Moebius, Ivan reis y Óscar Jaenada, en el Salón

[Nota de prensa]
Cuando faltan muy pocos días para la inauguración del 28 Salón Internacional del Cómic de Barcelona nos complace anunciar la presencia del veterano autor galo Jean Giraud – Moebius. También nos acompañará el brasileño Ivan Reis, el dibujante estelar de Green Lantern y de La noche más oscura. La tercera estrella que nos visitará será el actor Óscar Jaenada, quién en la película Los perdedores interpreta al sargento Carlos ‘Cougar’ Alvarez. Por su parte, Ethan Van Sciver finalmente no podrá asistir al Salón. A continuación tenéis las biografías de los nuevos invitados.
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Camino a Cerebus I

Intentar resumir qué es Cerebus en el reducido espacio de una reseña puede parecer una tarea tan utópica como resumir el quijote en una línea de twitter, pero es mucho más fácil de lo que parece: Cerebus es Dave Sim. Y no, no estoy hablando de que una obra y su autor están ligados, etc, etc. No, la afirmación es clara y tiene, además, carácter biunívoco. Sim es Cerebus y Cerebus es Sim hasta un punto de asimilación y equivalencia que pocas obras creativas pueden alcanzar. Durante 26 años, desde casi la adolescencia a ya la entrada madurez, las aventuras de este cerdo hormiguero han monopolizado la vida de su autor hasta diluirse sin solución de continuidad, convirtiéndose en un legado que plasma no sólo las intenciones creativas de su autor, sino en un tratado ideológico que permite trazar la peripecia vital de la personalidad de Sim. Pero pese a esta identificación, no se puede obviar que Cerebus supera y excede los límites de su creador para convertirse en una obra clave desde tantas perspectivas como se quieran tomar. Desde la autoral, como exponente máximo del compromiso de un autor con su obra, definición máxima de lo que puede significar la etiqueta de “cómic de autor”. Desde la industrial, como punto de inflexión definitivo que transforma el concepto de independencia editorial y eleva la autoedición desde lo marginal y alternativo hasta la viabilidad comercial. Desde lo narrativo, como uno de los más inmensos catálogos de innovaciones y experimentaciones formales que se recuerde en la historia del tebeo. Desde la polémica, que ha acompañado a Sim en todo momento, primero por su defensa radical de la independencia autoral y la autoedición frente a los grandes complejos editoriales; después, por sus controvertidas ideas sobre el feminismo y la religión. Desde cualquier aproximación que se quiera, la importancia de Cerebus es incuestionable.
Pongamos en contexto: 1977. Son tiempos raros para el tebeo en los USA. EL comienzo de la década de los 70 coincidió con una época de atonía de los emporios Marvel y DC, que veían como las propuestas de cómic adulto de género que llegaban desde Warren conseguían un éxito entre el público que ellos intentaban remedar con extrañas piruetas que intentaban retomar esos mismos géneros clásicos dentro del cómic de superhéroes desde una versión adulta. Tras décadas haciendo tebeos para chavales, ahora retomaban viejas cabeceras para que mitos del terror se codearan con los universos superheroicos, con la vista puesta en ese lector adulto que compraba Creepy o Eerie. Eran los años de personajes de Drácula, Werewolf by night o el éxito de Conan el bárbaro, pero también de las sorprendentes experiencias de Steve Gerber, con propuestas que desde el género tocaban temas de actualidad política. La guerra de Vietnam había cambiado la sociedad y los tebeos debían cambiar para esa nueva sociedad, que quería seguir leyendo tebeos de género, pero también incorporando las ideas adultas que el underground y la contracultura estaba lanzando desde las publicaciones alternativas. Un interesante y atípico momento dentro de la historia del tebeo USA, que forjaron el ideario de un joven Dave Sim deseoso de hacer tebeos.
Con apenas 20 años cumplidos, comienza a autoeditarse un tebeo que no es más que la expresión de todas sus filias: una parodia de Conan protagonizada por un cerdo hormiguero (un “aadvark”) que le permite expresar su admiración por el dibujo de Barry Windsor Smith y la labor crítica que Steve Gerber estaba haciendo en ese Howard the Duck, pero sin perder de vista los clásicos de MAD como Mort Drucker o Harvey Kurtzman.
Las primeras entregas de la serie son los titubeantes primeros pasos de un autor que intenta encontrar el equilibrio entre la falta de oficio y las admiraciones rendidas, pero con la evidente marca de un autor de gran inteligencia. Por un lado, es evidente que Sim sigue la senda de Gerber en Howard The Duck e intenta siempre dejar un doble sentido en su parodia de clara intención, a veces en lo político y a veces en lo religioso (en esa primera etapa, Sim afirmaba no tener convicciones políticas o religiosas y su discurso evidenciaba un claro matiz progresista y agnóstico). Pero, por otro, aparece también un clarísimo interés por los aspectos narrativos: aunque gráficamente todavía es tosco y las deudas estilísticas-y lo que no son deudas…- a Windsor Smith, Neal Adams o Mort Drucker son obvias, hay una vocación por investigar la narración que entronca tanto con las novedosas composiciones de Adams como con la escuela narrativa de Eisner, traducido en un especial interés tanto por la puesta en escena de la viñeta como por la composición de página, que se plasmarían de forma especial en el número 20 de la serie, el primero de los “Mind Games” donde Sim aprovecha que su protagonista duerme o se desmaya para atreverse con todo tipo de experimentos formales, marcados siempre por una rupturista concepción de la secuencia (por ejemplo, en el primero, las viñetas forman una imagen gigante de Cerebus, en la línea de experiencias de Alex Niño).
Un interés formal que se encuentra ya en el primer número (Cerebus es dibujado con un estilo cartoon, y sus movimientos y gags están claramente inspirados en la escuela de Chuck Jones y Michael Maltese, mientras que escenarios y resto de personajes siguen el elegante academicismo de Windsor Smith), pero que en apenas dos años evolucionará de forma brutal. Lo que en los primeros números es una simple chanza y burla casi adolescente del género de espada y brujería, va refinándose poco a poco incorporando distintos elementos y personajes: el genial Elrod The Albino, una versión del Elric de Moorcock fusionada con el gallo Claudio de Robert McKimson; Lord Julius, una caricatura de Groucho Marx (sorprendentemente parecida a la Ventura y Nieto); The Cockroach, un personaje que introduce el universo superheroico en la trama de Cerebus adquiriendo las características de superhéroes como Batman, capitán América, Caballero Luna… Comienza entonces una clara intención crítica, focalizada en primer lugar hacia la propia industria (con inclusión de versiones de muchos como Man Thing –homenaje particular a Gerber- o The Thing) que cristalizará ya hacia el número 20 de la serie, donde se ve claramente que la intención paródica inicial de la serie ha quedado rebasada y Sim es consciente de que puede utilizar a su personaje para alcanzar objetivos mucho más ambiciosos. Necesita un “año cero” que refunde el personaje y delimite qué es lo que quiere hacer con la serie. Nace así el primer gran arco argumental de la serie High Society, donde comenzamos a ver el camino que Sim quiere seguir: utilizar Cerebus como un cajón en el que alzarse para lanzar un ácido discurso crítico. Comienza con la política, el poder y sus entresijos, pero seguirá con la religión en la ya abiertamente magistral Church & State, atacando los poderes fácticos con sorna e inteligente ironía como había aprendido de Kutzman y Drucker.
Y es consciente, por primera vez, de que Cerebus es el proyecto de su vida, anunciando que la saga durará 300 números.
(Continuará)