Una entre mil

El folio en blanco, a veces, resulta una especie de muro infranqueable. No soy yo dado a los problemas a la hora de escribir, más bien a los derivados de una verborrea a menudo irreflexiva, pero hoy, cuando me he puesto delante del teclado, no sabía ni cómo comenzar. Lo he intentado de mil maneras, pero en todas a las pocas palabras lo dejaba. En unas frases empezaba todo serio y circunspecto sobre las posibilidades del cómic como medio social, en otras, sobre la sencillez para transmitir emotividad de la historieta. Hasta algo de tebeo didáctico ha salido por ahí.
milPero no, ninguna de esas ideas me parecía correcta para hablar de Una posibilidad entre mil. Y me temo que el problema es irresoluble, porque aunque sea muy tangencialmente, conozco a Laia.
Apenas he coincidido algunas veces en actos sociales con ella y sus padres, es cierto, pero ha sido suficiente. La primera vez que coincidí con ellos, fui incapaz de ver más allá de los prejuicios habituales que tenemos hacia los niños con problemas de desarrollo, pensando en lo que sufrirían sus padres ante tamaña desgracia. Pero después, en cada nueva coincidencia, apenas unos minutos en una presentación o simplemente comprando tebeos, fui descubriendo a una niña con una sonrisa que le llenaba la cara constantemente, mirando con sorpresa todo lo que le rodea y contagiando esa alegría pura, inmaculada todavía. Y a unos padres a los que se les iluminaba la cara cada vez que hablaban de su hija. Los problemas, seguro, fueron, son y serán muchos, pero de alguna forma, Miguel, Cristina y Laia habían logrado lo imposible, romper por primera vez la tiranía de la segunda ley de la termodinámica con un rostro en eterna sonrisa, sin más necesidad que las miradas entre unos y otros. No sé quién contagió la alegría a quién. Si los padres a la hija o la hija a los padres, pero poco importa al verles hoy.
Eso le he visto y vivido. Y ahora, tras leer Una posibilidad entre mil, no puedo más que recordar la sonrisa de Laia y sus padres. Hay momentos muy duros en ese tebeo. Crueles casi. Pero nunca transmiten pesimismo o negatividad, sólo valentía y ganas de seguir adelante, de lanzarse al vacío para agarrar una esperanza que está ahí. Pienso en Miguel y Cristina y creo que el mensaje que lanzan en su obra es uno de los más bellos que se puedan leer, el del amor por una hija por encima de todas las dificultades que naturaleza o sociedad quieran poner. Y lo contagian. Yo he podido ver la alegría de la Laia de carne y hueso, pero cualquier lector del libro podrá sentirla también.
Yo no sé hacer una reseña de este libro. Sólo puedo deciros que lo leáis. Por Miguel y Cristina. Por Laia. O, simplemente, porque un día nos apetece sentirnos más humanos.

17 Comentarios en “Una entre mil

  1. …y yo no puedo mas que recomendar también su lectura, por supuesto.

    Saludos

  2. creumont on 4 junio 2009 at 20:29 said:

    Uno de los tebeos (libros, obras… da lo mismo) más hermosos que he leído. No puede dejar a nadie indiferente. Es de esas historias que se clavan muy hondo.

    Y lo mejor de todo es que, al final, lo que menos importa es que lo que se cuenta sea absolutamente real, porque el tebeo tiene tanta envergadura como obra narrativa y gráfica, cuenta tan maravillosamente bien esa historia, sin sensiblería, sin efectismo, sin trucos de guionista para tocar la fibra sensible del lector, hay un trabajo tan bien hecho detrás de esas páginas, que haber mirado a los ojos a la Laia de verdad, la de carne y hueso, y a sus padres, es solamente un regalo, un añadido para quienes tenemos la suerte de conocer a las personas tras los personajes.

    De verdad, leer este libro es una experiencia magnífica.

  3. donniedarko on 4 junio 2009 at 20:56 said:

    En otras circunstancias quizás hubiera caído,..pero aún con la resaca del Saló,lo veo difícil su adquisición.

    También depende de los gustos de cada uno,y el tema que se trata,que puede ser incómdo incluso para algunos.

    Saludos.

  4. sento on 5 junio 2009 at 1:41 said:

    Una sensación..

    Hace treinta años hablabamos de que los tebeos debian buscar el público adulto y ahora, leyendo libros como el de Miguel y Cristina,( o el de Altarriba-Kim) veo el publico adulto y maduro que se soñaba entonces. Gracias, amigos.

  5. El Juan Pérez on 5 junio 2009 at 11:23 said:

    Es evidente que de un tiempo a esta parte asistimos al surgimiento de un nuevo género, el de las enfermedades, mejor si son incurables o bien jodidas para los familiares. El blandismo juega con los sentimientos y ya no se conforma con los amorios y pajeos de la adolescencia, ahora se regodea en el sufrimiento ajeno que visto desde el sofá de casa nos hace soltar la lagrimita y pensar en lo buenos que son esos artistas, y nosotros al solidarizarnos.

    En mi opinión es basura pura y dura.

    El que tenga el problema en casa no lo soluciona pasando la página.

    • Álvaro Pons on 5 junio 2009 at 11:31 said:

      Juan Pérez: menuda gilipollez has soltado. Ni lo has leído. Nada de lo que dices es aplicable a este tebeo. Nada. Es una boutade más de superioridad de las tuyas a lo "yo soy un macho duro y a mí estas mariconadas no me afectan". Es decir, una estupidez.

  6. El Juan Pérez on 5 junio 2009 at 14:10 said:

    Efectivamente, no lo he leído, y por eso no me he referido a él en concreto. He hablado de un género que se está poniendo de moda y con el que no comulgo.

    Respecto a este comic: he tenido oportunidad de ojearlo. Desde el punto de vista gráfico me parece sensacional, no me importaría copiarlo. La temática me echó para atras.

    Peco de idea preconcebida?, tal vez. Prejuicios?, posiblemente. Cansancio? pues sí.

    Hay una cuestión personal detrás, lo admito. Quizás no sea objetivo por ello.

    Es mi opinión, puedes limpiarte el culo con ella.

    Por cierto, la frase entrecomillada no es mía. Más quisiera.

  7. John Space on 5 junio 2009 at 14:52 said:

    Se nota que al Juan Pérez nadie le hace caso como artista. ?Has pensado en presentarte a presi de la SGAE, cielo?

  8. Jesús Cuadrad on 5 junio 2009 at 15:07 said:

    O a basurero municipal… ahora que hay plazas libres.

  9. John Space on 5 junio 2009 at 15:20 said:

    "O a basurero municipal… ahora que hay plazas libres."'

    No, por Dios. Imagíneselo, un dia sale a hacer su ruta y encuentra un contenedor azul lleno de obras suyas.

    • Álvaro Pons on 5 junio 2009 at 15:28 said:

      Por favor, ya es bastante con que yo haya perdido los papeles. Ruego que en las respuestas se sea educado. Mis excusas a Juan Pérez por el exabrupto, pero es que esa actitud me saca de mis casilla. Lo siento.

  10. Jota on 5 junio 2009 at 21:47 said:

    Sempre hay un listo en todas partes, a veces, hay mas de uno. Y, yo si que estoy cansado de esta clase de gente, que se refugia en el anonimato que nos ofrece internet, para decir "jilipolleces" con perdon, pero si no vas a aportar nada, si simplemente vas decir sandeces entonces mejor callate.

  11. El Juan Pérez on 6 junio 2009 at 1:08 said:

    De anonimato nada. Pero tampoco es cuestión de publicitarse gratis cada vez que alzo la voz.

    Pérdoname tú a mi Álvaro. Soy demasiado visceral. La verdad es que me gusta tocarte las narices pero en el fondo te quiero. No me tomes muy en serio.

    Todavía hay gente que no se entera. menos mal, porque si no esto sería un aburrimiento.

    Por cierto, voy a ver esas plazas de basurero que la cosa pinta muy mal.

  12. chispita on 8 junio 2009 at 7:36 said:

    yo creo que el público adulto está sobrevalorado y que cualquier obra es para cualquier público (siempre y cuando éste disponga de los códigos para entender la obra claro está).

    fantástico este libro

  13. Bueno, yo creo que cualquiera tiene también derecho a decir que no le gusta este género de cómic. ¿Qué tiene de malo que no le interese? Yo opino que la gente que descubre una enfermedad en su familia a veces actúa como si todos tuviéramos que vivir concienciados hacia su problema. ¿Tenéis un diabético o un celiaco en la oficina? A veces es un infierno. No podemos concienciarnos hacia todos los males de la sociedad. A mí, en concreto, el tema me interesa, pero el tebeo no me gustó. ¿Estoy poco concienciada por eso? Tampoco me gustó el del 11-M. Pero "María y yo", de Miguel Gallardo, me encantó. No creo que todo lo bienintencionado sea de buena calidad.

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