El mercado alemán

Interesante el artículo sobre el mercado alemán que publica fumettologicamente. Un mercado muy diferente al resto de colegas europeos, donde el manga arrasaba hasta ahora con más del 75% de las ventas pero que, por lo que se comenta, ha perdido cuota hasta sólo un 60% debido al auge del tebeo nacional, favorecido por el formato de novela gráfica. Un dato que habría que comparar con lo ocurrido en España y Francia, donde también se ha detectado una contracción del tebeo japonés, en línea con la idea de ser un producto más dirigido a un lector ocasional y que, por tanto, se ve más afectado por la crisis. Eso sí, la cifra de ventas de tebeos en Alemania ronda los 226 millones de euros, más del doble que la cifra que se da en España por el Gremio de Editores en su informa de Comercio interior del libro.

Kelly Ojo Mágico

Ni Tom Tully, Ted Cowan, Ken Bulmer, Ken Mennell o Scott Godall son nombres conocidos para el aficionado español. Sin embargo, que nadie tenga la menor duda: sin ellos, no existirían hoy los Moore, Gaiman, Milligan, Morrison, Ennis, Ellis o Millar que con tanto éxito han hecho las américas. Una generación de guionistas que nace con el referente inmediato de los tebeos de las creaciones que estos autores hicieron para la editorial Fleetway y que, por fin, vuelven a las estanterías de las librerías especializadas.
Y me cuesta, lo reconozco, juzgar con cierta ecuanimidad estos tebeos: son los tebeos de mi niñez, los que leía en las atroces ediciones de Vértice sin importarme mucho ni los remontados ni los delirantes redibujados. Eran tebeos que me fascinaban, desde Kelly Ojo Mágico a Max Audaz pasando por Mytek, Spider y, mi favorito entonces, Zarpa de Acero. Tebeos leídos y releídos hasta casi sabérmelos de memoria. ¡Pues no levanté piedras pensando que había encontrado por fin el ojo de Zoltec! Por no hablar, mal que me pese, del duro descubrimiento que supuso que lo de meter los dedos en el enchufe, más que volver invisible, le dejaban a uno con un mal cuerpo que no veas. Cosas de los voltios y amperios españoles, pensaba yo, que debían tener propiedades físicas diferentes a los británicos (¡ay! ¡Qué pronto comienza el comezón de vilipendiar! Y es que Volta, Coulomb, Ampere, Faraday, Ohm, Kirchoff y amigos varios llegaron tarde, me temo). Pero sobre todo, eran tebeos diferentes, con personajes a medio camino entre una ambigüedad descontrolada y un delirio lisérgico cuya mezcla sólo puede ser definida con el término británico bizarre. Frente a la didáctica del pedagógico sentido de la responsabilidad de los héroes Marvel ante sus poderes, los personajes de la Fleetway mostraban una insana pero festiva inconsciencia de lo más atractiva. Los superpoderes –a cada cual más estrambótico- estaban ahí para aprovecharse de ellos, para lucrarse o simplemente para enfrentarse a los peligros más desopilantes y extravagantes. Comprenderán ustedes que para mi virginal mente preadolescente, Louis Crandell o el prevulcaniano Spider significaran algo así como ejemplos magnos de la rebeldía frente a los que Peter Parker o Los 4F eran casi conservadores defensores (¿colaboradores?) del sistema establecido.
Pero dejando de lado el factor nostálgico, es evidente que cuarenta años no pasan en balde. El tiempo ha pesado mucho y aunque algunos de los personajes como Zarpa de Acero y, sobre todo, The Spider, mantengan casi intacta su frescura y descaro, otros han sufrido bastante la aparición de las canas y arrugas. Es el caso, por ejemplo, de Kelly Ojo Mágico (me perdonarán, pero me niego a llamarlo “El ojo mágico de Kelly”, sorry). Un tebeo de Tom Tully y Francisco Solano López que en estas primeras entregas recopiladas en el volumen editado por Planeta DeAgostini acusa demasiado su espíritu juvenil original. Por mucho que se intente contextualizar en su momento de publicación, la verdad es que la serie resultaba en sus inicios tan ingenua que rozaba lo simplón y previsible, a lo que hay que añadirle que la labor de Solano, demasiado tosca e irregular, está muy lejos de la que admiramos en El Eternauta. Cierto es que, a medida que avanzó la serie comenzó a ganar enteros por razones ajenas a su calidad intrínseca: por un lado, el catálogo de enemigos de Kelly se convirtió en una especie de locura in crescendo a la búsqueda del antagonista más estrafalario e inverosímil, todos merecedores de pertenecer a la antología no escrita de los villanos imposibles. Por otro, la invulnerabilidad de Kelly, que en sus inicios se restringía a sobrevivir a balas, caídas y explosiones, fue poniéndose a prueba de las maneras más increíbles hasta conseguir que el guionista transfigurase en una especie de retorcido Marqués de Sade dispuesto a acometer las mayores tropelías sobre su creación. Imaginen ustedes la forma más extraña de morir: Kelly la sufrió. Quemado, devorado, apisonado, estrujado, bañado en ácido, molido, nuclearizado, irradiado, asaeteado… El pobre Kelly, siempre a pecho descubierto y machacado, parece a veces más el ensueño febril de un alumno aventajado de Leopold Sacher-Masoch que un héroe de tebeo al uso. Divertido, pero hay que reconocerle a Tully mucho más ingenio en personajes como Zarpa de Acero, Janus Stark, Mytek o, años más tarde, en los inclasificables Harlem Heroes.
Un primer volumen que tiene más interés arqueológico o nostálgico que real y que tampoco destaca especialmente por su calidad de edición. Cierto es que los materiales de partida son pésimos (la edición de Titan no es precisamente para echar cohetes), pero la pésima rotulación (alguien debería decirle a los packagers que las tipografías tienen su importancia y que si en el original hay negritas y cursivas, deberían respetarse) y una impresión deficiente (el negro queda en muchas páginas casi agrisado) no ayudan nada. A lo que hay que añadir un artículo inexplicable sobre la Fleetway desde una perspectiva puramente empresarial (sin firma, lógico, y mira que tenemos grandes especialistas en esta editorial como Pedro Porcel o Absence, que harían artículos estupendísimos) y la falta de los datos de publicación originales, que sí aparecen en la edición de Titan, por ejemplo.

Enlaces:
Excelente artículo de Absence para Mondo Brutto