Novedad de dibbuks

The empty inside, de Massacre. 17 x 24 cm. BN. 72 páginas. Rústica. PVP: 14.- €
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Bill es un matón de segunda que se gana la vida aterrorizando a los inquilinos de un inmueble
para cobrar un alquiler abusivo mes a mes. Se ocupa de garantizar el pago y de escarmentar
a los morosos, y es el ojito derecho de su patrón: nunca da problemas. Está casado con una
prostituta, a la que adora sobre toda las cosas. Como él suele decir: “son la perfecta pareja de
los bajos fondos”… Aunque esto dista mucho de ser verdad. No puede soportar ver cómo su
mujer se vende por dinero y aún es peor porque reconoce que sus ingresos como matón no le
permiten apartar a su amada del “mal camino”. Sabe que su vida en común no vale nada, que
es un infierno, una pesadilla, y que, por lo tanto, no tiene nada que perder si intenta mejorar-
la… Pero ¿acaso una situación ya de por sí terrible no es susceptible de empeorar? Cuando
decide que la puerta de escape a todos sus males pasa por robarle la recaudación del mes a
su patrón no puede ni tan siquiera imaginar que al final de ese camino la infelicidad aún pue-
da regodearse en su persona de distintas y retorcidas maneras…
“The Empty Inside” es la segunda obra publicada por Dibbuks de Massacre y ahonda en la
temática del thriller urbano ya esbozada en la anterior “To kill the assassin”. Con un enfo-
que más psicológico y de acción más contenida, se trata de una propuesta de género negro,
hermanada con el cine clásico de gánsters, llena de sorpresas y de giros inesperados que
hará las delicias del lector más exigente. Un blanco y negro sin concesiones, un trazo rudo y
sucio a veces, y una historia enrevesada son los elementos fundamentales de este cómic
que mantiene la tensión página a página y cuyo único afán es entretener.
El autor, escudado bajo el pseudónimo de Massacre, tiene una vida ajena al mundo del có-
mic, pero es un apasionado del género que dedica su tiempo libre (que no es mucho) a idear
historias como ésta y a llevarlas a cabo. Sus proyectos se gestan despacio (para “To kill the
assassin” empleó más de cinco años) y evolucionan poco a poco, paso a paso, en la mesa
de dibujo y con el apoyo siempre infalible de la paciencia y la tenacidad. “A veces –explica el
autor— una determinada escena me puede llevar varios meses de trabajo. No soy un perfec-
cionista; lo que ocurre es que el equilibrio entre la historia y cómo quiero dibujarla me obliga
a buscar soluciones imaginativas que deben esconder mis carencias como dibujante bastan-
te a menudo. Ese compromiso siempre es complicado: me gusta que mis dibujos luzcan y
odio las escenas de transición. Que cada escena merezca el esfuerzo de dibujarla es mi le-
ma [sonrisa]”. Nacido hace ya 37 años, Massacre espera tener algún as guardado en la
manga para seguir sorprendiéndonos en el futuro.

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