Sobre el Museo del Cómic

Resulta curioso que las primeras críticas sobre el anuncio del futuro Museo del Cómic y de la Ilustración de Catalunya sean hacia la frase que indica que será un lugar para “difundir el legado de los dibujantes catalanes desde el siglo XIX hasta la actualidad”. ¿Qué problema hay? ¿No se puede hacer un museo de lo que sea para preservar valores culturales locales? Estoy bastante en contra de los nacionalismos de cualquier color (ya sea catalán o español, me da igual, cuestión de ideología personal y de repelús a las fronteras), pero entiendo perfectamente que existan propuestas para defender la cultura propia. Es más, me parece obligatorio defender cualquier cultura por aparentemente minoritaria que esta parezca (incluyendo la lengua, por supuesto, por encima de torticeras manipulaciones partidistas). Así que una propuesta de museo para preservar la obra de los artistas catalanes me parece interesante y necesaria (tanto como una murciana, asturiana, valenciana, madrileña, etc).
Sin embargo, en este caso, me parece que esa consideración por parte de la Generalitat entra en colisión con el proyecto inicial que se barajaba. El Museo del Cómic y de la Ilustración nace de un ambicioso proyecto, impulsado por Carles Santamaría como cabeza visible, que va mucho más allá de una simple propuesta expositiva y conservadora: es un proyecto que quiere ser dinámico y participativo, no sólo como lugar expositivo, sino como generador e impulsor de investigación y difusión de la historieta. Un centro que debería convertirse en referente europeo (y mundial) de la divulgación e investigación sobre el tebeo. Y eso, desde luego, va mucho más allá de las fronteras de Cataluña, España o Europa. Un centro de este estilo nace con ambición internacional, con el objetivo de tener entre sus paredes obras de los autores más importantes del mundo.
No se está hablando de un cementerio de obras, sino de un lugar desde donde se impulsará y recuperará la historieta clásica, donde se investigará la historieta moderna, donde los estudiosos y los autores podrán encontrar un lugar de trabajo.
Y eso, me temo, no admite visiones limitantes. Si el futuro museo es un lugar para poder ver la obra de los autores catalanes del XIX a la actualidad, será un lugar a visitar y admirar, desde luego. Pero se habrá perdido la oportunidad de tener el centro de referencia sobre historieta más importante del mundo.
No es poco lo que se juega.

Amor limpio sin amor limpio

Martin Veyron ha rizado el rizo: conseguir hacer la segunda parte de Amor limpio sin hacer la segunda parte de Amor limpio y, además, quejarse de lo que le encasilló ese tebeo. Este hombre no ha perdido ni un ápice de su mala leche con el tiempo. De hecho, se le ha agriado todavía más y consigue un tebeo delirante, provocador y divertidísimo. Blessure d’amour propre, se llama el tebeo. Que lo publique alguien, please.