Inside Moebius

insideLa realización de un diario en historieta no es nueva, James Kochalka lleva ya casi diez años haciéndolo. Utilizar la historieta como mecanismo para purgar demonios internos es, de una forma u otra, una práctica bien conocida en el noveno arte, sobre todo desde los inicios del underground americano. Hacer un diario en viñetas con la excusa de haber dejado la marihuana puede ser un interesante ejercicio de sinceridad o un anodino ejemplo de onanismo exhibicionista. Pero si lo firma Moebius… puede ser cualquier cosa.
Inside Moebius parte del citado punto de partida, pero pronto toma un recodo del camino para escapar de los requisitos iniciales autoimpuestos, convirtiéndose en un extraño experimento donde Jean Giraud, Gir y Moebius se enfrentarán a través de sus creaciones y, simultáneamente, consigo mismo, en una especie de infinito diván psicoanalítico donde el autor decide dar rienda suelta a todas sus ideas intentando recuperar la libertad de la escritura automática que ejercitó en El Garaje Hermético. Una obra fundacional, que supone tanto el punto de inflexión reconocible en la transición entre Jean Giraud y Moebius como el detonador de una revolución estética y argumental que convulsionó la historieta europea en los años 70. Cuarenta años después, ya en el siglo XXI, Moebius se desprende de todo artificio estético y se lanza a la misma improvisación armado tan sólo de un Pilot, obligándose a un dibujo rápido y abocetado que no puede ocultar su inmenso magisterio gráfico… pero ya nada es igual. El juego de la escritura automática, de la creación convulsiva, de ruptura argumental casi sincopada, ya no tiene sentido como estímulo creativo. Moebius ya no quiere transformar el mundo a su alrededor: quiere mirarlo y entenderlo. Intenta mantener la apariencia de misticismo y trascendencia, pero sus intereses son mundanos. Aunque trae a todos los personajes para enfrentarse a sí mismo y a su pasado redivivo en forma de nuevo personaje, la realidad es que lo que comienza siendo una impostada reflexión sobre la creación se rompe rápidamente para derivar en un largo discurso sobre la actualidad derivada del 11-S: Bin Laden se entremezcla entre la fantasía para que Moebius pueda desarrollar sus ideas y conceptos sobre el tema. Y, paradójicamente, comienza ahí un interesante tira y afloja donde es posible escrudiñar un poco más allá: en el fondo, Moebius lo que está poniendo sobre la mesa es el alcance del concepto de autor como demiurgo absoluto. Pese a recluirse en su “Desierto B”, ese escenario imponente desértico de horizonte infinito que actúa como nexo de unión de todas sus obras, de rodearse de todas sus creaciones, incluso encerrado en un inexpugnable búnker gráfico, el exterior llama a la puerta de forma indefectible, se entremezcla y subvierte la creación original. Encerrado y atrapado, opta por usar la metáfora psicoanalítica del vuelo como evasión, escapando de esas contaminaciones de la realidad. Se lanza al caos como paradigma de su mente afectada por la marihuana, para descubrir que no es más que un eufemismo que intenta esconder la nostalgia de otra forma de crear, de aquella provocadora ruptura de las líneas argumentales que hoy ya no tiene esa efectividad. Edena ya no es una burbuja de aislamiento donde ignorar el presente.
Pero pese a todos los esfuerzos del dibujante, Inside Moebius logra una paradójica coherencia interna: es una mirada al pasado intentando buscar un sentido a toda una vida. No es coincidencia que, en paralelo con esta experiencia, Moebius haya vuelto al universo de El Garaje Hermético con un Le Chasseur Déprime que actúa de curioso contrapunto.

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A diferencia de la desnudez y minimalismo gráfico de su diario, el Mayor Grubert vuelve con una demostración ostentosa de excelencia gráfica, casi presuntuosa, en la que encontramos una inesperada subversión de términos: lo automático e improvisado queda en Inside Moebius, lo autobiográfico se desliza por todos los resquicios de Le Chasseur Déprime. En la primera Moebius es uno más de los personajes que buscan su Pirandello particular.En la segunda, Grubert en un Giraud depresivo, que vuelve a un universo que ya no tiene encaje en la actualidad. Un discurso que, en ambos casos, se plasma a través de los matices gráficos, de los trazos rápidos y aparentemente no pensados de uno al preciosismo y exquisitez de la otra, en una especie de partida de ping-pong donde se van pasando a Jean Giraud.
El principal problema que se le puede poner a la propuesta de Giraud/Moebius es que la lectura de esta obra sólo tiene sentido desde el conocimiento de su trayectoria vital y artística. Los continuos guiños y referencias adquieren su lectura definitiva –en algunos casos rabiosamente autoparódica- para cualquiera que haya seguido ese tránsito de Blueberry al Incal pasando por Arzak, Jerry Cornelius o Edena, pero puede convertirse en una especie de intrincado criptograma para aquellos que no conozcan su obra.
La edición de Norma, excelente (gran acierto lo de agrupar dos tomos en uno). Esperemos que pronto publique El cazador deprimido (ojito, posiblemente su mejor trabajo gráfico, ahí es nada).

Enlaces:
Entrevista a Moebius 1 2

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