La maldición de los 30 denarios

Si buscamos un símil válido con la literatura, Van Hamme podría ser una especie de Harold Robbins, John Grisham o Mary Higgins Clark. Escritores de best-sellers que suelen ser calificados peyorativamente cuando su único pecado es que son escritores con sobrado oficio que tienen el extraño don de conectar fácilmente con el público, con obras que cumplen su función de entretener sin más ambiciones ni ínfulas. Y de los que hacen falta muchos en la historieta, todo sea dicho. Desde aquella fundacional y simbólica –y, también, hija de su tiempo- Epoxy con Paul Cuvelier, Van Hamme se ha caracterizado siempre por firmar guiones sólidos y eficaces, más preocupados por conseguir una media de calidad estable y regular que alcanzar la gloria con algún destello aislado de brillantez. Ni Thorgal, ni XIII o Largo Winch estarán posiblemente en los listados de “mejores tebeos de la historia” pero es difícil encontrar a algún lector que pueda negar que ha pasado un buen rato con su lectura. Y eso, para series que se desarrollan durante décadas, es un listón realmente alto.
Una regularidad que contagia a sus intervenciones en Blake & Mortimer: tanto El caso Francis Blake como La extraña cita son álbumes que respetan escrupulosamente el legado de Jacobs y que proporcionan un excelente rato de lectura, siempre con la complicidad de un espléndido Ted Benoit a los lápices. Y que se repite, como era de esperar, en la primera entrega de La maldición de los 30 denarios: los tópicos temáticos de las aventuras de Jacobs son clonados con precisión; el carácter de los personajes, respetado; el estilo añejo de aventura, retratado a la perfección… Respeto y homenaje como principal referente (genial la “colleja” que lanza a Senté por sus últimos álbumes de la serie) que tiene como único pero que la labor gráfica del malogrado René Sterne (que falleció durante la realización del álbum, terminándolo su mujer, la colorista Chantal De Spiegeleer) está a años luz de la que nos habían habituado Ted Benoit y André Juillard. Aunque queda muy por debajo de los inmediatos precedentes, por lo menos es eficaz y permite disfrutar sin demasiados problemas de las peripecias de los íntegros Blake & Mortimer enfrentados, como siempre –y como debe ser- al terrible y malísimo Olrik.
Para pasar un buen rato (y a ver si la segunda entrega no se demora…) (2-)