Novela gráfica, segundo intento

Federico Reggiani vuelve a reflexionar sobre el concepto de novela gráfica y mete el dedo en la llaga de los problemas asociados a su definición. Acierta, evidentemente, en negar el uso de “novela gráfica” como sinónimo de “historieta”, pese a que en el fondo de la cuestión, en el uso social del término, puede atisbarse que sí existe esa equiparación, aunque se aprovecha el término de forma eufemística: “no son tebeos“, pero porque son diferentes..¿o porque las novelas gráficas han saltado la valla de la segregación humillante de leer un tebeo? Es decir, como me sorprende que un adulto pueda leerlos sin avergonzarse, no pueden ser los mismos tebeos que leía de niño. Es la famosa frase que he oído hasta la saciedad: “yo no leo tebeos, yo leo novelas gráficas”, que en el fondo tan sólo está haciendo un uso diferenciador del término entre tebeo infantil y adulto. Como siempre, el tebeo sufre de un serio problema de esquizofrenia terminológica: historieta, tebeo, cómic, cómix, arte secuencial, novela gráfica, literatura dibujada…
Y acierta, también, en indicar los problemas que tiene cualquiera de sus aproximaciones: ya sea por la extensión (como bien indica, hay álbumes franceses de 64 páginas que “jibarizados” se han reconvertido en novelas gráficas) o por la unidad argumental (la novela por entregas ha existido desde siempre, no parece muy diferente recopilar una obra previamente serializada en comic-books, por ejemplo). Es posible que la novela gráfica no admita una definición unívoca por lo borroso de sus límites: los extremos son muy evidentes, todo el mundo tiene claro que, por ejemplo, Blankets es una novela gráfica y que un cómic-book de Batman de los años 50 no, pero… ¿es la reciente edición de ACME Novelty Libray una novela gráfica? Se afirma como tal, pero rompe todos los esquemas anteriores: no hay unidad argumental, la extensión no es excesiva, el formato no es el tradicional de libro… sin embargo para muchos lo es. Las posibilidades e interpretaciones de esa línea que une los extremos parecen, a día de hoy, infinitas.
Personalmente, lo tengo muy claro: en el fondo me da igual. La etiqueta, formato, corriente, género o movimiento de “novela gráfica” le ha hecho mucho bien al tebeo. Ha conseguido romper barreras que parecían insalvables y promete romper muchas más, aportando una nueva forma de acercarse a la historieta. Es verdad que, a mi entender -con todas las borrosidades que se le quieran añadir-, la novela gráfica no es más que un formato de tebeo, pero muy afortunado tanto en lo creativo como en lo comercial. En lo primero porque ha supuesto traer total libertad para el autor tanto en contenidos (que ya existía) como en continente (tradicionalmente ligados a una forma definida de comercialización), permitiendo que el concepto de “tebeo de autor” adquiera una extensión y literalidad casi real, muy superior a la que en su día tuvo la etiqueta nacida en el cine (aunque, también, ha abierto puertas de nuevas formas de imposición creativa a los autores, para qué negarlo). En lo segundo, porque es evidente que el formato ha roto toda la resistencia de las librerías generalistas, grandes superficies y medios, que lo han equiparado automáticamente al libro, aumentado su presencia, promoción y estima. Es decir, que se mire por dónde se mire, se defina cómo se defina, creo que los resultados no pueden ser más fructíferos.
Yo seguiré leyendo tebeos, que es lo que he leído siempre, lo que leo hoy y lo que leeré mañana. Pero si tengo que llamarlos novelas gráficas, libros dibujados o fabadas gráficas para que tengan este momento de ebullición creativa y comercial, sin problemas. :)