La guerra

trincheras¿Existe la predestinación? ¿Es posible que un autor tenga escrito en su destino una obra? La razón dice que no, es simplemente una más de las muchas cosas que no entendemos de este mundo. Una coincidencia, una casualidad o, simplemente, que un autor lleva tanto tiempo en su cabeza una historia que, de forma inconsciente, va dejando tantas pistas en sus obras que sus lectores o analistas terminan de identificarlo unívocamente con ella. Desde luego, la experiencia como lector de los tebeos de Jacques Tardi era concluyente: tenía que tratar la Primera Guerra Mundial. En todas sus obras había referencias veladas o directas a la gran contienda que se desarrolló en Europa entre 1914 y 1918, ya sea por la elección de escenarios, de momentos históricos o, simplemente, porque algunos de sus personajes hablaban de la guerra. Era un obsesión visible y tangible, que el propio autor reconocía en entrevistas pero que, paradójicamente, no llegaba a cristalizar en una obra. Pasaban los años y obras extraordinarias, como Adéle Blanc-Sec o sus colaboraciones con Leo Malet, Manchette, Forest o Legrand… pero su visión sobre la guerra se resistía. Parecía como si esa obsesión fuese a la vez la causa de su bloqueo. Su perfeccionismo documentalista le empujaba a saber más y más del tema, a buscar mil y una fuentes, pero nunca parecía preparado para abordar la que tenía que ser su gran obra. El momento llegó en 1982, cuando C’etait la guerre des tranchees se comenzó a publicar serializada en la revista (A Suivre). Sin embargo, no fue un camino fácil: tras apenas 50 páginas (que en España se publicaron en la revista Cairo), Tardi paralizó la serie, que no finalizaría hasta principios de los 90. Por fin, Casterman anunciaba a bombo y platillo el esperado final de la obra, que supondría uno de los mayores éxitos del autor francés.
Pero el reto no había sido fácil: ¿qué contar de la guerra? El mensaje sobre la injusticia y dureza de la guerra era obvio, pero su planteamiento era complejo. Su documentación le permitía acceder a cualquier episodio bélico, pero optó por un planteamiento distanciador, evitando la elección de un protagonista y con una narrativa fría, basada en una composición de tres grandes viñetas horizontales que recordaba una especie de tétrico álbum de fotografías. Contando historias de las trincheras, de los soldados rasos que llegaban a una guerra de la que muchas veces ni conocían su causa. Tomadas casi al azar, inconexas, casi cronológicamente desordenadas, sin héroes, sin épica. Sólo asépticas exposiciones de las brutalidades de la guerra, de sus injusticias y, sobre todo, de su absurdo. Su tradicional puesta en escena, basada en primeros y medios planos frontales con detallados escenarios en segundo plano, es aquí contundente: los hombres expresan la desesperación y los espacios que los circundan sólo hablan de destrucción y muerte. Gigantescas elipsis donde no hay lugar a los grises. Sólo negros. Tardi sólo hace su juicio particular al final de la obra, donde las imágenes ya no requieren diálogos y el narrador deja de ser un descriptor para convertirse en acusador de aquello que está viendo.
Debo reconocer que pese a su fuerza, no es La Guerra de las Trincheras mi obra predilecta de Tardi, de quien prefiero su vertiente de novela con negra con Manchette o Malet. Quizás veo al dibujante demasiado maniatado por la responsabilidad autoimpuesta hacia su obsesión, lo que le lleva, en algunos momentos a ciertos tópicos, a lugares comunes que ya se han visitado en obras como la magistral Senderos de gloria (mi Kubrick preferido, pero ése es otro tema…), pero que no invalidan en modo alguno la propuesta y el mensaje que quiere trasladar al lector. La Guerra de las Trincheras es una obra de obligada lectura (de hecho, es usado como material docente en Francia, donde Casterman provee de una excelente guía docente para los estudiantes) y, sin duda, uno de los mejores tebeos antibelicistas que se han hecho en Europa.
La edición de Norma, impecable, incluye una historieta de 20 páginas que no aparecía en la primera edición en la colección BN. (4)

15 Comentarios en “La guerra

  1. Dani on 1 agosto 2009 at 22:11 said:

    Una obra de arte.

    ¿ Que obra de Tardi es tu favorita ?.

    • Álvaro Pons on 1 agosto 2009 at 22:52 said:

      Dani: mi corazón pertenece a Adéle Blanc-Sec, aunque creo que la mejor obra de Tardi es 120 Calle de la Estación y una historia corta brutal, Manhattan. Además, me parecen extraordinarias Griffu y El exterminador de Cucarachas

  2. Fernando on 1 agosto 2009 at 22:28 said:

    No eres el único que sitúa la obra a principios de los 90, que es cuando se publicó la edición en libro de Casterman, pero yo recuerdo haber leído una parte sustancial en español en Cairo puede que nueve o diez años antes… A ver, un experto que nos aclare la cuestión, aunque me imagino que la publicación en Cairo sería parcial y que Tardi terminaría la obra en 1993.

    • Álvaro Pons on 1 agosto 2009 at 22:46 said:

      Fernando: en los 90 sitúo la finalización, he reescrito la frase para que se entienda mejor. Tardi la inició en (A Suivre) en 1982, pero no la finalizó hasta 1993. Lo que salió en Cairo se corresponde con lo que salió inicialmente en (A Suivre), unas 50 páginas.

  3. El Juan Pérez on 3 agosto 2009 at 2:10 said:

    Es buena.

  4. lacónico, pero cierto: es buena, y eso debiera bastar…

  5. creo que el motivo por el que tardi pudo tener un cuidado tan esmerado a la hora de contar una historia de guerra es debido a que los lectores de este tipo de historias son muy exigentes sobre todo con el tema de la ambientación en el momento en que sale una pistola o un uniforme tiene que corresponder exactamente con la (el) de la época y si no las criticas son viscerales y de ir al cuello . Adele le deja mas libertad a tardi es un folletin donde todo esta permitido y cada albúm que pasa va dirigiendose mas hacia el surrealismo. Aprovecho la ocasión para pedir que editen el integral de ADELE BLACK SEC pero yá

  6. A parte de que creo haber leído en alguna parte que Tardi es un aficionado a lo militar y a la Gran Guerra en particular, la Guerra de las Trincheras, aún siendo un alegato contra las guerras en general no se agota en la abstracción del relato antibélico, sino que estamos ante un retrato de la Francia de aquel momento, por eso hay tal minuciosidad en la descripción tanto del paisaje como de los soldados que sembraron de carne y sangre el continente europeo, por eso ese detenimiento en los distintos tipos populares, en la variedad de extracciones sociales, en los puntos de vista narrativos…este tebeo tiene vocación de reportaje, de fotografía de una época, y por eso no puede renunciar a la verosimilitud, a la exactitud de la puesta en escena, porque de lo contrario, existiría el riesgo más que probable de ser “expulsado” de la historia.

    La mayoría de los españoles puede que nos distingan un caso británico de uno francés, pero para los franceses la I Guerra Mundial es un acontecimiento que siguen teniendo muy presente (más que la II Guerra Mundial) y conocen muy bien como era el soldado de aquellos tiempos. Cualquier inexactitud grave puede suponer un “anda, eso no era así, el autor se ha equivocado”, y entonces, el relato aparece como una pura ficción que ha perdido su objetivo.

    Pasa en el cine: un ángulo de cámara imposible que como espectador te hace preguntarte durante la proyección: “¿cómo lo habrá hecho el director?”; unas gotas de sangre que manchan la cámara y que revelan su presencia, un tipo que recoge una maleta llena y que se nota que no pesa, etc, etc…

    Cosa diferente es la intención del autor: cuando en el Nick Furia de Kirby aparecen nazis con cacerolas en vez de cascos y armas de las más variadas e insospechadas formas no hay contradicción entre la intención y su plasmación visual, todo es pura hipérbole, y ahí cabe todo.

    En cualquier caso, el trabajo con base fotográfica es una marca de fábrica de Tardi, no sólo en la Guerra de las Trincheras sino también en Nestor Burma y Adele: el París de Tardi no es inventado por más que sí lo sean sus historias, y esta incardinación espacial (y temporal) es la que va delimitar el discurso de Tardi: por contraposición con lo fantástico en Adele, y como subrayado de la realidad, como marco que se convierte en la propia obra enmarcada, cuando hace “polar”.

  7. Ciertamente el estilo de Tardi plasma a la perfección el ambiente de la 1ªGM.

  8. Teresa on 4 agosto 2009 at 21:24 said:

    Dejando de lado la tapa dura, las ilustraciones pertenecientes a un portafolio que Tardi dibujó sobre el tema y un par de textos, la edición no incluye ninguna novedad, y mucho menos una "historieta de 20 páginas" que no estuviera ya en la primera edición, de agosto de 1994. Un saludo.

    • Álvaro Pons on 5 agosto 2009 at 0:46 said:

      Teresa: en la edición de Norma de la colección BN no estaba esa historieta. O por lo menos, en la copia que yo tengo, no estaba.

  9. Le echado un vistazo al álbum reeditado y no parece que haya una historieta nueva…

  10. Teresa on 11 agosto 2009 at 0:17 said:

    Álvaro: Tengo delante la primera edición de "La Guerra de las Trincheras" en la colección B/N, y te confirmo que coincide cien por cien con la nueva edición en tapa dura. ¿Puede ser que haya dos ediciones distintas? Lo cierto es que Norma publicitó el álbum hablando de "ocho páginas inéditas", que no se ven por ningún lado. Por lo demás, no desfallezcas, y así no desfalleceremos en esto de los tebeos.

  11. Teresa on 14 agosto 2009 at 19:16 said:

    Eppur si muove…

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