Lo mejor del 2009

Se acaba ya el año (lo de la década va a gustos) y esa pulsión que nos lleva a confeccionar listas de todo tipo se dispara hasta el infinito. ¡Mira que nos gusta la cosa! Y el caso es que -hay que reconocerlo- es adictivo. Eso sí, servidor, para evitar olvidarse de aquello publicado el último día del año, tiene la costumbre de esperar unos días para no olvidarse de nada y que ninguna de las lecturas todavía pendientes se escape (que ya me ha pasado alguna vez…).
Pero mientras termino de repasar y repensar el listado, algo que no había hecho nunca en estos siete años: ¿por qué no hacer una “consulta popular” entre los lectores de La Cárcel? Así que, allá va la pregunta: ¿Cuál es vuestra lista de los cinco mejores del año?. Ponedla en los comentarios o mandádmela por mail.

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Schulz

Existe una extraña norma social que obliga a la dicotomía constante: o se es del Barça o del Real Madrid, o de izquierdas o de derechas, o de dulce o de salado, o de mar o de montaña… Hay una especie de obligación tribal, instintiva, a resolver el dilema por un atajo que suele obviar la inteligencia, forzando a la elección más allá de la lógica. Y no se crean ustedes que la cosa es diferente en los tebeos, que el ghetto existió y todavía renquea pero no impide el contagio. Es más, se amplifica hasta la respuesta violenta: o DC o Marvel, o pijamero o gafapasta, o Tintin o Astérix… Con una “o” que refuerza su función de conjunción disyuntiva con exclusión y a conciencia. Y eso pasaba con especial fuerza con Mafalda y Peanuts. O Carlitos y Snoopy, como siempre hemos conocido a la serie por estos lares. En cualquier conversación al respecto, parecía obligatorio llevar un gran anuncio fosforescente que dejara claro el bando a elegir. Y yo reconozco que era de los de Mafalda. De hecho, creo que la gran mayoría de este país era mafaldero, un poco por rechazo al pijerío que se había apropiado del juramento snoopyniano, supongo. Pero éramos fieles a la creación de Quino y, en cierta medida, mirábamos altaneros al cabezón de Schulz. Y eso que Mafalda y sus amigos tampoco se quedaban cortos en cuestiones de perímetro craneal, todo sea dicho.
Carlitos y Mafalda son analistas de lo que afecta al ser humano, tan concienzudos como demoledores, pero con una pequeña diferencia: mientras que el primero se interesaba por aquello que transcendía la intimidad del individuo desde un existencialismo militante, la segunda se dedicaba a lo que agredía al individuo desde el exterior con un compromiso político definido. Supongo que esa diferencia favorecía a la niña resabidilla: es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que en propio. Y además duele menos, por lo que el discurso de Mafalda, en su zahiriente veracidad, era más inocuo para el lector como individuo.
Sin embargo, con el tiempo, y quizás con la edad, para qué engañarnos, las tiras de Carlitos comenzaron a tener un atractivo especial, un añadido de identificación con la experiencia que quizás antes habíamos dejado pasar por ignorancia o miedo. Y, al mirarla con otros ojos, nos dimos cuenta de que Mafalda era genial, pero no existiría sin Peanuts. Y que Schulz había tenido éxito en un camino difícil gracias a las pistas que le proporcionó Crockett Johnson con su Barnaby, logrando que una pandilla de chicos cabezones se convirtiera en el mejor diván de psicoanalista que la humanidad ha tenido.
Descubrir Peanuts de adulto es una suerte, una experiencia que permite comprobar hasta qué punto la atmósfera corrosiva de la aldea global de McLuhan podía corromper completamente una creación hasta convertirla en merchandising puro que se fagocita a sí mismo hasta hacerse irreconocible.
Y más suerte todavía es disponer de la biografía de Schulz escrita por David Michaelis, un repaso a la vida del creador de una exhaustividad increíble (sólo superada por la de Milton Caniff escrita por R.C. Harvey) que permite desentrañar claves fundamentales de esta obra maestra. Michaelis explora con minuciosidad todos y cada uno de los pasos vitales de Schulz, documentándolos y encontrando correlaciones que permitan entender la evolución paralela de la serie, comprendiendo hasta que punto Schulz, más que Charlie Brown, era Peanuts. Reconozco que el estilo de prosa engalanada de Michaelis me carga un poco, pero apenas importa ante la avalancha y profusión de datos, ante lo titánico de la investigación, en un análisis tan concienzudo que entierra el peligro de caer en la hagiografía. Es todo un privilegio poder asistir como lector a la creación de un clásico, desgranando todas y cada una de las decisiones del autor, desde las personales a las impuestas, comprendiendo simultáneamente a creador y creación. Me ha gustado, sobre todo, la inclusión de tiras que apoyan la tesis de traslación entre lo que vemos en la serie y la vida del autor (una labor nada fácil, más de 15.000 tiras no favorecen encontrar las coincidencias), en una especie de paso continuado entre las bambalinas y el escenario. Actúan como un inesperado refuerzo de la investigación, como aseveraciones de las tesis de Michaelis que permiten una perspectiva diferente, uniendo con fortuna vida y obra. Y también por supuesto, explorando ese camino que llevó a la serie a ser el primer gran éxito mediático de la tira de prensa, la primera que trascendió la viñeta para convertirse en carne de merchandising.
No se puede dejar de lado la polémica desatada sobre el libro, con las acusaciones de los hijos de Schulz, que acusan a Michaelis de haber recreado una imagen falsa de su padre. Pero precisamente esas tiras refuerzan las tesis del autor frente a cualquier crítica. Es posible que sea necesario investigar más sobre Schulz y Peanuts. La grandeza de la obra lo merece, pero sin duda éste es un primer paso excelente y necesario.
De lectura obligada.

Plan editorial de Panini para 2010

Tras un laaaaargo goteo, ya se puede consultar en Marvelmanía el plan editorial completo de Panini para 2010. A destacar la edición en tomo del Lobezno de DasPastoras, el recopilatorio de las interesantes Strange Tales (el equivalente Marvel a Bizarro Comics) y, como siempre, la edición de clásicos, con los Vengadores de Barry W. Smith o ese inmenso (y supongo que inmanejable, qué manía con los mamotretos) volumen de Estela Plateada.

Sexo

Vivimos en una sociedad de libertades hipócritas, de esas que uno se llena la boca enumerando para acto seguido cercenarlas a la primera de cambio. Nos encanta decir eso de que la libertad de uno acaba donde empieza la del otro, pero en el fondo lo que realmente pensamos es que si le quitamos toda la libertad al otro, pues más para nosotros. Juego de eufemismos que alcanza su mayor perfección en todo aquello que tenga que ver, velada o explícitamente con el sexo. Pese a que aceptamos con supuesta sonrisa la llegada de la libertad sexual, condenamos a las catacumbas a todo aquello que tenga aroma de sexo. Erotismo sí pero pornografía no. O, dicho de otra manera, la corrección política de un coito imaginado a través de objetivos correosos de vaselina frente al uso de la misma como lubricante para follar. El puritanismo triunfó legando un tabú que sigue siendo dogma y que enuncia que follar es feo, malo y casi punible. Se acepta, como mucho, que mostrar el cuerpo femenino es sinónimo de belleza, cuando en realidad es el simple eufemismo de una sociedad machista que sigue excitándose con tetas y culos ajenos pero se asusta de la desnudez propia. Sexo, sexo, sexo… ¿tan malo es?
Pues no. Y eso lo demuestra Gaspar Naranjo con su particular celebración de la alegría del sexo compartido, consentido y oficiado con desparpajo en un librito que en sí mismo es un ejercicio de fetichismo. Un pequeño cuaderno de notas donde esos personajes hechos con cuatro líneas y dos redondelitos de color nos enamoraron en De cómo te conocí, te amé y odié se lanzan a la jodienda más efusiva e hiperbólica, exagerada, excesiva y demás epítetos que indiquen sano despendole. Heterosexo, homosexo, necrosexo, xenosexo, y todas las filias que ustedes se puedan imaginar forman parte de las páginas de esta libretita cuyas tapas rojas anuncian el paso a un lugar prohibido, provocando al lector para que se ría abiertamente con la sexualidad. Unas risas que derrumban ese muro que alzamos alrededor del sexo y consiguen que aceptemos con naturalidad que somos parte y practicante de un juego que nos hace humanos.
Pollas, tetas, coños, polvos, mamadas, enculadas… hace pensar y te ríes ¿Qué más queréis? Sexo: el regalo perfecto para estas fechas.
Unas cuantas páginas del tebeo
Entrevista a Gaspar Naranjo

Una vida de tebeos, en la basura

Hay cosas en esta vida que entristecen. Como, por ejemplo, andar por la calle y ver que están tirando parte de la colección personal del recientemente fallecido Claude Moliterni.
Moliterni ha sido uno de los grandes teóricos de la historieta y su correspondencia, los sketches que tenía, etc, deberían formar parte de la colección de un Museo de la historieta, no del contenedor de basura. Unas fotos que provocan verdadera tristeza. Y vergüenza ajena.

Mis favoritos

No era una inocentada: retomo por fin la lista de Mis tebeos favoritos, por fin con ciertas garantías de actualización de al menos una o dos entradas por semana (en este momento tengo casi 30 borradores preparados). Recuerdo, como siempre, que no es en absoluto un intento de establecer un canon ni un listado categórico ni nada por el estilo. Es, simplemente, la lista de aquellos tebeos que más me gustan.

Mis tebeos favoritos (XXV): Born Again, de Frank Miller y David Mazzucchelli

Con apenas unos meses de diferencia, Frank Miller produjo tres obras que estaban destinadas a cambiar completamente el género de superhéroes. Tres obras que definían un punto de inflexión decidido en su carrera y que suponían la culminación lógica de todo su trabajo anterior. Tras llegar a una serie casi olvidada como Daredevil, la utilizó como banco de pruebas, transformando un personaje secundario en todo un ejercicio de autor donde el dibujante aprendía a la vez que experimentaba, en una evolución ascendente meteórica que tendría un remate espléndido en Ruleta, una historieta donde Daredevil visitaba a un malherido Bullseye en el hospital. Gráfica y narrativamente grandiosa, pero todavía más interesante desde un argumento que trataba la figura del superhéroe con una madurez como pocas veces se había visto en la historieta, definiendo ya el particular interés del autor sobre el concepto de héroe y sus consecuencias. Una idea que se transformaría en obsesión y que fructificaría con lo que se podría denominar una “trilogía del héroe”, donde exploraría tres posibles caminos de análisis. En Born Again, tomaba a su personaje fetiche hasta el momento, Daredevil, para hacerle recorrer ese final del camino heroico de Joseph Campbell desde una perspectiva entroncada en el género negro. Chandler como mentor de una resurrección heroica que, además, busca orígenes y paralelismos en la mitología judeocristiana. En The Dark Knight Returns se lanza a la hipérbole total, a una definición hipertrofiada que exagera hasta el límite la figura del superhéroe para deformarla y reescribirla desde una perspectiva moderna y adulta, que es capaz de aglutinar referencias que van desde el objetivismo a la mitología heroica para lanzar al superhéroe a una nueva evolución, a trascender su propia mística pagana para humanizarlo y, paradójicamente, convertirlo en una entidad subjetiva, en una fuerza moral. Y, por último, en Batman: Año Uno, Miller da una visión canónica del mito de Batman tras matar al héroe para celebrar su resurrección. Lo humaniza y lo hace realista gracias a la labor gráfica de una Mazzucchelli espléndido, impregnado del estilo naturalista de Toth para hacer que ese mensaje de cotidianidad empape al lector, pero con la síntesis gráfica necesaria para que sea reconocible todavía como un héroe que nace del canon de Batman. Resulta paradójico, pero Miller y Mazzucchelli consiguieron la cuadratura del círculo: la renovación completa desde el respeto reverencial al canon labrado durante décadas. En el Batman de Año Uno se encuentran sintetizado tanto las versiones de Bill Finger y Dick Sprang como la de Sheldon Moldoff o la de Neal Adams y Denny O’Neil, dejando la puerta abierta para ese futuro oscuro ultraviolento que le espera en Dark Knight.

Tres obras maestras del noveno arte que, obligatoriamente, deberían estar en cualquier listado que se precie sobre la historieta. Aunque posiblemente las tres adquieren su sentido de forma global y conjunta, comienzo el periplo por Born Again, sin más ánimo categorizador que el temporal. Tras años de conocer el personaje, de narrar todas las historias posibles, Miller abordó con la ayuda de David Mazzucchelli la historia que marcaba el final y principio del personaje, una deconstrucción en sentido estricto que parte, como ya se ha comentado, del camino del héroe de Campbell para extraer todas las componentes del mito superheroico, todas las características que lo definen más allá del individuo, como una fuerza moral de la sociedad. Se apoya en dos grandes estructuras: por un lado, la del género negro, que le sirve como elemento de creación de una atmósfera, los bajos fondos, las estrategias mafiosas para la destrucción del personaje. Por otro, la religiosa, identificando la tradición judeocristiana con ese camino de resurrección que traza el héroe, desde la traición por unas monedas a la resurrección en sentido estricto, insertado en un continuo de imaginería simbólica (magistral la transición de las primeras páginas de cada cómic book, desde la posición fetal pre-nacimiento hasta la mistificación del crucificado). Sobre ellas, Miller desarrollará un potente discurso sobre el sentido del héroe que Mazzuchelli bordará con una interpretación realista y contundente, que le proporciona a Miller la libertad para analizar hasta el más mínimo recoveco del concepto, desde el fascismo inherente (enfrentándolo con inteligencia contra el símbolo patriótico por antonomasia, en una brutal crítica de la política de Reagan que comparte con Dark Knight) hasta la propia concepción industrial, proyectándolo en un discurso adulto que se aleja mucho de la tradicional consideración del género como infantil o juvenil. Es verdad que, en cierta medida, se podría achacar al Born Again de Miller y Mazzucchelli cierta irregularidad producto de un exceso de ambición a la hora de tratar tantos temas, pero no es necesaria una solidez de conjunto: cada uno de los temas es tratado con tanta genialidad que poco importa que se “haya roto el saco”, el lector se encuentra tan apabullado con el discurso de Miller que lo demás se torna secundario.
Una trinidad de obras que, siempre con la compañía de Watchmen, redefinieron por completo el género y, en extensión, la historieta del siglo XX.

Ediciones en España
En su día, Born Again se publicó de forma ignominiosa como complemento dentro de la colección de Spider-Man, teniendo que esperar a su posterior recopilación en formato libro en la colección Obras Maestras de Forum para poder disfrutar de esta obra en todo su esplendor. Por desgracia y pese a su importancia, ha sido una obra bastante olvidada por los editores: durante casi 20 años, ésta fue su única edición digna y sólo se ha podido volver a ver en un coleccionable de kiosco de Daredevil. Aunque parece que, por fin, Panini la publicará de nuevo en formato libro en verano de 2010.

¡Por fin! Superman vs. Muhammad Ali

Tras años de peleas por los derechos, un buen regalo de navidad, parece que se confirma que por fin verá la luz una reedición del excelente Superman vs. Muhammad Ali, uno de esos crossovers imposibles tan del gusto de los 70. La diferencia, un Neal Adams espectacular acmopañado de un Denny O’Neil en forma que recuperaron en este extraño cruce ese espíritu humanizador que ejercitaron en Green Lantern/Green Arrow. La edición se prepara para finales de otoño, con gran cantidad de extras.

[Gracias WWfan!]

Siete años y un día

El 27 de diciembre de 2002, La Cárcel de Papel comenzó “oficialmente” a funcionar. Después de varios meses de pruebas, el Diario de un lector de tebeos era una realidad.
Han pasado siete años, unas 8.000 entradas y casi 100.000 comentarios. Y algo así como siete millones de visitantes. Se dice rápido.
Sinceramente, ya no sé qué decir cuando echo la vista atrás. La Cárcel se ha convertido en parte de mi vida, es indudable. Por mucho que intente quitarle importancia y pensar que sigo siendo el mismo, es evidente que no, que esta ventana virtual me ha dado muchísimas cosas. Más de las que merezco, sin duda. Me ha dado, sobre todo, muchísimos amigos, gente a la que muchas veces sólo conozco tras el teclado del ordenador pero que ya considero amigos en los que confío. Incluso algunos han traspasado esa barrera y también lo son hoy en el “mundo real”®. Es el lado bueno de la balanza que consigue hacer olvidar cualquier aspecto negativo. Que los hay, para qué negarlo: la etiqueta de “gurú” que ya me acompaña de forma indefectible, las broncas en los comentarios, los enemigos que he logrado por el simple hecho de estar ahí… Debo reconocer que me fastidian: mi famoso “buenrrollismo” que tanto odian algunos no es una pose, es una forma de ser que supongo es demasiado ingenua.
Pero siguen siendo más las cosas buenas, muchísimas más. Demasiadas para alguien que sigue siendo un intruso en esto de los tebeos, que en el fondo no es más que un lector de tebeos al que le gusta compartir sus gustos.
Y así debe seguir siendo La Cárcel. Ni gurú, ni leches. Nada más que el blog de alguien a quien le entusiasman los tebeos.
Muchas gracias a todos.
Mañana, más. (Exactamente, la vuelta de Mis tebeos favoritos, que ya era hora)

Para regalar en Navidad

Dos ediciones francesas que pueden ser un regalo maravilloso para cualquier aficionado a los tebeos: la primera, la edición integral de La Guerre de Alan, de Emmanuel Guibert. Edición a todo lujo en tamaño gigante, que a priori activó todas mis alertas ante el posible deterioro por la ampliación. Un prejuicio que se derrumbó nada más abrirlo: la edición es impecable, reescaneando los originales para una perfecta reproducción a ese tamaño. Sólo se puede leer con babero, aviso. Edita L’Association en una tirada limitada de 4000 ejemplares (je, como aquí…)
Y la segunda, la edición francesa del precioso Pinocchio de Jacovitti. Una adaptación del cuento de Collodi de 1946 simplemente soberbia, con un dibujante superlativo, impresionante, poco reconocido por estos lares. Edita con gusto y lujo Les Reveurs, a un precio excelente, 22€. (Regalazo que, por cierto, me ha hecho un amigo. ¡Eso son amigos y no los Santa Claus y demás! :))

¡Felices fiestas!

Celebren la festividad que celebren durante estos días, que me sean ustedes muy felices, ¡leñe!. :)
Y aprovechen, que con el frío siberiano que nos acompaña nada mejor que una ingesta calórica desaforada a base de turrones, mazapanes, cocidos y lo que se tercie…

(Imagen de R.F.Outcault, vista en la maravillosa Stripper’s Guide)

Save Our Souls

Aprovecho la nueva edición por parte de Apa Apa Cómics de la obra de Felipe Almendros para una nueva lectura y reconozco que las sensaciones y vibraciones mejoran con el tiempo. Un año después, Save Our Soul sigue manteniendo intactas sus virtudes y, de paso, encuentro nuevos puntos de conexión.
Reciclo la reseña que hice en su día:

Poco puedo decir del autor, del que no he leído Pony Boy, pero me pareció intrigante que reconozca no leer tebeos y desconocer prácticamente el medio y, acto seguido, no sólo lo use para expresarse, sino que se embarque en una autoedición cuidada y limitadísima (sólo 100 copias). Uno de esos casos donde puede ser interesante hasta qué punto el lenguaje secuencial nace de una forma natural, sin necesidad real de un aprendizaje de recursos propios. Almendros se desprende de todo tipo de artificio para contar su viaje a Colima (México), acompañando a su hermana en los primeros días de maternidad. Un punto de partida argumental aparentemente simple y compatible con el relato autobiográfico, sobre el que Almendros pronto construirá un mensaje formal rabiosamente rebelde: el dibujo es marcadamente feísta, infantiloide; reniega de forma decidida de las perspectivas e incluso de la viñeta tradicional, descomponiendo la página en ocho espacios constantes que, muchas veces, pueden incluir en su interior más de una escena, en una ruptura completa con la tradición compositiva. Una serie de elecciones que parecen querer rechazar al lector, pero que permiten a Almendros narrar su historia de una manera completamente original. Pese a que ha declarado abiertamente que plantea sus historietas de forma cinematográfica, la realidad es que esa idea inicial se ve corrompida y desmentida casi de inmediato por el uso de recursos propios de la historieta, jugando con simbolismos, deformaciones, espacios en blanco y transiciones, que le permiten maximizar la expresividad de su relato y caer en la exploración profunda de sus obsesiones y complejos.
Si bien a priori de la sinopsis argumental cabría esperar un relato costumbrista de “choque de civilizaciones” al estilo Delisle, lo que tenemos en Save Our Souls es el retorcido testimonio de una personalidad difícil, una apertura completa hacia las angustias, complejos y pesadillas del autor. El alejamiento se traduce en aislamiento que actúa como elemento de enfrentamiento entre “El autor” y ese “Felipollas” autosatirizado que lo sustituye.
Una obra muy interesante (2+)
Más información.

Luneros casi, casi, invernales

A pocas horas del solsticio de invierno, una de enlaces.
– Estamos acostumbrados a ver blogs donde se va narrando cómo evoluciona una obra. Kiko Da Silva le da una interesante vuelta de tuerca y muestra en Al otro lado del muro los entresijos no del dibujo, sino de la preparación de su nueva novela gráfica: búsqueda de referencias, de documentación. Muy, pero que muy interesante, una perspectiva poco habitual.
Entrevista a Padylla
Entrevista a Lewis Trondheim
Especial dedicado al género de terror en Tebeosfera, no os lo perdáis.
Entrevista a David Lafuente
Entrevista a Carlos Vermut
Extensa entrevista a Floc’h
Los Gallego Bros estrenan web. A visitarla.
– Renovación completa de la web de Gaston Lagaffe
La mirada estrábica. Tebeos y más.
Aquellos cómics.”Un sinuoso recorrido -en procura de preservar archivos gráficos mediante la digitalización- por la historia de la historieta argentina en la década del 70.” Jugoso
Lo Pitbull. El blog de juarma. y ¡Viva Rumanía!
El devorador de cómics…¿con ese título hace falta decir algo más?
– Los webcómics e ilustraciones de Pedro Villarejo
Los 13 mejores de la década, según 13 millones de naves
– Por si a alguien le interesa: se sortea un dibujo de Tim Sale en SensaCine.

Miller es un pesado

Miller es un pesado. Y mucho. Varios kilos exactamente, porque en Francia se anuncia la edición de Sin City en dos gruesos integrales de 800 págs cada uno. Con la costumbre que estamos cogiendo de los megatochos por estos lares, no me extrañaría verlo publicado en castellano. Eso sí, a servidor no le gustan nada, que son de lo más incómodo para leer… (más teniendo en cuenta que de Sin City sólo me interesan un par de arcos…, pero ése es otro tema).

Pinocchio

Vladimir Propp propone como bases fundacionales del “cuento maravilloso” el ciclo de iniciación y las representaciones de la muerte. Dos elementos cuyas combinaciones permutaciones y variaciones establecen la funcionalidad didáctico-moral del cuento y que forman parte constituyente del Pinocchio de Carlo Collodi, un cuento que se entronca con la renovación que la literatura infantil sufrió a finales del XIX (que se extiende desde la Heidi de Johanna Spyri a Le Petit Prince de Saint-Exupéry pasando por las obras de Astrid Lindgren, Lewis Carroll, Felix Salten, Januso Korczak, etc), pero que sufrió, como muchos otros, de una reinterpretación profunda a partir de su versión disneyniana. La obra de Collodi lanza raíces tanto en el Frankenstein de Mary Shelley como en la Divina Comedia de Dante (al estructura del cuento reproduce, en cierta forma, el viaje a los infiernos, purgatorio y cielo del poeta) para hacer una reivindicación de una nueva pedagogía maquillada dentro de un tradicionalista mensaje moral. La universidad de la vida frente a la estricta disciplina de escuela se ofrece al lector como un viaje iniciático donde la marioneta cursará una transformación madurativa basada en las sucesivas muertes que establece Propp, pasando así de la simbólica madera infantil a la carne adulta (una interpretación que puede ser corregida: Pinocchio cambió varias veces su final en las diferentes versiones que aparecieron tras su publicación seriada original). Sin embargo, la cruel visión moralista del original pronto fue dulcificada en las posteriores reescrituras que terminarían centrándose en aspectos anecdóticos del original (como la famosa nariz que crece con las mentiras).
Más de cien años después de la publicación del original, Winshluss (pseudónimo de Vincent Paronnaud, codirector de Persépolis) reclama una vuelta a los orígenes oscuros del cuento de Collodi con una relectura coincidente en la actualización espacio temporal que hicieran Calleja y Bartolozzi en los años 20, pero radicalmente divergente en su mensaje. El Pinocchio de Winshluss es una marioneta moderna, un nuevo Astroboy tezukiano que no tendrá la suerte de contar con un bondadoso padre/científico que lo acoja, que descubrirá temprana y traumáticamente la realidad de la vida, el sexo, la muerte y la ambición como miserias motoras del ser humano que, en este caso, servirán como punto de partida para un viaje iniciático que el dibujante transformará en una exploración del lado oscuro de los cuentos clásicos. De Blancanieves a El flautista de Hamelin o Ricitos de Oro, Winshluss encontrará en los cuentos maravillosos un reverso sacado muchas veces del fácil tópico paródico (la perversiones sexuales a las que es sometida Blancanieves por los enanos es un clásico, explorado ya en su día por Leone Frollo), pero en otros con una interesante asimilación a procesos sociopolíticos modernos (el nazismo como ejemplo del encantador flautista), siempre introduciendo estas lecturas desde el seguimiento casi canónico de la estructura argumental del cuento de Collodi. A partir de ellas, Winshluss intenta realizar una crítica de prácticamente todos los aspectos de la sociedad moderna modo de repaso a sus pecados capitales: un atrevimiento ambicioso que, quizás, se podría calificar de ingenuo en algunos momentos pese a la dureza de las historias, que no escatiman ferocidad y sala en el reflejo de la violencia que envuelve a una marioneta que, a diferencia de la de Collodi, será un invitado de piedra inerte y pasivo, que se deja llevar no tanto por “las malas compañías” como por el flujo natural de las cosas, que le arrastran en sentido estricto sin que pueda hacer nada más que seguir adelante. A diferencia del espíritu infantil del original, el robot de Winshluss es un simple testigo de las aberraciones del ser humano, un recipiente metálico vacío de personalidad y sentimientos que ni puede ni sabe responder a lo que ocurre en su entorno. Su vacía cabeza tan sólo sirve como eventual vivienda de un Pepito Grillo transformado en procaz cucaracha okupa. Un rasgo distintivo que cambia el discurso moral del cuento de Collodi: si el escritor quería establecer un mensaje moral que estableciese la importancia de la educación de la calle advirtiendo a la vez de sus peligros, derivados de las elecciones erróneas de su protagonista, el dibujante lanza un mensaje desolador y pesimista sobre el ser humano, que nunca podrá superar sus miserias.
Mención especial merece un apartado gráfico extraordinario, que absorbe influencias que comienzan en los clásicos de prensa para llegar Cooper y Vuillemin pasando por el omnipresente Baseman, plasmada en una narración muda tan intachable como profundamente expresiva, llena de elementos propios de la cultura popular ( desde portadas de monstruos gigantes hasta, era evidente, cáusticos guiños a las versiones de Disney, sin olvidar la ilustración clásica de cuento infantil) y con los insertos de las reflexiones de Pepito Cucaracha, que se basan claramente en el underground americano para lanzar una mordaz carga satírica continuada, que se permite parodiar a Spiegelman, McCloud y quien haga falta.
Una obra muy recomendable, de lo mejor que se va a leer estas fiestas (4-).
Avance del álbum