Poema

La poesía no hay que leerla, hay que dejarse llevar por ella. Hay que olvidar la racionalidad en la mesilla de noche y que las palabras construyan su propio espacio, que las sensaciones y sentimientos nos dicten el ritmo de la lectura. Y puede pasar lo mismo con la historieta: su lenguaje puede crear poemas visuales cuyo significado va mucho más allá de la interpretación fría, estableciendo vínculos con nuestros sentimientos a través del trazo del autor, apelando a sentimientos de forma inconsciente como puede hacer una buena canción. Y uno de los grandes maestros en este arte es Edmond Baudoin. En todas sus obras hay que dejarse llevar por su trazo vigoroso y a la par elegante, por esa vitalidad que rezuma cada una de sus líneas. Sus tebeos son hermosos poemas que se deben sentir, palpar, oler y escuchar, dejando que nos envuelvan y nos lleven por dónde ellos quieran. Dice Baudoin que cuando llegó a la historieta, ya mayor, lo hizo sólo con el bagaje de Neruda y Rimbaud, sin saber de tebeos, sin apenas haberlos leído. Sólo con la inspiración de sus artistas favoritos, de Goya a Giacometti, y de aquellos poetas. Y, quizás, esa falta de ascendentes es la que logró que su lenguaje sea único, con esa manera de convertir su pincel en parte del discurso, verbalizado a la vez que visualizado, transformado más en una suerte de alfabeto particular con el que va escribiendo los versos de su obra. Tuvo además la idea, y en su día allá por los 70 era extraña, de contar las mismas historias que contaban los poetas: dejar las aventuras y los héroes para otros y hablar de sus amores y sus penas, abriendo una vía que luego sería transitada por toda una generación de nuevos autores que, sin reconocerse necesariamente como seguidores de Baudoin, caminaban por las mismas sendas que en las que él fue pionero. David B., Blutch, Sfar o Satrapi le deben a Baudoin el esfuerzo de abrir ese recorrido.
Pero, por desgracia, su obra sigue siendo casi desconocida en España. Pese a los esfuerzos de Astiberri, que ya ha publicado obras suyas tan interesantes como Arlerí, El viaje o Piero, siguen en el tintero una lista casi inacabable, desde aquella maravillosa trilogía de las edades del amor que supusieron Passe le Temps, Un flip coca y La peau du Lézard, a las recientes Peau d’âne o Les essuis glaces. Desde aquél grafismo todavía mutable, inseguro, de mancha fuerte y arriesgadas junto a línea clara y definida, antitéticas, pero que se hermanaban con gentileza para hablar de lo cotidiano, de lo banal, sí, pero llevados siempre de la mano del enamoramiento como fuerza vital, hasta ese trazo orgánico y con cuerpo que marca su actual estilo, con los rabiosos contrastes de blanco y negro ya dominados y asimilados como gramática fundamental de un discurso que, en lo básico, sigue inmutable: el amor y la vida como tema omnipresente de una obra fecunda y prolífica, que es capaz de romper todos los esquemas tradicionales de la narrativa para inventar sus propios códigos sin caer en la tentación de la pedantería. Lo hizo en esas dos joyas que, a mi entender, siguen sus dos grandes obras maestras: Éloge de la poussière y la maravillosa Le chemin de Saint Jean. Lo minúsculo, lo insignificante, aquello en lo que nunca nos fijamos, una mota de polvo, una piedra en el camino… toman vida propia y se convierten en objetivo de un poeta que se detiene a mirarlas mientras reflexiona sobre sí mismo, sobre la vida, lo divino y humano. Ese largo paseo por el camino que lleva a Saint Jean nos va dejando las hojas de su cuaderno de dibujo, con imágenes de la naturaleza que lo rodea y de sus pensamientos y sensaciones que consiguen un resultado hipnótico, de una hermosura tan discreta como turbadora que saca a luz la increíble vida que hay que cada esquina, en cada recoveco.

Ensalada de Niza, pese a ser una obra anómala dentro de su bibliografía, cumple a la perfección el retrato de su autor. Realizada por encargo para el mercado nipón, Baudoin desarrolló una especie de guía turística de su Niza natal como sólo él podía hacerla, transformando cada calle, cada plaza y cada lugar en el escenario de una pasión, de un momento en la vida. Manu, nuestro guía en la visita, nos llevará al pasado, al presente, al futuro, a la ficción y a la realidad para mostrarnos postales imaginadas de la Niza que habita en la mente de Baudoin. De esa Niza arrabalera de luchas portuarias, de la Niza de amores a la luz de la luna, de la que habita en los sueños de un niño o en la inspiración de un pintor, dotando a los lugares de un alma inconfundible que la transfigura ante el turista, la humaniza.
Una obra preciosa de un autor de obligada lectura (4).

7 Comentarios en “Poema

  1. interesante y excitante análisis como siempre carcelero, un autor como bien dices infravalorado por estos lares pero que posee una de los lenguajes más personales del cómic actual, un pregunta el álbum en cuestión dada su naturaleza de guía un tanto subjetiva, mantiene un hilo conductor o nos presenta una lectura fragmentada con la ciudad como único nexo???

    • Álvaro Pons on 6 septiembre 2010 at 18:29 said:

      Es una lectura fragmentada neufert, aunque el protagonista Manu aparece en varios episodios como hilo conductor de una forma u otra.

  2. muchas gracias por la aclaración, a ver si le doy una oportunidad, porque El viaje y Piero me gustaron mucho, un saludo y es un placer seguir leyéndote.

  3. enrique on 7 septiembre 2010 at 0:56 said:

    No me parece que Baudoin está infravalorado en España. Sus libros se publican y venden y no conozco a nadie que hable mal de su trabajo.

    Dicho ésto debo decir que Ensalada de Niza me parece una obra menor dentro de su producción y creo que Baudoin se expresa mejor en historias largas (El viaje o Piero son geniales) que en estas que recopila el libro, hechas para el mercado japonés y demasiado previsibles en sus tramas.

    • Álvaro Pons on 7 septiembre 2010 at 0:59 said:

      enrique: teniendo en cuenta lo prolífico que es Baudoin, apenas se ha publicado nada de su obra… Es verdad que Ensalada de NIza puede parecer inferior, pero creo que, como siempre en Baudoin su valor reside en lo particular de su mirada. Posiblemente, las historias son demasiado previsibles, pero es que estamos viendo ¡una guía turística! Y como tal, es la más sugerente que se pueda imaginar…
      Pero queda mucho, mucho por leer en castellano de Baudoin…

  4. enrique on 7 septiembre 2010 at 8:31 said:

    De lo que he leido suyo en francés me gustó mucho Le chemin de Saint Jean y poco Le peintre. Le petit train de la Cote Bleu también me gustó y vuelve a ser una guía turística.

    Coincido contigo en que es la mirada lo que hace de Baudoin un grande.

  5. A mí Ensalada de Niza me encanta. De hecho, es la que prefiero de las suyas.

    Un saludo.

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