En mis ojos

Aprovecho la edición en castellano de En mis ojos, de Bastien Vivés para reciclar reseña:
Tras la excelente El gusto del cloro, la nueva obra de Bastien Vivés sólo hace que ahondar todavía más mi admiración por este autor. Cierto es que no se puede hablar de originalidad en la temática, incluso si se me apura se puede tachar este álbum de de repetitivo porque Vivès vuelve a reflexionar sobre el enamoramiento… ¡Pero cómo lo hace! Al igual que en su anterior obra, se centra en transmitir al lector sentimientos y sensaciones, optando directamente por convertirlo en protagonista involuntario de la historia. En una atrevida elección, la obra se contará desde un punto de vista completamente subjetivo: el lector sólo asiste a la historia a través de los ojos y oídos, del protagonista. Compartimos su vista, oído y, casi, tacto, pero no podremos nunca ni ver ni oír al protagonista, en una propuesta casi cruel por parte de Vivès. Vemos lo que él, sentimos lo que él…pero no sabemos cómo responde. Lo intuimos y debemos tomar la decisión de completar las conversaciones, de rellenar esos espacios en blanco con nuestros propios pensamientos, sentimientos y sensaciones. Un juego de máscaras imprevisto en el que el lector cae rápidamente. Como en un carnaval, el disfraz nos despoja de inhibiciones y aceptamos de buen grado el juego, creando un extraño personaje a medio camino entre el protagonista sugerido por Vivès y nosotros mismos. Nos dejaremos llevar de la mano y descubriremos que el dibujante consigue captar esos detalles apenas definibles del enamoramiento: nos quedaremos embobados mirando a la chica que nos arrebata el sentido, esperaremos con ansiedad verla otra vez, el mundo desaparecerá alrededor de nuestro amor o nuestra mirada se escapará deteniéndose en cada detalle de su anatomía, entre la maravilla y el deseo. Y Vivès, dotado de una capacidad inhumana para el dibujo, fotografiará con precisión cada uno de esos sentimientos. Un dibujo aparentemente descuidado, terminado con unos lápices de colores nerviosos pero que exuda vitalidad por cada uno de sus trazos, captando exactamente las sensaciones. El dibujo se transforma en un conjunto indefinible de sonidos, olores, tactos… en seis viñetas por página en las que el marco ha desaparecido, conjugando una secuencia no cinematográfica, sino real. Más que nunca, toma sentido ese concepto de completitud al que obliga la transición entre viñetas, ese espacio en blanco donde el lector toma partido y decide completar la acción. Pero esta vez, esa secuencia nos atrapará con una terrible trampa: lo completaremos no en base a las pistas que deja el autor entre viñeta y viñeta, sino sobre nuestras propias experiencias y sentimientos.
Es cierto que el mensaje es simple y previsible. Es también verdad que no hay profundidad ni reflexión, que es un planteamiento casi contemplativo. Ni siquiera se puede decir que el experimento sea original (¡ya lo hizo Eisner!) Todas esas objeciones son ciertas, pero hay algo indescriptible que logra que, si entras en el juego de Vivès, te quedes prendado, hipnotizado por las sensaciones que destila con elegancia.
Un álbum que me ha parecido muy bello y que coloca a Bastien Vivès dentro del grupo de nuevos autores de obligado seguimiento. Un acierto el de Diábolo al editarlo. (3+)

Lulú

Davodeau tiene una sensibilidad especial para plasmar lo cotidiano. Lo hace sin aspavientos, con sobriedad y tranquilidad, centrado sobre todo en que los personajes de sus tebeos respiren humanidad y credibilidad. Ya sea hablando de las dificultades de poner en marcha un negocio de agricultura ecológica, de la muerte de un sindicalista durante las revueltas obreras de 1950 o de los problemas de una familia media, sus historias tienen la difícil peculiaridad de transmitir veracidad y autenticidad, de realmente presentarnos una vida que podría ser la nuestra o la de cualquiera de los vecinos que nos encontramos cada día en la escalera. Y lo vuelve a hacer en Lulú, mujer desnuda, donde nos lleva de la mano a conocer a una mujer que, un día comprendió que su vida ya no era suya. Y decidió, simplemente, salir de su vida. Sin más. Sin premeditaciones, sin explicaciones, un día no volvió a casa y decidió buscar lo que le faltaba a su vida monótona.
Un argumento que podía dar para un folletín melodramático cargado de trascendentes discursos que Davodeau resuelve -como siempre- con inspiración, evitando que sea la propia Lulú la que hable: serán sus amigos, reunidos tres semanas después de la marcha de Lulú, los que intentarán reconstruir el puzzle de lo que pasó. Y lo harán desde la amistad y un intento de no juzgar a la amiga, pero sin poder evitar los prejuicios de una sociedad construida sobre la suposición de que la vida que tenemos que llevar es la que está escrita y que cualquier desacuerdo o es aventura, o es revolución. Un acertado planteamiento que permite a Davodeau entrar en la vida de Lulú desde una perspectiva distinta, dejando que el lector vaya construyendo la imagen de una vida, de una mujer que se enfrentó contra aquello que tenía escrito en el destino que le había adjudicado la sociedad.
Si en la década de los 70 Lauzier se convirtió con sus tranches de vie en fustigador de una burguesía hipócrita y ambiciosa, hoy Davodeau es la voz de aquellos que sólo aspiran a poder llegar al día siguiente.
Muy, muy recomendable.

Enlaces: El blog de Lulú Femme Nue