Un par de cosas que no salieron…

Un par de párrafos que no salieron en la entrevista a Crumb por problemas de espacio:

Elecciones difíciles que no evitarán la polémica, como las recurrentes acusaciones de misoginia: “Supongo que es imposible evitarlas, pero precisamente una de las cosas que más me ha atraído del Génesis ha sido descubrir la potencia de sus personajes femeninos, pese a la sociedad patriarcal en la que viven, adquieren unos roles fundamentales, activos, mucho más protagonistas que los masculinos”.

Una opinión que puede no ser compartida por los grupos de creacionistas que defienden la explicación del origen del hombre que da el Génesis de forma literal, para los que la obra de Crumb podría ser casi un libro de texto. “No lo había pensado…-asegura divertido- ¡es una idea preocupante! Pero no creo que lo hagan, hay imágenes que seguro que consideran indecentes…aunque estén en la Biblia.”

El fan

crumbHay veces que estas cosas de escribir sobre tebeos te dan satisfacciones inigualables. En la mayoría de los casos, desde el lado de los lectores, que siempre devuelven mil veces más de lo que tu das como buenamente sabes o puedes. Pero otras vienen de esa vertiente fan que todos tenemos, que por mucho que intentemos ocultarla bajo toneladas de sentido común y raciocinio, sale a la superficie a la que menos te esperes. Y la última ha sido un inesperado regalo de Navidad adelantado. Hace un par de meses, recibía una llamada desde EL PAÍS para mandarme un “encarguillo”, con la dinámica de siempre…
– “Oye que si podrías hacer una entrevista, que hay que hacerla ahora, aunque saldrá dentro de unas semanas”.
– “Sí claro, dime a quién…”.
– “A Robert Crumb”.
Silencio. Recojo la mandíbula del suelo y la pego con Superglue. Compruebo que funciona correctamente, aunque lo que sigue son una serie de gorgoteos inconexos intentando que mi fan interior dejara de pegar botes y chillidos de alegría. Mantengo la apariencia de serenidad. Por teléfono es fácil, mi interlocutor sólo oye la seria voz de un profesor de universidad -algo atragantado, eso sí-. Afortunadamente no puede ver que el fan interior ya ha tomado el control de parte de un brazo y de una pierna, que se mueven ostentosa pero descompasadamente cual baile de San Vito.
La entrevista se realizó telefónicamente unos días después (con el fan interior atado, amordazado y bajo vigilancia extrema) y ha sido una de esas experiencias que uno se guarda para siempre. Al ser para un medio generalista apenas podía entrar en los puntos que a mí más me interesaban del trabajo de Crumb, pero la verdad es que la conversación fue una delicia. Exquisitamente educado, Crumb respondía y se extendía en cada respuesta y mostraba una lucidez demoledora en sus respuestas. Pese a que muchas de las preguntas se las habían hecho ya mil veces, volvía a explicarse detenidamente, reflexionando cada respuesta y dejando abiertas nuevas preguntas, haciendo la entrevista sencilla y fluida. Destilando con acierto ese sentido del humor inteligente y ácido de sus tebeos.
Cuando me di cuenta, llevábamos casi tres cuartos de hora hablando. El doble de lo que se había comentado inicialmente. Si por mi hubiera sido, podrían haber sido horas y horas.
La entrevista publicada es un resumen de lo hablado que, espero, traslade a un lector que no conoce la obra de Crumb las motivaciones y objetivos de su adaptación de El Génesis.
¿El fan interior? Bien gracias. Lleva calladito desde entonces, en una especie de coma orgásmico…

Vecino

vecinoReconozco que la segunda parte de El Vecino me desconcertó. Tras el buen sabor de boca que me había dejado el estreno de la serie (la reseña se puede encontrar en los archivos de Junio de 2004 -lo sé algún día recuperaré “los años perdidos” de La Cárcel), ese giro radical hacia un drama excesivo me pareció un particular “Born Again” que llegaba demasiado pronto, a destiempo y rompiendo la línea que tan bien había marcado el primer episodio. Desconcierto que me dejaba descolocado (lo siento por la aliteración) ante la tercera entrega de la serie. Los pequeños ejercicios de estilo que habían aliviado la espera de los aficionados desde El manglar tampoco daban demasiadas pistas y la única solución posible al entuerto era esperar a este nuevo volumen. Y respiro aliviado, oigan, porque reencuentro todas las claves que me gustaron de aquél primer álbum a tutti colori ahora transformado en sobria novela gráfica en blanco y negro de chipkiddiana portada, comenzando por ese principio atípico donde el lector parece llegar a una película que ya ha empezado y que nos obliga desde ese momento a prestar un poco más de atención, no sea que nos hayamos perdido algo importante. Un inicio que enlaza perfectamente con aquél final abrupto tan acertado, creando una especie de pequeño salto, como aquellas viejas películas con cortes bruscos y repentinos que no impiden seguir el hilo de la historia. Y así, ya en materia, descubriremos que los superhéroes tienen una vida de lo más normal, jugando a los guiños cómplices con aquellos tebeos maravillosos de la DC de Lois Lane y Jimmy Olsen, actualizando a los problemas económicos y sentimentales (también los sexuales que sólo intuíamos entonces) del héroe, pero respirando ese mismo aire de paradójica normalidad que los superhéroes deben vivir. Pero los ejercicios de estilo pasan factura y se nota que García -un guionista que se está convirtiendo en imprescindible- quería incorporar una pirueta especial, volviendo a esa forma de entender los tranches de vie lauzerianos que Dupuy y Berberian perfeccionaron en Mr. Jean, incorporando un brillante discurso sobre la mentira en las relaciones humanas. Mentiras compasivas o intencionadas, consentidas o ignoradas, leves o graves, pero que forman parte indisoluble de la naturaleza humana hasta el punto de ser casi necesarias para que una relación exista. Casi sin darnos cuenta, Titán ya no importa y lo que nos interesa realmente es saber qué pasa entre José Ramón y Javier, entre Javier y Lola, entre José Ramón y Rosa…, en esa telaraña de sentimientos, egoísmos, ambiciones, mentiras y verdades en la que están atrapados. La misma que vemos a nuestro alrededor a poco que levantemos los ojos del papel. Quizás no idéntica en forma, pero si en fondo.
Un cambio argumental al que le ha sentado de perlas el nuevo formato. Pepo Pérez se apunta a la estricta rejilla watchmeniana y se dedica libremente al difícil arte de la puesta en escena fluida, con un dibujo suelto de entintado sencillo, que se traduce en muchísima más expresividad y frescura, obligatoria para una narración que se centra en los diálogos y se sustrae de toda distracción. Incluyendo la del color, que desaparece para dejar sólo unas notas de violento rojo para el traje de Titán, que tiene el efecto de alejarlo de la realidad y veracidad del blanco y negro.
Me sorprende, de nuevo, el final. Hasta ahora, los autores han dado mucha importancia a esas últimas páginas, reconvertidas casi en firmas personales de una forma de entender la historieta, cargadas de intención. Y por eso, me preocupa esa viñeta final, esa puerta que se cierra tras un final feliz. ¿Es el final de El Vecino? Espero que no.
Un sólido tebeo. O novela gráfica.