Marvels Avengers

Comentaba yo el otro día con Sfar (vale, sí, lo reconozco, es una pegotada indecente de tal tamaño que deja a la catedral de Burgos a la altura de una casita de Famobil, pero es que la carne es débil, compañeros, la carne es débil – y sí, la transcripción completa de la “jornada Sfar” está a la vuelta de la esquina, si alguien y sus pequeños y molestos incipientes dientes me deja…-) que estamos de suerte con el mainstream, con una terna de guionistas indispensable que transforma en oro (casi) todo lo que escribe: Brubaker, Aaron y Kirkman. Tres guionistas que entienden los conceptos de “género”, “popular” y “comercial” sin traducirlos automáticamente por soma fabricado a base de soylent green comiquero, que no ven al aficionado como un zombie descerebrado que se comprará cualquier cosa donde aparezca su personaje favorito en portada envuelto de brillantes y atractivos colorines. Con los dos últimos ya me he quedado afónico de tanto glosar y loar sus Scalped y Muertos viventes, dos series extraordinarias que tienen que estar en la bolsa de la compra de cualquier aficionado y en la lista de “los mejores tebeos del año” se sea gafapasta, pijamero o camisonero con lentillas. Para chuparse los dedos. Del primero toca hablar de serie nueva, El proyecto Marvels (Panini), una especie de remedo del Marvels de Busiek y Ross pero centrado en los héroes de la Timely, el crisol de donde nacería más tarde la actual Marvel Comics. Se junta – buena elección- al correcto Steve Epting y se lanza a una recuperación de aquellos primigenios Capitán América, Antorcha Humana y Namor y a la reivindicación de un buen puñado de héroes desconocidos por el lector moderno. La idea, en principio, es atractiva, aunque es evidente que no puede jugar con los mismos recursos que Busiek: el factor nostalgia, básico y protagonista en aquél tebeo, tiene poco sentido en unos personajes cuyos entonces jóvenes lectores hoy en día, con suerte, viven plácidamente su jubilación. Así que se dedica a hacer lo que mejor sabe hacer, montar un trama sólida, contarla bien e intentar, más que epatar al lector con el recuerdo de épicos momentos, trasladar el espíritu de aquellas series y personajes que deambulaban sin prejuicios entre el pulp y ese novísimo género de señores en pijama que comenzaba a tomar forma definitiva. Aunque no sea lo mejor que ha escrito Brubaker, es al menos entretenida y tiene esas pequeñas perlas que siempre deja el guionista, en este caso a base de referencias sobre la propia evolución del género (1+).
Es posible que, para muchos, a esa terna particular de guionistas mainstream les falte un nombre: Mark Millar, británico ensalzado por justas razones pero que suele zancadillearse a sí mismo con unas obsesiones provocadoras que terminan desinfladas por puro exceso reiterativo adolescente. Una lástima, porque como ya he dicho por aquí muchas veces, este hombre suele tener ideas interesantes y realmente provocadoras más allá de la ultraviolencia gratuita. Buen ejemplo es Ultimate Avengers, nueva incursión en el universo Ultimates con cambio de nombre, supongo, debido a las próximas franquicias cinematográficas, en el que deja la decepcionante autocopia de la segunda trama de la serie (que se convirtió, todo hay que decirlo, en brillante ante la chapuza firmada después por Jeph Loeb) y se autocontiene -dentro de unos límites- para transformar la serie de los héroes más poderosos de la Tierra en un culebrón familiar al mejor estilo de Falcon Crest. Los habituales excesos ultraviolentos gratuitos siguen ahí, pero escasos en un Millar que se centra más en tejer la historia, creando casi una sátira malvada sobre las muertes, resurrecciones y requetresurrecciones a las que nos han acostumbrado las editoriales yanquis. El gamberrismo habitual de Millar toma sentido y se canaliza convirtiéndose en sanísima mala leche, plasmada especialmente en esa particularísima tensión paterno-filial casi de tragedia shakesperiana, que se atreve incluso con una moralina final cuyo ridículo es certificado con un “final feliz” transformado en “las cosas acaban bien”. Millar demuestra que, centrado en la ironía y contenidos sus excesos de adolescente rebelde, le convierte en un guionista a seguir, más si se acompaña de un Carlos Pacheco espléndido, que se acopla a las necesidades de la trama sabiendo jugar esa ambigüedad calculada entre el espectáculo palomitero de gran pantalla (casi todas las viñetas se presentan en formato apaisado panorámico, sólo falta el “sensorround”) y la trama subterránea que presenta Millar. Eso sí, trabajando contra su entintador y colorista, emperrados en hundir los lápices del gaditano como sea. Muy divertido (2-).

12 Comentarios en “Marvels Avengers

  1. John Space on 29 junio 2010 at 14:11 said:

    Es usted un vil y rastrero traidor. Hablar bien de Millar y sus Ultimate Chufas, cual vulgar miembro de clase media-baja…

  2. El primer nº de Marvels me oareció tan correcto y profesional como siempre en Bru. También, como en muchos casos, con horchata en las venas.

    Pero no le negaré que al menos es (o podría ser) un tebeo bien pensado y ejecutado, lo que no está mal…

    Millar, uf, me da tanto yuyu que no sé si intentarlo o darlo por definitivamente perdido (y mira que el arranque de Ultimates pienso que debe quedar como de los tebeos de superhéroes más importantes de los últimos años, pero ha caido tanto y tanto…)

  3. x-ternon on 29 junio 2010 at 21:23 said:

    Estoy totalmente de acuerdo con la apreciación sobre Millar, y es que leídos muuchos tebeos suyos siempre tiene pinceladas que muestran que es más capaz que lo que suele ofrecer, y no solo es por su afán de parecer tonti-malote, que también, si no que en muchas ocasiones su actitud parece ser tras un planteamiento bueno y a veces espectacular la de "como molo ahora que lo termine el mono con el que me voy de cañas", en cualquier caso yo le tengo fe, a pesar de el mismo, y aunque a veces decepciona suele como poco divertirme

  4. punch, yo tampoco trago mucho al último Millar, pero le he dado una oportunidad a este cómic (supongo que por la nostalgia de sus ultimates, que como bien dices, tienen un arranque espectacular) y la verdad es que se deja leer. No llega a los despropósitos que nos tiene acostumbrados en los últimos tiempos, Logan y esas cosas (uy, me acabo de poner en evidencia, también me lei lo de Logan). El primer número está entretenido y bien escrito, pero si tienes que elegir entre este cómic y, pongamos por caso, pañales o el último de Eddie Campbell, píllate el de Campbell y compra los pañales en el mercadona, que salen muy buenos.

    Un saludo!

  5. ¡jajaja! mercadona, excelente elección para los pañales, sí.

    Y por supuesto, Campbell ya lo tengo bueno, "por supuesto"… cada cual que defienda sus gustos, pero en lo smíos, El destino del artista era un obligado). Pronto lo leeré, sí :)

  6. Yo me lo leí en cuanto llegue a casa, y me ha dejado fascinado. Una obra GRANDE GRANDE GRANDE.

    A ver si te curras una reseñita en cuanto lo leas, que sueles ser bastante lúcido.

    Un saludo.

  7. Ignacio on 30 junio 2010 at 22:17 said:

    Yo hubiera invertido las calificaciones. Un 2- al Proyecto Marvels y un 1+ a Ultimate Vengadores.

    Por lo demás, muy de acuerdo. Se nota que no sale Spider-Man en ninguno de los dos tebeos.

    • Álvaro Pons on 30 junio 2010 at 22:19 said:

      Me parecen muy similares en calidad, pero un ha poco mejor el de Millar. Pues por cierto, me ha parecido muy correcto el nuevo Ultimate Spiderman de David Lafuente…

      • Álvaro Pons on 30 junio 2010 at 22:43 said:

        Pues no, un tebeo juvenil bien hecho, que hace un relanzamiento de Spiderman moderno, en la línea de lo que hace el canal Disney XD… Para chavales, pero muy muy correcto.

  8. Ignacio on 30 junio 2010 at 22:35 said:

    Imposible.

  9. por cierto, lo de Millar en 4 F ha sido un poco desinfle, ¿no? alguna idea interesante pero ninguna sustancia.

  10. toño, me acabo de leer la grapa de Millar, y efectivamente sí, estoy con Álvaro y con tu comentario: está bien, y parece que de nuevo podremos paras un rato divertido con los Ultimates. No le pido más.

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