Gatos (y paréntesis)

Con la venia, va una de esas historias aburridas de Abuelo Cebolleta. Pónganse cómodos porque nos vamos a finales de los 70 o primeros años de la década de los ochenta, donde servidor era un pipiolo preadolescente deslumbrado por los tebeos de Toutain, el TOTEM o el CIMOC. Por esa época había un nombre que nos parecía mítico: Métal Hurlant. El movimiento humanoide nos llegaba con cuentagotas a través, sobre todo, de las revistas de Roberto Rocca, pero también por la vía indirecta de las ediciones de Toutain, con las series publicadas en su eco americano, Heavy Metal (que sí, que también nos parecía mítico, pero es que en esa época, todo nos parecía digno de altar mitológico, cosas de juventud, que ya se sabe que es dada a la mitificación). El caso es que, pese a que conocíamos mucho del movimiento fundado por Moebius, Druillet, Dionnet y Farkas (lo que me costó saber quién era el dichoso Farkas…), seguíamos viendo en ese logotipo impactante algo así como Eldorado de la renovación comiquera, como la revolución que todo preadolescente ansía con todo su corazón. Servidor, que en esa época era bastante empolloncete (bueno, sí, lo sigo siendo, qué le voy a hacer, eso es un estado del alma), ya se había leído algo así como quinientas veces el Cómics, arte para el consumo y formas pop de Moix que rondaba por casa (una de mis lecturas preferidas junto con el genial libro de cine de ciencia ficción de Gasca de la misma colección) y una edición enana francesa de Barbarella (ventajas de ser el último de los que dieron francés en la EGB, oigan, que lo de ser políglota mola), pensaba que si lo que habían hecho Forest, Devil o Pellaert era un antes y después en la historia del tebeo (Moix dixit), lo de los Humanoides debía ser algo así como la rehostia con fuegos de artificio y fanfarrias. Así que comprenderán ustedes que cuando apareció el especial METAL HURLANT de la colección TOTEM Extra (otra en la que todos sus números eran míticos, ya saben, desde los especiales USA a los Policiales, el de John Lennon, el Fin del Mundo…¡hasta el de Alien!), fue algo así como recibir directamente el maná celestial. La portada colorida, impactante y deslumbrante de Druillet era el pasaporte para un mundo de experiencias nunca sentidas… que nunca sentimos. Seamos sinceros: qué chafón. Uno, que buscaba en esas páginas algo así como las nuevas obras maestras del futuro que anunciaba el entonces lejano siglo XXI, se encontró con historias de segunda que apenas le llegaban a la suela de los talones a lo que habíamos visto en TOTEM. Salía Moebius, eso sí, pero es que a Moebius ya lo teníamos endiosado a medias con Corben (vamos, que hacíamos competiciones mi amigo Vicente y yo a ver quién tenía más páginas de los dos señores, que en esos días la economía era nula y teníamos que compartir compras como única vía –junto con la maravilla Biblioteca del Hospital- para leer tebeos). Me quedaron, eso sí, dos resquemores: una, que aquello era un bluff que no reflejaba realmente lo que era Métal Hurlant y, dos, que en una encuesta que hacían a los autores humanoides, elegían como tebeo preferido Los ojos del gato, de mi admirado Moebius y un señor de risible apellido llamado Jodorowsky (justo un poco después lo descubriría como director de cine en sus inclasificables westerns pánico). El caso es… ¿qué coño era eso de Los ojos del gato? En mi extensísima colección de casi 50 revistas (de verdad, era impresionante) tenía muchas cosas de Moebius, pero ninguna referencia a esa supuesta joya del noveno arte que comenzaba a tomar forma no ya de mito, sino de leyenda quimérica.
La respuesta a los dos resquemores llegó apenas un par de años después, cuando se editó la versión española de Métal Hurlant. Su anuncio fue un bombazo: me pasé semanas visitando a diario la única librería especializada que quedaba en Valencia (tras el cierre de la efímera y carismática Merlin, en la plaza de la Virgen) hasta que por fin la tuve en mis manos. ¡Qué impactante portada de Moebius!¡Qué salvaje precio! (250 pesetas de la época, cincuenta duros que nos dejaban viendo visiones y que casi duplicaba el precio de cualquier otra revista, obligando a todo tipo de conductas delictivas para conseguirla mes a mes…)… y qué pedazo de revista. El primer número resolvía de un plumazo que, efectivamente, los Humanoides eran mucho más que aquél especial de TOTEM: abría un artículo del omnipresente Javier Coma (anunciando que los cómics por fin tenían reconocimiento cultural gracias a su presencia en la prensa…¡Ay! Bendita ingenuidad ochentera) y seguía la genial FONE, una de las mejores historias de Manara. Después, Voss, Margerin, Goetzinger (por favor, que reediten a esta mujer ya, una de las dibujantes más elegantes que han sido y son), Macedo, Poirier y…¡Los ojos del gato!, de Moebius y Jodorowsky. Ahí estaba, delante de mis ojos, la historieta mítica. La leyenda tomaba forma de papel, de viñetas en blanco y negro. Me quedé pasmado. Y colmó todas mis expectativas: era lo más sorprendente que había leído en mi vida (¡Je! Eso era fácil, con apenas 16 años… Ahora la cosa está un poco más jodida). No tenía muy claro el porqué, pero era hipnótico. Esas viñetas alternadas entre dos vistas contrapuestas, la estructura repetitiva, la ausencia de la bien conocida y atractiva rotulación manual de Moebius, una historia sorprendente… Me maravilló.
Durante años, la historieta de Moebius y Jodo fue una de mis preferidas… hasta que descubrí que no era una historieta, ¡era un álbum! En la revista, se publicó remontada, con cuatro viñetas por página cuando originalmente era una historia a viñeta por página. ¡Maldición!¿Pero qué tangada era ésta? (claro, que después de lo de Dólar, Vértice o lo que vemos ahora, se va haciendo callo y ya pasamos, pero es que con la efervescencia hormonal de la adolescencia, uno se encendía con rabia primordial y salvaje). Pero claro, en aquél 1982 u 83, ¿cómo narices me hacía yo con la edición en álbum de un tebeo en francés? Los de Futurama, amables, me dijeron que lo intentarían…pero nada.
Años después, en mi primer viaje a París, paseaba por les bouquinistes, mirando tebeos de segunda mano, cuando me quedé congelado. Estaba ahí, el primero del montón. Les Yeux du Chat. El álbum. Era la segunda edición del 91, reciente pero ya agotada. Un poco cascado y caro (creo recordar que constaba 150 francos, unas 3800 pesetas), pero era EL álbum. El que había deseado desde hacía años.
A la bolsa. Inmediatamente. Con el resto ingente de compras (luego descubrí el terrible significado de la frase “lleva sobrepeso” en el aeropuerto), pero siendo LA compra. Me senté en la primera cafetería que encontré y empecé a degustarlo (junto con una Coca-Cola que recuerdo me costó la friolera de 10 francos, ¡joder qué cara estaba la vida en la France!). Y la lectura, en todo su esplendor, fue orgiástica. Con las viñetas a toda página, lo que me pareció hipnótico adquiría la categoría de canto de sirenas, una melodía de ritmo binario en que el que una viñeta vertical, cerrada por una línea gruesa opresiva que encarcelaba una figura solitaria que sólo veíamos al contraluz, se encadenaba a otra viñeta gigante, a toda página, libre y detallada, definida por la alternancia de luces y sombras en un bitono poderoso. Las páginas se alternaban conformando un verso poderoso, de ritmo casi sincopado, que articulaba una melodía muy especial, una historia que traía ecos de ilusiones travestidas de ambiciones que sólo se podían culminar con crueldad. La dicotomía cruel entre la felicidad de un instante para uno a cambio del dolor y la crueldad para otro. Creo que me pasé horas pasando las páginas de ese álbum, una y otra vez. Admirando a Moebius y descubriendo a Jodorowsky (al que luego, reconozco, desdescubrí porque terminó cargándome de forma sistemática, me quedaré siempre con el Jodo-Pánico de sus inicios). Y odiando aquella primera historieta remontada, todo sea dicho, y jurando a lo Scarlett O´Hara que jamás compraría una historieta que no estuviera en su formato original (¡Ay!¡Bendita inocencia que no sabe de la compulsión compradora del coleccionista).

Todo esto viene a que tienen ustedes en la estantería de su librería especializada preferida la edición en castellano de ése álbum, de la mano de Norma editorial. Eso sí, en versión jibarizada, como ya es costumbre en este país (parece como si al pasar por los Pirineos encogieran más que un suéter malo). Afortunadamente, las características de este álbum, con una sola viñeta gigante por página, logran que la reducción no sea tan terrible como en otros casos (pienso en el horror de la reciente edición de Las falanges del orden negro: el dibujo miniaturizado de Bilal es un puñetazo a la razón y una invitación al optometrista para los présbitas galopantes como servidor), así que gocen ustedes de una de las historietas más poéticas que jamás he leído.

19 Comentarios en “Gatos (y paréntesis)

  1. Eduardo Lopez on 30 julio 2010 at 13:52 said:

    Yo odio, odio, odio con todas mis fuerzas la tendencia a la miniaturizacion que se está dando en este pais respecto al comic europeo. Yo por principios no compro NADA que se publique reducido. Prefiero gastarme mi dinero en otras cosas, que muchas y buenas hay para escoger. Hace poco me he comprado el integral de Gil Pupila y Siegried, y es que tiemblo de pensar que podrían haberlos reducido como están haciendo con muchas otras obras de calidad.

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  3. virginia on 30 julio 2010 at 16:31 said:

    Qué bonita historia. Seguro que muchos de nosotros nos hemos sentido identificados con ese momento de … "¡no puede ser! ¡Ahí está! ¡El comic que buscaba ME HA encontrado!". Y además en París… menudo entorno… con esas coca-colas que todavía siguen costando 5 euricos… Como amante de los gatos que soy -y no conocía este album!- voy a por él… eso sí, cruzando los Pirineos, yendo a la ciudad de las luces y tratando de leerlo con una de esas Coca-colas. :))

  4. virginia on 30 julio 2010 at 16:37 said:

    Retiro lo dicho, jajajajaja…. acabo de ver lo que le pasa al gato!!!!!!! JAJAJAJAJAJAJAJA. (De todas formas… impactante y cojonudo!!!!)

  5. Robur the Conqueror on 30 julio 2010 at 17:52 said:

    Para mi Metal Hurlant fue la mejor revista de todas. Guardo la colección española entera en los retapados, mas un montón de especiales sueltos con discos de plástico y demás, y cada cierto tiempo saco un tomo y lo releo flipando.

  6. Extraordinario álbum. Como a Álvaro, también a mi me costó (por lo raro y por lo caro) y lo tengo como una joya. Mayúsculo y sobrecojedor. Narrativamente desafiante y plásticamente brillante. Muchos dirán: ¿es un cómic?

  7. luchino on 31 julio 2010 at 0:07 said:

    Yo también me identifico con sus historias "abuelocebolleteras" , y con mayor motivo al ser tambaién valenciano. No recuerdo Merlín, la tienda de la pl. de la virgen, yo compraba en Futurama, entonces en la c/ Carniceros, o cercanías.

    Para mí la mejor revista de la época fué Totem, un gran descubrimiento, y los primeros números de Comic Internacional o El Vibora.

    • Álvaro Pons on 31 julio 2010 at 0:31 said:

      Uf, la Futurama de Carniceros!!! Qué poco duró (igual que la de Nuevo Centro). Qué tiempos… O cuando Futurama era 1984 y estaba en la Plaza de las Escuelas Pías, en pleno barrio Chino… :)

  8. Este cómic me impactó sobremanera. Qué pedazo de obra maestra, sí, pero qué terroríficas imágenes salen de las mentes de Jorodowsky y Moebius. Sus mundos son tan inquierantes que parecen pesadillas provocadas por indigestiones de garbanzos (Mortadelo style), pero ún así, no puedo dejar de leerlos. ¡Qué artistazos!

  9. Bbarron on 31 julio 2010 at 11:43 said:

    Ah, la libreria Merlin. Alli descubri el Cimoc, que recuerdo mas imborrable.

    Totalmente de acuerdo en lo de la jibarizacion, que en los casos de Liberatore o Bilal son directamente un disparate…

  10. emilio aurelio on 31 julio 2010 at 12:12 said:

    Los posibles compradores de una reedición de un comic que fue éxito en 1980 deben andar como poco por encima de los 40. Creo que es fácil el cálculo. Bien, sigammos. La vista cansada es un problema que surge si o si a partir de los 40. Cualquiera puede consultarlo en la óptica de la esquina. El problema se mal-resuelve con unas bifocales. Esto transforma la lectura en un incordio. Bien. Entonces, ¡a que puñetas obedece esta moda! Que alguien me lo explique, porque la lupa no la pienso comprar. Y los comics tampoco.

  11. Merluzo on 31 julio 2010 at 14:26 said:

    ¡Vivimos tiempos de recortes! ¡El Zeitgeist jíbaro!

  12. Jordi on 31 julio 2010 at 16:56 said:

    No es una moda, es una conspiración de las clínicas de cirugía ocular, que pagan bajo mano cuantiosas sumas a las editoriales para que publiquen estos mini-cómics, y dirigida a los cuarentones que ya comenzamos a estirar los brazos para leer.

  13. Merluzo on 31 julio 2010 at 17:21 said:

    ¿Y lo guapos que estamos ahí con nuestra novelita gráfica y nuestras gafotas de pasta Shuron Freeway con lupas de 30 aumentos, hechos unos campeones de la cultura pop en el umbral de la vejez?

  14. Jordi on 31 julio 2010 at 18:52 said:

    Ja, ja, ja…

  15. EMPi on 1 agosto 2010 at 19:42 said:

    Si bien, pero lo que salió en Metal Hurlant 1 (versión española)- y que tenemos todos los cebolletas / puretas- es lo mismo que acaba de sacar Norma?

    • Álvaro Pons on 1 agosto 2010 at 21:25 said:

      EMPi: es la misma historia, sí, pero lo que acaba de sacar Norma es la versión "verdadera" (excepción hecha de la reducción), ya que lo que salió en MH estaba remontado y sin bitono (pero con un moiré precioso…)

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