Clásicos del Humor: El reporter Tribulete

tribuleteSeñoras y señores: esta semana pasará a la historia. ¿El premio del Saló? No, para nada. El verdadero premio me lo han dado hoy con el volumen de El reporter Tribulete, de Cifré. Una selección de planchas de 1948 a 1962 que hacen un recorrido estricto a la par que amplio por las aventuras de este indómito reportero de El Chafardero Indomable, en la que podremos observar la evolución del personaje y del estilo del gran Cifré, uno de los gigantes de Bruguera, desgraciadamente desaparecido en 1962 con apenas cuarenta años de edad, en la cúspide de su carrera. En las páginas elegidas por Antoni Guiral es posible descubrir la inmensa capacidad para el gag del dibujante, su dinámica imposible, su expresividad extrema… pero también ese retrato indirecto de la sociedad española desde la posguerra más dura a los primeros años del desarrollismo del régimen franquista, construido a partir del catálogo de tipos a los que Tribulete conoce en ejercicio de su profesión. Un volumen inmenso, inconmensurable, magistral, que deja con más ganas de Cifré. Quien sabe, quizás sería posible incluir planchas de las geniales (y tremebundas) hazañas de Don Furcio Buscabollos, conocer la desvergüenza de Amapolo Nevera o los problemas del corazón de Cucufato Pi. O descubrir al gran antecedente de Superlópez, el gran Superbirria, siempre acompañado de su fiel Agapito para correr las aventuras más morrocotudas(*). ¡Ay! Soñar es gratis.
Compra obligada. No se puede ser aficionado a los tebeos y no conocer a Cifré, aviso (es más, seguramente hay una sala específica en el infierno reservada a aquellos que no lo idolatren, con castigos tremendos, como leer eternamente el Batman, Cristina, Barcelona ese).

Enlace: algunas páginas en el blog Viñetas.

Premio Junceda de Cómic para Gallardo

El premio Junceda de cómic 2009, concedido por la asociación profesional de ilustradores de Cataluña, APIC, ha recaído en Miguel Gallardo, por la obra María y yo. Todo un éxito para una obra que ya recibió en en 2008 el Premio Nacional de Cómic de Cataluña, redondeando una temporada espléndida.
¡Enhorabuena Miguel!

Reseñas saloneras (II)

Sigo con las reseñas saloneras, una tanda de cortas para aligerar…
mensajesMuchas ganas tenía de leer Mensajes, de Mariano Casas (El patito editorial), que llevó el premio Castelao a un autor que ya había demostrado capacidad para la narración inteligente y reflexiva con Historias de Mariano, serie de álbumes muy recomendable de adscripción indefinible pero siempre sugerente. Y, como en aquella, encontraremos a un autor intrigado por las posibilidades narrativas de la historieta que arriesga y se plantea retos temerarios como los que encontramos en este álbum: una historia postapocalíptica, narrada en ausencia de figuras humanas durante casi su trayecto inicial, focalizando la narración sobre el contraste de colores puros, agresivos y objetos de gruesas líneas rectas. El Armagedón ha llegado y la opresión de esas naturalezas muertas urbanas inorgánicas lleva una narración que nos llevará, por fin, a dos únicas figuras humanas. Un punto de inflexión en el que esperaremos infructuosamente que el protagonismo narrativo pase al ser humano: Casas, como ya es habitual en él, no se lo pone fácil y decide hacer la pirueta más osada, casi insensata, narrando a través de una originalísima extinción de los colores. Una excusa argumental simple, quizás excesivamente deus-ex-machina, pero que resulta en uno más de los aciertos del álbum: desaparecidos los azules, los rojos, los amarillos, los magentas y el negro serán progresivamente el vehículo de una narración que, sorprendentemente, se acoplará a la perfección a su tono cromático. Un álbum distinto, rompedor, que no teme a lanzarse sin red a la búsqueda de soluciones narrativas innovadoras. Muy interesante (2)
hombrepezEl regreso del hombre pez, de Isaac Sánchez (Glénat) es una ingeniosa reescritura y actualización de las mitologías de las leyendas rurales cantábricas. Con el hombre pez de Liérganes como eje central, Sánchez irá incorporando trastolillos y demás seres de leyenda con la misma desvergüenza que un casting más propio de Operación Triunfo y demás ‘realities’ que prometen el sueño de evadirse del pueblo, todo contado con un ritmo desenfrenado que bebe sin prejuicios de la escuela Bruguera, del manga, de Mignola o de La Cosa del Pantano sin solución de continuidad. El resultado, pese a unas arritmias propias del maremágnum de ideas y formas de contarlo que usa Sánchez, tiene una frescura y desparpajo que contagia al lector y le obliga a perdonar los defectos. Más con ese inesperado e inusual final (quizás algo confuso en lo narrativo, excesivamente comprimido para lo que ha sido el álbum y que hubiera merecido algunas viñetas más u otra aproximación en la puesta en escena) que rompe con los tópicos y se agradece. Para pasar un buen rato. (1+)

nazaretoYa era hora de ver en álbum las corrosivas historias de Cristo Nazareto, de Álex Fito (Glénat). Un personaje que ya removió conciencias en las páginas de El Víbora y que ahora, en tomo, alcanza una masa crítica de potencia demoledora. Ya desde esa imaginativa puesta en escena que simula el álbum de El adivino de Astérix (un título que no eligido al azar), Fito lanza su carga destructiva con estas historias cortas de aspecto amable e infantil que van dejando un rictus cada vez más amargo a medida que se leen. La vuelta a la tierra del hijo de Dios solo encuentra una sociedad deplorable, mísera, donde aquello de “amaos los unos a los otros” se ha sustituido por mensajes de ambición, codicia y egoísmo. La visión de Fito es brutal: no hay sitio para la bondad o los buenos pensamientos. La sociedad esconde tras todos y cada uno de sus movimientos un interés bastardo y abominable: la realidad no admite grises para los que están abajo. Los desposeídos que tenían que haber sido liberados por el hijo de Dios ahora son además los humillados, el último eslabón de una cadena donde se convierten además en el alimento antinatural de la depredación del ser humano. No hay piedad en el mensaje de Cristo Nazareto, brutal y contundente con la iglesia, con la sociedad, con los políticos. El resquicio de la esperanza ha desaparecido y todos, desde niños a mayores están ya condenados en este viaje donde pierden los de siempre, los que no tienen nada. Un tebeo desolador, que engaña al lector con su canto de sirena de alegre parodia para apuñalarlo sin misericordia ni clemencia con sus verdades. Es uno de esos álbumes que, en muchos momentos, no se puede seguir leyendo. Tenemos que parar y detenernos o el impacto nos destrozará. Un libro a leer casi obligadamente, pero atentos: hiere, machaca y pervierte las sensibilidades de nuestras bienpensantes mentes aburguesadas (3).

vaqueroServidor recuerda las historias que contaba mi padre de “el sheriff de las Ramblas”, curioso personaje de la Barcelona de los 70 con el que siempre quise cruzarme en mi infancia (ya se sabe, cuando se adoran los indios y vaqueros, ver a un sheriff de “verdad” era lo máximo) pero nunca tuve oportunidad. Treinta y tantos años después de aquello, Jordi Pastor recupera en Vaquero (Ponent Mon) aquella figura actualizada con ingenio a estatua viviente de las Ramblas, introduciéndola en una historia de género negro urbano que habla de mafias, inmigración y miserias en una Barcelona muy alejada de las postales turísticas (con murciélagos empijamados incluidos) que nos quieren vender. Un argumento sobrio y bien construido que se acompaña de un original envoltorio, que nos lleva a también a esa década con el bitono de gruesos puntitos y un formato que recuerda a los tomos de Vértice que devorábamos. Le faltan, quizás, algunas páginas para poder desarrollar más algunos personajes que quedan apenas bosquejados -demasiado tópicos- y le sobra un cierto exceso de aforismos en los diálogos, pero entretiene, lanza ideas para la reflexión y está bien contado. No se puede pedir más para un autor que muestra una trayectoria en continuo ascenso desde obras como Encuentro o Reacción. (2-)

Y termino con Barcelona: Batman Barcelona, el caballero del dragón, de Mark Waid y Diego Olmos es el típico subproducto que se obtiene cuando solo impera el interés comercial de publicitar una marca. Extenso publirreportaje sobre Barcelona estilo Vicky Cristina Barcelona, pero con hostias e imágenes que pasan directamente a la antología del disparate (¡¡ese Batman reconvertido en San Jorge con montura motorizada y pendón cuatribarrado!!). Diego Olmos intenta con su honesto trabajo remediar lo estrafalario del proyecto pero, pese a sus denodados intentos, el descabellado argumento se convierte en un maëlstrom imparable que arrastra todo el tebeo tras de sí. Jugosa maniobra de marketing absolutamente olvidable. (0)