Templanza

Cathy Malkasian es una de esas autoras capaces de desarrollar un universo propio, reconocible y distinto. Lo demostró en Percy Gloom y lo vuelve a hacer en Templanza, donde se envuelve del sabor de la fábula y del cuento popular, con un planteamiento y estructura canónicos que habría suscrito el mismísimo Propp que resulta ideal para esa atmósfera onírica e irreal que tan bien despliega la autora. Una fábula de esas que empiezan con un “érase una vez…” y que aceptan abiertamente su función de mensajero de una idea o concepto moral, en este caso sutilmente ampliada a todo un discurso sobre la manipulación del miedo al exterior y la construcción de una sociedad sobre las mentiuras. Es, en el fondo, el mismo mensaje que otros autores como Moore (Alan) o Moore (Michael) han revestido de ficción o documental, pero que Malkasian traduce ahora a cuento de apariencia infantil y fuerza adulta. El trazo dulce de la autora, engolado si se quiere, se acopla como un guante a una historia que va alimentándose de conceptos e ideas de insignes fabuladores como Esopo, La Fontaine, Leonardo, Parreault o los Grimm, citados con discreción para que sea la aventura de Lester la que tome personalidad propia, dejando al lector después el tiempo de una reflexión que puede ser sorprendentemente actual. Una obra muy interesante (3)

¿Movistar cómics?

Lo hablábamos ayer en las jornadas sobre cómic digital que organizó la APIC: si la industria no se da prisa, las grandes operadoras de telefonía se convertirán en librerías on-line. Y eso implica muchas cosas: desde el impacto sobre las editoriales tradicionales y las librerías hasta los autores, que tendrán que tratar con megacorporaciones que pueden pagar miserias por derechos de autor sin inmutarse (o no, Michel Legali comentaba que Amazon.fr se deja el ¡70%! al autor). Ayer era un temor, hoy es realidad: Movistar planea una tienda on-line de libros. Que tenga tebeos es cosa de tiempo…

El cómic digital más muerto

Atentos porque la cosa no tiene desperdicio: el último número aparecido de Lo Muertos Vivientes, de Kirkman y Adlard, salió a la venta simultáneamente en papel y en versión digital a través de Comixology. Las primeras voces apocalípticas ante esta idea tienen ahora que estudiar muy detenidamente los resultados que comienzan a verse: no ha impactado para nada las ventas de papel y parece que ha abierto un nuevo espectro de compradores, es decir que ha sido un efecto aditivo, no sustractivo. Y eso que la versión digital se ha puesto a la venta a 2.99$ …

Oesterheld

Utilizar la manida expresión “el mejor de la historia” suele ser expresión de exageración y atrevimiento. Verdad es que, muchas veces, informal e inocente, pero muchas otras peligrosamente rayano con la ignorancia. Algunas veces asumida a modo de penitencia previa, otras, por desgracia muchas, peligrosamente desconocida o, peor, arrogada con orgullo. Me apunto a lo de la penitencia previa, reconociendo que, pese a todo, el juego es atractivo y tentador.
Digo todo esto porque, después de leer la reedición de Sargento Kirk, de Oesterheld y Pratt, cada vez me gusta más pensar que H.G. Oesterheld ha sido el mejor guionista de la historia.
A lo bruto, así, sin matices. Se aceptan alegremente lapidaciones.
Pero es que la lectura de Sargento Kirk me vuelve a dejar sorprendido. Por la profundidad del retrato psicológico de los personajes, por lo atrevido de un discurso de humanismo abiertamente progresista, por la siempre original perspectiva de sus historias… Haciendo un rápido ejercicio de contextualización, ese análisis tan obligado cuando hablamos de clásicos, sorprende todavía más lo radical y meridiano de su mensaje. Recordemos que estamos en 1953 y que el western, ese género que se desarrolla y consolida desde el cine americano alcanzará su culmen apenas tres años después con Centauros del Desierto. Una obra maestra que establece los cánones del género mientras en paralelo Oesterheld los dinamita desde Argentina, con unos argumentos y temáticas que no se verían expresadas de una forma tan manifiesta en el cine hasta más de una década después. Es cierto que la perspectiva del indio, la visión de la masacre está ya en la base de muchas de las películas de Ford o en la fundacional Flecha Rota (y, por qué no, en Tintín en América), pero desde una lectura más entre líneas, es verdad que seguramente escondida por la amenaza del macartismo, pero también por la posible lectura de una sociedad que no quería reconocer todavía esa historia. En cualquiera de los casos, la visión realista, comprometida y adulta que hace Oesterheld del western resulta ahora tan avanzada y precoz que no puede menos que sorprender. Y a poco que se estudie su obra, obliga a pensar en el argentino como uno de los puntos de referencia ineludible en el desarrollo de lo que hoy conocemos como cómic adulto: de El Eternauta a Mort Cinder pasando por Ernie Pike y, por supuesto Sargento Kirk (es difícil no pensar en las muchas, muchísimas conexiones entre Kirk y Corto Maltés, por ejemplo).
Lo que me lleva a afirmar que, por lo menos en mi atrevida (quizás ignorante) opinión, Oesterheld es el mejor guionista de la historia.
PD: Por cierto, alguien podría importar a España el libro Hector Germán Oesteheld: de El Eternauta a Montoneros, editado por Roberto Von Sprecher y Federico Reggiani y que tiene una pinta fantástica…

Microrreseña Gustavina

El horror de las dictaduras no es tema recién llegado a los tebeos. Muchos son los tebeos que han reflejado la angustia de las víctimas y las tropelías de los dictadores, pero me ha sorprendido la paradójica visión que adoptan Lucas Varela y Carlos Trillo en La herencia del coronel. Evitan caer en lugares comunes y toman un punto de vista poco habitual: no el de aquellos que reclaman justicia por los que desaparecieron, sino el del hijo de un sangriento torturador de la dictadura. Los sufrimientos de las víctimas llegan a través de la demente enajenación que padece el hijo, narrados a través de una neblina que transforma el recuerdo de una realidad de criminal salvajismo en una especie de cuento de terror enloquecido y perverso. El resultado no puede ser más turbador y efectivo: Elio Gustavino, ese hijo enloquecido por el amor de una muñeca, no es más que una parábola que desvela hasta qué punto la sociedad queda fracturada y afectada por la dictadura, por una violencia que nunca será superada y que se enquista profundamente en la psicología colectiva, gestando una inmensa colección demonios privados que nunca terminan de desaparecer.
Muy, muy recomendable (3)

Novela gráfica, segundo intento

Federico Reggiani vuelve a reflexionar sobre el concepto de novela gráfica y mete el dedo en la llaga de los problemas asociados a su definición. Acierta, evidentemente, en negar el uso de “novela gráfica” como sinónimo de “historieta”, pese a que en el fondo de la cuestión, en el uso social del término, puede atisbarse que sí existe esa equiparación, aunque se aprovecha el término de forma eufemística: “no son tebeos“, pero porque son diferentes..¿o porque las novelas gráficas han saltado la valla de la segregación humillante de leer un tebeo? Es decir, como me sorprende que un adulto pueda leerlos sin avergonzarse, no pueden ser los mismos tebeos que leía de niño. Es la famosa frase que he oído hasta la saciedad: “yo no leo tebeos, yo leo novelas gráficas”, que en el fondo tan sólo está haciendo un uso diferenciador del término entre tebeo infantil y adulto. Como siempre, el tebeo sufre de un serio problema de esquizofrenia terminológica: historieta, tebeo, cómic, cómix, arte secuencial, novela gráfica, literatura dibujada…
Y acierta, también, en indicar los problemas que tiene cualquiera de sus aproximaciones: ya sea por la extensión (como bien indica, hay álbumes franceses de 64 páginas que “jibarizados” se han reconvertido en novelas gráficas) o por la unidad argumental (la novela por entregas ha existido desde siempre, no parece muy diferente recopilar una obra previamente serializada en comic-books, por ejemplo). Es posible que la novela gráfica no admita una definición unívoca por lo borroso de sus límites: los extremos son muy evidentes, todo el mundo tiene claro que, por ejemplo, Blankets es una novela gráfica y que un cómic-book de Batman de los años 50 no, pero… ¿es la reciente edición de ACME Novelty Libray una novela gráfica? Se afirma como tal, pero rompe todos los esquemas anteriores: no hay unidad argumental, la extensión no es excesiva, el formato no es el tradicional de libro… sin embargo para muchos lo es. Las posibilidades e interpretaciones de esa línea que une los extremos parecen, a día de hoy, infinitas.
Personalmente, lo tengo muy claro: en el fondo me da igual. La etiqueta, formato, corriente, género o movimiento de “novela gráfica” le ha hecho mucho bien al tebeo. Ha conseguido romper barreras que parecían insalvables y promete romper muchas más, aportando una nueva forma de acercarse a la historieta. Es verdad que, a mi entender -con todas las borrosidades que se le quieran añadir-, la novela gráfica no es más que un formato de tebeo, pero muy afortunado tanto en lo creativo como en lo comercial. En lo primero porque ha supuesto traer total libertad para el autor tanto en contenidos (que ya existía) como en continente (tradicionalmente ligados a una forma definida de comercialización), permitiendo que el concepto de “tebeo de autor” adquiera una extensión y literalidad casi real, muy superior a la que en su día tuvo la etiqueta nacida en el cine (aunque, también, ha abierto puertas de nuevas formas de imposición creativa a los autores, para qué negarlo). En lo segundo, porque es evidente que el formato ha roto toda la resistencia de las librerías generalistas, grandes superficies y medios, que lo han equiparado automáticamente al libro, aumentado su presencia, promoción y estima. Es decir, que se mire por dónde se mire, se defina cómo se defina, creo que los resultados no pueden ser más fructíferos.
Yo seguiré leyendo tebeos, que es lo que he leído siempre, lo que leo hoy y lo que leeré mañana. Pero si tengo que llamarlos novelas gráficas, libros dibujados o fabadas gráficas para que tengan este momento de ebullición creativa y comercial, sin problemas. :)

¿Vuelven las historietas a los periódicos?

Entre tanta noticia apocalíptica sobre “el fin de los tebeos”, hundidos por la crisis y el tebeo digital, además de todo tipo de conspiraciones ocultas, aparece una noticia sorprendente: 2010 marca un récord de nuevas series de tiras diarias en prensa. Tras una larga época en la que las tiras diarias languidecían en los periódicos, el formato renació en la red y a través de los webcómics y, según parece, vuelve a la prensa impresa de donde nació.