Próximas novedades de Astiberri

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(*)- EL COLE ES EL INFIERNO, de Matt Groening. Colección: Colección Kili Kili. Rústica. B/N. 48 páginas. PVP: 8 euros.
PLUTON BRB NERO: LA VENGANZA DE MARI PILI, de Carlos Vermut. Colección: Colección Sillón Orejero. Cartoné. Bitono marrón. 96 páginas. PVP: 14 euros.

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Seth

Las casualidades aparecen sin ser esperadas. Es lo que tienen. Si las anticipáramos, dejarían de ser tales casuales coincidencias para ser simples y aburridas simultaneidades previstas. El caso es que en una de esas providenciales casualidades, coinciden en mis lecturas, con apenas unos días de diferencia, George Sprott (Drawn & Quatterly) y La vida es buena si no te rindes (sins entido). Cada una por separado, una gran lectura, pero juntas, una peculiar visión de la evolución de un autor tan especial como Seth. De la nueva y primorosa (y necesaria me atrevo a añadir) reedición de la primera obra de Seth, poco que añadir a lo que ya dije hace cinco años con motivo de su primera edición en libro.vidabuenap Lo recuerdo rápidamente: hablaba del trío de amigos que representaban el movimiento de historieta indie de los 90 y comentaba que “Seth encarnaba la parsimonia, el sosiego y la introspección frente a sus compañeros Chester Brown o Joe Matt, que abordaban una historieta de corte autobiográfico desde una visión realista, ya introspectiva y casi surrealista en el primero en Yummy Fur, ya ferozmente irónica en el segundo con Peepshow. Sin embargo, Seth tomo una línea diferente, un camino que podía llevar al mismo lugar pero que era bastante más complejo: la ficcionalización de su propia vida como punto de partida de su análisis. En Palookaville, comenzó la serialización de “It’s a good life if you don’t weaken” (La vida es buena si no te rindes), la historia de la búsqueda de un humorista gráfico de prensa de mediados de siglo por el propio autor. Seth construye la vida del imaginario Kalo como espejo donde mirarse, donde reflejar sus propias vivencias de forma tangencial a través de la investigación tras la ficción. Seth habla de sus problemas, de su trabajo, de sus relaciones personales, pero nunca en primer plano. Alza una estructura formal sencilla pero que cumple su función de ocultar a la primera visión el objetivo real de su narración, dejándonos entrever tan sólo, sugerir más que mostrar…Es el lector el que se transforma en parte activa para ver más allá del relato sobre Kalo, en llegar a ese segundo nivel de lectura.
Sin embargo, al comparar ahora esta evolución es realmente interesante comprobar cómo el canadiense ha seguido un camino que le ha llevado hacia la investigación formal sin abandonar sus intereses argumentales. La vida es buena si no te rindes hace gala de una planificación simple, que permite a Seth dedicarse plenamente a los tiempos y la puesta en escena. Un primer aprendizaje fundamental: la narración debe fluir y su base es precisamente la elección correcta de ritmos, de ese equilibrio entre la cadencia temporal y visual que llamamos narrativa y dota de fluidez a la lectura.

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En La vida es buena… se arriesga además a que esa aparente transparencia sea consistente para trabajar en ese doble nivel de mensaje que busca el autor. Un ejercicio que perfeccionaría totalmente en Ventiladores Clyde, una soberbia obra donde ese control del tiempo es decisivo: Seth destila con cuidado los silencios y las elipsis narrativas en la búsqueda de un compás pausado, emparentado con la métrica de un poema que se lee lentamente, dejando que las pausas se respiren. Dos primeras obras (¡quién sabe cuándo veremos la continuación de Ventiladores Clyde!) que se saldan con un autor en completo dominio de aquellos mecanismos que definen el concepto básico de la narración gráfica, pero todavía anclado en las deudas a la prosa y la poesía. Lo visual es un elemento usado como recurso para marcar el ritmo de lectura, perfectamente entretejido con lo narrativo, pero todavía no independizado completamente de una idea de lectura, de narración, que es heredera de la escrita incluso en el movimiento visual necesario. Pero precisamente ese dominio de las bases narrativas es una plataforma perfecta para tener la seguridad para alzar el vuelo y desprenderse de esas rémoras de la tradición escrita. Un salto que da empujado claramente por Chris Ware en Wimbledon Green, una obra de apariencia menor, con un argumento supuestamente más liviano, pero que le sirve de banco de pruebas perfecto.

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Juega con elementos que provienen del diseño gráfico para establecer unos mecanismos narrativos mucho más complejos, donde se incluye la necesidad de variar el ejercicio de lectura: el lector ya no debe “leer” el texto; debe leer las imágenes, la composición, dejarse llevar por lo visual para poder entender el mensaje completo que se desarrolla ante él. Como Ware, la página ya no es el elemento único de diseño: todo el tebeo pasa a tener importancia en la narración, desde las portadas, la tipografía, las formas… De hecho, el propio libro actúa como elemento metanarrativo, convirtiéndose en el mismo fetiche de coleccionista que el protagonista ansía. Una liberación completa que de nuevo perfeccionará en George Sprott.gs03 De nuevo un ejercicio de biografía imaginaria -esta vez de un presentador de televisión- que sin la opresión de las formas tradicionales, se deja llevar por un tamaño gigante que le permita juegos formales continuados que van de las grandes viñetas únicas a la multiplicación ad infinitum de viñetas minúsculas, llegando incluso al atrevimiento de apostar por escapar fuera de las dos dimensiones de la página con imágenes tridimensionales de los edificios donde se desarrolla la acción. Elementos gráficos que son combinados con acierto con un planteamiento narrativo de múltiples perspectivas que usan las entrevistas, los flahsbacks, los saltos, los esquemas o incluso evocadores imágenes gigantes de base simbólica… Todos tratados con un planteamiento visual diferenciado.

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Una ruta de liberación de las estructuras arcaizantes del lenguaje de la historieta, que rompen esquemas a todos los niveles: desde los temáticos, con un acercamiento a los temas repetitivos en la obra de este autor (la nostalgia de otras épocas, una reivindicación “retro” antitecnológica…) pero de forma siempre soterrada, escondida en continentes de apariencia ajena, a por supuesto los formales. La consideración global del lenguaje, no desde la primera viñeta o página, sino desde el primer acercamiento visual al objeto-fetiche-libro, unido a una ruptura de las convenciones de lectura provenientes de la literatura para exprimir al máximo las posibilidades de una lenguaje visual y dinámico donde no hay reglas escritas.

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George Sprott lo veremos en breve publicado en castellano por Random House. A ver si alguien se anima con Wimbledon Green.