Presentación de Raúl el Dude

El próximo viernes 24 de septiembre será una jornada de celebraciones en Manresa. Ese día, a las 20h, se presentará en la librería 2 de Piques el cómic Raúl, ¡el Rude!, de Pep Pérez. También se inaugurará una exposición de pinturas del autor y habrá música en vivo. Toda la información sobre estos eventos la encontraréis en la lista de aquí debajo y en el flyer adjunto.
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Por qué me gusta Adèle y por qué no me gusta Adèle

¿Qué por qué me gusta Adèle Blanc-Sec? Pues no lo sé. Cada vez que intento racionalizar mi atracción hacia esta pizpireta aventurera a su pesar, reconozco que no dejan de aparecer los peros: aunque los primeros álbumes de la serie siguen a rajatabla un objetivo inicial que podría resumirse en una especie de homenaje a los fundacionales Los Misterios de Paris de Eugene Sue pasado por el tamiz del folletín aventurero de Dumas y las novelas de Verne, lo cierto es que pronto Tardi se deja llevar por una narración convulsa, ahogado por un maremágnum de ideas y personajes que convierte la lectura casi en una síncope continua donde nada es lo que parece y es imposible prever qué pasará en la siguiente página. Lanzarse a la lectura de Adèle Blanc-Sec, sobre todo tras su resurrección, es asegurarse un chapuzón en un marasmo sincopado de confusión pura.
Es verdad, no puedo decir objetivamente que las peripecias de Adèle sean la mejor obra de Tardi. Pero ¡ay!, ya se sabe que lo objetivo es pura merienda de picnic frugal para las alegrías de lo subjetivo, que se resisten a la explicación racional cual gato a un baño. Y son precisamente ésas las que deben hacer que cada álbum de Adèle me parezca una maravilla y que, incluso, a más confusa y más alocada la aventura, más disfrute su lectura. Será que me encanta esa sensación de ir montado en una especie de montaña rusa de referencias y homenajes a la cultura popular, comandado por esta atrevida dama que se ve inmersa siempre en mil y una aventuras de lo más desde una visión descreída y escéptica. Y mira que es extraño el mejunje que propone Tardi: una especie de deliciosa degustación irónica en clave de surrealismo absurdo de esa particular forma de entender el misterio y la aventura que es el folletín decimonónico. A veces, homenaje irredento, a veces socarrona revisión satírica.
¡Qué más da! El caso es que las aventuras de Adèle Blanc-Secson uno de esos tebeos cuyos perjúmenes me sulibeyan, que decía el Carlos Mejía Godoy.
¿Y por qué no me ha gustado Adèle y el misterio de la momia? Pues porque me ha parecido una película flojilla. Vaya por delante que asumía la imposibilidad manifiesta de trasladar los tebeos de Adèle al cine. Y no por ningún tipo de fundamentalismo comiquero, sino por simple pragmatismo: ése espíritu de alegre confusión casi esquizofrénica de las viñetas de Tardi casa mal con las obvias necesidades de taquilla que una película de alto presupuesto como ésta tiene. Así que me esperaba, simplemente, una entretenida película de aventuras fantásticas a la francesa, es decir, una entrega más de esa particularísima visión del fantástico de raíces hundidas en el Fantômas de Feuillade y que hemos podido ver en películas como Belphégor o Vidocq. Pero me temo que, por desgracia, Besson se fija más en las funesianas o, mejor, funestas versiones de Hunebelle, donde el insoportable Louis de Funès hacía de las suyas pese a la adorable presencia de mi admirada Mylène Demongeot (uno de esos primeros amores platónicos nacidos en salas de reestreno de programa triple, snif). Es verdad que algo de ese humor hay en los tebeos de Tardi, pero es parte de esa socarrona visión del dibujante, de paradójica perfecta lógica en ese escenario de ausencia absoluta de toda lógica, funcionando perfectamente como parte de su discurso de homenaje satírico. Pero en la película de Besson, es lo único: desaparecida la socarronería, queda sólo el humor funesiano (o funesto), que se ve amplificado por el espíritu “para todos los públicos” que impregna lo que a todas luces debe ser una lucrativa franquicia (por lo menos en el mercado francés). Incluso a mi pobre Adèle le han cambiado el espíritu, pasando de ser la apática desengañada que protagoniza las aventuras pasivamente, muy a su pesar, a una activa aventurera que más que apellido vitivinícola debería llevar el de Jones. O peor, reconvertida en algunos momentos en una especie de émula femenina de Mortadelo …
Hay, eso sí, algunos detallitos que salvan los 105 minutos de metraje: por un lado, la extraordinaria labor de ambientación y caracterizaciones, en algunos casos consiguiendo un asombroso calco total de las viñetas de Tardi que los apasionados del personaje agradecemos pero que, reconozcámoslo, no es necesario. Por otro, algunos (pocos) chistes en los que sobrevive la socarronería de la serie original, curiosamente, en partes que no aparecen en los tebeos, como el accidente de la hermana de Adèle.
El resultado funciona como una digna película infantil para todos los públicos, pero se ha perdido la posibilidad de seguir ese espíritu gamberro de revisión del folletín que Tardi plantea en sus tebeos y que se podía haber trasladado a la gran pantalla.

Novedades de Astiberri de Octubre

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