El viento que se quedó en brisa

boisNo sabría explicar muy bien la mezcla de ansiedad y pánico que tenía ante la anunciada sexta entrega de Los Pasajeros del Viento. Una serie fetiche, grabada a fuego en mi particular Olimpo de series favoritas y con unos personajes fetiche, recordados y mitificados hasta la saciedad… Razones más que sobradas para esperar – casi anhelar- la continuación de la serie casi cinco lustros después de su finalización, pero que se enfrentaban a la realidad de la tremenda decepción sufrida con la última entrega del ciclo de Cyann, con un Bourgeon desdibujado y muy lejos de sus mejores momentos. La razón me hablaba de un dibujante que había perdido ese “feeling” particular que tenía con el lector, la esperanza contrarrestaba pensando que el largo periodo de parón artístico, debido a las luchas legales en las que se vio enredado el dibujante, pasaba su factura y que sólo era necesario volver a coger tono y para que se cumpliera el refrán “el que tuvo, retuvo”. Quedaba, eso sí, otro miedo lógico: la experiencia dice que retomar series cerradas suele atender sólo a razones económicas, no creativas, y sus resultados suelen ser siempre menores, por no decir abiertamente que malos. ¿Sería ése el destino de mi amada Isa?
Preguntas, temores, teorías y especulaciones que ahora, con el sexto volumen de la serie delante, iban a ser contestadas. Y tras su lectura, me temo que no hay respuestas tajantes a las preguntas.
En lo argumental, Bourgeon opta inicialmente por lo más razonable: seguir la aventura de Isa no tenía demasiado sentido, por lo que intenta recuperar el mensaje de la serie con una nueva Isa que siga defendiendo ese espíritu imparable de libertad. Una buena idea que se acompaña de una excelente elección de escenario geográfico y temporal: se avanza en el tiempo para llegar el final de la guerra de secesión americana y se sitúa en el estado sureño de Lousiana, un momento de enfrentamiento de concepciones sociales y un lugar que representa un atípico cóctel de culturas y tradiciones, perfectos para la exploración de cualquier concepto desde múltiples perspectivas. Una Isa ya anciana será la conexión entre lo francés, lo inglés, lo hispano, lo tribal y esta nueva protagonista que demuestra desde las primeras páginas el mismo espíritu indomable de su antecesora. Sin embargo, sorprendentemente, esta buena idea se rompe a mitad del volumen cuando Bourgeon decide incluir un largo flashback que, por entidad y longitud, es una especie de volumen quinto y medio donde se cuenta la historia de la Isa original tras los sucesos de Madera de Ébano. Una elección que deja el álbum a medio camino de todo: apenas es una presentación de nuevos personajes e ideas y queda corto como nuevo álbum de continuación de la serie. Una brevedad argumental que queda lastrada por el exceso de didactismo de Bourgeon, demasiado emperrado en explicar todos y cada uno de los complejos aspectos de la sociedad sureña de Luisiana. Hubiera sido mucho más constructivo un largo artículo introductorio a las fascinantes características de esta sociedad y no restar un tiempo precioso a la definición de personajes y situaciones. En cualquier caso, en la balanza no me atrevería a dar un balance negativo: hay cosas buenas y otras que no, pero la sensación es que es difícil juzgar sólo con lo leído en este volumen, demasiado de transición.
Pero sorprendentemente, las mayores pegas llegan en lo gráfico: Bourgeon ha evolucionado en su trazo hacia un naturalismo fotográfico, de detallismo excesivo, con un cuidado tratamiento de las sombras (que, en muchos casos resultan redundantes con el uso del puntillismo), pero perdiendo en parte ese inconfundible estilo que tenía. Su interpretación de la figura humana, naturalista pero con un sutil toque deformante caricaturesco era una firma indeleble, que daba una personalidad especial a su dibujo. El virtuosismo en la ejecución está fuera de toda duda, pero ya no encontramos su magia. No sería más que una apreciación personal de gusto por un estilo, pero que se ve agravada por la evidente bajada de calidad en lo narrativo: Bourgeon nunca ha sido un narrador brillante, pero sí eficaz. Sin florituras ni manierismos, con una narración lineal de elegante composición de página que funcionaba como perfecto vehículo de la historia. Sin embargo, en este sexto volumen volvemos a encontrar muchos ejemplos de confusión narrativa que ya se veían en la última entrega de Cyann. Si antes Bourgeon insertaba de forma natural en la narración la ilustración de pose donde explayarse en sus habilidades, ahora queda como pegote sin sentido. Bourgeon sigue fiel a la sencillez en la composición de los diálogos, pero en algunas escenas de acción, la puesta en escena y composición mediante un montaje analítico logran que el lector no sepa qué está pasando. En esas escenas tan visuales, el lector debe aportar el dinamismo, no la comprensión de los hechos, que debería ser gráficamente obvia. Sin embargo, muchas veces parece que Bourgeon está demasiado preocupado por la brillantez formal de las escenas y no por la narrativa.
Aspectos negativos por un lado (un dibujo brillante pero sin personalidad para una narrativa pobre), aspectos indefinibles (argumento sobre el que no se puede valorar todavía)… El sabor final es muy agridulce, pero deja algunas (¿vanas?) esperanzas para darle una oportunidad a su segunda entrega.
Espero.
(Por cierto, la edición de 12bis, impecable en lo gráfico y con profundas mejoras en la traducción. Aunque sólo he podido comparar las páginas iniciales de los avances, todos los problemas del integral han desaparecido y se nota el trabajo del traductor para integrar su traducción en el amasijo de lenguas que usa el libro, del francés al inglés pasando por el cajún, incluyendo un anexo con todas las traducciones y notas).

11 Comentarios en “El viento que se quedó en brisa

  1. es difícil mantener la fe en Bourgeon, tristemente, aunque en tu post hay argumentos que me agradan (como el salto temporal y escénico, digamos) frente a esas críticas bastante temibles y que, como siempre, habrá que catar por uno mismo y ver si te doy la razón.

    En todo caso, hace quince años Bourgeon era autor que compraba sin tretraso, y a día de hoy lo dejo pasar sin comerme las uñas ante otras propuestas. Eso ya no es bueno :(

  2. luchino on 14 septiembre 2009 at 1:07 said:

    No sé si lo he entendido bien, este tomo es la continuación, con un tremendo salto espacio-temporal, de "Los pasajeros…" , y es el primero de varios ( ¿ cuantos , o no se sabe ?) . ¿ Es así ?

    • Álvaro Pons on 14 septiembre 2009 at 9:54 said:

      "No sé si lo he entendido bien, este tomo es la continuación, con un tremendo salto espacio-temporal, de “Los pasajeros…” , y es el primero de varios ( ¿ cuantos , o no se sabe ?) . ¿ Es así ?"
      Exacto.

  3. 1º de varios, seguro: la contraportada avanza portada del siguiente.

  4. luchino on 14 septiembre 2009 at 10:13 said:

    Gracias a mis blogueros comiqueros favoritos…

  5. La verdad es que me estoy re-leyendo

    la nueva edición en tomo de los pasajeros y los compañeros del crepúsculo, y aunque hay cosas en la traducción que no me gustan, Bourgeon me estaba enamorando como hace ya ni me acuerdo los años. Cuando el otro día ojeé en una tienda este nuevo tomo, me entró un muy mal rollo.Como tú dices, el dibujo ha perdido algo fundamental, no sé, me parecían ilustraciones de libro de texto, estremadamente formales. Salvando las distancias, en la primera etapa de Hellblazer había un ilustrador que parecía calcar las caras de los personajes de fotografías, tampoco me gustaba nada.

  6. El problema del álbum es que no funciona como unidad, Bourgeon, o el editor, han metido la tijera para sacar al menos dos libros, y se nota porque en realidad, “La Hija de Bois-Caiman” podría haber acabado 10 páginas antes o 10 páginas después. Seguramente este problema desaparecerá cuando podamos leer el ciclo completo.

    La representación fotográfica canta mucho, pero sobre todo en la parte de la Guerra Civil, y en concreto, con la imagen de la protagonista. Cuando volvemos al pasado de Isa, salvo algún primer plano de esclavos, Bourgeon se muestra mucho más cercano del estilo marca de la casa.

    Respecto a la decisión de incluir las traducciones del criollo al final del álbum, una de cal y otra de arena: bien porque es difícil transcribir el juego fonético al castellano sin caer un poquito en el ridículo, pero mal por no incluir la traducción a pie de página, porque es un engorro el estar yendo y viniendo desde cada página al glosario final (eso si te das cuenta de que todo está traducido en las páginas finales).

    Mi valoración me la reservo hasta que no concluya el ciclo, mientras sólo puedo decir que estamos ante una apertura lo suficientemente interesante como para comprar el siguiente álbum.

  7. Paco Rodrígue on 15 septiembre 2009 at 12:07 said:

    No comparto el tono general de la reseña de Álvaro, de lamento y decepción. Yo he disfrutado de principio a fin, aunque coincido en que el corte resulta perjudicial. Después de esperar tantos años, podríamos haber esperado unos meses más y leer el ciclo completo (las 142 páginas, unos 3 álbumes convencionales).

    El dibujo sigue siendo un gozo para la vista, brillante en la resolución y barroco en la acumulación de detalles fruto de la exhaustiva documentación, aunque imponga una lectura ralentizada que ha sido siempre el modo propio de narrar de Bourgeon. A menudo son los detalles los que explican qué está pasando, y son, a mi juicio un deliberado uso de la elipsis y los planos más que una torpeza narrativa.

    La unión entre la historia de las dos Isabeles no resulta forzada y el "didactismo" que Álvaro reprocha es el medio de presentar a los nuevos personajes, mostrar sus opiniones y cómo evolucionan sus relaciones además de, como siempre en este autor, reflexionar sobre la condición humana.

    Como decía Ernesto, este 6º tomo es suficientemente interesante y hace desear el siguiente, previsto para dentro de unos meses.

    Y la edición es exquisita, menos mal.

    • Álvaro Pons on 15 septiembre 2009 at 12:34 said:

      Yo creo que el dibujo ha perdido personalidad. De ejecución brillante, desde luego, pero sin la personalidad de Bourgeon. Y respecto a la narrativa no estoy de acuerdo. Bourgeon siempre ha sido de narración clásica, desde luego, pero los montajes analíticos que a veces usa son forzados y muy confusos. Hay escenas en las que no está claro qué ha pasado (escena del puente por ejemplo), no una reiteración de elipsis, sino errores.
      La unión de las dos ISas no me parece forzada, desde luego, pero no entiendo por qué rompe en dos partes tan claras, aunque admito que puede no ser importante en la elctura de los dos álbumes completos. Y respecto al didactismo, no creo que sea el medio de presentar personajes. Eso lo ahce perfectamente, son los añadidos explicando detalles sobre cuestiones de lengua, etc, que sobran y lastran la lectura. Se deberían dejar fuera, ese tipo de cosas deben ir aparte porque no es el objeto de la narración, a mi entender.
      En cualquier caso,yo le daré oportunidad al segundo.

  8. Paco Rodrígue on 16 septiembre 2009 at 19:58 said:

    Qué curioso, a mí me parece un dibujo de una enorme personalidad, de esos a la vez inimitables y que reconoces inmediatamente.

    Y sobre la narrativa, no estoy seguro del "clasicismo" de Bourgeon. Siempre fue muy amigo de las viñetas detalle dentro de viñetas más generales, de mezclar grandes planos sintéticos con montajes analíticos donde las miradas y los objetos detallados daban claves para comprender los sucesos, y, lo mismo que en el dibujo, hay un tipo de narrativa personal, reconocible como "made in Bourgeon" que no ha cambiado apenas en los últimos álbumes.

    Que guste más o menos es otra historia (yo creo que la escena del puente se entiende entre las dos páginas perfectamente)

    Y lo del didactismo también es opinable. Bourgeon no toma por tonto a su lector y a menudo cita nombres y sucesos que no explica para nada, pero que da por supuesto que sus personajes sí conocen. Otras veces abunda en datos, pero porque un personaje se los está explicando a otro.

    Pero no quiero seguir polemizando, que podríamos porque tampoco estoy de acuerdo en el sambenito que le has colgado a la Historia de Cyann, una excelente serie de ciencia ficción que a ti parece defraudarte. ¡qué se le va a hacer!

    Saludos

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