Kitaro

Entusiasmado, fascinado, arrebatado, encantado, maravillado, deslumbrado… La lista de epítetos que describen mi respuesta a la edición de las obras de Shigeru Mizuki en España es interminable. NonNonBa y Operación Muerte me parecieron dos obras descomunales, pero la primera entrega de su famosa GeGeGe no Kitarō no se queda atrás: las aventuras de este niño fantasma, el último de los yokai, son un todo un deleite impagable. Si bien se podría afirmar que Mizuki enraíza su obra en el género de terror, la realidad es que Kitaro es mucho más: es una completa lección sobre la mitología japonesa y sus leyendas, sí, pero también una reivindicación de su función tanto como universo íntimo y personal individual, como de referente de un imaginario colectivo que determina su propia conciencia social. Un contrapunto que puede verse tanto en la reiterada referencia a cuestiones personales dentro de Kitaro (en particular con la constante presencia de la mutilación, recordemos que Mizuki perdió un brazo en la guerra), como el enfrentamiento habitual entre los yokai clásicos japoneses con los monstruos y la mitología popular de nuevo cuño importada desde Occidente (continuamente esbozada en casi todos los episodios, con inclusiones de la literatura o, sobre todo, del cine de terror como La bestia con cinco dedos, pero que llega a tener una literalidad completa en uno de ellos, La gran guerra de los monstruos), en una clara simbología de la invasión de la cultura extranjera tras la segunda guerra mundial.
Planteado desde la habitual y exquisita sencillez narrativa de este autor, el volumen que publica Astiberri incluye las primeras historias publicadas para Shonen Magazine, cuando Mizuki recupera una serie que inicialmente aparecía en revistas de alquiler a finales de los 50. Pese a que están supuestamente rebajadas de tono respecto a aquellas originales (pasó a llamarse Hakaba no Kitarō – Kitarō del cementerio- a GeGeGe no Kitarō), la serie me parece maravillosa, tanto por la habilidad del autor para redescubrir la mitología en clave de cultura popular sin miedo al mestizaje genérico, como por la descarada inclusión de elementos gráficos discordantes. Sirva como ejemplo de lo último la historia sobre el origen de KItaro que abre el álbum, con una utilización de estilos gráficos realistas y puestas en escena más propias de los cómics de horror americanos, en oposición a un estilo más infantil en el dibujo de los elementos culturales japoneses.
Un libro que sólo tiene una pega: se acaba demasiado pronto. Afortunadamente, Astiberri tiene previstas más entregas de esta sensacional serie. Fundamental y necesario (4+).
(Y señores de Astiberri: recuerden que la lista de obras de Mizuki es interminable…, ¡por favor sigan!)