje e incontrolada. La composición lineal desaparece y es sustituida por una cambiante y agresiva, como la propia naturaleza brutal de la Antártida. Una elección que es apoyada con un cambio en el trazo, más grueso y visceral, y en la puesta en escena, que elige violentos primeros planos, cambios bruscos de escena e incluso cortantes elipsis.
Un tebeo brillantísimo, de lo mejor que se ha visto en este salón. (3)

Enlace:
Ficha y páginas del álbum en Guia del cómic