Scalped

Y digo yo: ¿cómo es posible que no esté todo el mundo maravillado con el Scalped de Aaron y Guéra? Mixtura de géneros hecha con solidez, tramas intrincadas y atractivas, un tebeo que es imposible dejar de leer… (y sí, dibujantes de relleno que son para pedir linchamientos).

Animal’z

Resulta raro tener entre las manos un álbum de Bilal sólo dos años después del último. Tras la eterna espera que supuso la tetralogía de El sueño del monstruo, Bilal ha cerrado el baúl de sus miedos para centrarse en una obra de nuevo cuño, Animal’z (Norma Editorial), que intenta alejarse de la dolorosa introspección en el pasado de su país para intentar renovarse en formas y discurso. En lo primero, no hay duda posible: centrado en su lápiz, el dibujante recupera el gusto del dibujo puro, sin tinta, sin apenas color, en el que el trazo sucio y de atmósfera recargada es el protagonista máximo. Apenas unas notas de color azul para ahondar en la caracterización de este mundo derruido tras un desastre climático. El resultado, desde luego, impactante y atractivo, de esos que obligan a volver a leer el álbum para detenerse en las viñetas y gozar con calma de la labor ilustrativa del autor. Pero, ¡ay!, en lo segundo, en el discurso, no se puede hablar de renovación, me temo. Cierto es que el mensaje de atención ante el cambio climático es de lo más actual y necesario, pero el discurso de Animal’z tiene un inevitable regusto a déjà vu setentero. La elección de una estructura de western post-apocalíptico no es precisamente novedosa (que se lo digan a Hermann o a Segura y Ortiz), pero sobre todo el tono del discurso refiere automáticamente a aquellas historias de Caza o Moebius de los inicios de Metal Hurlant. A estas alturas y, sobre todo, tras el extraordinario despliegue simbólico e intelectual de su anterior obra, uno espera una mayor reflexión por parte del autor y un planteamiento que se apartara de los tópicos comunes. Es verdad que puede ser injusto exigirle a un autor con el único argumento de su anterior obra, pero Bilal forma parte de un Olimpo autoral acostumbrado a la genialidad del que sí que se debería pedir más. No estamos ante un mal álbum, desde luego, pero sí posiblemente ante una temática y un autor de cuya unión se esperaba más que algunos ramalazos aquí y allá (generalmente unidos a la revisión de temáticas inconfundiblemente bilanianas, como la hibridación de especies).
Queda, por supuesto, el disfrute de su labor gráfica, espléndida y que luce perfecta en la impecable edición de Norma. (2-)
Web de Norma dedicada a Animal’z

Regreso a Atolladero

Es difícil escapar del adjetivo “lynchiano” (en el supuesto que exista) para referirse a la sugerente Tú me has matado, de David Sánchez (Astiberri). Una inmersión sin vuelta atrás en un cóctel de referentes visuales y culturales que reescriben los tópicos de la América profunda en un discurso alucinógeno en espiral descendiente hacia los infiernos de unas comportamientos sociales perturbados cultivados a ritmo de country y rock’n’roll. Un desierto infinito, cual cárcel sin barrotes, se convierte en escenario de situaciones improbables donde religión, sexo, alcohol, racismo y patriotismo se entremezclan en perfecta disolución, mostrando un retrato retorcido de una sociedad de sana imagen “Fitness” y alma enferma. Es una lástima que el adjetivo bizarro no tenga la definición de sus homófonos ingleses o franceses, porque resultaría perfecto para identificar el extraño mundo de rarezas que presenta David Sánchez. Un mundo puramente integrado en el universo de Lynch, sí, pero también en el de Charles Burns y, sobre todo, en el de esa rara avis del tebeo nacional que fue Atolladero Texas, de Miguel Ángel Martin y Óscar Aibar. Casi veinte años después de aquellas historias publicadas en Makoki, David Sánchez transita por lugares comunes y recupera intacto ese espíritu de turbada realidad, con personajes y situaciones que recuerdan poderosamente a las que se vivían en ese lugar olvidado del mundo. Una vuelta a Atolladero a la que David Sánchez aporta nuevas perspectivas, gracias sobre todo a una estructura envolvente y circular que dota al conjunto de una lectura nueva, que abandona el choque de lo extraño para entrar directamente en un panorama aterrador. Si Atolladero Texas lanzaba un mensaje de magnética sorpresa ante un mundo de extrañas reglas que resultaba atrozmente real en ese escenario del desierto americano, Tú me has matado va mucho más allá para resolver que ese mundo no sólo sigue existiendo, sino que es inamovible: un momento congelado en el tiempo que nunca cambiará, una paradoja temporal que existirá siempre que exista el ser humano.
Atentos a este autor. La verdadera sorpresa de este tebeo es que estamos ante la ópera prima de este autor, ilustrador renombrado y valor en alza del neopop mercadotécnico que demuestra en cada página una solidez envidiable e inhabitual en los debutantes. Sus soluciones gráficas, muchas veces basadas en la repetición de patrones de puesta en escena, consigue efectos tan sugerentes como mesméricos al unirse a su peculiar paleta, perfectos para esos diálogos que recuerdan de inmediato a Tarantino.
Un tebeo muy recomendable (3)
Por cierto: se disfruta (si cabe) más con su banda sonora original.

El lector de cómic digital

Es curioso. Entre toda la marejada mediática que se da alrededor del último dispositivo de Apple, hay coincidencia en casi todas las notas de prensa: destacan que es un dispositivo que se puede usar como lector de tebeos. Por encima de cualquier otra posible funcionalidad, casi todas las noticias que he leído en diversos diarias ponen por encima de todo este punto. Lo que tiene dos lecturas: leer tebeos ya no está mal visto y hasta es un argumento de ventas para un dispositivo como éste o los analistas no tienen ni idea de qué narices hacer con el puñetero iPad y creen que sólo sirve para leer tebeos.
Y ojito con la lista interminable de “tabletas” que vienen: ¿centenares de lectores de tebeos digitales habemus? :)