Kang Full

Declaración de intenciones anticipada: me encanta Kang Full. Pasa a veces. Uno está mirando dibujitos por ahí y, de repente, ¡plaf! Flechazo que te crió. Algún angelote intelectualoide que tiene a su cargo los asuntos del kang1gusto cultural nos ensarta con sus flechitas, que no son tan irracionales como las de su colega Cupido, pero casi: comienzas a pasar páginas y cuando te das cuenta estás leyendo con gula, devorando viñetas y dejándose llevar para dejar eso de los argumentos para otro momento. Me pasó con el coreano con Chassés croisés, la primera obra que descubrí de este autor en su edición francesa de Casterman. Como buen gafapasta amante de lo mal dibujado, me llamó la atención el estilo naif de brillante colorido y pensé que podría ser una versión coreana de Yoshito Usui, razón más que sobrada para darle una oportunidad. Pero lo que no me podía esperar es que tras esa simpleza formal me iba a encontrar unos personajes profundos, delineados con toda la fuerza de la complejidad humana. Lo que contaba no era nada extraño, historias de amor sencillas, pero plenas de una sensibilidad muy especial, con personajes supurando sinceridad en sus sentimientos y palabras. Y me gustó que esos dibujos apenas esbozados, sin marco que les rodee, formaran un fluido continuo y orgánico, de naturaleza vertical que sería interminable existencia en un webcómic pero que la página obliga a cortar en pequeños bocados de vida. Y me gustó que sus diálogos fuesen de una elegante naturalidad, sin que parezcan el impostado discurso de un monologuista. Pero sobre todo, me gustó que sus protagonistas que no fueran personajes. Eran personas de carne y hueso. Tan simple y tan difícil como eso. Un tebeo que era difícil dejar de leer y que me dejó con kang2muchas ganas de seguir leyendo obras de Kang Full. Estaba yo dispuesto a pedirme todo lo publicado por Casterman cuando Planeta comienza a publicar El idiota, donde Kang Full cambia de escenario pero mantiene intacta esa capacidad de empatizar con el lector a través de personajes reales y tangibles. Vuelve a montar un castillo con pequeñas piezas simples, contando la historia de Ji-Rho, la brillante pianista que un día decide volver a su país para buscar respuestas que sólo encontrará en Seung-Lyeong, el tonto del pueblo, el idiota. Con la misma sencillez con la que dibuja, Kang Full se atreve a reflexionar a través de sus dos protagonistas sobre lo que queremos en esta vida, lo que esperamos de ella. Y, otra vez, esa sensibilidad. A medio camino entre la ternura y la crueldad de la verdad, pero llevada con una delicadeza que recuerda en momentos a Yoko Ogawa o a Inoué.
Un autor que, además, es capaz de cambiar de registro con inusitada sencillez, pasando de la intimidad de estas obras al terror más puro con El apartamento, que también acaba de publicar Planeta. Y ojito, porque lo que eran herramientas para abrazar al lector suavemente, trocan ahora en cadenas para agarrarle desprevenido (no en vano ya ha trabajado en una película de terror y prepara la precuela de la excelente The Host). Sólo dejo la premisa argumental: todas las noches, a las 21:56, los habitantes de un edificio de apartamentos apagan las luces. No recuerdan lo que han hecho. No saben por qué lo hacen. Engancha, aviso.
Un autor a seguir.

6 Comentarios en “Kang Full

  1. ¿Mal dibujado?

    ¿Que es un mal dibujo?

  2. Fran Saez on 16 Septiembre 2009 at 10:49 said:

    Habrá q echarle un ojo, pero es q las portadas tiran p'atrás q no veas…

  3. Ironia o subconsciente.

  4. Elasñoz on 17 Septiembre 2009 at 1:58 said:

    Me compré hace unos días "El idiota" movido por la curiosidad y el instinto de que me iba a gustar y que se convierte a cada página en una certeza. Lo degusto poco a poco, capítulo a capítulo, con la esperanza de que no se acabe.

    Esta entrada me viene ni que pintada para confirmar lo que comentas (sencillez, sensibilidad, sinceridad) y me apunto "Chassés croisés" de la que no había oído hablar.

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