50 años sin Bilie, canciones ilustradas por Tha

El 25 de junio, coincidiendo con los cincuenta años del fallecimiento de Billie Holiday y la celebración del festival de jazz de Vitoria-Gasteiz, se inaugurará en el Museo de Bellas Artes de Vitoria la exposición 50 años sin Bilie, canciones ilustradas por Tha. Esta exposición recoge los originales que el dibujante creó para el libro Billie Holiday: Canciones (Discmedi), en el que ilustra 19 canciones de la cantante. La muestar recoge la totalidad de las acuarelas originales y bocetos de su trabajo preparatorio. La exposición se mantendrá abierta hasta el 19 de julio.
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Guillem Cifré, Premi Nacional del Còmic de Catalunya

Guillem Cifré ha sido galardonado con el Premi Nacional del Còmic de Catalunya, por su obra Artfòbia II, publicada por Edicions de Ponent, en la que el jurado ha reconocido la capacidad del dibujante, que “altera el significado de códigos y convenciones y el lector se ve abocado, con los objetos y los personajes, a una comedia surrealista”. . Es la segunda edición de este premio, que en su primera convocatoria recayó en Miguel Gallardo por María y yo.

artfobia

Endurance

enduranceLa realidad, a veces, firma argumentos que superan en espectacularidad y emoción a la imaginación del escritor de aventuras más inspirado. Ya se sabe, la realidad supera a la ficción, se dice. Se podría sospechar entonces que los escritores dedicados al género de aventuras deberían sólo trasladar de forma casi documental los hechos para conseguir el éxito, pero por desgracia el proceso es mucho más complejo. En ese camino de escribano, hay que cuidar de transcribir no sólo los hechos, sino saber transmitir la emoción, la pasión, el dolor y las sensaciones. No basta con describir puntillosamente la velocidad y el número de giros que hace la montaña rusa: hay que saber traducir ese miedo que nos atenaza y ese nudo que se siente en el estómago. Aventuras reales hay muchas, autores que consigan que el lector se contagie de las sensaciones de la aventura, pocos. Luis Bustos entra por la puerta grande en ese selecto grupo atreviéndose en Endurance con una de las epopeyas más inmensas del siglo XX, la expedición antártica de Ernst Shackleton. Una empresa casi imposible, que intentaba conseguir uno de los retos exploratorios a los que tan aficionada era la sociedad de principios del siglo pasado y que terminó como una de las mayores demostraciones de lealtad, voluntad y tesón por parte del ser humano que se conozca. El argumento es conocido: Shackleton intenta cruzar la Antártida y el hielo y las difíciles condiciones metereológicas dejarán atrapada a su tripulación durante casi dos años. Una trampa mortal de la que sólo se podía salir con la obstinación de Shackleton de salvar a sus hombres, de cumplir con la promesa de sacarlos de ese ataúd de hielo. Bustos se centra en la figura del aventurero explorador y desgrana el relato con acierto, definiendo personajes y marcando los ritmos para que el argumento se vaya construyendo sobre la voluntad de hierro del capitán del Endurance. La tarea no es fácil: debe ser fiel a los hechos reales, pero centrarse en recrear los pensamientos de un hombre que antepone todo a su promesa de lealtad hacia sus compañeros. Pero admite su propio reto como autor y decide evitar la primera persona para dejar que sea el lector el que dé voz al aventurero, lo que le obliga a ser todavía más exquisito con las cadencias, la expresividad de los personajes y una puesta en escena que dote al lector de todas las pistas para desenmarañar los pensamientos de Shackleton, a la par que contagia de toda la dureza de la situación. Doble pirueta mortal sin red que resuelve con brillantez, logrando nota alta en todos sus objetivos. El relato avanza con fuerza, nos emocionamos, sentimos la desesperación, perdemos la esperanza y la recuperamos con el empeño y la terca obstinación de un hombre que cree ante y sobre todo en la fidelidad.
Una vez leído y disfrutado de un tirón, es un placer volver a las páginas de Endurance y, como quien intenta descubrir los trucos de un mago, ir averiguando cómo Bustos nos ha mantenido casi sin respiración durante la lectura. Comprobando cómo maneja los ritmos de lectura al principio con una composición de página simple y sobria, efectiva en la presentación de hechos, escenarios y personajes, que sólo se rompe en determinadas ocasiones no para lucimiento del autor (¡ay! ¡Cuántos autores se dedican a concatenar composiciones imposibles que no aportan nada a lo que narran, escondiendo carencias argumentales!), sino para remarcar momentos importantes de la narración (como la excelente entrevista del periodista, que engarza realidad e historieta y sienta las bases de lo que leeremos). Una composición que irá alzándose con mayor protagonismo a medida que la gesta avanza, rompiéndose allí donde se rompe la voluntad y donde la naturaleza domina al hombre, cambiando el ritmo y logrando que el lector sienta ese contraste de sensaciones entre la quietud y paz de lo urbano, de las arquitecturas conocidas y el miedo y pavor que desata la naturaleza salvaje e incontrolada. La composición lineal desaparece y es sustituida por una cambiante y agresiva, como la propia naturaleza brutal de la Antártida. Una elección que es apoyada con un cambio en el trazo, más grueso y visceral, y en la puesta en escena, que elige violentos primeros planos, cambios bruscos de escena e incluso cortantes elipsis.
Un tebeo brillantísimo, de lo mejor que se ha visto en este salón. (3)

Enlace:
Ficha y páginas del álbum en Guia del cómic