Shutter Island, premio de las librerías francesas

Con un poco de retraso me hago eco del Premio de las librerías Canal BD (recordemos, una iniciativa de las 85 librerías asociadas bajo este nombre, que se dedican a multitud de actividades promocionales. Como aquí…), que este año ha recaído en Shutter Island, la adaptación de la novela de Dennis Lehane -autor de Mystic River- firmada por Christian de Metter (del que sólo he leído la interesante Le Sang des Valentines, con Catel Müller). Un título que tendrá bastante repercusión en otoño, cuando se estrene la película protagonizada por Leonardo Di Caprio que Martin Scorsese ha filmado basada en la novela. Vamos, que si yo fuera editor, compraría los derechos sin dudarlo y la editaría simultáneamente al estreno…

La esencia fina en frasco pequeño se vende

Lo dice el refrán y ya se sabe que los dichos populares son sabios, no seré yo quien les contradiga. Aunque quizás por eso, uno siente cierta predilección por los envases diminutos, por la esperanza de que el proverbio no se equivoque, quien sabe, o simplemente por cuestiones estéticas. Eso sí, no son pocas las veces que he comprobado que su traslación a los tebeos es, cuanto menos, dudosa: baste recordar aquella colección celebrada hasta la saciedad por el colectivo de optometristas llamada “Pocket de Ases de Bruguera”.
fluffyAfortunadamente, dos reciente novedades devuelven sentido a lo del frasco pequeño: fluffy, de Simone Lia y Pobre Marinero, de Sammy Harkham.
No conocía nada de la británica Simone Lia, más allá de las referencias que destacaban su reputada labor como ilustradora infantil y las buenas críticas que había cosechado la miniserie fluffy, publicada originalmente en cuatro entregas y que Astiberri publica siguiendo la edición recopilatoria de Dark Horse. Y sinceramente, no me esperaba, lo que he encontrado. Supongo que, por absurdo reduccionismo, esperaba una obra de corte infantil, pero lo que Simone Lia propone es un atrevido experimento narrativo, contando una historia adulta mediante las herramientas del relato infantil. El argumento, las dificultades en las relaciones personales del protagonista, está abordado desde una perspectiva plenamente madura, analizando las inseguridades y miedos por las que pasa una relación. Sin embargo, formalmente está abordado como un cuento infantil, desde el estilo gráfico hasta la inclusión de elementos típicos de este género: el protagonista es acompañado por un pequeño conejo parlante, aceptado por todos como parte de la familia; una alegre partícula de polvo hace de narradora de la historia -a veces sustituida por una costra de caspa en la labor-, usando un lenguaje claramente infantil, didáctico e ingenuo. El resultado es una mezcla explosiva, aparentemente inmiscible, pero que consigue un extraño equilibrio de consecuencias cuanto menos curiosas: la infantilidad de las formas rebaja nuestras habituales defensas y la historia llega con rapidez al lector, directa a un cerebro expuesto que asume la reflexión de forma directa y contundente. Un libro sorprendente. (2)
pobre De Sammy Harkham el referente es obvio: la siempre innovadora antología Kramers Ergot, un hervidero de nuevas tendencias en ilustración e historieta que dirige con buen tino Harkham desde hace años. La influencia e importancia de Kramers Ergot hacía que sus historietas quedaran muchas veces diluidas en el maremágnum siempre sugerente de propuestas de la antología, por lo que quizás era necesario aislarlas del global para poder apreciar la labor de Harkham. Y es lo que acaba de hacer Apa Apa Cómics, que sigue con su excelente selección de material publicando Pobre Marinero, una adaptación de un cuento de Guy de Maupassant que demuestra claramente la potencialidad del discurso de este autor. Más allá de la interesante adaptación temática del cuento, que Harkham transforma en una reflexión sobre la inutilidad de las ilusiones de brutal contundencia y dureza, destaca la aportación formal del autor, que plantea el relato en forma de viñetas únicas, apenas sin textos y con cuidadas elipsis (preciosa la lograda en las páginas finales con la transición entre el cielo estrellado y las páginas en blanco) que obligan al lector a un ejercicio de continuidad espacial y temporal que consigue aportar a la narración un tono único e indefinible. Cada viñeta está planteada para que la atención quede centrada en su centro, alternando el protagonismo entre el joven Thomas y los escenarios. Mediante este mecanismo, el autor consigue que en ciertos momentos donde aparece sólo el protagonista, sólo con el cambio de ubicación espacial se logre cambiar el foco de atención entre él y la naturaleza, el otro gran protagonista del relato, quién dará y quitará al joven Thomas, tratándolo cual marioneta. Una obra sugerente e interesante, muy recomendable (3).
Enlaces:
Nota de prensa y avance de fluffy
Avance de Pobre Marinero