¿Adiós a los scanlations?

Parece que los editores manga americanos y japoneses van a comenzar a perseguir las páginas web dedicadas a los scanlations de manga. Según informa Publisher’s Weekly, diferentes editores han formado una “alianza antiscans” con tal de perseguir esta práctica, focalizando sus primeros objetivos en portales como OneManga o MangaFox. Aunque estas páginas han retirado centenares de mangas licenciados (en coherencia con la práctica de las comunidades de scanlations, que traducen sólo material no licenciado y lo retiran al publicarse en el país de origen de la web), parece que la alianza alega que este material no sólo vuelve a la red rápidamente dentro de las mismas páginas, sino que incluso se escanean las ediciones ya traducidas por las editoriales americanas.
¿Seguirán las páginas de scanlations de manga el camino de las páginas que dan enlaces de descarga? La verdad es que la cosa es compleja, ya que es indudable que muchas de ellas son coherentes con su práctica y sólo traducen el material que no está licenciado, favoreciendo en muchos casos la posibilidad de dar a conocer obras que quedaría absolutamente vedadas (estoy pensando en la cantidad de obras underground y alternativas japonesas que se pueden encontrar en algunas páginas como Kotonoha) de otra forma. Pero también es cierto que otras muchas no siguen para nada esta práctica e incluso se aprovechan del trabajo de otros…
Ya veremos.

Marvels Avengers

Comentaba yo el otro día con Sfar (vale, sí, lo reconozco, es una pegotada indecente de tal tamaño que deja a la catedral de Burgos a la altura de una casita de Famobil, pero es que la carne es débil, compañeros, la carne es débil – y sí, la transcripción completa de la “jornada Sfar” está a la vuelta de la esquina, si alguien y sus pequeños y molestos incipientes dientes me deja…-) que estamos de suerte con el mainstream, con una terna de guionistas indispensable que transforma en oro (casi) todo lo que escribe: Brubaker, Aaron y Kirkman. Tres guionistas que entienden los conceptos de “género”, “popular” y “comercial” sin traducirlos automáticamente por soma fabricado a base de soylent green comiquero, que no ven al aficionado como un zombie descerebrado que se comprará cualquier cosa donde aparezca su personaje favorito en portada envuelto de brillantes y atractivos colorines. Con los dos últimos ya me he quedado afónico de tanto glosar y loar sus Scalped y Muertos viventes, dos series extraordinarias que tienen que estar en la bolsa de la compra de cualquier aficionado y en la lista de “los mejores tebeos del año” se sea gafapasta, pijamero o camisonero con lentillas. Para chuparse los dedos. Del primero toca hablar de serie nueva, El proyecto Marvels (Panini), una especie de remedo del Marvels de Busiek y Ross pero centrado en los héroes de la Timely, el crisol de donde nacería más tarde la actual Marvel Comics. Se junta – buena elección- al correcto Steve Epting y se lanza a una recuperación de aquellos primigenios Capitán América, Antorcha Humana y Namor y a la reivindicación de un buen puñado de héroes desconocidos por el lector moderno. La idea, en principio, es atractiva, aunque es evidente que no puede jugar con los mismos recursos que Busiek: el factor nostalgia, básico y protagonista en aquél tebeo, tiene poco sentido en unos personajes cuyos entonces jóvenes lectores hoy en día, con suerte, viven plácidamente su jubilación. Así que se dedica a hacer lo que mejor sabe hacer, montar un trama sólida, contarla bien e intentar, más que epatar al lector con el recuerdo de épicos momentos, trasladar el espíritu de aquellas series y personajes que deambulaban sin prejuicios entre el pulp y ese novísimo género de señores en pijama que comenzaba a tomar forma definitiva. Aunque no sea lo mejor que ha escrito Brubaker, es al menos entretenida y tiene esas pequeñas perlas que siempre deja el guionista, en este caso a base de referencias sobre la propia evolución del género (1+).
Es posible que, para muchos, a esa terna particular de guionistas mainstream les falte un nombre: Mark Millar, británico ensalzado por justas razones pero que suele zancadillearse a sí mismo con unas obsesiones provocadoras que terminan desinfladas por puro exceso reiterativo adolescente. Una lástima, porque como ya he dicho por aquí muchas veces, este hombre suele tener ideas interesantes y realmente provocadoras más allá de la ultraviolencia gratuita. Buen ejemplo es Ultimate Avengers, nueva incursión en el universo Ultimates con cambio de nombre, supongo, debido a las próximas franquicias cinematográficas, en el que deja la decepcionante autocopia de la segunda trama de la serie (que se convirtió, todo hay que decirlo, en brillante ante la chapuza firmada después por Jeph Loeb) y se autocontiene -dentro de unos límites- para transformar la serie de los héroes más poderosos de la Tierra en un culebrón familiar al mejor estilo de Falcon Crest. Los habituales excesos ultraviolentos gratuitos siguen ahí, pero escasos en un Millar que se centra más en tejer la historia, creando casi una sátira malvada sobre las muertes, resurrecciones y requetresurrecciones a las que nos han acostumbrado las editoriales yanquis. El gamberrismo habitual de Millar toma sentido y se canaliza convirtiéndose en sanísima mala leche, plasmada especialmente en esa particularísima tensión paterno-filial casi de tragedia shakesperiana, que se atreve incluso con una moralina final cuyo ridículo es certificado con un “final feliz” transformado en “las cosas acaban bien”. Millar demuestra que, centrado en la ironía y contenidos sus excesos de adolescente rebelde, le convierte en un guionista a seguir, más si se acompaña de un Carlos Pacheco espléndido, que se acopla a las necesidades de la trama sabiendo jugar esa ambigüedad calculada entre el espectáculo palomitero de gran pantalla (casi todas las viñetas se presentan en formato apaisado panorámico, sólo falta el “sensorround”) y la trama subterránea que presenta Millar. Eso sí, trabajando contra su entintador y colorista, emperrados en hundir los lápices del gaditano como sea. Muy divertido (2-).