Cariño por los tebeos

Una recomendación muy rápida: Bernet. 50 años de viñetas. El libro de Antoni Guiral que acaba de editar El Jueves es un concienzudo estudio sobre Jordi Bernet, acompañado por una inabarcable cantidad de interesantísimo material gráfico. El artículo principal, una larga biografía del creador, es de una exhaustividad extraordinaria, que permite no sólo conocer en profundidad la evolución creativa del autor, sino entenderla gracias a su correcta contextualización dentro de la historia del tebeo de este país. Brillante es decir poco para calificar el trabajo de Guiral, pero más espectacular si cabe es la selección gráfica y, sobre todo, el cariño y tratamiento de las obras presentadas. Desde la reproducción casi facsímil de los originales, que permite estudiar y analizar el trazo y recursos técnicos de Bernet, hasta la cuidada presentación de las mismas. Partiendo siempre de la gran profesionlidades de Guiral, hay siempre una gran diferencia entre los trabajos que ha publicado El Jueves y los que han visto al luz en Ediciones B.
Son trabajos siempre excelentes y destacables, pero estos volúmenes de la colección Magnum que he editado El Jueves tiene algo más, un inmenso cariño por los tebeos. Guiral siempre lo ha tenido, se le nota nada más hablar con él cinco minutos, pero no sólo tienen que tenerlo los autores. Es fundamental que lo tengan también los editores.

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Calatayud

Aprovechando la aparición de Peter Petrake (El patito editorial), os pongo un texto que aparece en el libro que escribí sobre la historia del tebeo valenciano, Viñetas a la luna de Valencia (Edicions de Ponent, 2007)

petrake“Una constante que marcará las profundas diferencias existentes entre el movimiento underground que se originara en Barcelona y el que posteriormente se generará en Valencia, cimentado en forma definitiva con la vuelta a Valencia de Mariscal para realizar el servicio militar en 1975. Un año clave en el cómic valenciano, ya que con apenas unos meses de diferencia aparecerían dos publicaciones fundamentales para entender su evolución posterior.
En abril de 1975, dos estudiantes de Bellas Artes preparan un cuadernillo autoeditado para conmemorar el primer concierto de rock que se realiza en la capital del Turia, Ademuz Km.6. Sento Llobell (que firma como Dau-Dau), Maldonado y Enrique Bosch (con el seudónimo de Mitjarmut), usan aquí la historieta de forma radicalmente distinta a la vista en las publicaciones del grupo del Rrollo, con una clara vocación testimonial- festivo-costumbrista de lo acontecido en el concierto, usando un estilo más deudor de los delirios pop de los 60 que del más rudo underground americano. Una dependencia que queda además confirmada en la historieta colectiva «Retallat-Pegat», en la que se hace un repaso a los principales iconos de los años 50 y 60 , desde Pumby y Superman a la Coca-Cola y los Beatles.
Si bien se puede optar para explicar estas diferencias por el tópico del festivo y luminoso carácter mediterráneo, puede ser mucho más interesante rastrear los orígenes de esta estética en los movimientos artísticos de la Valencia de finales de los 60, que tenían precisamente en el pop americano su principal fuente de inspiración. Equipos de artistas valencianos como el Equipo Crónica o el Equipo Realitat son ejemplos perfectos de esta reivindicación de la iconografía de la publicidad como elemento discursivo del arte, formando una corriente de una tremenda vitalidad, que tendría en nombres como Solbes, Valdés, Armengol, Gassent o Heras a sus máximos exponentes. El diseño gráfico y el diseño industrial se alzan como catalizadores de esta nueva forma de plantear el arte desde una perspectiva más urbana, enraizada en la sociedad de consumo, en un movimiento colectivo que afecta a casi todas las disciplinas artísticas que se desarrollan en Valencia. petrake1
Es lógico pensar que estos movimientos artísticos resultarán especialmente influyentes en unos autores de historietas que, justo en ese momento, están todavía en sus primeras etapas formativas como artistas.
Una influencia que, en el caso de la historieta, se vehicula de forma especial a través de un autor de cómic que supondrá una pieza trascendental para el desarrollo de la historieta valenciana: Miguel Calatayud (Aspe, 1942). Este alicantino, profesor de dibujo, se incorporó al equipo de dibujantes de la revista Trinca que la editorial Doncel lanzó en 1971. Una publicación afín a la Prensa del Movimiento, dirigida por Isidoro Carvajal, que recogía en cierta medida el espíritu de las publicaciones juveniles francesas, con historietas de aventuras y de género en el estilo más clásico que venían firmadas por dibujantes tan interesantes como Antonio Hernández Palacios, Ventura y Nieto o el también valenciano Jaime Brocal Remohí. Pese a su origen vinculado al régimen, Trinca supone un extraño oasis dentro del panorama historietístico español, con obras de gran excelencia realizadas por autores de calidad contrastada por su trabajo para editoriales americanas y europeas. En general, las historias incluidas en petrake2la revista seguían fielmente la ortodoxia del relato aventurero que triunfaba en Francia en los 60, con un dibujo de estilo naturalista y temáticas de corte más juvenil, alejadas del modelo del cuadernillo clásico de las décadas anteriores, que conectaron rápidamente con el público español. Sin embargo, dentro de este contexto de sumisión a la ortodoxia, las historietas de Miguel Calatayud aparecían como un elemento sonoramente discordante. Su primera serie, «Peter Petrake» es difícilmente caracterizable dentro de los parámetros antes descritos, ya que temáticamente es una parodia de las películas de espías con toques de folletín de radio, con una mirada irónica que contrastaba con la del resto de series de la revista. Pero si difícil era que sus argumentos casasen con la línea redaccional de la revista, su universo gráfico sencillamente se encontraba a años luz del de sus compañeros. Mientras que las influencias de Hernández Palacios o Brocal Remohí se debían buscar en autores de fuerte formación académica como Jean Giraud, Harold Foster o John Buscema, Calatayud es una esponja que absorbe todas las vanguardias artísticas, desde el pop americano hasta las corrientes de diseñadores gráficos como Heinz Edelmann (responsable de la imagen gráfica del Yellow Submarine de los Beatles) pasando, por supuesto, por los movimientos artísticos que se estaban dando en la ciudad de Valencia. Sus historietas son una explosión de hallazgos, con la incorporación de elementos propios del diseño gráfico como recursos narrativos de la historieta y, sobre todo, con una magistral utilización del color como elemento clave en la secuencia gráfica. «Los doce trabajos de Hércules», su siguiente contribución para la revista, sólo haría que confirmar lo iniciado con su anterior trabajo y, pese a que su temática se suaviza, siguiendo una adaptación de la mitología clásica, su grafismo consigue una rúbrica propia y definida, consiguiendo una obra fascinante que, lógicamente, impactaría en los jóvenes creadores del Ademuz Km.6 y de resto de fanzines que aparecerían en la ciudad de Valencia de forma indeleble.”

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Una preciosa genialidad adelantada a su tiempo. Y como noticia: el año que viene, edición canónica de Los doce trabajos de Hércules. Cortesía de Edicions de Ponent. Ya sólo falta que alguien recupere la antología “Vivan los cuentos” que editó ESCO.