Cuentos

bicho“Que si, que si, que lo sé de buena tinta, que me lo contó el Paco..”.
Pongan ustedes tranquilamente otro nombre porque nada cambiará. Así comienzan casi todos los chismes, rumores y cotilleos, pero también se inicia así el camino de las leyendas y los cuentos. Con el boca a boca, contando las historias y transformándolas en cada nuevo relato, agregando un clavito que las va enganchando al imaginario popular. A veces son simples anécdotas que, con el tiempo, se transforman en gestas épicas o en cuentos de misterio y terror, según el azar haya decidido en un momento dado de la larga cadena cuentistas y oyentes que a su vez se transforman en cuentistas. Son esas historias que a nosotros, de niño, nos llegaban en esos cuentos ilustrados troquelados que nos compraban nuestros padres y que están en la base de una de esas joyitas que ha dado el salón y que pueden quedar enterradas por las montañas de novedades. Por ver el bicho volar, de Loren, es un tebeito pequeño, en tamaño y en ambiciones. Tanto que puede ser que el lector deslumbrado por las portadas coloristas y efectistas de los tebeos que han salido este mes no se fije en él, por mucho que esté editado con primor y gusto por parte de bang ediciones. Y sería una lástima, porque Loren cuenta tres historias pequeñitas que son deliciosas, tres cuentos de esos que se comentan en las mesas de los bares de pueblo para asombrar a extranjeros como quien contase leyendas propias de Roldán o el desembarco de Normandía. Cuentos que nacen de lo real y pronto, como era de esperar, se pierden por la fantasía con una ingenuidad desarmante.
Fantasmas, bichos voladores o incluso los cotilleos del pueblo son los protagonistas de esta obra, que Loren narra a modo de cuento infantil, con grandes viñetas y textos al pie, de dibujo elegante de inspiración a medio camino entre Bruguera y la ilustración infantil de los años 60.
Se lee con gusto y sonrisa continua y permite, durante unos instantes, olvidarse de todo. No es poco.
Extracto en la web de bang.