León el terrible

La revista Cairo cerró en el número 30. Fue un número triste, que nos recordaba que ese espejismo de modernidad rabiosa no había pasado de experimento jugoso y alegre, pero sin futuro. Y nosotros, aficionados jóvenes que entonces nos creíamos los discursos de la posmodernidad, nos quedamos huérfanos de insurgencias de provocación estilística. Fue un golpe duro, pero que duró poco. Apenas tres meses después, volvía Cairo. En el camino Joan Navarro le pasaba el testigo a Antoni Guiral, pero en esa época esos detalles nos pasaban desapercibidos. Lo que no pasó inadvertido fue la inclusión de una sorprendente serie en ese número de resurrección: León el terrible, de Theo Van der Boogard y Wim. T Schippers. Una serie canónica con los principios fundacionales de la revista, de una línea clara exquisita y elegante. Pero holandesa. Acostumbrados al poderío francobelga – con tímidos pero potentes zarpazos a la autoridad de los descarados de la nueva escuela valenciana -, lo de un tebeo holandés resultaba insólito. Algo sabíamos, marisabidillos que éramos: de Martin Lodewijck que había guionizado Storm para Don Lawrence, que Willy Vandersteen era una figura imprescinidible por su Bob y Bobette, que Franka de Henry Kuipjers era muy divertida y avanzada o que los tebeos de Dick Matena eran delirantes y los de Willem inquietantes. Y, por supuesto, adorábamos a Joost Swarte como el dios máximo del panteón de la línea clara.
leonPero de este señor Van der Boogard… nada de nada. Quizás por eso, la primera impresión es que ese desconocido no le podía quitar el trono a los intocables Ted Benoit, Torres o Giardino en las preferencias de la revista. Pero poco a poco, la inclasificable locura de León fue tomando su sitio en nuestro corazoncito. Esta especie de mutación perversa y psicótica del apacible Mr. Hulot se convirtió pronto en la primera lectura de la revista. Su mezcla de frescura y mala leche a partes iguales, su desparpajo anarcoide, era un perfecto aperitivo para lecturas más “profundas”…
Casi veinticinco años depués (mecachis, ¡cómo pasa el tiempo!), el anuncio de la reedición en formato integral, la nostalgia obliga a una sonrisa de condescendencia -¡León!-, pero uno se pregunta si habrá sobrevivido a los estragos del tiempo, que tanto mal le han hecho a muchos de los tebeos de la época. Y vaya si ha sobrevivido. La mezcla de absurdo, ingenuidad, provocación y escatología mantiene intacto su poder corrosivo, apoyada en el paradójico efecto preservador de su estilo hergiano. Van de Boogard y Schippers juegan a la clonación casi perfecta del trazo del creador de Tintín, tanto en lo superficial como en lo gramatical. Sus gags, su estructura narrativa, su composición, incluso su cromatismo… son sosías perfectos de las que encontramos en las aventuras del joven reportero, pero brutalmente pervertidas. Nacida como la adaptación del famoso show humorístico televisivo holandés Sjef van Oekel (de hecho, la serie desapareció con la muerte del actor protagonista), de la que heredaba el gusto por el absurdo, la historieta adquiere matices diferenciadores gracias a su tratamiento gráfico. Si la televisión ya explotaba la oposición entre la aparente integración en las convenciones sociales del protagonista y sus actos desatinados, la historieta lo multiplicará a través del prejuicio de bondad asociada al estilo de Hergé. La inclusión desaforada de lo escatológico y un humor absurdo que va tiñéndose de negro, a medio camino entre el slasptick del cine mudo y el marxismo – de Groucho- militante, chirría en precioso envoltorio con que Schippers y Van de Boogard nos traen su creación, consiguiendo una provocación consciente y constante que, veinticinco años después, sigue cumpliendo su función de terrorismo intelectual contra los buenos usos de la burguesía domesticada.
Aunque la edición de Glénat en tamaño reducido afecta en algunos momentos al cuidado y detallista dibujo de Van der Boogard, vale la pena hacerse con este ya clásico de la historieta europea.

Enlaces:
Una curiosidad: un vídeo del programa original en el que adaptaba el tebeo.

12 Comentarios en “León el terrible

  1. Don álvaro, Cairo cerró mucho más tarde de su número 30.

    Por otro lado, lo de León el Terrible es una de las recuperaciones del año. Estoy a punto de terminar el integral y es lectura gozosa y sorprendente.

    • Álvaro Pons on 25 Agosto 2009 at 13:27 said:

      absence:

      El primer cierre de la revista (fíjate que pongo lo de "Apenas tres meses después, volvía Cairo. "), lo tengo aquí delante, y el 30 es el de editorial de cierre… y el 31, el de la vuelta con editorial de rafa Martínez… La revista aguantó una treintena de números más en total.

  2. alpargatus on 25 Agosto 2009 at 13:35 said:

    Por tener más clara su opinión…¿puntuación?

  3. Cierto, el vicio de leer rápido me provoca estas cosas. He ido directo a los comentarios sobre el tebeo y me he saltado la intro.

  4. Un 4 o un 5 diría yo.

    ¿El tebeo del año? Seguro.

    No me reía tanto desde hace ya tiempo, los primeros 3 álbumes son la monda y el último en formato largo también es brutal.

    León for president!

  5. Jesús Cuadrad on 25 Agosto 2009 at 14:13 said:

    >>

    1981-1991 (75 números mensuales –después, bimestrales– y ordinarios, más 2 extraordinarios y monográficos)>>>

  6. Jesús on 25 Agosto 2009 at 14:36 said:

    Coño, pues yo estaba convencido de que salió en Metal Hurlant. La memoria me falla.

  7. A mi el formato me ha tirado para atrás. Es una auténtica chapuza. La obra en sí una maravilla.

  8. Totalmente de acuerdo en lo del formato

  9. enrique on 26 Agosto 2009 at 6:52 said:

    El formato echa a perder el trabajo. Unas historias francobelgas merecen un tamaño francobelga.

  10. Alfons Moliné on 26 Agosto 2009 at 11:15 said:

    Correción: Willy Vandersteen es belga flamenco, no holandés.

    Y yo también aplaudo la recuperación de este personaje (que es un poco el Matías Prats neerlandés) pero asimismo lamento el pequeño formato que dificulta el apreciar el dibujo detallado.

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