Gaiman vuelve a Miracleman

Leo en Comicopia, que a su vez ha leído en Robot6, que a Gaiman le gustaría volver con Buckingham a Miracleman. Reconozco mi especial querencia por la etapa de Gaiman en la serie tras la magistral etapa de Alan Moore. Los valores de la “Golden Age” que el barbudo firmó en el personaje son indiscutibles, con una reflexión profunda y brillante del superhéroe, pero la versión más humana de Gaiman, con un camaleónico Buckingham me sigue pareciendo muy sugestiva y atractiva. De hecho, he releído más veces esta última etapa que la de Alan Moore…
El problema es que Gaiman, por lo menos en sus trabajos en historieta, parece haber perdido el norte y trabaja con el piloto automático puesto (que no en literatura infantil, donde despunta). Ya veremos, la noticia, de momento, es interesante y, quién sabe, a lo mejor Gaiman recupera la ilusión perdida…
ACTUALIZACIÓN: Más en 999

Colo, ganador de la segunda edición del Premio Planeta DeAgostini

[Nota de prensa]
De perros y de huesos de Jesús Colomina Orgaz “Colo” ha resultado la obra ganadora del prestigioso premio organizado por Planeta DeAgostini. El cómic vencedor es una historia coral que se desarrolla en el castizo y multicultural barrio de Lavapiés de Madrid. Uno de sus principales atractivos es, sin duda, su elaborado argumento, con sus protagonistas cruzándose entre sí como las piezas de un tablero de ajedrez durante el juego. Una partida enla que cada movimiento de los personajes afecta al resto de alguna manera y, por supuesto, a si mismos.
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Novedades de dibbuks

os novedades infantiles de esta editorial madrileña:
33 ABUELAS, con Ilustraciones de Sergio Bleda sobre textos de Luis Cauqui.. Formato: 26’5 x 17’5 cm. – Impreso a color, 24 páginas – Encuadernación: Cartoné. PVP: 12 €
MI PERRO LUCKY, con textos de Juani Adeva e ilustraciones de Ricardo Machuca. Formato: 26’5 x 17’5 cm. – Impreso a color, 24 páginas – Encuadernación: Cartoné PVP: 12
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Historias de bar

pinyaLos hay que argumentan que no hay muchas historias, que su número es limitado y que cada nueva fábula inventada no es más que una de aquellas piezas primordiales vestida y maquillada con acierto por el creador. Aunque también los hay que piensan que hay tantas historias como personas han sido, son y serán en el mundo, que cada ser humano guarda miles de ellas. Las dos vertientes son posibles, sin duda, pero es evidente que Tomeu Pinya opta en Un pueblo blanco, el bar del barbudo, por la segunda. Para él cada hombre y mujer es germen de historias, sólo hace falta un poco de atención para encontrarlas, como la que pone Rafa en su bar. Los bares, ya se sabe, son lugares fuera del espacio-tiempo que conocemos, donde la realidad y la ficción se unen alegremente. El mejor caldo de cultivo de las historias, su mejor alimento. Y así, Rafa mira a sus clientes y conoce su vida, sus hechos. Las razones por las que sonríen y lloran son para él esas historias que busca.
Un bonito punto de partida que el autor usa para poder unir varias de sus historias cortas anteriores en una atrevida y peligrosa jugada. Conocido es que muchas antologías suelen incluir este tipo de historias, en las que algún pobre y desafortunado autor recibe el encargo de crear un relato que haga de argamasa de otros. Pero las historias son como los materiales, con propiedades muy diferentes que hacen que cada una se dilate y encoja según los criterios de cada lector. Y así, es imposible crear un contenedor que aguante en condiciones, claro. Pero Tomeu Pinya juega con ventaja. Conoce bien sus historias y las trata con cariño, envolviéndolas con delicadeza para que la historia que crea a su alrededor no simplemente las contenga, sino que se convierta en el camino principal del lector, consiguiendo una fluidez perfecta en el relato. Sin embargo, pese al trabajado esfuerzo del autor, choca con un problema irresoluble: los cambios de estilo gráfico. Aunque en un principio no deberían ser problema y deberían jugar a favor del relato, cambiando el trazo según la historia que cuenta, afectan a la trama principal. Su estilo base toma referentes que van de Max a otro Tomeu ilustre, Seguí, incluyendo a autores francobelgas actuales bien conocidos como Peteers, pero es capaz de pasar al naturalismo de Sommer o De la Fuente e incluso atreverse con Toppi. Aunque a primera vista pueda favorecer la integración de las diferentes historias cortas, tiene efectos secundarios: algunos personajes principales cambian de fisonomía, el ritmo narrativo se ve alterado y más que evolucionar, va alternándose. .. Pequeños problemas de encaje que nos recuerdan que estamos ante una obra de debut en la narración “larga” (aunque esconda una pequeña trampilla, como ya se ha visto), lo que relativiza los errores y nos permite asegurar que estamos ante un autor a seguir. Buena edición de Planeta DeAgostini, que sigue sumando buenos títulos y autores a su línea Fórum. Una agradable lectura (2-).

El arte de volar

En Carta al padre, Kafkfa expresaba en una misiva a su padre todo aquello que no fue capaz de decirle en persona. El hijo escribe para un padre que nunca leerá su carta. Las cartas expresan sus sentimientos encontrados hacia la dominante figura paterna: amor y odio, dolor y respeto, impotencia y liberación…, dejando que la literatura actuara de caja de resonancia de sus pensamientos. La relación con nuestros padres siempre ha sido un tema literario, pero quizás el detonador máximo de la reflexión es la muerte del padre: el primer suceso de nuestra vida que nos hace realmente conscientes de nuestra propia muerte anunciada.
art00Antonio Altarriba también escribe para un padre que nunca leerá su mensaje. Pero no lo hace para reprochar: a diferencia de Kafka, intenta conocer a un hombre que resultó ser un desconocido. Su padre se suicidó a los 90 años, en una especie de corte de mangas a la muerte que le rondaba, rompiendo los esquemas de un hijo que se negaba a entender lo ocurrido hasta que descubrió un diario. Unas anotaciones que llevaban la firma de su padre, pero que descubrían a alguien muy distinto al que él conoció. Demasiados cabos sueltos, demasiadas preguntas que sólo obtendrían una respuesta reconstruyendo por completo la figura de su padre. No había sitio ni tiempo a los rechazos y quejas, como hiciera Kafka. No tenía sentido reprochar a un desconocido: la única posibilidad era ordenar aquellos recuerdos para armar una realidad, un pasado que explicara y diera luz a la figura de Antonio Altarriba, el padre. El arte de volar es esa historia, esa minuciosa labor de investigación que va componiendo una fotografía rota en mil pedazos y de la que no se tiene más pistas que un nombre. El nombre que padre e hijo compartían y que en ese momento final se alza como su único nexo en común, como el punto de partida para volver a vivir una historia. Antonio, hijo, se convierte en Antonio, padre, para entenderlo y conocerlo. Y comienza un largo camino de descubrimiento, muchas veces doloroso, que le llevará desde la infancia a la senectud, de la alegría a la desesperanza. Conoceremos a un niño que quería volar y que terminó siendo un peón más en la historia. Una historia dura, la de una España que vivió una guerra y una dictadura. A través de su peripecia vital sabremos, también, de la injusticia de la guerra, del exilio… De la desgracia de salir de una guerra para entrar en otra, de la vuelta de los derrotados, de la sumisión a los poderosos y de la transformación de rebelde en engranaje de un sistema que fagocita. Pero también, de cómo la vida nos impone los comportamientos y nos obliga, nos transforma en piezas que se mueven con la ilusión de libre albedrío que, realmente sólo nos deja lugar a decidir cuándo queremos salir de la corriente que nos lleva. Como hizo Antonio, el padre, que un día saltó al vació en el único acto de verdadera voluntad que le queda al ser humano: elegir su propia muerte.
Una obra compleja y ambiciosa, para la que Altarriba necesitaba un compañero sobre el que descargar la responsabilidad de la narración gráfica mientras él se centraba en el descarnamiento de sus sentimientos. La elección podía parecer sorprendente. A fin de cuentas, Kim es un autor que está encasillado y aplastado por la leyenda de una de las series más conocidas de la historia del tebeo español, Martínez el facha, un personaje tan potente que había fagocitado casi por completo a su autor. Sin embargo, aquellos que recuerden al Kim de las historias de los primeros Rambla, y al que se destila por las historias sueltas que publica en El Jueves de tanto en tanto, sabrán de un autor de inmensa capacidad gráfica, detallista, de facilidad en la expresividad de sus personajes y de narración fluida. Unas capacidades que resultan ideales para la historia de Altarriba: a las pocas páginas de lectura es imposible imaginar la historia con otro dibujante. Kim se vuelca y trabaja las viñetas con meticuloso cuidado, exprimiendo la puesta en escena con una documentación rigurosa y extensa, sin alardeos compositivos. La narración fluye de viñeta en viñeta, sobriamente, dejando que el lector apenas se entretenga en lo superfluo, centrándose en la historia. No es fácil la labor de Kim, hay una sobrecarga literaria en la elección argumental que debe compensarse con lo gráfico. Largos textos donde Antonio, hijo, reflexiona sobre su padre, o través de la voz de su padre, que se articulan como un nivel secundario de lectura, en una especie de composición paralela entre la voz del narrador y la secuencia dibujada. Realidad y reflexión deben entretejer un tejido común que está hilado por la labor gráfica de Kim, que consigue ese difícil equilibrio, sin dejar que lo literario entierre a lo gráfico, consiguiendo que ambas narrativas discurran necesitándose mutuamente. No debe haber sido fácil hacer El arte de volar para Kim. Es cierto que el guionista ha sacrificado su intimidad exponiendo sus sentimientos, en un ejercicio de dolorosa sinceridad. Pero a cambio de aquél, que tenía la recompensa de la catarsis íntima, el dibujante no tendrá premio en su particular inmolación, ocultando su trabajo, haciéndolo invisible al lector para que éste sólo se deje llevar por la historia de los Altarriba. No está de más, tras leer el álbum, volver a sus páginas, al azar, olvidando la historia para admirar el exquisito trabajo del dibujante, para comprobar cómo lo que parecía un simple camino por el que anduvimos está perlado de diminutas maravillas y hallazgos, de un trabajo hercúleo e inconmensurable.

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Tras cerrar la última página, uno es consciente de que ha leído una obra impresionante, pero quizás sólo el poso de la reflexión posterior es capaz de poner en su justa medida qué significa El arte de volar. Como introspección personal, es una obra que se codea de igual a igual con otras que trataban el mismo tema, con los Spiegelman, Taniguchi o Ware. Quizás sin sus filigranas y exquisiteces formales (acercándose más, posiblemente, a la obra del japonés), pero con una profundidad en la reflexión tan aplastante y categórica como las que se desprendían de aquéllas. Solo por eso, la obra de Kim y Altarriba merece estar en los altares del noveno arte. Pero es que, además, se permite el lujo de proporcionar, a mi entender, uno de los relatos históricos más lúcidos y enriquecedores que se ha visto en historieta. En su largo periplo por la vida de su padre, Altarriba nos presenta un fresco de la historia de este país inédito, que habla del exilio y del retorno, de la vida de los perdedores desde una visión pragmática, que habla de la pérdida de las ideologías, de credos que cambian y se olvidan. De las ilusiones de los ciudadanos de a pie, de los españoles que sólo querían vivir tranquilamente el día siguiente. Un documento inestimable y que, sin duda, se convierte testimonio fundamental de nuestra historia. Y, por si fuera poco, se cierra en álbum con un capítulo descorazonador, aterrador si se quiere, que da una réplica lúgubre al discurso de esperanza sobre la vejez que hasta hace poco recibíamos. Ingenuamente pensábamos que saber desde el principio del triste final amortiguaría los sentimientos, pero Altarriba, hijo, quita en el último momento esa red para que sintamos el mismo golpe que su padre, esa realidad transformada en cemento que le quitó la vida y contra la que el lector al final, tendrá que desplomarse igualmente.
A mi entender, una obra maestra inapelable. (5)

Novedades de Glénat de Agosto

Glénat publica sus PDF de novedades en castellano y catalán con una sensacional sorpresa: un voluminoso integral de 560 páginas dedicas al gran Manuel Vázquez. Lo peor de Vázquez recopila toda la obra publicada previamente por la editorial, en un tomo absolutamente imprescindible. Además, segunda entrega de Los náufragos del tiempo, de Gillon y Forest, nueva entrega de la divertida serie Lucha Libre y la vuelta de Los repartidores de cerveza, de Pau.

Novedades de La Cúpula para Agosto

Fuzztoons: The Masters Cut – Vol. 2, de Patrick Frisch. 132 páginas BN. 17 x 24 Rústica. P.V.P.: 12,00 €
(*)- Rosalie Blum: 1: Una sensación conocida, de Camille Jourdy. 100 págs. Color. 17 x 24. Rústica. P.V.P.: 18,00 €
¡Oh genio!: El Hechizo de Shabbar, de Ralf König (2ª edición). 172 págs BN. 17 x 24. Rústica. P.V.P.: 15,00 €
Huesos y tornillos, de MAN. 100 págs. BN. 17 x 24 Rústica. P.V.P.: 12,00 €
(*)- Los chulos pasan pero las hermanas quedan, de Sebas Martín. 132 págs BN 17 x 24 Rústica P.V.P.: 12,00 €
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Ha muerto Francisco Hidalgo

El 2009 está consiguiendo un macabro récord de desapariciones en el mundo del tebeo. Ayer fallecía Francisco Hidalgo, el gran dibujante de Dr. Niebla, una de las series más brillantes y sugerentes del tebeo español de todos los tiempos.
Un dibujante poco conocido hoy, que dejó la historieta para dedicarse con éxito a la fotografía.
Una triste noticia.
Descanse en paz.
niebla

[Gracias a Alfons Moliné]

Enlaces:
Ficha del autor en Tebeosfera

Santo Cristo

santoEl atípico escenario de un salón hiperpoblado de novedades patrias puede tener como desagradable efecto secundario que, tras años reclamando con tesón esa misma coyuntura, ahora las obras de producción propia se diluyan entre la ingente cantidad de títulos que abarrotaron las librerías y se queden de lado, olvidadas e ignoradas por los compradores. Los que al final tienen que dar la bendición a una política editorial, vamos. En esa tesitura, sería una lamentable injusticia dejar de lado una obra como Santo Cristo, de Mario Torrecillas, Tyto Alba y Pablo H., que aborda el problema de la vida en los barrios marginales desde una perspectiva cercana: un barrio obrero de Barcelona en un momento tan crítico como las primeras etapas de la transición. Una temática en apariencia trillada (a fin de cuentas, es la temática base de la historieta “chunga”de los 70 y ha sido desarrollada por la generación de autores ligada a El Víbora, como Jaime Martín), pero que los autores abordan desde una perspectiva más descontextualizada temporalmente que a que aportaban aquellas historias –casi de actualidad-, buscando una reflexión a posteriori que, ahí sí, es novedosa. Pese al planteamiento de ficción inicial, es evidente que en la vida de los personajes hay componentes si no autobiográficos, de referencia cercana a los autores, lo que favorece una construcción que sabe moverse entre lo personal y un cierto distanciamiento que favorece la entrada del lector y la aportación de vivencias similares. Una juego entre lector y autores que refuerza la experiencia de lectura, dotándolo de una componente privada que hará de cada acercamiento a Santo Cristo un ejercicio distinto.
Un atractivo argumental que se potencia por un valiente y en ciertos momentos transgresor planteamiento narrativo. Los autores huyen del modelo tradicional “underground” para darle mayor importancia al entorno urbano, que en ocasiones se alza como vehículo propio de la historia, más importante que las propias personas que protagonizan las historias. Hay una elección de puesta en escena donde voluntariamente los personajes quedan escorzados y fuera de plano, dejando que sea el barrio y las calles, los edificios, los que parezcan mantener el diálogo. Una atrevida opción, acompañada de un trazo elegante y atractivo, que refuerza un discurso sobre la situación de los barrios obreros, masas que engullen a los individuos por encima de sus penalidades y que marca precisamente la diferenciación frente a otras obras previas, pero que también en muchas ocasiones es causa de ciertas confusiones narrativas. Hay episodios donde es difícil saber qué está pasando o quiénes son los personajes que dirigen la acción, ralentizando la lectura y rompiendo el ritmo natural. Un problema que es agravado (u originado) por una deficiente reproducción en muchas páginas. Sorprende que una editorial tan cuidadosa con sus ediciones como Glénat haya dejado pasar una obra donde en muchas de sus páginas no se ve nada, aparentemente empastado. Ya sea causa de los autores o de la imprenta, es labor del editor hacer notar que esas páginas rompen y dificultan la lectura.
Una lástima, porque en general y pese a los problemas narrativos –que no dejan de ser un error perdonable, un exceso de valentía por parte de los autores-, el álbum deja un excelente sabor de boca que, con seguridad, hubiera sido mucho mayor de no haber tenido estos errores de impresión. (2)

Enlaces:
Web de la obra con avance.

Ochenteros

Dicen que los años de adolescencia son los que quedan marcados a fuego en la memoria. Que son los que siempre recuerdas y a los que siempre vuelves. En mi caso, esa época se corresponde con la época dorada de los 80, con esos quioscos plenos de revistas de historietas y con la sensación continua de descubrimiento que tenía cada mes, conociendo nuevos autores, nuevas historias y nuevos límite para un arte que se convirtió en pasión. Quién sabe, es posible que si hubiese vivido mi adolescencia en otra década no fuera ahora el lector irredento de tebeos que soy hoy. O sí, pero diferente. Apenas unos años menos y quizás mi referente hubiera 1985sido el Secret Wars de Marvel o el Spiderman de McFarlane en lugar de los tebeos de Novaro y de Warren. Por eso, en parte, entiendo lo que busca hacer Mark Millar en la miniserie 1985: intentar recuperar ese sentido de maravilla único que supone descubrir algo durante la adolescencia. Esa obsesión que se convierte en acalorado fanatismo gracias a una capacidad de sorpresa virgen y que nunca se volverá a repetir. Y lo hace intentado reivindicar esas lecturas de una forma curiosa, demostrando la importancia de haber leído centenares de tebeos a partir de una ingenua premisa: los superhéroes y supervillanos Márvel existen en la realidad en una dimensión paralela y los malos llegan a la nuestra para desgracia de los ciudadanos de a pie, que sólo podrán ser salvados por los frikis adictos que conocen al dedillo las debilidades de los supervillanos. . . La idea es bien conocida: las historietas son en realidad un reflejo de una dimensión paralela y los lectores de las mismas una especie de arcanos mayores cuando las puertas dimensionales se abren. Lo hemos visto en cine, literatura y tebeos, no es una idea nueva, pero era de esperar que un autor como Millar intentase una aproximación más interesante que la que finalmente leemos. Pese al entregado trabajo de Tommy Lee Edwards, que se esfuerza al máximo para conseguir una imagen que proporcione una sensación naturalista (a fin de cuentas, originalmente era una fotonovela), la historia es predecible, ingenua hasta a candidez y, al final fallida. No funciona como homenaje entregado a la lectura de tebeos Marvel –que podría ser un objetivo muy aceptable, aunque tendría que competir con el Marvels de Busiel y Ross-, demasiado empeñado en lavar la imagen del lector-friki como héroe final impoluto, y tampoco como metareflexión sobre el medio, siguiendo por ejemplo el planteamiento cercano –y en muchos momentos, clónico- de la película de McTiernan, El último gran héroe. Ni tan siquiera funciona en su estructura interna, demasiado perdida en la operación de marketing de ir presentando a todos los villanos posibles en lugar de estar pendiente de la historia que se va contando o de profundizar algo en el desarrollo de los personajes.
Un tebeo entretenido sin más, con una interesante labor gráfica, pero que se olvida nada más pasar la última página (1-).
4175Lo mejor para remediarlo, dejarse llevar por la segunda entrega de ClanDestine, de Alan Davis, que recupera el cross-over entre los X-Men y esta alegre familia superhéroica. Cierto es que no llega al nivel de interés de la primera miniserie: los condicionantes mercadotécnicos están ahí y Davis no puede dejarse llevar libremente en el tratamiento de personajes y situaciones, lo que le lleva a una complicada pirueta argumental para intentar separar a los iconos mutantes de sus comportamientos habituales, que no llega a cuajar totalmente. Pero no impide que la frescura y alegría de la serie siga están ahí, quizás más matizada y aligerada, pero consiguiendo de nuevo dar una lectura divertida, entretenida y muy agradable, en la búsqueda precisamente de esas sensaciones adolescentes que teníamos cuando leímos superhéroes por primera vez. Davis se vuelve a apuntar el tanto, quizás no tan brillante en lo argumental, pero eficaz en su conjunto, con un trabajo visual y narrativo desbordante. Para pasar un rato excelente de lectura. (2-)

Diálogos de la comunicación dedicado a la historieta

El número 78 de la prestigiosa revista Diálogos de la comunicación publicada por la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social es un especial dedicado a la historieta. Laura Vázquez dirige este monográfico con colaboraciones de Manuel Barrero, Lucas Rafael Berone, Mara Burkart, Lautaro Cossia, Máximo Eseverri, Gustavo Adrián Ferrari y Verónica Toyos Grinschpun, Francisco Javier Frutos Esteban, Iván Galvani, Florencia Paula Levín, Jorge Montealegre I., Javier Mora Bordel, Federico Reggiani, Ricardo Tejeiro Salguero y Teodoro León Gross, Roberto von Sprecher, Jeff Williams, Danghelly G. Zúñiga R. y Pablo Turnes.
Se puede leer completo on-line desde su web.

dialogos

80 años de Tintín en Huelva

El día 6 de agosto se inaugura en la sala de exposiciones del Teatro del Mar de Punta Umbría (Huelva) una exposición colectiva en la que diversos profesionales de reconocido prestigio realizan un homenaje a este conocido personaje que cumple ahora ochenta años. Participan Carla Berrocal, Doc Pastor, Cristian Placer, Algar, Idígoras & Pachi, Dani Cruz, Marco Macías, Jesús Ricca, Gerardo Macías, Miguel Gallardo, Ciro Macías, Paco Nájera, Pere Olivé, Paco Trinidad, Rebote, King, Rubén Castilla, Juan Pichardo, Manuel Calvarro, Martín Favelis, Malagón y Santi Orúe entre otros… Organiza Asociación Cultural Seis Viñetas
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Suéter

sueterEsteban Hernández no es un autor convencional. Pese a su juventud y corta obra, ha demostrado que su trabajo es siempre inconfundible y muy alejado de los cánones temáticos habituales. Su obra parece nadar por las aguas de un costumbrismo reflexivo, pero sorprende siempre con elementos de rompedora iconoclastia que derrumban las bases de un discurso tradicional. Sus historias cortas en el fanzine Usted o la recopilación Culpable (bang ediciones) mostraban ya las claves de este universo atípico, balanceándose entre un sutil matiz enfermizo y lo cotidiano, pero partiendo siempre de elementos dispares que descolocan al lector. Las historias de Hernández parecen partir de un planteamiento atrevido, que toma ideas dispares y al azar para unirlas en una especie de puzle imposible. Una especie de reto personal que el autor reconstruye y relanza al lector, como hace de nuevo en Suéter, su última obra publicada en Planeta DeAgostini. Un hombre que padece de gigantismo disfrazado de muerte bergmaniana, un esquizofrénico que encuentra en su suéter un elemento mágico-fetichista, un revisor de metro psicótico que transforma problemas laborales en preguntas trascendentales… Tres imágenes turbadoras por sí mismas, inquietantes si se quiere, que parece imposible mezclar en una historia coherente, pero que Esteban Hernández logra unir no para contar una historia – que la hay, y sorprendente-, sino para claramente desafiar al lector. Sus extraños personajes son excusas para que el lector se sienta obligado a una reflexión personal, a un proceso de interiorización de esas extravagantes rarezas argumentales que se traduzca en una experiencia subjetiva.
No es fácil desasirse de la propuesta del autor: su riesgo temático se acompaña de un compromiso paralelo en lo formal, jugando con la narración y probando soluciones complicadas. Saltos en el tiempo, elipsis cortantes, experiencias compositivas… es evidente que el autor está probando continuamente nuevas formas de acercarse al lector, de trasladar su mensaje con la máxima eficacia y sin acomodarse en una estructura sencilla.
Un ambicioso proyecto al que hay que sumar la incorporación del color (muy acertado) y ligeros cambios en el registro gráfico de su personal estilo (la influencia de Dave Cooper es evidente en algunos momentos).
En el debe, reseñar que la avidez exagerada termina por pasar alguna factura, aunque sea pequeña y tolerable. La estructura de elementos discordantes es buena para historias cortas, pero en una singladura extensa resulta más compleja de encajar sin que se resienta. La historia usada de argamasa (el narrador en primera persona) es una idea acertada, pero en algunos momentos se pierde ese efecto directo y punzante que tenían las historias cortas. No es fácil aguantar la presión necesaria para dar cohesión a la historia y esos pequeños episodios de debilidad impiden que el álbum sea tan redondo como las narraciones cortas, pero es indudable que la capacidad sugestiva de Hernández sigue ahí con toda su fuerza y los pequeños defectos no impiden disfrutar del reto planteado por el autor.
Suéter no es un tebeo fácil, como toda la obra de este autor, pero es un tebeo muy recomendable que certifica que de seguir la progresión, estamos ante un dibujante llamado a crear obras importantes en el tebeo español.

Enlaces:
Avance de nueve páginas de Suéter.

Pogo

The Pogo Sunday Book…¡qué maravilla! Y qué complicado tener una edición en castellano de esta obra maestra del tebeo. ¿Quién se atrevería a hacer los extras que pusieran en contexto sociopolítico las historias para poder comprenderlas en toda su extensión?

Promesa

A partir de hoy, prometo (al menos) una reseña diaria, que la acumulación de lectura empieza a ser preocupante. Y a partir del 1 de agosto, vuelven Mis tebeos favoritos. Palabra.
(Vamos, que se notan las vacaciones a partir de la semana que viene…)

Tamara

amaraTamara Drewe juega con desventaja. La nueva obra de Possy Simmonds no tiene a su favor la sorpresa que supuso encontrarse con la peculiar forma de entender la narrativa gráfica de la autora en Gemma Bovery. Un inconveniente que, a cambio, permite desprenderse para de los atenuantes propicios que siempre aporta la novedad para centrarse plenamente en el análisis de la obra y disfrutar plenamente de sus aciertos, que son muchos.
Simmonds vuelve a jugar la baza de la adaptación literaria, en este caso de la novela del siglo XIX Far from the Madding Crowd de Thomas Hardy, para desarrollar una sátira acerada de las relaciones en la sociedad actual. La elección de la novela no es casual: publicada originalmente por entregas, al igual que la obra de Simmonds en The Guardian, es un perfecto ejemplo del culebrón victoriano que la autora remozará y actualizará para atacar sin piedad una sociedad voyeurista que vive enamorada del chismorreo y de la vida sentimental del vecino. Y lo hace apuntando a lo más alto, a la supuesta élite intelectual personalizada en la forma de escritores y profesores universitarios de talento y éxito reconocido socialmente, reunidos en una tranquila casa de la campiña británica para dedicarse a escribir aislados del mundanal ruido. Un aislamiento que resulta inútil en un mundo globalizado y un grupo que estará sujeto exactamente a los mismos bajos instintos que los mortales más comunes. Con un humor inglés tan elegante en sus formas como despiadado en su fondo, Simmonds irá componiendo una historia digna del mejor culebrón venezolano, con adulterios, celos, amoríos, famoseo, engaños e incluso una sospechosa muerte (con un tratamiento que, en cierta medida, me ha recordado a la magistral comedia negra de Hitchcock, The Trouble with Harry), todo hilado con perfección para ir desmontando uno a uno todos los mitos de la cultura oficialista y poner en evidencia a cada uno de los personajes de esta comedia coral. La ironía se convertirá en ocasiones en sarcasmo brutal y veremos cómo los chismes, los cotilleos, la obsesión por la imagen y la fama y todo aquello que es despreciado por la alta intelectualidad es parte común de sus comportamientos. La bellísima Tamara Drewe será tan sólo una pieza más de un rompecabezas tan antiguo como la vida misma: las pasiones humanas.
Corrosiva y divertida, la obra de Simmonds se apoya en un desarrollo formal brillante y certero, que podría abrir la caja de Pandora de la eterna discusión de los límites de lo que es o no es historieta, pero que a mi entender, supone un refrendo extraordinario de las posibilidades casi ignotas del noveno arte. La autora parte de una estructura compositiva basada en la página (acorde a su publicación semanal), pero jugando siempre con la unión de viñetas y largos párrafos de texto, que suelen centralizar la composición estética de la página. De hecho, forman parte de la estructura narrativa del conjunto de manera inteligente, jugando con su tipografía (cada personaje tendrá una) y forma de expresión. Hasta tal punto, que hay una segunda línea de análisis en Tamara Drewe, comparando las diferentes formas de expresión escrita actuales. A lo largo de la obra, encontraremos desde los manuscritos a máquinas de escribir, ordenadores, columnas en prensa, titulares de periódico, revistas del corazón, e-mail, SMS en teléfonos… un catálogo completo de todas las maneras que el ser humano tiene hoy de comunicarse, cada una con unos códigos y claves que Simmonds explora en forma secundaria, así como su efecto dominó (me atrevería a afirmar que hay una apuesta clara por la sustitución del papel por las redes sociales en el chismorreo natural humano). Una exploración que la autora integra de forma natural en el flujo de la página, convirtiendo al texto en un recurso narrativo más con aportaciones a la narrativa gráfica. No estamos ante una utilización secundaria de la imagen frente al texto, a modo de ilustración descriptiva, sino ante el uso consciente del texto como un elemento más visual, que complementa la delineación narrativa de la página. La notable calidad gráfica de la dibujante permite un juego representativo naturalista que es acompañado de un reflexionado uso del color, matizando las páginas y ayudando al lector en la rápida integración de la composición visual única.
Un conjunto encajado con perfección arquitectónica que es un verdadero deleite para el lector y un cáustico retrato de la triste realidad humana. Excepcional (4+)
(Por cierto Possy Simmonds estará en A Coruña el mes que viene y parece que mi admirado Stephen Frears será el encargado de llevar a la pantalla la obra)
Enlace: Tamara Drewe en guardian.co.uk

III Premio de novela gráfica FNAC-Sins entido

Tras el éxito cosechado en las dos convocatorias anteriores, Fnac y Ediciones Sins Entido convocan la tercera edición del Premio Internacional de Novela Gráfica, continuando con su apuesta por la promoción de la producción literaria en el ámbito del cómic.
En su primera edición (2007), el premio recayó en el autor Jorge González, por “Fueye”, editada a finales de 2008. En la segunda convocatoria (2008), los ganadores fueron Guillaume Trouillard y Samuel Stento, por “La temporada de las flechas”, que será publicada en el otoño de 2009.
El plazo de presentación de trabajos de esta tercera edición ya está abierto y finalizará el 30 de noviembre de 2009. Las bases que regirán el premio son las siguientes:
BASES
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Reservoir Sheeps

Arranca el fanzine Reservoir Sheeps, dedicado a la fantasía y con colaboraciones de Abel García, el equipo de la Kame House (Alberto “Shonen” Soltero, Álvaro Sarraseca, Nahum “Katakraos” Rivas, Jorge “Lewis” Rodríguez), Andrés “Blip” Palomino, Noelia “Node” Fernandez, Diego Moreno, Laura “Dorianne”, Beatriz “Aramel” Tormo, Jordi “Jorfe” Fortuny, Héctor “Wargo” Monclús, Asociaciones Fénix de Fantasía Épica, Miguel “Mike” Franco, Ricardo “Maza” Álvarez y Mel García, Diego Herrero García, Guillermo Velasco, Ana “Eruan” Vázquez.

sheeps

El precio son dos euros y medio y tiene 32 páginas en B/N, portada y contraportada a color

Palanca de cambio

El número 14 de la revista online Palanca de cambio es un especial dedicado a los tebeos. Artículos sobre tebeos y minientrevistas a Daniel Acuña, Sergio Bleda, Santi Arcas, Fermín Solís, David Rubín, Mauro Entrialgo, Paco Alcázar, Sergio Córdoba, Juaco Vizuete, Paco Roca, Alberto Vázquez, Juan Berrio y Juan Álvarez.

pc14

Podéis bajarlo desde su web.

Clásicos del Humor: Gordito Relleno

gorditSigue la racha de excelentes volúmenes en la colección de RBA con una nueva contribución del gran Peñarroya: Gordito Relleno. Una serie en la que volvemos a encontrar la exquisita capacidad de este autor para unir el costumbrismo con el humor, con una peculiar forma de entender la ingenua bondad del protagonista. Buena selección de historias, aunque por desgracia, pocas de la primera etapa, más ácida y que explotaba el contraste de la bonhomía del orondo Gordito con unas intenciones muchas veces muy alejadas de esa bondadosa imagen.
A destacar la excepcional capacidad de Peñarroya, uno de los mejores dibujantes que pasó por Bruguera, del que sería una utopía pedir una colección de sus maravillosas portadas, con un dominio del color y de la composición extraordinario.
Indispensable. Y atentos, porque a partir de ahora, prácticamente todos los volúmenes son piezas de colección: Los señores de Alcorcón y el holgazán de Pepón, Angelito, El profesor Tragacanto y su clase, que es de espanto, Petra, criada para todo... ¡casi nada!
(¡Qué lástima no tener un volumen dedicado a Nadal, otro con las historietas de Ibáñez de los años 60…!)