Voyeur

blumSoltero, con una vida rutinaria que se resume en el camino de su trabajo en la peluquería a su casa para soportar a su posesiva madre (ejemplo y definición perfecta de ese concepto tan adorado por los psicólogos de “madre castradora”). Televisión, un único amigo con el que compartir algunos momentos y, desde que le abandonó su novia, su única compañera sexual es su mano. Vincent es, posiblemente, el ser más anodino y aburrido que hay en el mundo. Sin embargo, un día, descubre a Rosalie Blum. Una joven que le prendará, ocupará sus pensamientos y cambiará su vida.
Bonita historia, ¿verdad? Parece el perfecto inicio de una novela de Corín Tellado, pero Camille Jourdy nos sorprenderá con un curioso giro argumental: el apocado Vincent no se atreverá a acercarse al objeto de su pasión y comenzará un juego voyeurista que le llevará a seguirla y conocer todos y cada uno de sus pasos. Transforma el clásico proceso de enamoramiento en una investigación morbosa –y obsesiva- en la que el lector no puede menos que involucrarse, atraído por ese lado oscuro de cotilla chismoso que todos llevamos dentro. Una autora poco conocida pero que demostrará dirigir con fuerza las riendas del relato, con ese estilo de dibujo de reminiscencias a Loustal en el trazo y en el color y que termina por arrastrar al lector hasta un sorprendente final que deja la tensión en el punto más alto hasta la espera de un segundo volumen en el que, aviso, la sorpresa será doble y mejorará, si cabe, el sabor dejado por este primer álbum.
Camille Jourdy se llama la autora y Rosalie Blum: una sensación conocida es el título de la obra. No lo olviden. Muy recomendable (2+)