Primer Salón del Cómic Social

Los días 7, 8 y 9 de mayo de 2010, se celebrará la 1ª edición del Salón de Cómic Social en el Espai Jove La Fontana, C/ Gran de Gràcia 190, Barcelona.
El «ambiente cómic» (público, prensa…) originado con motivo de la celebración del Salón Internacional de Cómic de Barcelona, organizado por FICOMIC, es el momento idóneo para organizar un evento diferente y alternativo destinado a todas aquellas personas (autores y público) que piensa que el cómic puede ser «otra cosa».
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Camino a Cerebus II

Como ya comenté, la importancia de Cerebus excede por completo los límites de cualquier aproximación. Aunque es evidente que, ya sea por el hecho de ser una serie realizada durante 26 años con un nivel artístico espectacular o por los hallazgos e investigación narrativa que se dan en esas 6.000 páginas, la serie debería formar parte de la Historia con mayúsculas del tebeo mundial, no se puede dejar de lado la fundamental influencia que ha tenido Cerebus y Dave Sim en el panorama editorial americano. Es más, me atrevería a afirmar que el tebeo americano hoy no sería igual sin ellos.
Aunque no era una desconocida, en la década de los 70, la autoedición estaba claramente identificada con la publicación alternativa y los movimientos contraculturales. Los mini-comics y los fanzines habían sido los protagonistas de toda la reivindicación de la historieta como medio de expresión adulto, pero no habían conseguido romper la barrera de una distribución marginal. En el fondo, su propio espíritu antisistema los alejaba de las estructuras consolidadas de venta y distribución y hubiera sido casi absurdo encontrar Zap Comix o American Splendor en las baldas de los supermercados junto con las publicaciones de Archie, Marvel, DC o GoldKey que imperaban en la época.
Sin embargo, desde sus inicios Cerebus huyó de esa etiqueta alternativa y buscaba codearse de igual a igual con las series de las grandes editoriales mainstream. Durante los primeros años de la serie, Sim consiguió el primero de sus titánicos logros: crear un sistema paralelo de distribución que permitía que la serie pasase de los 2.000 ejemplares iniciales a casi 20.000 apenas cinco años después. Un logro más importante si recordamos que el “Direct Market” no estaba generalizado tal y como lo conocemos hoy -con su espectacular boom a finales de los 80- y la distribución debía realizarse casi manualmente a los puntos de venta.

El empeño de Sim demostró que era posible otra forma de editar y de vender tebeos, desde la autoedición pero con aspiraciones comerciales, creando un camino que pronto seguirían autores como Wendy y Richard Pini con Elfquest, Larry Marder o Rick Veitch, pero que encontraría su ratificación final con los éxitos de Teenage Mutant Ninja Turtles de Kevin Eastman y Peter Laird o Bone de Jeff Smith.
Sin embargo, la labor de Sim no se quedó ahí: su defensa de la autoedición como forma válida de comercialización de tebeos se extendió a la defensa a ultranza de los derechos de autor. Una tarea que ya había dado sus frutos en el mercado americano: las reivindicaciones de autores como Neal Adams, Jim Steranko o Will Eisner, así como la influencia de las experiencias que llegaban desde Europa había cambiado por completo la consideración de la autoría de historietas en el cómic mainstream. Lo que se consideraba un simple trabajo de encargo, ahora era claramente un trabajo de creación con una serie de derechos inalienables por parte del autor. El éxito de publicaciones como Heavy Metal, creada a imagen y semejanza del Metal Hurlant galo, impulsó a editoriales como Marvel a crear revistas como EPIC (más tarde transformada en línea editorial), donde los autores retenían de forma completa los derechos de sus creaciones. Pero Sim luchaba porque este derecho fuera algo más que una simple concesión paternalista de las editoriales. No se trataba de un regalo de los editores a los autores díscolos a cambio de que éstos siguieran produciendo puntualmente sus entregas de sus series-franquicia. Era un derecho inalienable. Una batalla que tuvo su mayor expresión en la creación del denominado “Creator’s Bill of Rights” (Declaración de derechos de los creadores), originada en 1988 tras el enfrentamiento de Sim con la distribuidora Diamond. Poco antes, Sim había comenzado a publicar a través de su editorial Aadvark-Vaneheim otras obras como Normalman, Flaming Carrot, Ms. Tree o Puma Blues (lo que sería poco después seguido por WaRP Press, la editorial de Elfquest, que publicaría series como A distant soil o Fantagraphics, que comenzaría la edición de Love & Rockets), a la vez que se lanzaba a publicar la primera recopilación de Cerebus, High Society. Todo un hito editorial que se avanzaba en años a la moda de los Trade Paperbacks recopilatorios (de nuevo, Sim abriendo brecha) y que estrenaba además un original sistema de distribución por venta directa por correo. Una decisión que sentó mal a Diamond Comics, que tomó como represalia contra el sedicioso editor abandonar la distribución de Puma Blues. La actitud de la distribuidora dio lugar a reuniones de todo tipo y a la creación de una carta de derechos de los autores firmada inicialmente por el propio Dave Sim, Steve Bissette, Craig Farley, Gerhard, Mark Martin, Larry Marder, Michael Zulli, Ken Mitchroney, Scott McCloud, Rick Veitch, Peter Laird y Kevin Eastman. Aunque la declaración en sí misma no supuso un cambio en los mecanismos de funcionamiento de la industria, dio carta de nacimiento formal al movimiento de autoedición en los USA, que demostró una capacidad de trabajo y movilización inusitada. Dave Sim comenzó una interminable gira promocional con el ambicioso nombre de “Spirits of Independence”, que llevaba el concepto y ventajas de la autoedición a todos los rincones del país. Publicó una guía para la autoedición y alentaba a todos los creadores a autopublicarse sus obras. La incorporación del exitoso Jeff Smith y de Colleen Doran consolidó un grupo de activistas que lucharon durante años por los derechos de los autores y que ayudó a consolidar una nueva forma de entender la historieta. Las Small Press Expo, la instauración de las becas de la Xeric Foundation no existirían sin la labor inicial de este grupo.
Aunque también es cierto que no todo fueron luces en ese movimiento. Tras los enfrentamientos entre Jeff Smith y Dave Sim (que acusó al primero de ser una marioneta en manos de su mujer y lo retó públicamente a un combate de boxeo para dirimir sus diferencias), no fueron pocos los que criticaron que la defensa radical de la autoedición llevó a muchos autores a la ruina. Convencidos por la fuerza de las palabras del movimiento de autoedición, lo que algunos creadores comenzaron con una fe total en su obra se transformó en abultadas facturas que los hundieron económicamente. Como afirmó Max Alan Collins, quizá la independencia no era una opción, era simplemente que no existía otra alternativa.
Pero, en cualquier caso, y por encima de esas sombras, la realidad es que el trabajo de Sim en Cerebus ayudó a cambiar el modelo editorial americano e impulsó todo el movimiento independiente de una forma que es imposible de valorar en toda su extensión. A lo que hay que añadir que su decisión de publicar recopilatorios de su obra en gruesos volúmenes se adelantaba de nuevo a su tiempo: los phone-books de Cerebus demostraron que el público consideraba la historieta más allá de la entrega periódica mensual y que existía un nicho de lectores que querían ver sus tebeos favoritos publicados en un formato distinto, más próximo al del libro y donde la obra se extendiera mucho más allá de las 24 páginas del cómic-book.