Pluto

plutoLo ha vuelto a hacer. Y mira que iba sobre aviso, pero Naoki Urasawa me ha vuelto a enganchar. Da igual que la trama sea apocalíptica, de médicos buscando la verdad o robots humanizados. Urasawa tiene un sentido del ritmo y de la narración absolutamente envidiables, con una capacidad innata para generar expectación en el lector y obligarle a continuar la lectura. Lo hace con pocos elementos, los justos, sin ornatos gráficos ni tramas de compleja arquitectura formal. Lo hace, simplemente, con una historia que atrapa desde la primera página. Por mucho que estemos avisados y prevenidos, la fórmula alquímica de este autor vuelve a funcionar con precisión, tomando referentes bien conocidos de otros medios para crear una trama propia. Si primero lo hizo con el televisivo El fugitivo y luego con la literatura de Stephen King, ahora en Pluto es el Astroboy de Tezuka el origen aparente de la historia, en un homenaje explícito que pronto será ligado a elementos cinematográficos de Blade Runner o de El silencio de los corderos para construir una trama de investigación y búsqueda. Y ahí, el japonés se mueve con una elegancia indiscutible.
Mientras que, en general, el manga tiene como gran cáncer la extensión exagerada de las tramas a través de la repetición cansina de los mismos elementos básicos, Urasawa prolonga sus historias hasta el infinito sin perder ni un ápice de calidad en el camino, consiguiendo que el lector siga fiel gracias a giros y cambios de ritmo cuidadosamente programados, revitalizando la narración cuando es necesario, relajándola en los momentos donde es preciso… Una asombrosa habilidad que no es ajena a los claroscuros: en un camino tan largo y lleno de vericuetos y laberínticos senderos, el punto final se desdibuja hasta perder todo su sentido. El final de Monster, sin ser redondo, permite tener una sensación plena de gran lectura, sin embargo en 20th Century Boys derrumba por completo el gran edificio creado dejando un amargo regusto final. ¿Cuál será el final de Pluto? De momento, los dos volúmenes publicados son simplemente espléndidos, con una historia sugerente y magnética, orquestada con escrupulosa perfección y, como dice un buen amigo, de Urasawa hay que disfrutar del camino y olvidarse del final. Y en eso estamos (3)