Próximas novedades de Astiberri

(**)- UNA VIDA ERRANTE VOL 1, de Yoshihro Tatsumi. Colección: Colección Sillón Orejero. Rústica con solapas. B/N. 432 páginas. PVP: 24 euros.
(*)- EL COLE ES EL INFIERNO, de Matt Groening. Colección: Colección Kili Kili. Rústica. B/N. 48 páginas. PVP: 8 euros.
PLUTON BRB NERO: LA VENGANZA DE MARI PILI, de Carlos Vermut. Colección: Colección Sillón Orejero. Cartoné. Bitono marrón. 96 páginas. PVP: 14 euros.

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Seth

Las casualidades aparecen sin ser esperadas. Es lo que tienen. Si las anticipáramos, dejarían de ser tales casuales coincidencias para ser simples y aburridas simultaneidades previstas. El caso es que en una de esas providenciales casualidades, coinciden en mis lecturas, con apenas unos días de diferencia, George Sprott (Drawn & Quatterly) y La vida es buena si no te rindes (sins entido). Cada una por separado, una gran lectura, pero juntas, una peculiar visión de la evolución de un autor tan especial como Seth. De la nueva y primorosa (y necesaria me atrevo a añadir) reedición de la primera obra de Seth, poco que añadir a lo que ya dije hace cinco años con motivo de su primera edición en libro.vidabuenap Lo recuerdo rápidamente: hablaba del trío de amigos que representaban el movimiento de historieta indie de los 90 y comentaba que “Seth encarnaba la parsimonia, el sosiego y la introspección frente a sus compañeros Chester Brown o Joe Matt, que abordaban una historieta de corte autobiográfico desde una visión realista, ya introspectiva y casi surrealista en el primero en Yummy Fur, ya ferozmente irónica en el segundo con Peepshow. Sin embargo, Seth tomo una línea diferente, un camino que podía llevar al mismo lugar pero que era bastante más complejo: la ficcionalización de su propia vida como punto de partida de su análisis. En Palookaville, comenzó la serialización de “It’s a good life if you don’t weaken” (La vida es buena si no te rindes), la historia de la búsqueda de un humorista gráfico de prensa de mediados de siglo por el propio autor. Seth construye la vida del imaginario Kalo como espejo donde mirarse, donde reflejar sus propias vivencias de forma tangencial a través de la investigación tras la ficción. Seth habla de sus problemas, de su trabajo, de sus relaciones personales, pero nunca en primer plano. Alza una estructura formal sencilla pero que cumple su función de ocultar a la primera visión el objetivo real de su narración, dejándonos entrever tan sólo, sugerir más que mostrar…Es el lector el que se transforma en parte activa para ver más allá del relato sobre Kalo, en llegar a ese segundo nivel de lectura.
Sin embargo, al comparar ahora esta evolución es realmente interesante comprobar cómo el canadiense ha seguido un camino que le ha llevado hacia la investigación formal sin abandonar sus intereses argumentales. La vida es buena si no te rindes hace gala de una planificación simple, que permite a Seth dedicarse plenamente a los tiempos y la puesta en escena. Un primer aprendizaje fundamental: la narración debe fluir y su base es precisamente la elección correcta de ritmos, de ese equilibrio entre la cadencia temporal y visual que llamamos narrativa y dota de fluidez a la lectura.

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En La vida es buena… se arriesga además a que esa aparente transparencia sea consistente para trabajar en ese doble nivel de mensaje que busca el autor. Un ejercicio que perfeccionaría totalmente en Ventiladores Clyde, una soberbia obra donde ese control del tiempo es decisivo: Seth destila con cuidado los silencios y las elipsis narrativas en la búsqueda de un compás pausado, emparentado con la métrica de un poema que se lee lentamente, dejando que las pausas se respiren. Dos primeras obras (¡quién sabe cuándo veremos la continuación de Ventiladores Clyde!) que se saldan con un autor en completo dominio de aquellos mecanismos que definen el concepto básico de la narración gráfica, pero todavía anclado en las deudas a la prosa y la poesía. Lo visual es un elemento usado como recurso para marcar el ritmo de lectura, perfectamente entretejido con lo narrativo, pero todavía no independizado completamente de una idea de lectura, de narración, que es heredera de la escrita incluso en el movimiento visual necesario. Pero precisamente ese dominio de las bases narrativas es una plataforma perfecta para tener la seguridad para alzar el vuelo y desprenderse de esas rémoras de la tradición escrita. Un salto que da empujado claramente por Chris Ware en Wimbledon Green, una obra de apariencia menor, con un argumento supuestamente más liviano, pero que le sirve de banco de pruebas perfecto.

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Juega con elementos que provienen del diseño gráfico para establecer unos mecanismos narrativos mucho más complejos, donde se incluye la necesidad de variar el ejercicio de lectura: el lector ya no debe “leer” el texto; debe leer las imágenes, la composición, dejarse llevar por lo visual para poder entender el mensaje completo que se desarrolla ante él. Como Ware, la página ya no es el elemento único de diseño: todo el tebeo pasa a tener importancia en la narración, desde las portadas, la tipografía, las formas… De hecho, el propio libro actúa como elemento metanarrativo, convirtiéndose en el mismo fetiche de coleccionista que el protagonista ansía. Una liberación completa que de nuevo perfeccionará en George Sprott.gs03 De nuevo un ejercicio de biografía imaginaria -esta vez de un presentador de televisión- que sin la opresión de las formas tradicionales, se deja llevar por un tamaño gigante que le permita juegos formales continuados que van de las grandes viñetas únicas a la multiplicación ad infinitum de viñetas minúsculas, llegando incluso al atrevimiento de apostar por escapar fuera de las dos dimensiones de la página con imágenes tridimensionales de los edificios donde se desarrolla la acción. Elementos gráficos que son combinados con acierto con un planteamiento narrativo de múltiples perspectivas que usan las entrevistas, los flahsbacks, los saltos, los esquemas o incluso evocadores imágenes gigantes de base simbólica… Todos tratados con un planteamiento visual diferenciado.

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Una ruta de liberación de las estructuras arcaizantes del lenguaje de la historieta, que rompen esquemas a todos los niveles: desde los temáticos, con un acercamiento a los temas repetitivos en la obra de este autor (la nostalgia de otras épocas, una reivindicación “retro” antitecnológica…) pero de forma siempre soterrada, escondida en continentes de apariencia ajena, a por supuesto los formales. La consideración global del lenguaje, no desde la primera viñeta o página, sino desde el primer acercamiento visual al objeto-fetiche-libro, unido a una ruptura de las convenciones de lectura provenientes de la literatura para exprimir al máximo las posibilidades de una lenguaje visual y dinámico donde no hay reglas escritas.

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George Sprott lo veremos en breve publicado en castellano por Random House. A ver si alguien se anima con Wimbledon Green.

Al Capp contra John Lennon

Hoy se cumple el centenario del nacimiento de Al Capp, creador del genial Li’l Abner, una obra por la que llegó a ser propuesto al premio Nobel. Aunque también fue protagonista durante los últimos años de su vida de una importante radicalización ideológica.
The comics reporter recupera esta curiosísimo vídeo en el que capp se ,enfrenta a John Lennon y Yoko Ono

Bruguera en exposición

El miércoles 30 de septiembre, a las 19 horas, se inaugura en la Biblioteca Jaume Fuster de Barcelona (Plaça Lesseps) la exposición L’humor a la Bruguera y el jueves 1 de octubre, a las 19 horas, se inaugura en el Centre Cívic del Coll (entrada por Aldea, 15) la muestra Bruguera, Del Coll al món.

Asterios

Todavía estoy maravillado por la lectura de Asterios Polyp, la última obra de David Mazzucchelli.
Un relato hipnótico, un caos de ideas atrapado dentro de una estructura formal fascinante.
Qué manera de exprimir el lenguaje, la composición -¡con qué inteligencia usa el espacio en blanco!-, la tipografía, el estilo, el color…
¡Y qué cascada de pensamientos lanza casi sin descanso!

En cuanto me recupere, me temo que va a ser protagonista no de una, sino de varias reseñas.

Los Ignatz

Anoche se hicieron públicos los premios Ignatz:
Mejor Artista: Nate Powell, por Swallow Me Whole (Top Shelf, publicado en España por La Cúpula)
Mejor Antología o Colección: Kramer’s Ergot #7, editado por Sammy Harkham (Buenaventura)
mejor Novela Gráfica: Acme Novelty Library #19, de Chris Ware (Drawn & Quarterly)
Mejor Historia: “Willy,” en Papercutter #10, de Damien Jay (Tugboat)
Mejor nuevo talento: Colleen Frakes, por Woman King (self-published)
Mejor Serie: Uptight, de Jordan Crane (Fantagraphics)
Mejor Comic: Uptight #3, de Jordan Crane (Fantagraphics)
Mejor Mini-Comic/Fanzine: Stay Away From Other People, de Lisa Hanawalt
Mejor Comic Online: Year of the Rat, de Cayetano Garza

Escola Joso, nuevo patrocinador de Zona Negativa

[Nota de prensa]
Es un placer anunciaros que desde hoy Zona Negativa cuenta con un patrocinador muy especial: Escola Joso, una de las escuelas de cómic con mayor prestigio del panorama nacional y que cuenta con más de 25 años de trayectoria.
El acuerdo entre Zona Negativa y Joso es una colaboración de la que esperamos muy buenos frutos, tanto para difundir y promocionar la labor de sus experimentados educadores en el Noveno Arte, el que más nos apasiona, como la de este espacio para el cómic en Intenet que mantenemos desde hace diez años y alcanza ya los 400.000 lectores mensuales. Continue Reading →

Los tebeos ganan a la literatura

Por lo menos en un premio: el galardón Walt Whitman, que otorga el Instituto Chileno Norteamericano ha sido para el dibujante Gabriel Rodríguez por su trabajo en Locke & Key, sobre guiones de Joe Hill. Una obra que había sido también galardonada por la British Fantasy Society en la modalidad de mejor comic book/Novela Grafica y seleccionada en los Eisner, pero que en este caso directamente se alza con un galardón literario, imponiéndose al poeta Claudio Bertoni o los escritores Arturo Fontaine o Diamela Eltit. Un ejemplo de la lógica normalidad con la que la historieta se mueve dentro de las artes narrativas.

Popeye, también al cine

Entre los diferentes anuncios que Avi Arad hizo de relanzamientos de franquicias cinematográficas como Los 4 fantásticos, Daredevil o Ghost Rider ha pasado un poco desapercibido el de la nueva adaptación de Popeye al cine. La creación de Segar llegará de nuevo a la gran pantalla como una película de animación, en su segunda incursión tras la versión de Robert Altman de 1980 protagonizada por Robin Williams.
Un fracaso de taquilla, pero a mí me gustó…

Me acuerdo

meacuerdoHace apenas unos meses aparecía publicado por primera vez en España Me acuerdo, la obra de Joe Brainard que reconstruye el pasado con una fórmula tan sencilla como evocadora: simples frases que apelan a la memoria personal para recordar. Memorias dispersas, recogidas cas azarosamente con ese bucólico inicio – “Me acuerdo..” – como único punto de unión que cohesiona alrededor de la conciencia del que cuenta sus recuerdos. Son a veces llamadas a la catarsis nostálgica entre lector y autor. Otras simplemente momentos tan íntimos que el lector prefiere pasar con puntillas, casi sonrojado por la desvergonzada violación de ese espacio íntimo de memoria. Una fórmula tan perfecta que muchos después se la apropiaron, como Georges Perec para confeccionar un retrato de la cotidianeidad de su generación, más referencial, o ahora la autora libanesa Zeina Abirached, que los traslada al lenguaje de la historieta. No era la primera vez que ahondaba en la memoria: El juego de las golondrinas, su primera obra publicada en España, era un doloroso ejercicio de mirada hacia el pasado para contar el dolor de la terrible guerra sufrida por el Líbano. Un álbum interesante, pero que tenía que lidiar con el inevitable referente continuado a la obra de Marjane Satrapi y con una estructura narrativa que no terminaba de cuajar y lastraba en muchos momentos la lectura. Ahora, vuelve al mismo escenario y al mismo esfuerzo de remembranza, pero cambia su forma narrativa por una adaptación de las simples y escuetas frases de Brainard, traducidas a grandes viñetas de una página donde la autora recuerda escenas y momentos de su vida en el Líbano. De nuevo la guerra, su horror, pero también las dificultades de una paz donde ya no quedaba nada. Un cambio de forma narrativa que actúa como un lubricante perfecto: todas las piezas encajan ahora, lo que antes eran préstamos de la ilustración que no llegaban a funcionar, ahora son elementos fundamentales para componer el relato, que se va erigiendo a modo de puzzle de ideas a las que el lector va dando forma final. La cercanía y sinceridad de esos “Me acuerdo…”, donde se confunden dolor, alegría, sorpresa, lo profundo, lo personal, lo cotidiano y lo superficial, abren un diálogo entre el lector y el autor que antes se hacía más artificial y encontrado su lenguaje propio, Zeina Abirechad logra una obra de muchísima más potencia evocadora y reflexiva que su anterior incursión en el pasado del Líbano.
Me acuerdo. Beirut es un álbum pequeño, editado con primor por sins entido, que esconde algo tan grande como la memoria.
Recomendadísimo (3)

(0): Malo. (1): Correcto (2): Bueno, aspectos interesantes. (3): Notable, muy interesante.(4): Excelente, muy bueno. (5): Obra Maestra

Los cómics norteamericanos no tienen ideas

“Cuando digo en entrevistas que los comics norteamericanos carecen de ideas, no estaba hablando en serio! No esperaba que las empresas dijeran “Si… tiene razón. Veamos si podemos encontrar otra historia suya de hace 30 años y convirtámosla en una saga espectacular”. Es trágico. Los comics que leí de niño estaban llenos de ideas. En cambio, hoy en día siento que la industria de comics se la pasa en mi basurero como mapaches, buscando ideas viejas en medio de la noche.
Alan Moore, hablando sobre la relación entre Blackest Night y una antigua historieta suya
Más, en los obligatorios blogs Ciudadano Pop y Plus Gonzo Arcade!.

Bertenev

bertenevCafé Budapest fue una excelente carta de presentación en España para Alfonso Zapico. Un álbum inteligente, prometedor, al que sólo se podía criticar que su aproximación podía parecer excesivamente amable para la complejidad del tema tratado, pero que auguraba un autor con ideas y ganas de contarlas con buen pulso. Me gustaría poder hablar ahora de la confirmación de la progresión de Zapico, pero las cosas del tebeo son complicadas y en lugar de llegarnos ahora su nueva y esperada obra, lo que se publica es La guerra del Profesor Bertenev. Obra anterior en el tiempo pero desconocida por aquí, que significó su brillante debut en el mercado francés con el reconocimiento del Prix BD Romanesque en el FestiBD Ville de Moulins 2007. Y aunque La guerra del Profesor Bertenev es un álbum a leer, uno se sigue quedando con las ganas de poder leer el siguiente paso de Alfonso Zapico. Pero es lo que hay, así que me centraré en esta obra, que avanza muchas de las constantes que posteriormente exploraría el autor en Café Budapest. Ambientando en este caso la historia en la guerra de Crimea, el autor ya demuestra su interés por los momentos históricos convulsos, usándolos como escenario perfecto para analizar el absurdo de esas etiquetas de “amigo” y “enemigo” que todo enfrentamiento define. Rehúye de ese maniqueísmo implícito a cualquier guerra para plantear una historia donde nada es lo que parece, invitando al lector a reflexionar sobre los absurdos de cualquier guerra. No es, desde luego, un planteamiento original, ha sido tratado en multitud de ocasiones en literatura, cine o incluso la misma historieta. Incluso su acercamiento puede parecer, conectando en cierta medida con lo que luego veríamos en Café Budapest, excesivamente ingenuo por momentos. Sin embargo, es evidente que la historia de este apátrida Profesor Bertenev, con todos estos peros, se lee con gusto. Zapico desarrolla con acierto a sus personajes, consiguiendo un protagonista carismático y sugestivo, con la dosis de ambigüedad adecuada para lograr la reflexión de un lector que hallará, además, múltiples ideas y propuestas en esta obra. Pese a ser un debutante en ese momento, el autor demuestra un buen pulso narrativo (excepción hecha de las escenas de batalla iniciales, necesarias para el planteamiento de la historia, pero donde la inexperiencia del dibujante resulta más evidente), deudor tanto de la narrativa clásica francobelga como en algunos momentos de la Nouvelle Vague de la historieta francesa, y con un excelente uso del color.
Un álbum interesante, que muestra ya las pautas que el autor exploraría con más profundidad en Café Budapest y que merece una lectura atenta. Aunque nos deja todavía con más ganas de leer la nueva obra de Zapico. (2-)

(0): Malo. (1): Correcto (2): Bueno, aspectos interesantes. (3): Notable, muy interesante.(4): Excelente, muy bueno. (5): Obra Maestra

Carmen Hevia gana el Concurso de Manga con El vuelo

La dibujante Carmen Hevia ha resultado ganadora del Concurso de Manga con su obra El vuelo. En esta edición se han presentado 68 mangas a competición de diversos géneros y estilos. El jurado estuvo integrado por Josep Maria Polls, guionista y jefe de estudios de la Escuela de Cómic Joso, David Vendrell, dibujante y también profesor de la Escuela Joso, Guillermo Bosch, ilustrador y diseñador de exposiciones, y Carles Santamaría, director del Salón del Manga.
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Por alusiones

Estimado Sr. Molina Foix
A lo mejor me estoy atribuyendo un papel que no me corresponde, pero me temo que yo soy ese crítico especializado en historieta que colabora en un periódico “que se precia de ser el más riguroso”, en el usted escribe con regularidad y del que habla en su columna de Tiempo del pasado 18 de septiembre. Por eso, me va usted a permitir que alegue a eso de las alusiones para escribir estas líneas.
Reconozco que mi primera intención fue escribir una extensa sarta de quejas e improperios. Los calores finales del verano, supongo, que excitan que no vea usted. Luego, en un segundo intento, me dio la vena didáctica y pensé en enumerar las maravillas que ha dado la historieta a la cultura, con un amplio surtido de declaraciones de ilustres intelectuales defendiéndola…pero pensé también que a estas alturas ya no le voy a enseñar nada y que el tono de su escrito deja pocas esperanzas a admitir otras ideas. Así que al final creo que es mejor, simplemente, hablarle un rato. Igual que en el poético libro de Yasushi Inoué el cazador exigía atención al redactor que publicó su retrato, creo que tengo el derecho a unos minutos de su tiempo.
Mire, Sr. Molina Foix, a mí me enseñaron a apreciar la cultura y el arte. Con los tebeos, precisamente. Fue mi puerta de entrada a una forma de entender el amor por la cultura que no le hace ascos a nada. Me educaron en la curiosidad, en intentar siempre descubrir cosas nuevas y en pensar que un libro cerrado es un reto que no se puede dejar pasar. También me enseñaron a tener un criterio propio, a ser exigente y saber que no siempre nuevo es sinónimo de bueno. Y gracias a eso, aquél lector de tebeos es capaz de disfrutar hoy con la literatura, la historieta, el cine, la pintura, la escultura, la música, el teatro… Es más, siempre ávido por nuevos desafíos, ya sea en las formas de cultura de siempre o en todas aquellas que puedan venir. Verdad es, no se lo voy a negar, que este apetito de arte y cultura tiene sus penalidades. La impuesta dualidad de la cultura como arte e industria se inclina cada vez más por las exigencias del mercado y lo que debía ser una obra cada vez es más un producto, que olvida incluso que hasta el entretenimiento tiene el deber de cumplir unas cotas de dignidad. Virus de la mercadotecnia que ha llegado a la historieta, por supuesto, pero que contamina por igual el cine, la literatura y todas las artes y culturas, que cada día cambian más el interés de la creatividad por la cotización del interés. Pero ése, me temo, no es problema de la historieta. Ni de la cultura, si me apura.
Si a mí me dijeran que existe una forma de cultura o un arte que desconozco pero es apreciado por muchos, que aparece en todos los medios y que incluso ha sido reconocido por el Premio Nacional, estaría desesperado por catarlo y degustarlo. A lo mejor, quién sabe, luego no me agradaría, pero nunca tomaría una postura intolerante y, mucho menos lo despreciaría como si fueran uvas verdes de la fábula de Esopo. Pensaría que es un ejemplo más de la riqueza y diversidad de la cultura y, posiblemente, de mi ignorancia a la hora de apreciarla. Pero la respetaría.
Quizás esté equivocado. Es posible que mi postura sea demasiado utópica… pero también me enseñaron a creer en lo imposible. Cosas de la educación, ya sabe. Quiero pensar que la intolerancia no existe en el mundo de la cultura y que la inteligencia demanda la curiosidad. Su artículo, por desgracia, me habla precisamente de lo contrario. Me parece incomprensible que alguien renuncie de forma consciente a una cultura, aunque por supuesto está usted en su derecho.
Pero no sabe lo que se pierde.
Un saludo
Álvaro Pons

Presentación en Bilbao de El arte de volar

El jueves 24 de Septiembre, a las 19:00 horas, se presentará en la FNAC Bilbao (C/ Alameda de Urquijo 4, Bilbao) el libro “EL ARTE DE VOLAR”, de Antonio Altarriba y Kim. La presentación correrá a cargo de Antonio Rivera, Viceconsejero de Cultura del Gobierno Vasco y de Juan Bas, escritor, y contará con la presencia de los autores Antonio Altarriba y Kim.

Gentleman Jim

Aprovecho la edición en castellano por Astiberri de la maravillosa Gentleman Jim de Raymond Briggs para recuperar la reseña que hice con motivo de su edición americana, coincidiendo con que poco antes recordaba por estos lares esa maravilla de la historieta que es Cuando el viento sopla, de Raymond Briggs.

Reconozco que desconocía por completo que existía una obra anterior en la que se nos presentaba a la conmovedora pareja protagonista de Cuando el viento sopla, los Bloggs. Un terrible error que el anuncio de Drawn & Quaterly de la publicación de esa primera aparición, Gentleman Jim, transformó en necesidad imperiosa por su lectura.
Necesitaba leer esta obra.
No os podéis imaginar la impaciencia con la esperé que me llegara esta obra y la avidez con la que me lancé a ella. Con un poco de miedo, eso sí. Quizás era injusto generar tan grandes expectativas por una obra anterior, sobre todo si estamos hablando de una obra maestra difícil de alcanzar. Briggs es una autor mayúsculo, pero es su famosa reflexión sobre la guerra nuclear es una de las obras que más me han conmovido en mi vida de lector.
Dudas, dudas y más dudas que no impidieron que al pasar la última página, sólo tuviera un pensamiento: ¡qué maravilla!.
Briggs nos cuenta la historia de esta afable pareja, felices en su sencillez, aunque Jim, el marido, tenga más aspiraciones que ser un simple limpiador de aseos públicos toda la vida. Una ambición que le lleva a la búsqueda de posibles trabajos que le saquen de su rutina. Le cuesta leer los anuncios de prensa, así que mejor intentar encontrar por su cuenta un trabajo que se amolde a sus posibilidades. A él le gustaría ser un valiente soldado, un gran artista o un aguerrido cowboy, pero pronto se dará cuenta de las muchas dificultades que tienen estas profesiones, por lo que se decidirá finalmente por la apasionante vida del bandolero…
La aplastante simplicidad de Jim y Hilda consiguen arrebatarnos el corazón desde la primera viñeta, es imposible no sentirse conmovido por su ingenuidad y su sencillez, por esa ilusión desbordante por la utopía y lo imposible, por la lucha por un sueño. Briggs, autor magistral como pocos, nos va desgranando su historia como un cuento de cuentos, como las fábulas que se narran al niño que va a dormirse. Pero con una diferencia: esos sueños ocurren en un mundo real, que pugnará por cercenarlos y destrozarlos. Borda como pocos el enfrentamiento entre la imaginación y una sociedad severa que no admite que uno de sus miembros pueda ser feliz más allá de las convenciones. Y su crítica no puede ser más rotunda y brutal. En apenas 30 páginas desarrolla uno de los discursos más lúcidos que servidor ha podido leer sobre una sociedad que no deja resquicios a la imaginación y que lucha por alienar a sus miembros al máximo. Los Bloggs son esa conciencia infantil que no entiende de lógicas enmarañadas y falsarias, que sólo comprende aquello que marca el sentido común y la bondad sin malsanos intereses.
Un tebeo hermoso, epatante, que respira la magistralidad de la sencillez sin renunciar a un mensaje duro y tajante. (4+)
Por cierto… ¿alguien se atreve a recuperar toda la obra de este autor?
(Podéis leer un avance de seis páginas en la web de D&Q)