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Señoras y señores: que gocen ustedes de un felicísimo MMXI lleno de alegrías y, por supuesto, tebeos. O Cómics. O mangas. O bedés. O historietas. O Novelas Gráficas. O lo que les de la gana… :)

Y pásenlo muy bien mañana, 1 del 1 del 11… :)

¡Pintor!

Decía Chauvillers que “ser original es un mérito; quererlo ser, un defecto”… Frase que por desgracia vemos cumplida a diario por su parte más negativa, pero que afortunadamente permitiría definir a Esteban Hernández casi como uno de los autores que más méritos acumula. Original tanto por su estilo gráfico, personalísimo, como por sus planteamientos argumentales, sorprendentes y dinamitadoras, si se me permite, de la famosa tesis de las 36 tramas básicas de George Polti (añádanse las de Tobías o incluso las de Vogler si se quiere, da igual, afortunadamente el Sr. Hernández tiene cuerda para rato). Lo lleva demostrando desde aquél excelente fanzine Usted con exquisita regularidad, con la gratificante comprobación de que cada obra es un peldaño más en su formación como autor. Lo fueron Culpable, Suéter, y por supuesto lo es ahora ¡Pintor!, donde certifica que su característico y peculiar estilo gráfico no pierde ni un ápice de fuerza con un color que ya domina a la perfección y que su catálogo de historias imposibles sigue creciendo con propuestas cada vez más elaboradas y atractivas, permitiéndose incluso ciertas pizcas de misterio a la hora de introducir esta trama inclasificable de pinturas escondidas en los techos de baños.
Y era una apuesta complicada, ojo, que la presión de haber ganado el III Premio FNAC/Sins Entido con esta propuesta podía ser una peligrosa arma de doble filo: la tentación de abandonar su originalidad para transitar por caminos más fáciles (y comerciales) tenía que ser grande, pero Hernández la sortea con elegancia, matizando y reduciendo la aparición de mil tramas en segundo plano que se había convertido en una de sus características argumentales para apostar por una mayor desarrollo de los personajes (imposible, eso sí, superar al hombre afectado de gigantismo disfrazado de muerte bergmaniana de su anterior obra, una de esas presencias magnéticas que justifican una obra por sí mismas) y de unas pocas situaciones selectas. Sigue, eso sí, con un debe en las historias largas: redondear el nudo de su historia. ¡Pintor!, al igual que pasaba en Suéter, parece desinflarse tras un arranque espectacular, aunque en este caso se compense con el acierto de un desenlace que ya si controla a la perfección, alzando el vuelo de la historia y consiguiendo un nivel de sorpresa casi simétrico al de inicio.
La progresión de Esteban Hernández sigue imparable, ¡Pintor! es sólo una etapa más – notable y muy recomendable, eso sí- de un autor llamado a darnos muchas alegrías. (3)

Enlaces:
Entrevista a Esteban Hernández

El museo del cómic y la ilustración avanza en su construcción

[Nota de prensa]
EL MUSEO DEL CÓMIC Y LA ILUSTRACIÓN AVANZA EN SU CONSTRUCCIÓN
El sueño comienza a hacerse una realidad tangible. La primera fase de las obras de construcción avanza a buen ritmo.
El proceso de consolidación de estructuras, cambio de forjados y de cubiertas, bajo la dirección del arquitecto Miquel Espinet, está adecuando el edificio a las nuevas necesidades museísticos. Respetando la imagen industrial del edificio se están realizando toda un serie de modificaciones, como la construcción de un atrio en la entrada que da al paseo marítimo de Badalona, que lo dotan de una personalidad arquitectónica propia.
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Manifiesto de la novela gráfica

A mí, sinceramente, este Manifiesto de la novela gráfica me parece un maravilloso y precioso manifiesto de la historieta. Lo que define Tebeobien en su manifiesto es lo que yo siempre he pensado que era la historieta. Me quedo pues con ese punto 7 que permite reescribir todo el manifiesto con libertad y sin perder un ápice de su fuerza. Como dice, qué más da cómo lo llamemos: la historieta, fumetti, manga o novela gráfica es un arte increíble.

Un arte sin límites y con infinitas posibilidades.

Colibrí 2

Colibrí se consolida en su segundo número como una de las propuestas más interesantes del panorama fanzinero. En este número, colaboraciones de Quique Ramos, Euripidis Sabatis, Mireia Pérez, Elena barreras, Antoni Hervàs, Markèta Michálková, Sergi Puyol, Tommi Musturi, Jonathan Millán, Cristina Spanó, lamare, Liz Pronce, Mirena Ossorno, Sara González, Jessica Boston +El Ortiga, marc Bell, Eilsa Riera, Leandro Alzate, Felipe Almendros, Clara Tanit, María Corte, Camille Vannier y Clara Artigas.
Canela en rama, oigan.

En glorioso blanco y negro

No debería ser muy difícil armar una sesuda teoría que argumentase que percibimos mejor un dibujo en blanco y negro que en color. Cosas de las diferentes sensibilidades de los canales cromáticos y acromáticos del sistema visual, parvocélulas, magnocélulas y demás fauna que habita por nuestras retinas y córtex. Hasta quedaría elegante, oigan, con un poco de matemáticas y teoría de la señal por medio. Pero no dejaría de ser un absurdo intento de autojustificación de un gusto por ese blanco y negro que, para muchos de nosotros, es glorioso. La realidad es que las razones son mucho más simples y mundanas: nuestra memoria se construyó en blanco y negro. No podemos evitarlo, esos ignotos mecanismos nostálgicos, el olorcito de la famosa madalena, se nos disparan cuando vemos algo en blanco y negro. Supongo que porque los recuerdos de nuestra infancia son en ese glorioso blanco y negro: cuando sólo podíamos elegir entre VHF y UHF, y todo lo que emitía la tele tenía ese particular aroma de la falta de color. Vimos por primera vez a John Wayne -Juan Vaine, que decía mi abuela- cabalgando, a Gary Grant buscar un leopardo o a James Stewart lamentar que no podía dar la vuelta al mundo en blanco y negro, como fueron ideadas, pero vimos también centenares de películas sin saber que los grises nos robaban los colores originales. Los Thunderbirds, El capitán Tan y los hermanos Malasombra, Bonanza, Las calles de San Francisco y El fugitivo se alternaban también entre la ausencia de color y poco nos importaba que las verdes praderas por las que corría Heidi fueran grises o que los coloridos bólidos de Meteoro compartiesen gris. Y los tebeos que leíamos eran también casi todos en blanco y negro: la primera vez que me maravillé con Flash Gordon, El Hombre Enmascarado, Príncipe Valiente o Los Cuatro Fantásticos fue en blanco y negro. Verdad es que los tebeos para niños tenían muchas páginas en color, pero creo que nos sentíamos más mayores cuando leíamos tebeos en blanco y negro, en glorioso blanco y negro.
Hoy sabemos que aquellos tebeos y aquellas películas eran en color y los reivindicamos como tal, pero no podemos evitar rendirnos ante la nostalgia devastadora de una memoria pintada en blancos, negros y grises.
Hay excepciones, cierto, que se pueden argumentar, curiosamente en los tebeos: no son pocas las ediciones de tebeos en color que después aparecen en ediciones de lujo en blanco y negro. Elección de dibujantes que deciden, cuando pueden, escaparse de una industria que intenta por todos los medios diluir la autoría dejando que los lectores vean su trabajo limpio, tal cual fue realizado antes de pasar por un color que ellos imaginaron pero del que no siempre son responsables. Costumbre habitual en la Francia, donde autores como Juillard, Bourgeon, Blutch o Blain, por citar sólo algunos, han gozado del ejercicio de una posibilidad a la que ahora se une Roger Ibáñez, al que Diábolo ha editado un integral de su Jazz Maynard en blanco y negro para que el lector pueda admirar la elegancia de su línea. No siempre es posible, claro. Si la obra se ha realizado pensando de forma indisoluble en el color, el resultado en blanco y negro no tiene sentido, es obvio, pero la industrialización del proceso deja muchas ambigüedades a las que agarrarse, tanto desde el bando editorial como desde el autoral o incluso desde el lector, obligando casi a analizar cada caso por separado.
Se podría decir que también que no se lee el tebeo de verdad, y es cierto, pero lo que uno busca en estas ediciones no es repetir la lectura de una obra que, muy posiblemente, tenga ya en su versión en color, sino dedicarse a la admiración del dibujo por el dibujo, olvidando todo lo demás. Dejar la historieta de lado y detenerse en el trazo, en la mancha, en la línea, disfrutando del dibujo sin la imposición de la historieta, como cuando se admira un original aislado. Y lo que se disfruta, oigan. Aunque luego vengan las absurdas discusiones clásicas de aquellos que intentan imponer a la historieta los criterios del dibujo y viceversa, sin darse cuenta de que se puede disfrutar de todo sin renunciar a nada. Pero ése es otro tema, porque estas ediciones sólo tienen sentido cuando se puede disponer de las dos opciones.
Bienvenidas sean cuando se hacen desde la posibilidad de elegir libremente qué quiere el lector, como la edición que acaba de colocar Diábolo en las estanterías, exquisita.

Novedades de Astiberri de enero

BONE 6 Edición de bolsillo La cueva del anciano, de Jeff Smith. Traducción: Gonzalo Quesada Color. Rústica 128 páginas. 13 x 18 cm. 9 euros
(*)- Psiquiátrico, de Lisa Mandel. Traducción: Lucía Bermúdez Carballo Bitono. Rústica con solapas 88 páginas. Tamaño 17×24 cm. 14 euros
(*)- Una vida en China 2 El tiempo del partido, de P. Ôtié y Li Kunwu. Traducción: Lucía Bermúdez Carballo Blanco y negro. Rústica 200 páginas. Tamaño 17 x 24 cms. 18 euros Continue Reading →

Pierre La Police

El mercado editorial español no deja de sorprenderme. Pese a todas las dificultades, pese a todos lo problemas que se avecinan, todavía hay aguerridos editores que se atreven a lanzar obras arriesgadísimas. Sin embargo, jamás de los jamases me imaginé que veríamos editada en España obra de Pierre La Police, misterioso autor donde los haya, seguidor estricto de un surrealismo buñueliano lleno de ácida mala leche, que dispersa su obra en ilustración e historieta desde hace más de una década. Y difícil de encontrar, todo sea dicho. Aunque editoriales como Cornelius e Item han publicado sus tebeos y recopilatorios de sus ilustraciones, es complejísima de encontrar. Yo tuve la suerte hace unos años de hacerme con algunas de sus obras en la librería del centro Georges Pompidour y las guardo como oro en paño, en venerada trinidad surrealista junto a Glen Baxter y Paul Kirchner, por lo que se pueden hacer ustedes una idea de los saltos de alegría que he dado cuando descubro que la nueva editorial Andoliado publica Los practicantes del espanto, una de sus obras más reconocidas. No intenten saber de qué va: las aventuras de los hermanos Chris y Porfirio Themistecles y el mutante Fongor son un ejemplo perfecto de escritura automática con ribetes de serie negra tan psicodélica como alucinógena que podría haber sido firmado sin problemas por el Buñuel de El perro andaluz.
Una obra inclasificable pero interesantísima. Mis respetos y loas al editor Esteban Bernatas, a ver si funciona mínimamente esta edición y podemos ver editados en castellano otros títulos del anónimo La Police.

(**)- Los practicantes del espanto, de Pierre La Police. 112 págs. BN. Rústica. PVP:14€

8

Ocho años. Ni más ni menos. Y un año extraño este 2010, en el que La Cárcel casi ha estado en barbecho. Cosas de la paternidad recién estrenada, ya saben ustedes, que el pequeñajo que me ronda desde hace poco más o menos un año me ha cambiado prioridades y tiempos. Como debe ser, todo sea dicho, pero no puedo evitar tener cierto sentimiento de culpa por no poder estar al pie del cañón en esta ventanita informática que me acompaña desde hace ya ocho años y en la que tantos y tantos amigos he hecho. Supongo que, poco a poco, la cosa se normalizará, que yo podré volver a leer tebeos, nunca al ritmo de antes, seguro, pero por lo menos la torre kilométrica de lecturas pendientes bajará y yo lo mostraré por estos lares. No podré ya, también estoy seguro, volver a esos ritmos de varias actualizaciones al día, pero las cosas cambian, no hay mal que por bien no venga y los micropost que puedo hacer desde el móvil son una buena forma de seguir ahí. Veremos, eso sí, qué pasa con los muchos, muchísimos proyectos pendientes, algunos creo que ya imposibles, otros que pueden suponer cambios importantes en el blog… ya veremos.
Pero, sobre todo, gracias por estar ahí estos ocho años y aguantar ahí pese a que servidor esté más en otras cosas.
Gracias.

Novedades de diciembre de La Cúpula

La casa de los herejes 2, de Gengoroh Tagame 1ª edición (17/12/2010) 268 páginas blanco y negro 17 x 25 rústica P.V.P.: 20,90 €
(**)- Rabo con almejas, de Álvarez Rabo 1ª edición (24/12/2010) 172 páginas 21,5 x 28 cartoné P.V.P.: 20,00 €
Kiss comix 231, de Varios autores 1ª edición (24/12/2010) 100 páginas 20,5 x 26,5 grapadoP.V.P.: 5,30 €
Historias increibles, de MAN 1ª edición (24/12/2010) 76 páginas blanco y negro 17 x 24 rústica P.V.P.: 10,00 €
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Felices fiestas

Señoras, señores, celebren lo que ustedes celebren, que pasen unas felices fiestas en compañía de los suyos. Seamos tópicos: paz y amor en estos días. Y no se olviden de pedirle tebeos a Santa Claus/Nicolas/Papa Noel/Reyes/Olentzero o similares… :)
Para que canten ustedes…:

(Y si son fumadores, consuélense, él también fuma…)

¡Ostras, Pedrín!

¡Ostras, Pedrín!: Planeta lanza un coleccionable del Roberto Alcázar y Pedrín de Eduardo Vaño para quioscos… (y RBA planea uno del TBO). Un tebeo que reivindica con sentido común Pedro Porcel en su extraordinario Tragados por el abismo, como ejemplo claro de una obra que terminó siendo cabeza de turco de una parte importante de la intelectualidad española durante años, que ni siquiera se leyó las delirantes aventuras que Vañó dibujaba, eso sí, estrepitosamente mal… Pero leído ahora, sabiendo lo que se lee y el tiempo en que fueron hechas, su contexto ideológico y social, son casi un documento sociológico de valor incalculable.
Y tienen un encanto kitsch innegable…:)
(Gracias Alfredo!)