Mis votaciones para el Salón

Ya ha comenzado la primera fase de votaciones para los premios del 28º Saló Internacional del Cómic de Barcelona. Mi quiniela particular:
• Mejor obra extranjera publicada en España en el 2009: Catálogo de Novedades ACME, de Chris Ware
• Premio Josep Toutain al autor revelación del 2009: Esteban Hernández
• Mejor obra del 2009: El arte de volar, de Kim y Antonio Altarriba
• Mejor guión del 2009: Antonio Altarriba, por El arte de volar
• Mejor dibujo del 2009:Kim, por El arte de volar
• Mejor revista del 2009: Dos veces Breve
• Mejor fanzine del 2009: La Cruda
• Premio a la divulgación de la historieta 2009: Manuel Barrero, por Tebeosfera
• Premio a la librería especializada 2009: Librería Futurama de Valencia

Respecto a las mejoras obras, poca explicación cabe: ACME me parece soberbia y El arte de volar una obra maestra imprescindible (y dado que creo que las categorías de dibujo y guión deberían desaparecer y votar sólo la obra, pues es lógico que ambas coincidan). En las dos siguientes categorías, ya va siendo hora que se reconozca a Dos Veces Breve como mejor revista y mi reconocimiento ante la calidad de La Cruda, un fanzine que, me atrevería a decir, es el primero que recoge el testigo del NSLM. El premio a la divulgación también me parece obvio: la inmensa labor que hace Barrero en Tebeosfera no tiene parangón y tras los lógicos reconocimientos a Darias y Guiral, creo que reconocer la labor de la publicación on-line más rigurosa en castellano es necesario.
Y, sí, lo de Futurama huele a localismo, pero es que es muy buena, ¡leches! :)

NonNonBa

Ya se sabe, no hay dos sin tres. Y el profético dicho se ha cumplido con precisión germana, porque llega a las librerías una nueva biografía de un autor japonés. Si tanto Jiro Taniguchi como Yoshihiro Tatsumi centraban sus obras en sus comienzos como autor de manga, en las diferentes razones que los llevaron al arte de las viñetas, Shigeru Mizuki hace lo propio en NonNonBa buscando las razones mucho más profundamente, en su infancia, en un retorno a un pasado a medio camino entre la realidad y lo mitificado, caminando por senderos de imaginación infantil desbordada. Las biografías suelen ser obras que requieren un contacto previo entre protagonista y lector, que marque una serie de puntos referenciales queservirán al lector como anclajes para el montaje de esa estructura paralela de comprensión de una obra que supone una biografía. Pasaba así en las autobiografías de Tatsumi o Taniguchi, donde los acontecimientos narrados, la contextualización histórica y personal, proporcionaban datos para entender y repensar las obras que el lector conoce de los autores. La concienciación y compromiso social de Tatsumi o la exquisita sensibilidad contemplativa de Taniguchi aparecen claramente fundamentadas y resulta especialmente gratificante para el lector establecer esos invisibles mecanismos creativos que suman un valor añadido al placer de la lectura de una obra. Por desgracia, esas conexiones son casi imposibles de establecer en la lectura de NonNonBa. Pese a que Mizuki es uno de los más grandes y prolíficos autores de la historia del manga, en España su obra es prácticamente desconocida. Apenas hace unos meses conocimos de su existencia gracias a la soberbia Hitler, una biografía (Glénat), que apenas da acceso a una de las múltiples facetas de este autor, especialmente conocido en Japón por otra muy distinta, de fantasía desbordante basada en las mitologías y leyendas populares de ese país. Una extensa bibliografía en la que destaca Gegege No Kitaro (que anuncia Astiberri, siguiendo supongo la edición francesa de Cornelius), donde Mizuki explora el mundo de los yokai, fantasmas y monstruos populares que conforman un fascinante santuario profundamente entroncado con la realidad diaria de la vida japonesa (y que comparte muchos lugares comunes con otro “monstruo”, Hayao Miyazaki). Aunque sólo he podido leer algunos de los volúmenes de la edición francesa, es evidente que Mizuki explota precisamente esa frontera intangible entre la imaginación y la realidad, colocando a su protagonista como nexo de unión entre lo cotidiano y lo fantástico.
Tras conocer Kitaro, la lectura de NonNonBa adquiere muchos más matices: es fácil identificar al mágico Kitaro con ese Shigeru juguetón y travieso que siente fascinación por los yokai que conviven a su alrededor, muchos de los cuales veremos en las aventuras que después dibujaría. Pero que nadie se preocupe: pese a que no se conozca la obra de Mizuki, la lectura de este volumen sigue siendo un deleite supremo. La sencillez con la que el autor plasma la imaginación infantil es magnética: no estamos ante una más de esas nostálgicas revisiones de la infancia, sino ante un auténtico recuerdo transcrito de esos primeros años. La realidad y la invención se entremezclan violentamente, sin límites ni fronteras que las delimiten, al igual que en la imaginación de un niño. Los cuentos de la vieja NonNonBa se transforman en realidades tangibles, en esos monstruos que sólo existen en la mente del niño, pero que son tan reales como cualquier otro objeto cotidiano. Con una sutileza exquisita, Mizuki muestra esas apariciones siempre en un plano invisible para todos excepto para la fantasía infantil, jugando con esa frontera todavía difusa en la mente del niño que dará lugar después a recuerdos tan nebulosos como fascinantes. Y como tal, como recuerdos, Mizuki estructura su obra como pequeños retazos independientes, como memorias que llegan de forma algo inconexa, sin más relación que el pasado. Renuncia a cualquier estructura tradicional del relato para establecer un flujo natural de lo narrado, sin tener que someterse a la esclavitud de la necesidad de un nudo y desenlace, dejando que los recuerdos aparezcan con la misma imperfección que llegaron, a veces atestados de detalles, otras incompletos, variando el foco de la atención con la misma facilidad con la que la pierde el niño en su juego continuo. Hay quien puede decir que no pasa nada en NonNonBa, que es un relato vacuo y superficial. En mi opinión, lo que encontraremos es precisamente todo lo contrario: la plenitud de la infancia. Tan frívola y vacua como sugerente y atractiva, con esa mentalidad virgen y preparada para absorber todo lo que le rodea, sea verdad o mentira, capaz de fascinarse con una historia de fantasmas o con un juego entre niños.
Pero si sugerente es la historia del joven Shigeru en un mundo de fantasmas escondidos en las esquinas, más lo es todavía la inteligencia del Mizuki adulto para destilar en cada relato un fértil y prolífico segundo plano, contando las costumbres de un pueblo del Japón profundo antes de la Guerra Mundial, los complejos usos sociales y los primeros contrastes con la nueva civilización que esperaba apenas a unos pasos. Desde las relaciones familiares y los protocolos milenarios a la durísima realidad social, la asunción de la muerte con una escalofriante naturalidad o la trata de niños como una forma más de supervivencia.
Pocas veces una lectura puede ser más fascinante y satisfactoria: como pura ficción de imaginación desbordante o como durísimo retrato social de una época, como catálogo leyendas populares o como reflejo del nacimiento de la pasión por contar historias. Se mire como se mire, NonNonBa es una obra maestra, un prodigio absoluto de obligada lectura. (4+)

PD: Respecto a la edición de Astiberri, luces y sombras. Reproducción excelente y maquetación impecable que por fin resuelve la horrorosa elección de la repelente Comic Sans en la edición francesa. Sin embargo, no entiendo porqué no se han incluido las utilísimas notas de traducción de la edición francesa, que ayudan a contextualizar históricamente muchas de las situaciones que leemos o explica muchas de las tradiciones. Es una lástima, porque aunque no sean estrictamente necesarias, esas notas, junto a un buen artículo introductorio sobre la figura de Mizuki (y expertos tenemos), hubieran redondeado una edición casi perfecta.